Dame tres cuentos para leerte,
rastrea una sábana de soles para
tocarnos
y adivina con qué señal resplandezco
cuando ensamblo en los ciclos de tu
barba.
¿En qué falta traspapelamos
que el anochecer reclama nuestros
muslos?
¿Qué diamante pide vestido
y galanura a un aparador de mala suerte?
¿Por qué el abandono carcome la pupila
del insomnio
y desangra almohadas?
Dios te barrió de mi vida sin ver
y cumplo con tu luz en mi cocina,
la lluvia rompe con alondras mi cerebro
pero yo, sólo veo cocodrilos sombríos
en los olanes de mi falda.
Porque no eres manzana a medias. No.
¡Eres mi gusano exacto!
Tantas veces un adiós desapareció mi
alegría,
y anduve en esta soga pisoteando ayeres,
en la distancia perdí diamantina
y pausa,
un pantano creció de pronto
y nos vestimos con el musgo de la
cafetera
que no sabía de viudez
menos de bebidas célebres,
ni de ángeles que purificaban tazas
en los labrantíos de café,
etiquetando las ciudades penitentes.
Los cordones del destino
inventaron su mejor tejedora,
un cable descuidado
y sin conciencia,
electrocutó los pajaritos del corazón.
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