El polvo oficial mudo
reservó el último vuelo
y la parroquia del alma quedó sin
horizonte
ahogándose en el reclinatorio de todas
tus venidas,
ahora, pétrea y frágil
soy espíritu que no encuentra un muro bondadoso
para evaporarse.
Sarcasmo de Dios que nunca dio su mejor ángulo
dividió autopistas,
y no hubo quien trajera mensajes
que encendieran las palomas de mis
piernas.
En papel de sin sabores escribí desde
mis
mendrugos
con tinta de precipicios,
cadavérica como la suerte de ese
atardecer
cuando tu Parca zarandeó el lucero de mi
ombligo.
Los ojos rompieron el poniente
sin abrigo, y sin saber
si tu lluvia vendría a los pies de mi
tierra,
y una mañana contaríamos al nido
la leyenda del Álamo.
Donde mis cabellos surcan,
empeño el vuelo desde el hueso más duro,
y abrazo el lecho que apacigua mi vida
y muero en este trono,
que apuesta con horario filoso
la malquerencia del fracaso.

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