Mis ojos, haz una pulsera con ellos,
necesito una moneda justa
y dedos pacíficos en el cuaderno,
quiero salirme de esta puerta por otra
casa,
al sigilo le di remos y se fue,
y terminaste haciendo ruido entre cejas
y nariz, porque la desventura nos
persigue
y la suerte cuando me ve
se queda sin palabras.
Bailo con los pájaros de mi cabellera
que se elevan entre las luces
y en la marejada de la nebulosa
mis peces encontrados se desvisten.
Ahora el círculo rueda
y pululo con los sueños encendidos,
las voces del cerebro brincan
y no encuentro soga, ni albor,
para mi poesía.
Sólo quiero unos labios para decir te
amo
y pienso en esta crecida
que adelanta el crepúsculo con su embudo
y prospera en los chacales ciegos de tu
alma,
en estos pies,
que la indiferencia persigue.
Patino con mis espejismos al sol
que ya no me cobija,
porque soy desierto
y quiero un sauce llorón,
para mojarme.
Todas las posibilidades tienen un
túnel
y observo este instante
multiplicado,
donde oculto los crímenes
que ensucian la sonrisa de mis
ángeles.
Mes de insectos,
lentamente reviso el amanecer;
usted se llevó las piernas
y me hereda su viaje,
volveré a esa nube estática,
el agua discurre en su esfera celeste
y confunde mis entrañas
con rocío seco.
Está sepultándome,
y en los pasillos de mi geografía
balanceo el bien,
y el mal que dejó en mis sentidos,
en las tinieblas retozo,
su llama se desborda cuando sueño
y se alza en el albergue,
hay humo rojo en la inmensidad
excitando las serpientes de la
noche.
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