jueves, junio 24, 2010

La Independencia en las letras: Perla Julieta Ortiz Murray

La Independencia en las letras


Reseña de una edición que pudo haber aspirado a más….



Perla Julieta Ortiz Murray.





Tengo en mis manos un pequeño libro –poco más de noventa páginas y edición del Instituto Sonorense de Cultura- titulado “La Independencia en las Letras” , mismo que ostenta en su directorio, desde el nombre del Gobernador de nuestro Estado, hasta el de la editora y el diseñador gráfico –cual debe ser- pasando por el del Secretario de Educación y Cultura, el de la Directora General del propio ISC y su Coordinador Editorial y Literario. Buena la intención, pero en el andar de las ocurrencias culturales, el mencionado libro, más que un orgullo, es una molesta piedra en el zapato. Veamos porqué:



1. Tratándose de la institución cultural sonorense por excelencia, es muy poco serio de su parte presentar un texto cuyo prefacio ostenta la firma de quien funge como Directora General de esa institución, no con su nombre –María Dolores Coronel Gándara, como sí queda asentado en la página correspondiente al comité anteriormente citado- sino con su hipocorístico “Poly” rubricado con sus apellidos, e indicador de poco profesionalismo.



2. Si se pretende hacer llegar al lector un compendio de obra literaria, lo ideal es la ponderación mínima del respeto hacia ella y su autor a través del uso correcto de la ortografía utilizada cuando se escribió, no de la nuestra o de la de nuestro tiempo y tocante a esto, la susodicha edición cojea lamentablemente. Pase que en todo impreso se presenten de vez en cuando lo que podríamos llamar “errores de dedo”, sin embargo, es correspondencia del mínimo cuidado editorial la no reiteración de dichas faltas, como lamentablemente vemos en la obra aludida. Para muestra, unos cuantos botoncitos bastan:





a. En la estrofa sextilla introductoria (novena página) del siglo XIX y de autor anónimo, centrada y con tipografía de elevado puntaje, encontramos el primero de ellos: “Abre lo ojos pueblo mexicano y/ aprovecha ocasión tan oportuna,/ amados compatriotas, en la mano/ las libertades ha dispuesto la fortuna;/ si ahora no sacudís el yugo hispano/ miserables seréis, sin duda alguna.

b. La excelencia de Juan Díaz Covarrubias al escribir la novela “Gil Gómez el insurgente o la hija del médico”, no valió para que, en el capítulo once, titulado “Lo que valía la cabeza de Hidalgo”, el mal dedo del o la capturista hiciese de las suyas (cito nuevamente): Página 54, primer párrafo: “Era una intimación que el cura de Dolores le hacía para que *depudiese las armas”. Página 55, primer párrafo: “….que comprendiendo que corrían el peligro de perder su vida, trataban de vendarla lo más caro posible y resistir hasta el último **memento”. Página 57, párrafo tercero: “En uno de los puntos más desamparados y más expuestos a los fuegos del bastión, había un hombre de estatura elevada y ***hércules formas, etc.”

c. Don José Joaquín Fernández de Lizardi corrió con igual suerte: Su diálogo teatralizado “La Paya y la Mexicana” también sufrió los embates del descuido: En la página setenta, segunda intervención del personaje llamado “la mexicana” , se dice “Esto será en el orden; pero hay muchos pedantes y majaderos que lo que entienden, lo desprecian sólo por esta razón, etc….”, cuando en el original, la frase destacada en negritas dice textualmente: “que lo que no entienden”, con lo cual, su sentido cambia por completo. El mismo desafortunado personaje, en la misma página, en su tercera intervención, mal dice –que no maldice- por mano del infortunado oficioso de la palabra escrita (léase de nuevo capturista, pues) “….y sin advertir que es una necesidad juzgar por las apariencias….etc.”, cuando el texto del maestro Lizardi menciona claramente la palabra necedad, en lugar de necesidad. Triste forma de cambiar el mensaje en un texto literario. Probablemente, como dice el dicho, si el autor lo viera, volvería a morirse….



3. Por otra parte, al ponernos a leer, jamás pensamos en si el libro se nos va a deshojar al abrirlo y desgraciadamente, éste es el mejor ejemplo de ello: la página cuarenta y uno se me cayó al suelo, la cincuenta y uno y la cincuenta y dos ya quieren hacer lo mismo y la ochenta y cinco va por el mismo rumbo.



Por si todo lo anterior no fuese suficiente, la compilación en sí no es gran cosa: En un Estado donde lo que se quiere es salir del demeritante lugar treinta y uno ocupado por Sonora en la prueba enlace, en lo referente a lectura, la selección realizada es pobre en cuanto a que los escritores ofrecidos en ella, si bien son de los más reconocidos en el ámbito de las letras nacionales –cuando el capturista respeta la ortografía y estructuración de la obra- son también los leídos por cualesquier alumno de primaria y no se toma en cuenta la existencia de otros quizá no tan populares, pero sí con la calidad suficiente como para figurar y darle mayor amplitud al pobre catálogo del lector, como Francisco Luis Ortega: (“En la instalación de la diputación provincial de México”, elogio al Virrey Apodaca, por permitir la instalación de la asamblea popular en el año de 1820, contrariando a la opinión española conservadora, o “A Iturbide en su coronación”, serie de diecisiete sextetas). Es también el caso de poetas como José María Roa Bárcena, Manuel Brioso y Candiani, José Rosas Moreno, Juan de Dios Peza, Luis García de Arellano, todos ellos autores de excelentes piezas épicas o alabadoras de la personalidad de los próceres independentistas, o bien, del peruano José Santos Chocano (“La campana de Dolores” y “Presencia de Hidalgo”). En el tema de los ensayistas, inexcusable es la falta de Fray Servando Teresa de Mier, con sus deliciosas “Carta de un americano al español” y “¿Puede ser libre la Nueva España?”, prodigios del buen humor y del mejor escribir.



Con ser éste un texto con pretensiones de recordatorio literario, para una edición próxima nos atrevemos a sugerir la inclusión de un historiador como Andrés Quintana Roo, que fue no solo parte activa en la lucha, sino una excelente pluma difusora de los ideales por los que se peleaba en ella (permítaseme recordar su “Historia de la Revolución Mexicana”, entendido aquí, por supuesto, que no se refiere a la guerra interna suscitada cien años después, sino a la “Revolución de Independencia” como llamaron los primeros cronistas al suceso armado origen del México de nuestros días).



Punto de relevancia primordial es también que los escritores mencionados líneas arriba, excepción hecha de Santos Chocano, fueron asimismo los primeros humanistas mexicanos de la etapa independiente ¿significativo, verdad?



Como vemos, material para elaborar una antología digna, sobra; intenciones de hacerlo, quien sabe……





Ciudad Obregón, Son.; 02 de Junio de 2010.

No hay comentarios:

Publicar un comentario