FIL
No tengo pelotón para fusilarme,
cedí mi libertad a tus relojes,
eslabones de amor sólo sirvieron para
penar
y después, mí ente diverso,
esquivó la ceniza de los altares
y dio su mejor acto,
alentados por la imprudencia
de amarnos con ardor frente a la
vida.
Hay caminos donde mi lápiz no es rastro
sólo carbón que muerde
y el vestido perturba una calzada de
perros,
enciende los campos de junio
y pongo mi amor en el libro de la tarde,
no llueve,
el cielo está reseco
no llueve,
y la melancolía se tira en el discurso,
rueda en el aire
y lo devora la sed del campo.
Desde entonces tu dedo tamborilea
en sentencia de abandono con voz vieja,
porque eres la cama donde viajo,
aunque espero más del cielo
y del agujero donde escribo,
de la piel que se agita
con labios secos
y del café,
que guarda una taza de amor
a espaldas del futuro.
Los sueños son del pantalón
que lleva el minutero
red donde brama sus calores,
porque voy en ese río castigado en la
basura
y mi espíritu desmantelado grava
oxígeno,
ya debo a los muslos un cuerpo rebelde
y mi carne en un centavo
también adeuda sus brasas.

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