Por negras calles blancas madres se alargan convulsas, como bajo luz de lápida, llorando por aquellos que gritaron sobre el enemigo vencido: "¡Ay, cierren, cierren los ojos de los periódicos!" Carta. ¡Mamá, más alto! Humo. Humo. ¡Humo aún! ¿Qué me murmura, mamá? Vea ¡todo el aire está inundado por las piedras arrancadas por la metralla! ¡Ma-má-a-á! Ahora arrastraron al crepúsculo herido Aguantó mucho, romo, rugoso, y de pronto— vencidos sus poderosos hombros— rompió en llanto, el pobre, en brazos de Varsovia. Las estrellas con sus pañuelos de algodón azul berreaban: "¡Muerto, querido, querido mío!" Y el ojo de la luna nueva miraba espantado el puño muerto con los cartuchos vacíos. Corrieron a ver los pueblos lituanos cómo, besando los trenzados barrotes, con lágrimas de los dorados ojos de las iglesias, los dedos de las calles fracturaba Kovna. Y el crepúsculo gritaba, sin piernas, sin brazos: ¡No es verdad, yo puedo aún, eh: Agarrando el ritmo de la ardiente mazurca puedo desternillarme mi pardo bigote! Campana. ¿Qué mamá? Blanca, blanca como bajo luz de lápida, ¡Déjelo! Acerca de él, del muerto, un telegrama. "¡Ay, cierren, cierren los ojos de los periódicos!"
| ¡Escuchen! | | | ¡Escuchen! Si las estrellas se encienden, ¿quiere decir que alguien quiere que ellas estén? ¿quiere decir que alguien llama a estos escupitajos? ¿quieren decir que alguien llama a estos escupitajos perlas? Y, agotado en la borrasca de polvo del mediodía, irrumpe ante Dios; teme haber llegado tarde, llora, le besa la nudosa mano, pide ¡que sin falta haya una estrella! jura ¡no soportará este tormento sin estrellas! Y después camina ansioso, pero tranquilo por fuera. Le dice a alguien: "¿Ahora estás bien? ¿No tienes miedo? ¡¿Sí?!" ¡Escuchen! Si las estrellas se encienden, ¿quiere decir que a alguien le hacen falta? ¡¿quiere decir que es necesario, que cada tarde sobre los tejados se encienda al menos una estrella?! A sí mismo, amado, dedica estos versos el autor | | | Las cuatro. Pesadas como un golpe. "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios." Y a aquél como yo, ¿a dónde se le escurre? ¿Dónde hay una guarida preparada para mí? Si fuera yo pequeño, como el Gran Océano, de puntas me pararía a mis anchas, en la pleamar resarciría a la luna. ¿Dónde encontraré una amada tal como yo? ¡Ésa no cabría en este minúsculo cielo! ¡Oh, si fuera indigente! ¡Como un millonario! ¿Qué es el dinero para el alma? ¡Un ladrón insaciable! A la desordenada horda de mis deseos no le basta el oro de todas las Californias. ¡Si yo fuera tartamudo como Dante o Petrarca! ¡El alma de alguna encendería! ¡Ordenaría a los versos reducirla a cenizas! Y las palabras y mi amor son un triunfal arco: Suntuosamente, sin rastro pasan a través de él los amantes de todos los siglos. Oh, si fuera yo callado como el trueno, el galope estremecería la tierra decrépita. Si yo todo su poder arrancara a mi voz enorme, los cometas romperían sus brazos encendidos, cayendo con tristeza. Con los rayos de mis ojos mordería la noche, ¡oh, si fuera yo opaco, como el sol! ¡Me es tan necesario que me den a beber leche del regazo agotado de la tierra! Paso, arrastrando mi amor inmenso. ¿En qué noche delirante, enferma, qué Goliaths me parieron tan grande y tan innecesario? |
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