sábado, octubre 07, 2023

Paul Valéry


 

El cementerio marino


¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal,

pero agota toda la extensión de lo posible.

Pindaro, Píticas III.


Calmo techo surcado de palomas,

palpita entre los pinos y las tumbas;

mediodía puntual arma sus fuegos

¡El mar, el mar siempre recomenzado!

¡Qué regalo después de un pensamiento

ver moroso la calma de los dioses!


¡Qué obra pura consume de relámpagos

vario diamante de invisible espuma,

y cuánta paz parece concebirse!

Cuando sobre el abismo un sol reposa,

trabajos puros de una eterna causa,

el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.


Tesoro estable, templo de Minerva,

quietud masiva y visible reserva;

agua parpadeante, Ojo que en ti guardas

tanto sueño bajo un velo de llamas,

¡silencio mío!... ¡Edificio en el alma,

mas lleno de mil tejas de oro. Techo!


Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,

subo a ese punto puro y me acostumbro

de mi mirar marino todo envuelto;

tal a los dioses mi suprema ofrenda,

el destellar sereno va sembrando

soberano desdén sobre la altura.


Como en deleite el fruto se deslíe,

como en delicia truécase su ausencia

en una boca en que su forma muere,

mi futura humareda aquí yo sorbo,

y al alma consumida el cielo canta

la mudanza en rumor de las orillas.


¡Bello cielo real, mírame que cambio!

Después de tanto orgullo, y de tanto

extraño ocio, mas pleno de poderes,

a ese brillante espacio me abandono,

sobre casas de muertos va mi sombra

que a su frágil moverse me acostumbra.

A teas del solsticio expuesta el alma,

sosteniéndote estoy, ¡oh admirable

justicia de la luz de crudas armas!

Pura te tomo a tu lugar primero:

¡mírate!... Devolver la luz supone

taciturna mitad sumida en sombra.


Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,

un corazón, en fuentes del poema,

entre el vacío y el suceso puro,

de mi íntima grandeza el eco aguardo,

cisterna amarga, oscura y resonante,

¡hueco en el alma, son siempre futuro!


Sabes, falso cautivo de follajes,

golfo devorador de enjutas rejas,

en mis cerrados ojos, deslumbrantes

secretos, ¿qué cuerpo hálame a su término

y qué frente lo gana a esta tierra ósea?

Una chispa allí pienso en mis ausentes.


Sacro, pleno de un fuego sin materia;

ofrecido a la luz terrestre trozo,

me place este lugar alto de teas,

hecho de oro, piedra, árboles oscuros,

mármol temblando sobre tantas sombras;

¡allí la mar leal duerme en mis tumbas!


¡Al idólatra aparta, perra espléndida!

Cuando con sonrisa de pastor, solo,

apaciento carneros misteriosos,

rebaño blanco de mis quietas tumbas,

¡las discretas palomas de allí aléjalas,

los vanos sueños y ángeles curiosos!


Llegado aquí pereza es el futuro,

rasca la sequedad nítido insecto;

todo ardido, deshecho, recibido

en quién sabe qué esencia rigurosa...

La vida es vasta estando ebrio de ausencia,

y dulce el amargor, claro el espíritu.


Los muertos se hallan bien en esta tierra

cuyo misterio seca y los abriga.

Encima el Mediodía reposando

se piensa y a sí mismo se concilia...

Testa cabal, diadema irreprochable,

yo soy en tu interior secreto cambio.


¡A tus temores, sólo yo domino!

Mis arrepentimientos y mis dudas,

son el efecto de tu gran diamante...

Pero en su noche grávida de mármoles,

en la raíz del árbol, vago pueblo

ha asumido tu causa lentamente.


En una densa ausencia se han disuelto,

roja arcilla absorbió la blanca especie,

¡la gracia de vivir pasó a las flores!

¿Dónde del muerto frases familiares,

el arte personal, el alma propia?

En la fuente del llanto larvas hilan.


Agudo gritos de exaltadas jóvenes,

ojos, dientes, humedecidos párpados,

el hechicero seno que se arriesga,

la sangre viva en labios que se rinden,

los dedos que defienden dones últimos,

¡va todo bajo tierra y entra al juego!


Y tú, gran alma, ¿un sueño acaso esperas

libre ya de colores del engaño

que al ojo camal fingen onda y oro?

¿Cuando seas vapor tendrás el canto?

¡Ve! ¡Todo huye! Mi presencia es porosa,

¡la sagrada impaciencia también muere!


¡Magra inmortalidad negra y dorada,

consoladora de horroroso lauro

que maternal seno haces de la muerte,

el bello engaño y la piadosa argucia!

¡Quién no conoce, quién no los rechaza,

al hueco cráneo y a la risa eterna!


deshabitadas testas, hondos padres,

que bajo el peso de tantas paladas,

sois la tierra y mezcláis nuestras pisadas,

el roedor gusano irrebatible

para vosotros no es que bajo tablas

dormís, ¡de vida vive y no me deja!


¿Amor quizás u odio de mí mismo?

¡Tan cerca tengo su secreto diente

que cualquier nombre puede convenirle!

¡Qué importa! ¡Mira, quiere, piensa, toca!

¡Agrádale mi carne, aun en mi lecho,

de este viviente vivo de ser suyo!


¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!

¡Me has traspasado con tu flecha alada

que vibra, vuela y no obstante no vuela!

¡Su son me engendra y mátame la flecha!

¡Ah! el sol... ¡Y qué sombra de tortuga

para el alma, veloz y quieto Aquiles!


¡No! ¡No!... ¡De pie! ¡En la era sucesiva!

¡Cuerpo mío, esta forma absorta quiebra!

¡Pecho mío, el naciente viento bebe!

Una frescura que la mar exhala,

ríndeme el alma... ¡Oh vigor salado!

¡Ganemos la onda en rebotar viviente!


¡Sí! Inmenso mar dotado de delirios,

piel de pantera, clámide horadada

por los mil y mil ídolos solares,

hidra absoluta, ebria de carne azul,

que te muerdes la cola destellante

en un tumulto símil al silencio.


¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!

¡,Cierra y abre mi libro el aire inmenso,

brota audaz la ola en polvo de las rocas!

¡Volad páginas todas deslumbradas!

¡Olas, romped con vuestra agua gozosa

calmo techo que foques merodean!


Versión de Javier Sologuren


 




 


Encantamiento


Vierte la luna débil sus albores sagrados

como una basquiña ,de vaporoso argento

sobre moles de mármol que cruza el soñoliento

paso de alguna virgen en velos nacarados.


A los cisnes sedeños que abren los juncales

con su quilla de pluma donde la luz reposa

les deshoja su mano la más nevada rosa,

y en el agua los pétalos difunden espirales.


Soledad extasiada, dulcificante duna,

cuando el agua hervorosa bruñida por la luna

sus voces cristalinas sin término propaga,


-¿qué alma padeciera la magia inexorable

de la rútila noche con su cielo implacable

sin exhalar un grito puro como una daga?


Versión de Carlos López Narváez


 




 


Esbozo de una serpiente


                                           A Henry Ghéon


Sobre aquel árbol la brisa acuna

A la víbora que yo vestí;

Una sonrisa le horada el diente

Y nos aclara sus apetitos

En el Jardín donde arriesga y ronda,

Y en el triángulo mío de esmeralda

Saca su lengua de doble filo...

Bestia soy, pero bestia aguda

De quien el veneno, aunque vil,

Domina al de la cauta cicuta.


Cuán suave aquel tiempo de placer!

Temblad mortales! Yo soy muy fuerte

Cuando consigo con mi descaro,

¡En un bostezo quebrar la fuerza!

El esplendor del Cielo perfila

Este blasón de sierpe que oculta

Bajo su animal simplicidad;

¡Venid a mí, raza atolondrada!

¡Estoy de pie, atenta y proterva,

Semejante a la necesidad!


¡Sol, Sol!... ¡Mentira resplandeciente!

Tú, Sol que a la muerte la enmascaras

Bajo el azul y oro de una tienda

do celebran consejo las flores

Por entre impenetrables placeres,

¡Tú, el más fiero de mis cómplices

Y de mis trampas, la más aguda,

Protege a los corazones para

Que nunca sepan que el Universo

Es un defecto, allí en la pureza

Del No-Ser!


Gran Sol que haces retiñir la alarma

Para el ser y le compañas fuegos,

Tú, que entre los sueños lo encarcelas

Y muy tramposamente le pintas,

Campiñas, oh hacedor de fantasmas

Felices que propenden los ojos

A la presencia oscura del alma,

Siempre me ha gustado la mentira

Que tú expandes en el absoluto,

¡Oh rey de las sombras vuelto lumbre!


Vierte sobre mí tu calor basto

Donde surge mi pereza gélida

Y desvaría algún mal que le es

Propio a mi naturaleza rea...

Lugar feliz donde vive la carne,

Donde escoger y acoplarse es grato,

Donde mi furor se vuelve maduro,

Y lo recorro entre mis circuitos

Donde mi meditación murmura.


¡Oh Vanidad, Causa Primera!

Aquella que reina en los Cielos,

Y que hizo a la luz que nos abra

Al Universo espacioso exhausto

De su propio espectáculo purísimo.

Dios mismo nos ha roto el obstáculo

De su Perfecta Eternidad;

El se nos volvió Quien nos disipa

En consecuencias a su Principio,

En estrellas su Unidad.


¡Cielos, su error! ¡Tiempo, su ruina!

Y el abismo animal, boquiabierto...

¡Qué caída en el origen, una

Centella en el lugar de la nada!...

Pero en el primer vocablo en su Verbo:

YO... El más soberbio de los astros

Dicho por el loco creador,

¡Yo soy... Yo seré... Yo os ilumino

La disminución divina

De todo el fuego del Seductor!


Versión de Guillermo Trejo


 




 


Helena


¡Azul! Soy yo. Regreso de lúgubres canteras

a ver el mar lanzando sus escalas sonoras,

y al filo de los remos de oro, en las auroras,

zarpando de su rada nocturna las galeras.


Mis manos solitarias invocan los monarcas

-yo hundía entre su barba de sal mis dedos puros-.

Llorando he visto, al eco de sus himnos oscuros,

huir los golfos ante la popa de sus barcas.


Oigo las caracolas hondas, los helicones

marciales en las rítmicas alas de los timones;

claros cantos remeros encadenan rugidos.


Y en las heroicas proas, los dioses exaltados,

con sus plácidos rostros de la espuma azotados,

me tienden indulgentes sus brazos esculpidos.


Versión de Carlos López Narváez


 




 


La dormeuse    


¿Qué secreto mi amiga quema bajo tu pecho?

¿A través de tu rostro huele el alma de una flor?

¿De qué vano alimento tu cándido calor

hace aquel puro brillo que te alumbra en tu lecho?


Sueños, respiración, abolido despecho...

Más fuerte eres que el llanto sosiego vencedor

cuando en tu pleno sueño redondez y temblor

de ese seno enemigo se alzan en acecho.


Mujer, montón dorado de sombras y de mimos

tu temible reposo tales dones retrata

lánguida cervatilla buscando los racimos.


Que a pesar de tu alma que el infierno encarcela

tu forma el vientre puro con el brazo recata

y mis ojos se abren mientras tu forma vela.


Versión de Jorge Rojas


 




 


Los pasos

Pasos nacidos de un silencio

tenue, sagradamente dados,

hacia el recinto de mis sueños

vienen tranquilos, apagados.


Rumores puros y divinos,

todos los dones que descubro

-¡oh blandos pasos reprimidos!-

llegan desde tus pies desnudos.


Si en el convite de tus labios

recoge para su sosiego

mi pensamiento -huésped ávido-

el vivo manjar de tu beso.


Avanza con dulzura lenta,

con ternura de ritmos vagos:

como ha vivido de tu espera,

mi corazón marcha en tus pasos.


 




 


Los pasos      (otra versión)


Tus pasos,

por el silencio creados,

avanzan santa, lentamente,

hacia el lecho de mi impaciente vigilar,

fríos, callados.


Queridos,

adorados pasos mudos,

que sin oír mis ansias adivinan,

¡Qué regalos celestes se encaminan

hacia mi lecho

en unos pies desnudos.


Si, para mi sueño obseso,

tu bocas haces avanzar

yo preparo el paladar

al alimento de un beso.


No lo apresures,

ten calma,

dulzura de ser no siendo,

que de esperar voy viviendo

y son tus pasos

mi alma.


Versión de Charles Dampierre


 




 


Poesía


Con sorpresa y emoción,

una boca que bebía

del seno de la Poesía

dijo, apartando el plumón:


¡Oh mi madre Inteligencia

de quien el dulzor fluyó!

¿Cuál extraña negligencia

ahora tu seno secó?


Sobre tu pecho divino

apenas ponía mi sien,

sentía el mecer marino

de tu corazón de bien;


recién, en la obscura niebla

que bajó hasta tu beldad,

sentía, al beber tiniebla

llenarme de claridad.


Dios diluido en tu esencia,

Lleno de felicidad

y dócil a la conciencia

De la gran tranquilidad,


Alcancé la noche pura

y olvidéme del no ser,

pues, un río de ventura

por mí parecía correr. .


¿Qué escrúpulo temeroso,

qué despecho te asaltó,

que tu fluir milagroso

en mis labios se cortó?


¡Oh rigor! Yo bien recelo

que tu alma se ofendió

el silencio, cisne en vuelo,

ya no reina entre tú y yo.


¡Oh Inmortal! Ya no me informa

de tesoros tu mirar

y se hizo piedra la forma

que yo sentí palpitar


Me han privado tus agravios

hasta del cielo el claror.

¿Qué serás tú sin mis labios?

¿Qué seré yo sin tu amor?


Pero la fuente ya inerte

Le respondió sin pasión:

-¡Ay, me has mordido muy fuerte!

No late mi corazón.


Versión de Edmundo Bianchi


 




 


Una tarde adornada de palomas sublimes...


Una tarde adornada de palomas sublimes

la doncella suavemente se peina al sol.

Roza en la onda al nenúfar con su pie de arrebol

y entibia sus dos manos errantes y morosas

tendiendo hacia el ocaso sus transparentes rosas.

Una onda inocente recorre en emoción

su piel: es que una flauta toca un absurdo son.

El músico, que tiene dientes de pedrería,

lanza una fútil brisa de sombra y fantasía

con el oculto beso que arriesga entre las flores.

Fría, ante el dulce juego de llantos y de amores,

ni haciéndose divina con una frase sola

de rosa, la belleza, gracias a su aureola,

en suelta cabellera de mirra perfumada

mira, con ojo augusto entre la crencha dorada

la luz que antes pasó entre sus manos abiertas.

Sobre su espalda húmeda cae una hoja muerta.

De la flauta, hasta el agua, cae una gota suave

y el pie puro se asusta como una bella ave

ebria de sombra...


Versión de Edmundo Bianchi









 

 




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