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Saturday, November 30, 2019

Ismael Serrano - Papa Cuentame Otra Vez (Video Oficial)

Elia Casillas: Una de mis razones




Las personas que me conocen saben que una de mis razones de vivir es la danza. Dejé las clases de zumba, era algo que no estaba en mí, pero así fue. Llueve, y estos días de hermosa lluvia no he salido a caminar querida Lidia Morimoto Garces. El óvalo o como se llame, no es el mejor sitio para hacerlo, en algunas ocasiones he mencionado que unos tramos son obscuros y  hay que cuidarse la espalda, o tal vez, son mis temores, pero no, no. Algunas personas que caminan conmigo, también tienen miedo, por lo general, ellas entrenan con alguien, yo, lo hago sola. El jueves fue el último día que fui, todo transcurría dentro de la normalidad, gente trotando, niños jugando en las canchas de fútbol, la música y el sonido local de algunos campos en donde se juega softbol me dan algo de tranquilidad mientras paso enfrente de ellos. Si algo sucede en el trayecto es porque creo que me busco los problemas, ya que vi a una niña orinando en la calle, mientras su papá trataba de ocultarla. Ya los había pasado, no sé ni por qué me regresé. Le dije al señor que la niña no debía de hacer pis ahí. Él se enojó, y contestó que qué me importaba. Me importa porque aquí caminamos, mire, cruzando la calle hay un sitio para llenar garrafones con agua, pudo pedir permiso para que le prestaran el baño, o en la tortillería, no creo que le nieguen el sanitario si es para su hija –comenté.  No hubo consejo que lo convenciera, el individuo ya era una voz enojada, también su cara lucía fuera de forma.  La esposa vino en su ayuda, muy bravucona la mujer, entonces, yo también tengo voz potente y les comenté que la calle no es excusado de nadie. En el campito, había otros niños y padres de familia y noté que a ella y al marido no les pareció que los exhibiera y se callaron. Continué mi camino, en eso un joven entre veinticinco y treinta años hacía ejercicios de calentamiento, debo decirles que uno tiene que estar alerta, observar que hay en cada lado, lo vi, y él se percató de mi aproximación, entonces, empezó a mecerse, hacía algo así como: te la meto, te la saco, te la meto, te la saco. No sé cómo o de qué manera a los hombres les cambia la cara cuando hacen estos movimientos, se transforman. De plano, puse mi rostro en otro lugar, al tiempo que pensaba en la cantidad de gente que hay a diario en el óvalo y no se aparece ni una patrulla, por lo menos un policía que anduviera cerca cuidando que estos depravados se comporten. Ellos saben que nadie va a ponerles la mano, sé que nunca se va a asomar un gendarme para revisar que los caminos estén libres de esta clase de sujetos. Volviendo al altercado que tuve, me preguntaba, ¿si no tienen baños, en dónde es que evacua tanta gente? En días anteriores, de un matorral, ah, esa es otra, no pasan a cortar la hierba y está muy alta, alguien podría fácilmente esconderse ahí,  ya que de entre los aparatos que hay al aire libre, de ahí salió un sujeto en bicicleta, intentó acercarse y me detuve, ahora sí que le grité con todas las fuerzas que me dan las cuerdas vocales: ¡Si me tocas, te mato! Una joven que venía detrás de mí me aconsejó que si alguien intentara hacer algo, que grita fuego, que no pidiera auxilio porque no me iban a ayudar. El sujeto de la bicicleta se detuvo adelante, como demostrando que no tenía miedo, pero en eso, se dejó ver otro joven como de uno ochenta o más de estatura y el cobarde huyó. Dijera mi abuela, bien sabe el diablo a quién se le aparece. Me enteré que hay un salón de zumba, y que las clases son de siete  a ocho, es un lugar que  más cerca de mi casa, tal vez ingrese ahí, porque es muy peligroso para una persona como yo, ir  a un sitio como el óvalo. Cualquiera se calla, y es algo que yo no puedo hacer, si pienso que podríamos hacer de la tierra un verdadero  hogar para vivir. La realidad es otra, las personas no tienen educación ni respeto, respeto por el espacio que habitan, y por las personas con las que conviven. La lluvia me ha detenido, y siento la necesidad de moverme, porque el agua encharcada, apesta.




Navojoa, Son. Nov./28/19










Adele - Set Fire To The Rain

Friday, November 29, 2019

Federico García Lorca: Nadadora sumergida



Yo he amado a dos mujeres que no me querían, y sin embargo no quise degollar a mi perro favorito. ¿No os parece, condesa, mi actitud una de las más puras que se pueden adoptar? Ahora sé lo que es despedirse para siempre. El abrazo diario tiene brisa de molusco. Este último abrazo de mi amor fue tan perfecto, que la gente cerró los balcones con sigilo. No me haga usted hablar, condesa, yo estoy enamorado de una mujer que tiene medio cuerpo en la nieve del Norte. Una mujer amiga de los perros y fundamentalmente enemiga mía. Nunca pude besarla a gusto. Se apagaba la luz. o ella se disolvía en el frasco de whisky. Yo entonces no era aficionado a la ginebra inglesa. Imagine usted, amiga mía, la calidad de mi dolor. Una noche, el demonio puso horribles mis zapatos. Eran las tres de la madrugada, yo tenía un bisturí atravesado en mi garganta y ella un largo pañuelo de seda. Miento. Era la cola de un caballo. La cola del invisible caballo que me había de arrastrar. Condesa: hace usted bien en apretarme la mano. Empezamos a discutir. Yo me hice un arañazo en la frente y ella con gran destreza partió el cristal de su mejilla. Entonces nos abrazamos. Ya sabe usted lo demás.La orquesta lejana luchaba de manera dramática con las hormigas volantes. Madame Barthou hacía irresistible la noche con sus enfermos diamantes del Cairo, y el traje violeta de Olga Montcha acusaba, cada minuto más palpable, su amor por el muerto zar. Margarita Gross y la españolísima Lola Cabeza de Vaca llevaban contadas más de mil olas sin ningún resultado. En la costa francesa empezaban a cantar los asesinos de los marineros y los que roban la sal a los pescadores. Condesa: aquel último abrazo tuvo tres tiempos y se desarrolló de manera admirable. Desde entonces dejé la literatura vieja que yo había cultivado con gran éxito. Es preciso romperlo todo para que los dogmas se purifiquen y las normas tengan nuevo temblor. Es preciso que el elefante tenga ojos de perdiz y la perdiz pezuñas de unicornio. Por un abrazo sé yo todas estas cosas y también por este gran amor que me desgarra el chaleco de seda.

—¿No oye usted el vals americano? En Viena hay demasiados helados de turrón y demasiado intelectualismo. El vals americano es perfecto como una Escuela Naval. ¿Quiere usted que demos una vuelta por el baile?

A la mañana siguiente fue encontrada en la playa la condesa de X con un tenedor de ajenjo clavado en la nuca. Su muerte debió de ser instantánea. En la arena se encontró un papelito manchado de sangre que decía: “Puesto que no te puedes convertir en paloma, bien muerta estás”.
Los policías suben y bajan las dunas montados en bicicleta. Se asegura que la bella condesa X era muy aficionada a la natación, y que ésta ha sido la causa de su muerte. De todas maneras podemos afirmar que se ignora el nombre de su maravilloso asesino.






Gotye - Somebody That I Used To Know (feat. Kimbra) - official music video

Wednesday, November 27, 2019

Federico García Lorca: Suicidio en Alejandría



Cuando pusieron la cabeza cortada sobre la mesa del despacho, se rompieron todos los cristales de la ciudad. “Será necesario calmar a esas rosas”, dijo la anciana. Pasaba un automóvil y era un 13. Pasaba otro automóvil y era un 22. Pasaba una tienda y era un 13. Pasaba un kilómetro y era un 22. La situación se hizo insostenible. Había necesidad de romper para siempre.

12 y 21

Después de la terrible ceremonia se subieron todos a la última hoja del espino, pero la hormiga era tan grande, tan grande, que se tuvo que quedar en el suelo con el martillo y el ojo enhebrado.

11 y 20

Luego se fueron en automóvil. Querían suicidarse para dar ejemplo y evitar que ninguna canoa se pudiera acercar a la orilla.

10 y 19

Rompían los tabiques y agitaban los pañuelos. ¡Genoveva! ¡Genoveva! Era de noche y se hacía precisa la dentadura y el látigo.

9 y 18

Se suicidaban sin remedio, es decir, nos suicidábamos. ¡Corazón mío! ¡Amor! La Tour Eiffel es hermosa y el sombrío Támesis también. Si vamos a casa de lord Butown nos darán la cabeza de langosta y el pequeño círculo de humo. Pero nosotros no iremos a casa de ese chileno.

8 y 17

Ya no tiene remedio. Bésame sin romperme la corbata. Bésame, bésame.

7 y 16

Yo, un niño, y tú, lo que quiera el mar. Reconozcamos que la mejilla derecha es un mundo sin normas y la astronomía un pedacito de jabón.

6 y 15

Adiós. ¡Socorro! Amor, amor mío. Ya morimos juntos. ¡Ay! Terminad vosotros por caridad este poema.

5 y 14
4 y 13

Al llegar este momento vimos a los amantes abrazarse sobre las olas.

3 y 12
2 y 11
1 y 10

Un golpe de mar violentísimo barrió los muelles y cubiertas de los barcos. Solo se sentía una voz sorda entre los peces que clamaba.
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Nunca olvidaremos los veraneantes de la playa de Alejandría aquella emocionante escena de amor que arrancó lágrimas de todos los ojos.







Monday, November 25, 2019

Bertolt Brecht: Si los tiburones fueran hombres


Si los tiburones fueran hombres, habría escuelas en el interior de las enormes cajas construidas para los pececitos. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececitos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, materialistas, egoístas o marxistas. Si algún pececito mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.








Luz Casal y Concha Buika cantan Sombras

Bertolt Brecht: Si los tiburones fueran hombres




Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los peces pequeños, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que no se les muriera prematuramente. Para que los pececitos no se pusieran tristes, de vez en cuando organizarían grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes.









Saturday, November 23, 2019

Elia Casillas: I deny my madness


Máximo Ballester
I deny my madness, if at least I am  scream, nervous, frantic ... I have a controlled spirit, always in place, as a bank observer, exactly like a clock. Nothing links me to the imbalance, although doubts assail me, is there anything between the swing and me? Because suddenly I see myself spinning with the bats,   tree of death circle, I light flames on my legs and flutter through the dead-end ravines, at dawn, I climb the roofs, gargoyles and storms sail with me. Sometimes, I think I'm a spark, and I burn the trees and the Kings Magi camp. Maybe I am a demon, because I raise my arms and I am in the dimension of the Ouija preaching in hell. I walk with the voice of an angel fallen through the corners of the dawn, I reach any note, no matter if the minute breaks the eardrums of the priest or the cup of consecrate. I mess with the darkness and the sad winds, I plan of my side so as not to damage the pipes and the peace of the dead. My wings pierce the blackness   of   the living and the dull, the holy field of souls in exile, my wild wings, entangle the painful songs, with the sufferings of the night.




Navojoa, Son. Nov./23/19





Elia Casillas: Niego mi locura




Para Máximo Ballester 

A mi espíritu lo controla el silencio, siempre en su lugar,   como observador de banco, exacto como un reloj.  Nada me vincula al desequilibrio, aunque   me asaltan  las dudas, ¿hay algo entre la oscilación y yo? Porque me veo girando con  murciélagos, circulo el árbol de la muerte,  prendo llamas en mis piernas y revoloteo por  los barrancos sin salida,  de madrugada  lamentos,  gárgolas y  tormentas, navegan conmigo. A veces,   soy centella,  y quemo los arbolitos y el campamento de los Reyes Magos.  Tal vez soy un demonio, porque elevo los brazos y estoy en la dimensión de la ouija predicando  mis infiernos.  Deambulo: voz de ángel abandonado,  por   las esquinas del amanecer alcanzo cualquier nota, no importa si la minuta rompe  los tímpanos del sacerdote o  la copa de consagrar.  Lío  negrura  con  vientos tristes,  de costado para no dañar las tuberías  y la paz de los muertos, que también  son míos, sinsabor de  vivos y  apagados, el Campo Santo,  almas en  exilio. Mis alas indómitas,  el llanto de las madres,  el sufrimiento del Planeta.





Navojoa, Son. Nov./23/19


















Friday, November 22, 2019

Cuatro Pesos de Propina - Mi Revolución (DVD Muerto pero Vivo)

Bertolt Brecht: El señor Keuner y la marea.


Elisa Carrillo Cabrera



Caminando por un valle, advirtió de pronto el señor Keuner que sus pies chapoteaban en el agua. Y al punto se dio cuenta de que su valle era en realidad un brazo de mar y de que se acercaba la hora de la marea. Se detuvo de inmediato para ver si descubría alguna barca, y no se movió del sitio mientras la esperaba. Pero, al no aparecer ninguna, abandonó sus esperanzas y confió más bien en que el agua no siguiera subiendo. Solo cuando le llegó a la barbilla, abandonó también esta esperanza y se lanzó a nadar. Había descubierto que él mismo era una barca.







Thursday, November 21, 2019

Elia Casillas: We are alone.



We are alone. Thirst for the stray, nightmare in the wasteland, glimmer of hope in the desert, fingernails and the Grim Reaper who cast an eye on the pilgrim's faith, we are alone. The credit of the blanket and the tree of the traveler, his feet and the blisters of despair leave no trace. The roads are split, there is division of ideas, nothing stable, the needle of the haystack does not fit, we are alone, the sea and the boat, the wave rises, we run away on the crest, nobody knows how the barge will deliver the attack, we are alone, the breaker takes us, we are a husk in the waves, we are alone, the sun is gone, it has left us forever. We are alone.


Navojoa, Son. Nov./21/2019







Tuesday, November 19, 2019

Bertolt Brecht: La gran comida


En la isla Thurö vivían un hombre y una mujer en medio de una austeridad absoluta. Durante toda su vida el hombre solo llevó camisas hechas de costales. En invierno, y por no calentar la casa, los dos se sentaban ante la puerta del establo abierta, y aprovechaban el calor del ganado. Cuando murieron, uno poco después del otro, fueron enterrados juntos, y, con los bienes que dejaron o mediante una colecta, se organizó una cena fúnebre en la que participó todo el pueblo, como manda la costumbre. Fue la única comida abundante que ofreció la pareja.








Franz Kafka: Ser infeliz



Cuando ya eso se había vuelto insoportable -una vez al atardecer, en noviembre-, y yo me deslizaba sobre la estrecha alfombra de mi pieza como en una pista, estremecido por el aspecto de la calle iluminada, me di vuelta otra vez, y en lo hondo de la pieza, en el fondo del espejo, encontré no obstante un nuevo objetivo, y grité, solamente por oír el grito al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza de grito, que por lo tanto sube sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca; entonces desde la pared se abrió la puerta hacia afuera así de rápido porque la prisa era, ciertamente, necesaria, e incluso vi los caballos de los coches abajo, en el pavimento, se levantaron como potros que, habiendo expuesto los cuellos al enemigo, se hubiesen enfurecido en la batalla.
Cual pequeño fantasma, corrió una niña desde el pasillo completamente oscuro, en el que todavía no alumbraba la lámpara, y se quedó en puntas de pie sobre una tabla del piso, la cual se balanceaba levemente encandilada en seguida por la penumbra de la pieza, quiso ocultar rápidamente la cara entre las manos, pero de repente se calmó al mirar hacia la ventana, ante cuya cruz el vaho de la calle se inmovilizó por fin bajo la oscuridad. Apoyando el codo en la pared de la pieza, se quedó erguida ante la puerta abierta y dejó que la corriente de aire que venía de afuera se moviese a lo largo de las articulaciones de los pies, también del cuello, también de las sienes. Miré un poco en esa dirección, después dije: “buenas tardes”, y tomé mi chaqueta de la pantalla de la estufa, porque no quería estarme allí parado, así, a medio vestir. Durante un ratito mantuve la boca abierta para que la excitación me abandonase por la boca. Tenía la saliva pesada; en la cara me temblaban las pestañas. No me faltaba sino justamente esta visita, esperada por cierto. La niña estaba todavía parada contra la pared en el mismo lugar; apretaba la mano derecha contra aquélla, y, con las mejillas encendidas, no le molestaba que la pared pintada de blanco fuese ásperamente granulada y raspase las puntas de sus dedos. Le dije:
-¿Es a mí realmente a quien quiere ver? ¿No es una equivocación? Nada más fácil que equivocarse en esta enorme casa. Yo me llamo así y asá; vivo en el tercer piso. ¿Soy entonces yo a quien usted desea visitar?
-¡Calma, calma! -dijo la niña por sobre el hombro-; ya todo está bien.
-Entonces entre más en la pieza. Yo querría cerrar la puerta.
-Acabo justamente de cerrar la puerta. No se moleste. Por sobre todo, tranquilícese.
-¡Ni hablar de molestias! Pero en este corredor vive un montón de gente. Naturalmente todos son conocidos míos. La mayoría viene ahora de sus ocupaciones. Si oyen hablar en una pieza creen simplemente tener el derecho de abrir y mirar qué pasa. Ya ocurrió una vez. Esta gente ya ha terminado su trabajo diario; ¿a quién soportarían en su provisoria libertad nocturna? Por lo demás, usted también ya lo sabe. Déjeme cerrar la puerta.
-¿Pero qué ocurre? ¿Qué le pasa? Por mí, puede entrar toda la casa. Y le recuerdo; ya he cerrado la puerta; créalo. ¿Solamente usted puede cerrar las puertas?
-Está bien, entonces. Más no quiero. De ninguna manera tendría que haber cerrado con la llave. Y ahora, ya que está aquí, póngase cómoda; usted es mi huésped. Tenga plena confianza en mí. Lo único importante es que no tema ponerse a sus anchas. No la obligaré a quedarse ni a irse. ¿Es que hace falta decírselo? ¿Tan mal me conoce?
-No. En realidad no tendría que haberlo dicho. Más todavía: no debería haberlo dicho. Soy una niña; ¿por qué molestarse tanto por mí?
-¡No es para tanto! Naturalmente, una niña. Pero tampoco es usted tan pequeña. Ya está bien crecidita. Si fuese una chica no habría podido encerrarse, así no más, conmigo en una pieza.
-Por eso no tenemos que preocuparnos. Solamente quería decir: no me sirve de mucho conocerle tan bien; sólo le ahorra a usted el esfuerzo de fingir un poco ante mí. De todos modos, no me venga con cumplidos. Dejemos eso, se lo pido, dejémoslo. Y a esto hay que agregar que no lo conozco en cualquier lugar y siempre, y de ninguna manera en esta oscuridad. Sería mucho mejor que encendiese la luz. No. Mejor no. De todos modos, seguiré teniendo en cuenta que ya me ha amenazado.
-¿Cómo? ¿Yo la amenacé? ¡Pero por favor! ¡Estoy tan contento de que por fin esté aquí! Digo “por fin” porque ya es tan tarde. No puedo entender por qué vino tan tarde. Además es posible que por la alegría haya hablado tan incongruentemente, y que usted lo haya interpretado justamente de esa manera. Concedo diez veces que he hablado así. Sí. La amenacé con todo lo que quiera. Una cosa: por el amor de Dios, ¡no discutamos! ¿Pero, cómo pudo creerlo? ¿Cómo pudo ofenderme así? ¿Por qué quiere arruinarme a la fuerza este pequeño momentito de presencia suya aquí? Un extraño sería más complaciente que usted.
-Lo creo. Eso no fue ninguna genialidad. Por naturaleza estoy tan cerca de usted cuanto un extraño pueda complacerle. También usted lo sabe. ¿A qué entonces esa tristeza? Diga mejor que está haciendo teatro y me voy al instante.
-¿Así? ¿También esto se atreve a decirme? Usted es un poco audaz. ¡En definitiva está en mi pieza! Se frota los dedos como loca en mi pared. ¡Mi pieza, mi pared! Además, lo que dice es ridículo, no sólo insolente. Dice que su naturaleza la fuerza a hablarme de esta forma. Su naturaleza es la mía, y si yo por naturaleza me comporto amablemente con usted, tampoco usted tiene derecho a obrar de otra manera.
-¿Es esto amable?
-Hablo de antes.
-¿Sabe usted cómo seré después?
-Nada sé yo.
Y me dirigí a la mesa de luz, en la que encendí una vela. Por aquel entonces no tenía en mi pieza luz eléctrica ni gas. Después me senté un rato a la mesa, hasta que también de eso me cansé. Me puse el sobretodo; tomé el sombrero que estaba en el sofá, y de un soplo apagué la vela. Al salir me tropecé con la pata de un sillón. En la escalera me encontré con un inquilino del mismo piso.
-¿Ya sale usted otra vez, bandido? -preguntó, descansando sobre sus piernas bien abiertas sobre dos escalones.
-¿Qué puedo hacer? -dije-. Acabo de recibir a un fantasma en mi pieza.
-Lo dice con el mismo descontento que si hubiese encontrado un pelo en la sopa.
-Usted bromea. Pero tenga en cuenta que un fantasma es un fantasma.
-Muy cierto: ¿pero cómo, si uno no cree absolutamente en fantasmas?
-¡Ajá! ¿Es que piensa usted que yo creo en fantasmas? ¿Pero de qué me sirve este no creer?
-Muy simple. Lo que debe hacer es no tener más miedo si un fantasma viene realmente a su pieza.
-Sí. Pero es que ése es el miedo secundario. El verdadero miedo es el miedo a la causa de la aparición. Y este miedo permanece, y lo tengo en gran forma dentro de mí.
De pura nerviosidad, empecé a registrar todos mis bolsillos.
-Ya que no tiene miedo de la aparición como tal, habría debido preguntarle tranquilamente por la causa de su venida.
-Evidentemente, usted todavía nunca ha hablado con fantasmas; jamás se puede obtener de ellos una información clara. Eso es un de aquí para allá. Estos fantasmas parecen dudar más que nosotros de su existencia, cosa que por lo demás, dada su fragilidad, no es de extrañar.
-Pero yo he oído decir que se les puede seducir.
-En ese punto está bien informado. Se puede. ¿Pero quién lo va a hacer?
-¿Por qué no? Si es un fantasma femenino, por ejemplo -dijo, y subió otro escalón.
-¡Ah, sí…! -dije-, pero aún así no vale la pena. Recapacité.
Mi vecino estaba ya tan alto que para verme tenía que agacharse por debajo de una arcada de la escalera.
-Pero no obstante -grité-, si usted ahí arriba me quita mi fantasma, rompemos relaciones para siempre.
-¡Pero si fue solamente una broma! -dijo, y retiró la cabeza.
-Entonces está bien -dije.
Y ahora sí que, a decir verdad, podría haber salido tranquilamente a pasear; pero como me sentí tan desolado preferí subir, y me eché a dormir.








Sunday, November 17, 2019

Elia Casillas: Mi ángel


Para: Guadalupe Serrano.

El viernes desperté y distinguí a un hombre moreno, alto, de cabello largo, a los hombros, observándome. Con el control, busqué la hora en la pantalla de la TV: 11:11, oh, mi ángel, -dije, y volví a dormirme. Cinco horas más tarde, cuando reviví, no supe si fue un sueño o si en realidad un hombre moreno, alto, de cabello largo, a los hombros, estaba a un lado de mi cama a las 11:11: observándome.



Navojoa, Son. 17/11/19












Saturday, November 16, 2019

Marqués de Sade: La serpiente


Elisa Carrillo Cabrera 

Todo el mundo conoció a principios de este siglo a la señora presidenta de C…, una de las mujeres más agradables y bonitas de Dijon, y todos la han visto acariciar y acoger públicamente en su lecho a la serpiente blanca que va a ser la protagonista de esta anécdota.
-Este animal es el mejor amigo que tengo en el mundo -le comentaba un día a una dama extranjera que había ido a verla y que mostraba curiosidad por conocer la razón de las atenciones que la bella presidenta prodigaba a su serpiente-. En otro tiempo amé apasionadamente -prosiguió ésta-, señora, a un joven encantador que se vio obligado a alejarse de mí para ir a cosechar laureles; al margen de nuestros encuentros convenidos, él me había pedido que, siguiendo su ejemplo, a unas horas determinadas nos retiráramos cada uno por nuestro lado a algún paraje solitario para no ocuparnos de nada en absoluto más que de nuestra ternura. Un día, a las cinco de la tarde, cuando iba a recogerme en un pequeño pabellón al extremo de mi jardín, para serle fiel en mi promesa, convencida de que ningún animal de esta clase hubiera nunca podido penetrar en el jardín, de pronto descubrí a mis pies a este encantador animalillo, al que, como bien podéis ver, idolatro. Quise huir; la serpiente se tendió delante de mí, parecía pedirme perdón, parecía asegurarme que bien lejos estaba de querer hacerme ningún daño; me paro, la observo; al verme tranquila se acerca, hace cien cabriolas a mis pies, unas más de prisa que las otras; no puedo contenerme y le paso la mano por encima, la acaricio delicadamente, la cojo y la pongo sobre mis rodillas, se arrebuja en ellas y parece que duerme. Una sensación de inquietud se apodera de mí… De mis ojos se escapan, a pesar mío, unas lágrimas que bañan a este animalillo encantador… Despertada por mi dolor, me mira…, gime…, alza su cabeza hasta mi seno…, lo acaricia y de nuevo se desploma anonadado… ¡Oh, cielos -grité-, todo se ha acabado; mi amante ha muerto! Abandoné aquel funesto lugar llevando conmigo a esta serpiente, a la que un misterioso sentimiento parece ligarme a pesar mío… Advertencias fatales de una voz desconocida cuyos ecos, señora, podéis interpretar como os guste, pero ocho días más tarde recibo la noticia de que mi amante había sido muerto en el preciso instante en que apareció la serpiente; nunca he querido separarme de este animal; sólo a mi muerte me abandonará; después de aquello me casé, pero con la explícita condición de que no la apartaría de mi lado.
Y tras estas palabras la gentil presidenta cogió la serpiente, la recostó contra su seno y le hizo dar, como si fuera un podenco, cien vueltas delante de la dama que la interrogaba.
¡Oh, Providencia!, si esta aventura es tan cierta como lo asegura toda la provincia de Borgoña, ¡qué inescrutables son tus designios!







Lila Downs, Niña Pastori, Soledad, Raíz - La Raíz de Mi Tierra (Audio)

Elia Casillas: Francisco "el Paquín" Estrada




El estado de salud de Francisco Estrada, "el Paquín", es grave. Hoy recibí una llamada, me dieron esa lamentable noticia. Siempre tuve más amistad con Nena, su esposa, sin embargo, tengo una anécdota de él, bueno, algunas. Era su cumpleaños, MEL me lo recordó y llamé a su casa. -Hola, Paquín, ¡muchas felicidades! "Gracias, licenciada." Dios mío, la pregunta que hice después fue de lo más estúpida, y esa pregunta es la que me tiene hoy aquí, con ustedes... -¿Y cuántos te echas, Paquín? "Mmmm, bien, bien, uno diario." Yo quería hacerme polilla y desaparecer, a lo lejos, escuché que Nena, le dijo: "Ay Francisco". Sinceramente no sabía qué hacer con el auricular, y lo único que se me ocurrió fue: ¿Me puedes pasar a Nena? Cuando Nena contestó, solté la carcajada, fuerte, dura, recia, potente, pues ya qué. Nena también se rio, y me dijo: "Ya sabes cómo es Paquín de bromista."   El tiempo se fue, ya en esos ayeres me encontraba en un taller literario que se estaba impartiendo en Libros y más. Al escritor no le gustaba mi estilo, vamos, mi agudo romanticismo al contar historias, así que cuando llegaba, casi siempre tarde, porque me estaba trasladando de Navojoa a Ciudad Obregón, y algo ocurría, a él le agradaba que contara que me había pasado ese día, ese día que nuevamente arribaba tarde. -Mire, México estaba jugando contra USA en el mundial de béisbol, y no me venía porque estaba viendo el juego. "¿Y quién ganó?" -Le robaron un home run a México, pero ganamos. México necesitaba un buen receptor y yo le gritaba al Paquín para que metiera al Negro Ojeda, y no sabe cómo, casi me hincaba: Paquín, mete al Negro Ojeda, mételo. Yo creo que me escuchó y que lo mete y que ganamos el partido. "Oye, pero el partido se jugó en USA, ¿cómo es que le gritabas?" -Bueno, le gritaba a la televisión. Cuando Paquín regresó a Navojoa, fuimos a su casa a felicitarlo, entonces, le dije: -Ay no Paquín, yo grito y grito para que metieras al Negro Ojeda... "Ah, ¿tú eras la que me gritaba...?" Sí, ja ja ja. "Te escuché, fíjate que por eso lo metí, porque escuché tus gritos." Quienes hemos tratado a Francisco "el Paquín Estrada", sabemos que ese es su humor. Buen esposo, magnífico padre, abuelo no se diga, cuñado, tío. Persona buena. Estás en Manos de Dios, Paquín. Rezo por tu familia.



Navojoa, Son. Nov./16/19











Julio Torri: Le poète maudit


Muy poco grata era su compañía y evitada hábilmente por todos. Había perpetrado un latrocinio hacía mucho, y lo que es peor no conservaba nada del mal habido dinero. De las dos razas humanas, pertenecía a la que pide prestado. Era un fatuo sin igual que no hallaba en Darío sino un admirable virtuoso de las palabras, y en Lugones un imitador genial sin originalidad verdadera. Su vida era completamente irregular. Notoria su mala educación; y nadie extrañará que deliberadamente le hayamos olvidado cuando redactamos la lista de socios de la Agrupación Ariel. Su ilustración era muy desigual, y desde luego nada académica. De latín no sabía ni los rudimentos, ni leía a los humoristas ingleses del tiempo de la reina Ana, ni poseía la principesca edición de los cuentos de Lafontaine, que engalanaron Eisen y Chauffard, ni había oído hablar del Pseudo Calístenes, del Pseudo Turpino, ni del Pseudo Pamphilus.
Pero a pesar de todo, y por raro capricho de la Fortuna… hacía mejores versos que nosotros. No cabe duda que los dones poéticos se reparten de modo arbitrario y a veces tocan en suerte a los peores sujetos (de que se pueden aducir tantos ejemplos ilustres).
—Se suele admirar hasta la idolatría a un poeta— nos decíamos en nuestras amables cenas de la Agrupación Ariel—, y no apetecerlo para compañero en el paraíso.
Tras propinarnos intolerables acertijos rimados nos consolábamos considerando que si la poesía tiene curiosas virtudes como la de mover los árboles y detener la corriente de los ríos, no dignifica por sí sola a los que la cultivan ni los dota de autoridad en letras.






Julio Torri: El vagabundo


En pequeño circo de cortas pretensiones trabajaba, no ha mucho, un acróbata, modesto y tímido como muchas personas de mérito. Al final de una función dominguera en algún villorrio, llegó a nuestro hombre la hora de ejecutar su suerte favorita con la que contaba para propiciarse al público de lugareños y asegurar así el buen éxito pecuniario de aquella temporada. Además de sus habilidades —nada notables que digamos— poseía resistencia poco común para la incomodidad y la miseria. Con todo, temía en esos momentos que recomenzaran las molestias de siempre: las disputas con el posadero, el secuestro de su ropilla, la intemperie y de nuevo la dolorosa y triste peregrinación.
El acto que iba a realizar consistía en meterse en un saco, cuya boca ataban fuertemente los más desconfiados espectadores. Al cabo de unos minutos el saco quedaba vacío.
A su invitación, montaron al tablado dos fuertes mocetones provistos de ásperas cuerdas. Introdújose él dentro del saco y pronto sintió sobre su cabeza el tirar y apretar de los lazos. En la oscuridad en que se hallaba le asaltó el vivo deseo de escapar realmente de las incomodidades de su vida trashumante. En tan extraña disposición de espíritu cerró los ojos y se dispuso a desaparecer.
Momentos después se comprobó —sin sorpresa para nadie— que el saco estaba vacío y las ligaduras permanecían intactas. Lo que sí produjo cierto estupor fue que el funámbulo no reapareció durante la función. Tras un rato de espera inútil los asistentes comprendieron que el espectáculo había terminado y regresaron a sus casas.
Más a nuestro cirquero tampoco volvió a vérsele por el pueblo. Y lo curioso del caso era que nadie había reclamado en la posada su maletín.
Pasados algunos días se olvidó el suceso completamente. ¡Quién se iba a preocupar por un vagabundo!







Thursday, November 14, 2019

Elia Casillas: Hoy, mientras caminaba...



Hoy, mientras caminaba encontré a alguien... Alguien es una ex compañera de zumba, de cuando íbamos al gimnasio que está a una cuadra del supermercado Ley. El camino es penumbra, algunas lámparas fundidas dejan a oscuras varios tramos por donde transitamos, así que, cuando mencionó mi nombre, di un salto y tremendo grito. Creo que respondí a todos sus cuestionamientos, creo. No podía faltar la anécdota del pozole, di mi versión: Mira, cinco personas nos pusimos de acuerdo, el pozole se haría en mi casa, una de las señoras llevó lechuga picada y limones, otra, las tostadas, otra los rábanos, a mí me correspondía cocinar y cooperé con el maíz, el espinazo, el agua de garrafón y el gas, los condimentos y chiles. Un día antes, Yadira preguntó que faltaba, contesté que dos kilos de carne de cerdo. Fuimos a Kowi y los compró. Llevé una mesa pequeña, ahí colocamos la enorme olla. En el salón hablé con las mujeres para que trajeran un plato y una cuchara, una de ellas hizo saber qué; no iba a llegar con su plato y cuchara, como si estuviera en la primaria. La escuché como quien siente llover en Mérida. En casa hay, había seis platos pozoleros y los llevé. Hasta ahí todo bien. Cuando le serví al maestro, él, caballerosamente entregó el plato a una de las señoras que no era de las nuestras y yo, cual chucha que soy, dije que los platos estaban contados y eran para el equipo. Comimos, entonces, la señora de la lechuga fue al Supermercado Ley, compró platos de plástico y cucharas, para que merendaran todas. Pero ellas muy dignas, no quisieron. Quedó más de media olla con pozole, yo no lo iba a traer a casa, y se lo di a Yadira, ya que ella compró la carne. Los días transcurrieron, a mí, la gente que me conoce sabe que, no me importa si me ven feo, si no les caigo, si bailo muy Cuquis, si danzo muy mal o bien, me vale, lo saben... Así que esa noche, una de ellas vino muy sonriente, y durante la charla comentó que habría una fiesta de Halloween y que querían cenar pozole. -¿Sabes contar...? No cuenten conmigo. Sus ojos gatunos, se abrieron, se hicieron tan grandes, que entré por una de sus ventanas y salí corriendo. Cuando terminamos la clase, el maestro habló acerca de la fiesta. Dije que traería una ensalada individual, claro que a él no le importó, a mí menos. Pero me conozco, soy perezosa para ir al centro de Navojoa, así que en el trayecto a mi carro, me acompañaba la señora de la lechuga, y ella mencionó que prepararía Nachos, le sugerí juntarnos y pagar cada una la mitad, no aceptó que yo le diera dinero, en eso nos interrumpe una doña que venía detrás escuchándonos. "Usted (ante todo el respeto), dijo que iba a traer una ensalada..." Ay no, no, no, no. Despertó al hermoso animal que soy. -¿Disculpa...? ¿A ti quién te incluyó en la charla? Nunca imaginó que yo tan Cuquis, tengo una hermosa bestia para defenderme de los imprudentes. Al día siguiente no fui a la mentada fiesta. Quise evitarlas, ellas tienen sus grupos de WhatsUpp y vaya uno a saber todo lo que ahí se habla. Cuando vi a la señora de la lechuga le pregunté si le debía algo, antes, expresé que no tenía ganas de involucrarme, porque me conozco. Doña Lechuga respondió que no le adeudaba nada, pero... "Hiciste bien en no venir...." Agregó. Y no era tanto lo que gasté, ni las tres horas de gas, ¿ustedes saben lo que son tres horas de gas? No, no, no. No fueron las tres horas de gas, ¡fueron las tres horas de amor que puse en la olla del pozole!





Navojoa, Son. Nov./14/19
















Wednesday, November 13, 2019

Raquel Padilla, se siente bendecida con Juan Armando Rodríguez Castro.



Hoy se cumplen dos años de que esta ráfaga de amor llamada Juan o Japachi Ojbo (Sangre de Apache) llegó a mi vida. Lo conocí en Facebook. Primero me mandó un mensaje privado para regañarme porque subí una foto donde andaba en lugares sagrados para la Tribu Yaqui. Luego, como vio que no caí en su provocación, me mandó invitación de amistad. Un día lo bloqueé porque conversando amigablemente, usó una palabra poco agradable a mis castos oídos; esa palabra que rima con jerga. Pero como lo extrañaba, lo comencé a fisgonear en sus fotos del Facebook, y al ver que subió una de un coyote que se aleja, me enternecí y le mandé yo invitación de amistad. Caí en la provocación.
Después me fui a una estancia como Profesor Visitante en la Universidad de Texas en Austin. Cuando llegó la Cuaresma, me hablaba por teléfono en los viernes de Konti para compartirme sobre lo que acontecía durante los rituales. No aguantó y me fue a buscar a Estados Unidos.
Ese día que nos conocimos personalmente, me llevó varios obsequios. Primero puso en mis manos una navaja con empuñadura de Concha nácar. Casualmente yo también le tenía como obsequio una navaja, tal vez menos bonita pero más efectiva. Después me regaló una cobija que desde su tierra venía cargando, luego una mochila, una pulsera y finalmente una pañoleta floreada que me enseñó a amarrar al cuello al mero estilo de su pueblo.
Todos estos objetos los conservo como tesoros, lo mismo que el recuerdo de su modo de presentarse solemnemente ante mis hijos: "Mi nombre es Juan Armando Rodríguez Castro, desde hace meses conozco a su madre por el Facebook y les pido permiso para cortejarla". Ellos se voltearon a ver con cara de incógnita, y es que no sabían lo que significaba cortejar.
Celebro su osadía, su música, su amor a Dios, a la Naturaleza, a los yaquis, a su familia y a mí.
La Raquel es rielera y tiene su Juan. Beso eterno.