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Tuesday, July 31, 2018

Doña Teresa rezaba: Elia Casillas


Mi abuela me envió a tender un poco de ropa a la azotea y en eso, divisé a una mujer de cabello gris, rizado,  largo y... Cuando se rió, no tenía dientes, sólo dos colmillos, grandes, enormes. Casi me mareo, vi estrellas y temblaba, tiré los trapos y arranqué para con mi abuela:
-¡Amá, vi una bruja, vi una bruja!
-¿En dónde viste a la bruja?
-En las escaleras, y se reía, me enseñó los colmillos, me quería chupar.
-Las brujas no chupan ¿y la ropa?
Empecé a verme de arriba abajo, nada.
-No sé en dónde se me cayó.
-Vamos a buscarla.
Permití que ella se encaminara por delante,  casi me escondía en sus enaguas, de cuando en cuando, sacaba la cabeza para no tropezar con las piedras.
-Buenas tardes -dijo mi abuela.
Ella contestó igual, con sus colmillos muy sonrientes y apenas vio   mi rostro descompuesto, aterrado.
-Me llamo Teresa, somos de Talpa, acabamos de llegar, nada más que hace mucho calor aquí.
-Sí, nosotros ya nos acostumbramos, igual nos sentíamos, andábamos como ratas en quemazón.
Como no queriendo y sin levantar la cabeza, recogí las vestimentas.
-Sé rezar, si quiere, le ayudo a preparar a la niña para la primera comunión, ¿o ya la hizo?
-Es mi nieta, contestó mi abuela. No, no la ha hecho todavía, yo le aviso, gracias.
Yo veía a la bruja de reojo, quería desaparecer, que mi abuela no me vaya a dejar con la bruja, - pensaba- que no vaya a dejarme. En eso, aparecieron sus hijos, dos chicas y un muchacho más pequeño que yo y que más tarde, fue el enamorado de mi hermana Patricia.  María, Paula y Ramón. Cuando los observé, sentí un gran alivio, aún así, con los vestidos en la mano, tomé camino, primero andaba lento, pero nada más pasé el Obelisco de Amelia, metí el acelerador, tiré todo en el lavadero y me senté a esperar a mi abuela. Ella lo resolvía todo, no sé ni cómo estaba al tanto de mí y de todo lo que ocurría en las lejanías, por donde escapaba con mis sueños, entre los granos de aquella playa, cama de vagabundos y cobija de otros.  Pero, a estas horas, mi abuela ya tenía resuelto el enigma de la bruja que se peinaba en las escaleras. Retornó muy pronto, y sonreía, mi abuela tampoco tenía dientes, pero era mi abuela, mi abuela bella,  de ojos  pequeños, y de una agilidad mental que nadie le ganaba, aunque era muy sarcástica, sobre todo conmigo.
-Sólo quiere enseñarte a rezar, sólo eso. Algún diablo te vio y quiere evangelizarte.
-¿Qué significa evangelizar, abuela?
-Quiere enseñarte a rezar.
-Yo sé rezar, todos los domingos rezamos con el padre Aldana, luego de que termina la misa, rezamos.
-Bueno, si quieres ir, ve, si no, no vayas, un mal no te va a hacer. Nada más te digo, no voy a tener tiempo de llevarte al catecismo, lo que avances con ella será bueno, yo por ti, ¿no dices que ya quieres hacer la primera comunión?
-Sí abuela, pero ella me da miedo, es una bruja.
-No es bruja, ya la vi, no es bruja, tú y tus imaginaciones.
-Abuela, ¿cómo sabes que no es bruja? 


Navojoa, Son. Jul./20/2018





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