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Saturday, June 23, 2018

Elia Casillas: Mi crónica: Selección Mexicana 2, Corea 1.


Cociné antes de irme a la cama, hice mi rica ensalada de papa, serví mi plato con unas tostadas doradas que son únicas y que sólo se venden en Navojoa, Son. Antes, tuve que bañarme, porque si no, no duermo, pero iba a ver el partido. Mientras Luis García, Martinoli y Jorge Campos comentaban yo come y come, como si me hubieran tenido amarrada tres días seguidos. ¡Ay, qué vida y que se acabe! Los seleccionados calentaban, oiga, ¡qué guapo es Memo Ochoa! Siguió y siguió el calentamiento de jugadores mexicanos y coreanos, siguió, siguió, siguió... Me quedé dormida. No es de humanos esperar toda la noche, para perderme del partido, cuando desperté ya traían el short de MORENA y la camisola blanca, antes, los vi combinados, verde y blanco. Gracias a Dios abrí los ojos, como diez minutos antes de que los coreanos provocaran el penal. Los muchachos dominaban territorio enemigo, ya saben que Hirving Lozano es letal por la izquierda, uno de los jugadores contrarios intentó desviar el balón, ay muchacho, con la mano no, no, no escuchó y se nos viene el tiro directo. Carlos Vela, afinó sus tachones, los puso guapos, él muy gallardo, quiero decirles a mis amigas que no les gusta el balón pie, que Vela más que mexicano, parece indio (de la India), o árabe. Moreno, con barba cerrada, ojos grandes, profundos, amadores, en otras palabras: un Juan sin Miedo. Ustedes saben que estos tiros son traicioneros y hasta al mejor, le puede agarrar la pata el diablo. Gracias a Dios, esto no pasó y la raza pudo gritar: Golllllllllllllll y empezaron los cantos en las tribunas y los rezos en las casas. Yo estaba tranquila, o más bien, amodorrada, mentiría si les digo que sé en qué momento Javier Hernández "El Chicharito" metió el segundo tanto, lo único que vi, que observé es que era tan parecido el trayecto de la jugada, como cuando Hirving anotó contra Alemania, ya sé que si usted no vio el partido, me va a reclamar la maniobra de Hernández. El Chicharito, ya con la aviada, hace un recorte frente al defensa coreano y lo deja sin posibilidad, lo hace a un lado y se planta solo frente al portero, oigan, una patada a ese balón y con la velocidad que agarra la pelota, atravesó el universo contrario, se hizo un hoyo negro, el balón se perdió en el infinito de la red y Javier realizó su primer gol del mundial, cuarto en su carrera mundialista. Pero esto no acaba aquí, los coreanos no son presa fácil, ingenuos sí, fáciles no. Son Heung-min, su estrella y sí que es un elegido, él y su equipo lucharon hasta el último momento, Son, era, es un rival muy peligroso, si usted piensa que los coreanos son pequeños, no. No, Son Heung-min es un hombre alto. Se toparon con un muro, un muro real, ahí estaba Carlos Salcido y no les permitía las llegadas a territorio de Memo Ochoa. Sin embargo, Son y sus aguerridos se abalanzaron, Guillermo Ochoa y su vuelo de Albatros nada pudieron hacer, el balón viajó al fondo, al fondo de los corazones mexicanos, al fondo de los coreanos, al fondo de los alemanes, sí, porque estoy segura de que Alemania entera anhelaba la victoria coreana, para quedar menos desbalanceados en su grupo. Finalmente llegó el silbido, la selección mexicana se llevaba el segundo triunfo de la contienda, saltaron los gritos, los gallos, los vivas, y los sombreros, el Cielito lindo, el otro himno mexicano revoloteaba entre los fanáticos de las organizaciones, fuerte, aferrado a las gargantas de los creyentes, de los sublimes, de los que ahorraron por cuatro años para viajar a Rusia a lanzar su grito: ¡Viva México Cabrones! Son Heung-min lloró, en medio de la felicidad, mi corazoncito triste por la desgracia del jugador coreano, se hizo más chiquito, luego, grande, grande, grande. Sin embargo, se quedó dormido, arrullado por los comentarios de los muchachos de TV Azteca, canal 7. Es mi crónica, Denisse CoronadoMarimar Franco K. Gec Esquer Sarmiento




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