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Monday, June 18, 2018

Elia Casillas: México 1, Alemania 0


Dicen que no escribí mi crónica a cerca de la victoria de la selección de fútbol mexicana. Es cierto. Llegué de la calle con hambre, el espíritu tranquilo, fui directo a la televisión, Argentina me intrigaba por Messi. De pasada prendí mi computadora  de escritorio. Saqué el pollo con almendras y el espagueti. Supe que México jugaba a las ocho de la mañana, hora del pacífico. Dios mío, Dios Santo, Dios de los desvelados, ocho de la mañana. ¿Será que despierte? Ocho de la mañana. Ayer fui a escuchar a la gran banda de Javier Soto, una banda con once elementos, todos buenos, él, Javier, fue alumno del profesor Romeo Aguilar, imagino que muchos de los que ahí tocan también fueron sus pupilos. Pocos maestros como él. ¿Y la selección mexicana? Para empezar, sólo recuerdo a Guillermo Ochoa, a Rafa Márquez, al Chicharito Hernández, Guardado y... Me faltó uno. Aún así, iba a jugar la selección mexicana, y como quiera, siempre queremos que ganen, aunque sean unos perdedores, tal vez, nos proyectamos en ellos. No es que no ganen, les perdí la pista, un día me harté y dejé las migajas para que lo pájaros las desaparecieran. Cuando ellos jugaban (en otros tiempos), mis hijos y yo frente a la televisión   casi con la bandera en la mano, fritanga y refrescos, días, noches felices, gritando a la selección, ganaran o perdieran, nadie puedo quitarnos el ánimo.  Ahora estoy nada más con mi sombra y a veces, ni sombra hago. Pero es la selección, Tata, que no me vaya a quedar dormida, si apenas a las ocho de la mañana estoy en el primer sueño. Ocho de la mañana en punto, ocho de la mañana y abro un ojo. Vi el reloj de la televisión: 8:00 ¡Desperté! Me fui a los canales de ESPN, de FOX y tal vez era mi desesperación por encontrarlos que hasta dudé del día. Di clic al número 1 del control y entré a los canales de TV Azteca y escuché los gritos de Martinoli, García y Campos, canal 7. Ahí me quedé, me encantan ellos, son comentaristas divertidos, por lo menos hacen que el sufrimiento aligere.  El partido era para penar, pero en el medio tiempo los nuestros dominaban la cancha, el equipo alemán estaba desorientado, no esperaban la bravura, el empuje, el agarre, el tú por tú con los nuestros. Hubo una descolgada y no pasó a mayores, pero ellos insistían,  Javier, el Chicharito era el chile de todos los moles buscando una oportunidad, en eso dio un pase a Lozano y ya nadie lo detuvo, ahí, frente al portero germano, el balón solo, solo el balón tomó vuelo y se fue al fondo de la red.   Era gol, y aún así, esperé el grito de los Martinolis, de García y sus justicieros. Era gol. Era gol, increíble, era un gol de la selección mexicana. Luego, Guardado tuvo otra descolgada, y se le fue, casi era el segundo tanto, pero de tanto en tanto, nos quedamos con el grito.  En ese medio tiempo, las dos selecciones vendieron su alma. Aunque para el segundo,  Alemania sacó sus mejores bisteces, los mexicanos ya habían hecho la machaca. ¡Ay Dios Santo! Aquello era un merequetengue en la portería de Memo, ay ese Ochoa sí que estuvo con mucho trabajo, ya iba, venía, volaba, se caía, pero nunca dejó que la pelota nos agujerara el marcador. Hablamos del gol de Hirving, pero Memo Ochoa se cuece aparte. Los tres minutos que dio el árbitro fueron mi gran sufrir, ¿por qué no dio uno, por qué tres? Rafa Márquez ya estaba ahí, y me sentí tranquila, pero son los alemanes y no se dieron por vencidos, pero ya la diosa suerte, jugaba con los nuestros. Al fin sonó el silbato, al fin, al fin, una victoria contra los teutones, Marimar Franco K. Al fin. Me levanté, cociné unos huevos con chorizo y mi taza de café. ¿Por qué sentimos esa felicidad cuando gana la selección mexicana de fútbol? No lo sé, pero hoy, no me cambio por nadie. Aunque ya no ganen, este partido para mí, fue lo mejor de los muchachos, ojalá tengan más sorpresas, eso, sólo Dios lo sabe. ¿No cree usted?





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