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Tuesday, April 03, 2018

Poesía Vertical: Roberto Juarroz


 1
Desconocer el tiempo,
desbaratar el cuentagotas de la edad
y rasgar el sudario
de los minutos repetidos como abejas.
¿Cómo pisar en el tiempo
y caminar por él
como sobre una playa
cuyo mar se ha secado?
¿Cómo saltar en el tiempo
y hacer pie en el vacío
y su excavada ausencia?
¿Cómo retroceder en el tiempo
y empalmar el pasado
con todo lo que huye?
¿Cómo encontrar la eternidad en el tiempo,
la eternidad hecha de tiempo,
de tiempo congelado en las fauces más frías?
¿Cómo reconocer el tiempo
y hallar el filo ignoto
que corta sus momentos
y siempre lo divide
justamente en el medio?

2
Brindar con el último trago,
no con el primero.
Brindar cuando la copa está vacía
y aguardar un momento,
por si hay alguien que comparta ese brindis.
Y si nadie responde
brindar con la copa vacía
y por poder pensar aún
una copa posterior a la última.
Y beber lo que queda.

7
El ojo de la soledad
vigila al amor.
El amor no debería ser vigilado,
pero a veces devasta lo que ama,
asuela lo que no ama
o se destruye a sí mismo.
El amor siempre ha sido un peligro para el hombre,
quizá también para los dioses.
El amor necesita vigilancia.
Hasta la flor necesita vigilancia.
Y sólo la soledad inquebrantable
que se afinca en nosotros como un duro vigía
puede salvarnos de esas furias
mientras custodia sus abismos.
Además ese ojo de concentrada soledad
¿no es también otra especie de amor,
su forma más recatada y cierta?

9
Perderlo todo.
Abandonar un sueño
y hallar otro:
el sueño donde habita
el vértigo más suelto del azar.
Y el canto que ni los dioses cantan,
por mucho que lo ensayen,
el canto más liviano que los dioses:
el canto de la desposesión.

10
Eran para otro mundo.
Todo diálogo, roto.
Todo amor, con costuras.
Todo juego, marcado.
Toda belleza, trunca.
¿Cómo llegaron hasta aquí?
Todo diálogo, verbo.
Todo amor, sin pronombres.
Todo juego, sin reglas.
Toda belleza, entrega.
Algo falla sin duda
en la administración del universo.
¿Criaturas erróneas?
¿Mundos equivocados?
¿Dioses irresponsables?
Eran para otro mundo.

13
Llega siempre un momento
en que hay que descansar de los hombres,
como la rosa del jardinero
o el jardín de la rosa.
Como el agua descansa del agua
o el cielo del cielo.
Como un zapato descansa de su pie
o un salvador de su cruz.
Como un creador descansa de su creación
o la creación de su creador.

14
El reflujo de una flor
corrige la transparencia del cristal
y la imagen se queda de su lado.
El reflujo de la transparencia
devuelve así la flor a la flor.
Atravesar la transparencia
es en cambio abolir todo regreso.
Y aunque el regreso no exista
es preferible no borrarlo.

16
Hay palabras que sólo pueden decirse
en algunos lenguajes.
En los demás hay que dejar sus huecos
para que los ocupen los reflejos del azar.
¿Habrá alguna palabra
que no pueda decirse en ningún lenguaje?
¿Qué reflejo vendrá a ocupar su hueco?
¿Será suficiente ese reflejo
para fundar el lenguaje que falta?
Paralelo a las palabras de un lenguaje
hay otro lenguaje de los reflejos detenidos
en los huecos de las palabras que faltan.
No sería raro que ocurriese lo mismo
paralelamente a los lenguajes
y las palabras que no existen.

21
Soñamos con un lector perfecto.
Superior a nosotros.
Mejor aún que la propia lectura
de nosotros mismos.
Para él escribimos,
aunque no exista.
No podemos dejar de sentir
que se esconde detrás de ese silencio
que arrastran las palabras
como una túnica partida.
Quizá si persistimos
en este oficio desolado
de elevar torres sin andamios,
el lector que no existe
despierte alguna vez
allí donde el lector
ya no es necesario,
porque al final toda lectura se lee sola.


27
Desde esta media luz
o media sombra
¿hacia dónde podemos ir?
Hacia más luz
nos ahoga la armonía.
Hacia más sombra
se pierden nuestros pasos.
Y aquí
no podemos quedar.
No hay otra media luz
o media sombra.
De aquí no se puede ir a ningún sitio.
A menos que encontremos un espacio
donde luz y sombra sean lo mismo.


34
Escribir un poema sobre nada
donde puedan flotar todas las transparencias,
lo que no conoció nunca la condena del ser,
lo que ya la abandonó,
lo que está por empezar
y tal vez nunca empiece.
Y escribirlo con nada o casi nada,
con la sombra de las palabras,
los espacios olvidados,
un ritmo que apenas se destaca del silencio
y un silencio acotado en un punto
por detrás de la vida.
Un poema sobre nada y con nada.
Quizá todos los poemas,
pasados, futuros o imposibles,
puedan caber en él,
por lo menos un instante cada uno
como su descansaran en su forma,
en su forma o su nada.


37
Toda asimetría es la nostalgia
de una simetría.
Como el árbol es nostalgia del pájaro,
el pájaro de la nube perfecta
y la nube de un cielo sin nubes.
Pero toda simetría
canta una asimetría.
Hasta el ser es el canto y la nostalgia
de aquello que no es,
de aquello que es en lo que no es,
de aquello que no es en lo que es.
Porque la simetría y la asimetría
son tan sólo estados provisorios.

76
Vivir es estar en infracción.
A una ley o a otra ley.
No hay más alternativas:
no infringir nada es estar muerto.
La realidad es infracción.
La irrealidad también lo es.
Y entre ambas fluye un río de espejos
que no figuran en ningún mapa.
En ese río todas las leyes se disuelven,
toda infracción se vuelve otro espejo.

92
Donde siempre hubo una espera
ya no hay nada:
mi perro me ha enseñado a morir.
Nunca escribí su nombre.
Hoy tampoco lo escribo.
Él no podía decirlo
y lo borró con él.
La lámpara apagada
tiene una claridad
que redime el engaño
del azar de encenderse.
¿Adónde llega todo
si nada lo recibe?
Casi sin darme cuenta
he encendido una luz
sobre el foso cubierto
mientras un hueco nuevo
que apenas se nota
muerde algo más el sueño
de creer que vivimos.


96
Versión simple del mundo:
el lugar que encontramos.
Versión más ajustada:
el lugar que dejamos.
Versión perfeccionada:
el lugar para buscar otro mundo.
Versión casi definitiva:
el lugar de una ausencia.
Y otra más todavía:
el lugar que nos prueba
que ser no es un lugar.
Y la última versión:
el mundo es el lugar para aprender
que ser no necesita lugar.

105
De un abismo a otro abismo.
Así hemos vivido.
Y cuando nos tocaba el interludio
de una zona de aire,
donde es fácil respirar y sostenerse,
añorábamos sin querer el abismo,
que nos ha amamantado con la nada.
Desde el fondo del ser trepa un ensalmo
para pedir, cuando llegue la muerte,
que todo sea un abismo, no otro rumbo.
Tal vez en él nos crezcan alas.
Adentro de un abismo siempre hay otro.
Y si no hay diferencia habrá distancia.
Sólo nos falta hallar  y ser tan sólo
la distancia de adentro del abismo.





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