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Tuesday, November 13, 2018

Monday, November 12, 2018

Franz Kafka



EL DESEO DE SER UN INDIO

Si pudiera ser un indio, ahora mismo, y sobre un caballo a todo galope, con el cuerpo inclinado y suspendido en el aire, estremeciéndome sobre el suelo oscilante, hasta dejar las espuelas, pues no tenía espuelas, hasta tirar las riendas, pues no tenía riendas, y sólo viendo ante mí un paisaje como una pradera segada, ya sin el cuello y sin la cabeza del caballo.


LA NEGATIVA

Si me encuentro a una muchacha bonita y le pido: «Sé buena, ven conmigo», y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa: «Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo». «Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando». «Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?»


LOS ÁRBOLES 

Pues somos como troncos de árbol en la nieve. Aparentemente yacen en un suelo resbaladizo, así que se podrían desplazar con un pequeño empujón. Pero no, no se puede, pues se hallan fuertemente afianzados en el suelo. Aunque fíjate, incluso eso es aparente.


VESTIDOS

A menudo, cuando veo vestidos con múltiples pliegues, volantes y adornos, que tan bellamente lucen sobre bonitos cuerpos, no puedo dejar de pensar en que no permanecerán así mucho tiempo, sino que se arrugarán, perderán su lisura, quedarán cubiertos de tanto polvo que será imposible limpiarlos. Y también pienso que nadie querrá mostrar una imagen tan triste y ridícula al ponerse todos los días por la mañana temprano el mismo traje costoso y quitárselo por la noche. Sin embargo, veo muchachas bastante bonitas, que poseen músculos excitantes, huesecillos, una piel tersa y un cabello fino, pero que, no obstante, cubren a diario su cuerpo con este disfraz natural y siempre tapan el mismo rostro con las mismas palmas de las manos, dejándose reflejar así por su espejo. Sólo algunas veces, por la noche, cuando regresan tarde de una fiesta, ese traje les parece usado, dado de sí, polvoriento, demasiado visto y lo consideran indigno de ponerse.


EL CAMINO A CASA

¡Se ve la fuerza de convicción del aire después de la tormenta! Aparecen mis méritos y me dominan, aunque tampoco me resisto. Marcho y mi ritmo es el ritmo de esta acera de la calle, de esta calle, de este barrio. Soy responsable, y con razón, de todos los golpes contra las puertas, contra las tablas de las mesas, soy responsable de todos los brindis, de todas las parejas en sus camas, en los andamios de las nuevas construcciones, apretadas contra la pared en las oscuras callejuelas, en las otomanas de los burdeles. Aprecio mi pasado en detrimento de mi futuro; aunque encuentro excelentes ambos, no puedo otorgar primacía a ninguno, y sólo debo censurar la injusticia de la providencia que tanto me favorece. Sólo después de entrar en mi habitación me torno algo pensativo, aunque sin haber encontrado nada durante la subida de las escaleras que me pareciera digno de ser pensado. No me ayuda mucho que abra la ventana del todo y que aún se toque música en un jardín.





Sunday, November 11, 2018

Gerónimo Gil y Melvin Nieves


Y se lanzaron al aire, dos halcones en choque,  cuerpos midiendo glorias, dos almas aterciopeladas en  lidia Divina, pelearon el plato de nadie. Melvin con los pies en avanzada, rasgó la  tierra, rompiendo el  viento con  fe en los muslos,  desafió el brazo del  jardinero. Pero Gerónimo lo esperaba, una muralla su hechura, puso cerrojo en la puerta.  En las  piernas un buen paro,  sus espíritus opuestos encresparon las miradas  y  sin restarse importancia,  conservaron  pretensión de  peloteros.  En el oído,  los  gritos ya eran polvo de otra guerra  y  deslizaron amores  encontrados, corazón por un  tatuaje en Tierra de Yaquis, el otro era Tomatero.  Gil, vencido por el peso cubrió a Melvin, el codo dejó un  sello por donde sale la cara,   detrás de  Gerónimo,  el ampáyer hizo malabares con el destino, cerró el puño,  con voz de trueno,  marcó “¡Fuera…!”  Se  liberaron las bancas.  De algún lugar,  una  voz vino:
 - No pasa nada,  fue jugando-





Saturday, November 10, 2018

Edward Estlin Cummings


Búfalo Bill ha muerto

Búfalo Bill
ha muerto
                      él cabalgaba

en un caballo semental color de plata y agua
y rompía unadostrescuatrocinco palomasdeunsaque
                                                                                                               Jesús
era un hombre hermoso
                       y lo queE yo quiero saber es
cuánto le gusta su muchacho de los ojos azules
Señor Muerte

Justamente -
primavera          cuando el mundo es barro-
exquisito el pequeño
hombre cojo de los globos

silba lejano y pequeñito
y edybil llegan
corriendo por bolitas y
a lo pirata   y   es
primavera

el raro
viejo de los globos silba
lejano y pequeñito

y betysabel vienen bailando
en la rayuela y saltando la cuerda y
es primavera
y
el
hombre de las patas de chivo
el de los globos silba
lejano
y
pequeñito


Versión de Marcelo Covian




 
De la mentira del no
de la mentira del no
surge una verdad del sí
(ella misma sólo y quien
es ilimitadamente)
hace entender a los tontos
(cómo me aburro) que no
todo el furor del pensar
es igual a una violeta


Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969



Desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo

desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo

cercado en el enredo de tus brazos hasta
una oscuridad donde nuevas lucen nacen y
crecen,

hace tiempo tu ánimo ha entrado en
mi beso como un extranjero

en las calles y colores de una ciudad-

que tal vez he olvidado
cómo, siempre (con
qué apresurada crudeza
de sangre y carne) Amor
acuña Su más gradual gesto,

y aguza vida a eternidad

- - después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos
repletos de memorias bien colmadas


Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969



En lo oscuro

en lo oscuro
de la lluvia, mientras el atardecer
entra en su estuche me siento
a pensar en ti

la ciudad
sagrada que es tu rostro
tus mejillas pequeñas las calles
de las sonrisas

tus ojos
a medias ave
a medias ángel y tus soñolientos
labios donde flotan las flores del beso

y
hay esa dulce y tímida pirueta
tu pelo
y también

tu alma
de canción y danza. una estrella
única raramente amada
se pronuncia, y yo

pienso
en ti


Versión de David Lagmanovich
Para la revista "La pecera" Nro. 7, 2004
 



Hombre no

Hombre no, si los hombres son dioses; mas si los dioses
han de ser hombres, el único hombre, a veces, es éste
(el más común, porque toda pena es su pena;
y el más extraño: su gozo es más que alegría)

un demonio, si los demonios dicen la verdad; si los ángeles

en su propia generosamente luz total se incendian,
un ángel; o (daría todos los mundos
antes que ser infiel a su destino infinito)
un cobarde, payaso, traidor, idiota, soñador, bruto:

tal fue y será y es el poeta,

aquel que toma el pulso al horror por defender
con el pecho la arquitectura de un rayo de sol
y por guardar el latido del monte entre sus manos
selvas eternas con su desdicha esculpe.


Versión de Octavio Paz


La Guerre

I
el gran tamaño del cañón
es hábil

pero yo he visto
la voz enorme e inteligente de la muerte
que refugia una fragilidad
de amapolas...

digo que a veces
en estos largos animales parlanchines
se esconden puños de más silencio.

Yo he visto todo el silencio
lleno de vívidos muchachos sin ruido

en Roupy
he visto
entre barreras,

las absolutas y maduras y calladas niñas de la noche.

II
Oh dulce y espontánea
tierra cuántas veces
los
dedos
             punteros de
lascivos filósofos te pincharon
y empujaron

el pícaro pulgar
de la ciencia vejó
tu

     belleza cuántas
veces las religiones te han
puesto sobre sus rodillas huesudas
apretándote y

pegándote para que pudieras concebir
dioses
             (pero
fiel

a la incomparable
cama de la muerte tu
rítmico
amante
                tú les contestaste

solamente con
                               la primavera)


Versión de Marcelo Covian


 


La luna se oculta

la luna se oculta en
sus cabellos.
El
lirio
del cielo
colmado de sueños,
se desploma.

cubre su brevedad en el canto
encierra en redes pájaros desmayados
por margaritas y crepúsculos
La ahonda.

Declama
sobre su
cuerpo
de la lluvia

esparcido murmullo.


Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969



Llevo tu corazón en mí

Llevo tu corazón en mí (lo llevo,
en el mío) no lo dejo (dondequiera
que voy, tú vas, querida; y lo que hago
lo haces tú, queridísima)
                                   no temo
al hado (dulce hado mío) no
quiero el mundo (tú lo eres, fiel belleza)
tú eres lo que una luna siempre ha sido
y lo que un sol entonará por siempre
he aquí el mayor secreto e ignorado
(aquí raíz de raíz brote del brote
sombra del árbol que se llama vida;
más alto que esperanzas y pensamiento)
y tal prodigio rige las estrellas
tu corazón en mí (va con el mío)

Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969




Me abriré camino

me abriré camino
                   hasta empapar mis muslos en
                                 ardientes flores
me pondré el sol en la boca
saltaré al aire maduro
                       Vivo
                                  con cerrados ojos
que arremeten contra lo oscuro
                  En las dormidas curvas de mi cuerpo
dedos de tersa maestría penetrarán
con castidad de muchachas oceánicas
                                 Habré de completar
                           el misterio de mi carne
y habré de levantarme
                        al cabo de mil años
lamiendo
flores
      Y engastaré mis dientes en la plata de la luna



                                                                                             1925
Versión de Ulalume González de León




Mi amor

mi amor
tus cabellos son reino
                    cuyo reyes lo oscuro
tu frente es un vuelo de flores

tu cabeza es bosque vivo
                     lleno de pájaros que duermen
tus senos enjambres de abejas blancas
                     sobre la rama de tu cuerpo
tu cuerpo para mí es abril
en cuyas axilas está la aproximación de la primavera

tus muslos son caballos blancos atados a una carroza
                      de reyes
son el toque de un buen juglar
entre ellos hay siempre un dulce canto

mi amor
tu cabeza es un estuche
                       para la fresca joya de tu mente
en tu cabeza el pelo es un guerrero
                       que ignora la derrota
tu cabello en tu espalda es un ejército
                        con victoria y trompetas
tus piernas son los árboles del sueño
cuyo fruto es el verdadero alimento del olvido

son sátrapas de púrpura tus labios
                        cuyos besos ensamblan a los reyes
tus pulsos
son sagrados
                        custodios de las llaves de tu sangre
tus pies en tus tobillos como flores en vasos
                        de plata

tu belleza es dilema de las flautas

                        tus ojos son perfidia
de campanas metidas entre incienso



Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969



Quiero mi cuerpo cuando está con tu cuerpo

quiero mi cuerpo cuando está con tu
cuerpo. Es algo tan nuevo.
Los músculos mejor y aún más los nervios.
quiero tu cuerpo. quiero lo que hace,
quiero sus modos. quiero el tacto de su espina
dorsal, sus huesos y la palpitante
-lisura-fiel que he de
otra vez otra y otra
besar, quiero besarte aquí y allí,
quiero, lentamente palpar, rozar el vello
de tu eléctrica piel, y aquel que nace
sobre la hendida carne... Y grandes ojos migas de amor,

y tal vez quiero el estremecimiento

bajo de mí de ti tan nueva


Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969


 
Señora del silencio

Señora del Silencio
de la dulce jaula de
tu cuerpo
se alzó
              en la sensitiva
noche
un
pájaro veloz

(tierna sobre
el prodigioso rostro de lo oscuro
tu
voz
        extiende alas colmadas de
perfume
escoltando de pronto
con soleados
pies

la punzante belleza de la aurora)


Versión de Alfonso Canales
-e.e. Cummings poemas- Alberto Corazón , Editor, 1969


Relato del poeta sobre su viaje a Rusia en 1931
«El zorro rojo se inclina hacia mí. Por qué quiere Vd. ir a Rusia?
porque no he estado nunca allí.
(Se desconcierta. Recupérase.)

¿Le interesan los problemas económicos y sociales?
no.

¿Sabe que recientemente ha habido un cambio de gobierno?
sí (dije sin poder refrenar la sonrisa).

¿Tiene Vd. simpatía por el socialismo?
¿puedo permitirme una absoluta franqueza?
¡Se lo ruego!
no sé casi nada acerca de esas cuestiones importantes y estoy aún menos interesado por ellas.

(Sus ojos ponderan mi respuesta.) ¿Qué le interesa a Vd?
mi trabajo.

O sea, ¿escribir?
y pintar.

¿Qué es lo que Vd. escribe?
versos, sobre todo; algo de prosa.

Entonces quiere Vd. ir a Rusia como escritor y pintor, ¿no es eso?
no; quiero ir como yo mismo.» 


Navachiste 2016 Por esta hebra (25-Mar-16).

Elia Casillas




LA FIESTA DE LOS LIBROS









Thursday, November 08, 2018

Monday, November 05, 2018

Charles Bukowsky: Tráeme tu amor


Harry bajó las escaleras hacia el jardín. Muchos de los pacientes estaban allí afuera. Le habían dicho que Gloria, su mujer, estaba allí afuera. La vio sentada a una mesa, sola. Se acercó a ella en diagonal, de refilón por detrás. Dio la vuelta a la mesa y se sentó frente a ella. Gloria estaba sentada con la espalda muy recta y tenía la cara muy pálida. Le miró pero no le vio. Después le vio.
-¿Es usted el director? -le preguntó.
-¿El director de qué?
-El director de verosimilitud.
-No.
Estaba pálida, sus ojos eran pálidos, azul pálido.
-¿Cómo te encuentras, Gloria?
La mesa era de hierro, pintada de blanco, una que duraría siglos. Había un pequeño recipiente con flores en el centro, flores marchitas y muertas que colgaban de tallos blandos y tristes.
-Eres un cogeputas, Harry. Te coges a las putas.
-Eso no es cierto, Gloria.
-¿Y también te la chupan? ¿Te chupan la pinga?
-Iba a traer a tu madre, Gloria, pero estaba en la cama con gripe.
-Esa vieja murciélago siempre está en la cama con algo… ¿Es usted el director?
Los demás pacientes estaban sentados junto a otras mesas o de pie, recostados contra los árboles, o tumbados en la hierba.
Estaban quietos y en silencio.
-¿Qué tal es la comida aquí, Gloria? ¿Tienes amigos?
-Horrible. Y no, cogeputas.
-¿Quieres algo para leer? ¿Quieres que te traiga para leer?
Gloria no contestó. Entonces levantó la mano derecha, la miró, cerró el puño y se asestó un golpe en la nariz, muy fuerte. Harry se estiró por encima de la mesa y le cogió ambas manos.
-¡Gloria, por favor!
Ella empezó a llorar.
-¿Por qué no me has traído bombones?
-Pero, Gloria, tú me dijiste que odiabas los bombones.
Las lágrimas le caían abundantemente.
-¡No odio los bombones! ¡Me encantan los bombones!
-No llores, Gloria, por favor… Te traeré bombones y todo lo que quieras… Escucha, he alquilado una habitación en un hotel, a un par de cuadras de aquí, sólo para estar cerca de ti.
Sus ojos pálidos se agrandaron.
-¿Una habitación de hotel? ¡Estarás ahí con una jodida puta! Estarán viendo juntos películas porno y tendrán un espejo de los que ocupan todo el techo!
-Estaré aquí un par de días, Gloria -dijo Harry dulcemente-. Te traeré todo lo que quieras.
–Tráeme tu amor, entonces -gritó-. ¿Por qué demonios no me traes tu amor?
Algunos pacientes se volvieron y miraron.
-Gloria, estoy seguro de que no hay nadie que se preocupe por ti más que yo.
-¿Quieres traerme bombones? Bueno, pues ¡métete los bombones por el culo!
Harry sacó una tarjeta de su cartera. Era del hotel. Se la dio.
-Quiero darte esto antes de que me olvide. ¿Te permiten hacer llamadas? Si quieres cualquier cosa, solo tienes que llamarme.
Gloria no contestó. Cogió la tarjeta y la dobló. Luego se agachó, se quitó un zapato, metió la tarjeta dentro y volvió a ponerse el zapato.
Entonces Harry vio al doctor Jensen que cruzaba el jardín hacia ellos. El doctor Jensen se acercó sonriendo y dijo:
-Bueno, bueno, bueno…
-Hola, doctor Jensen -dijo Gloria, sin la menor emoción.
-¿Puedo sentarme? -preguntó el doctor.
-Claro -dijo Gloria.
El doctor era un hombre corpulento. Rezumaba peso, responsabilidad y autoridad. Sus cejas parecían gruesas y espesas; eran gruesas y espesas. Querían deslizarse y desaparecer dentro de su boca redonda y húmeda pero la vida no se lo permitía.
El doctor miró a Gloria. El doctor miró a Harry.
-Bueno, bueno, bueno -dijo-. Estoy realmente satisfecho de los progresos que hemos hecho hasta el momento…
-Sí, doctor Jensen, justamente le estaba contando a Harry lo mucho más estable que me siento, cuánto me han ayudado las consultas y la terapia de grupo. Esto me ha librado de gran parte de mi furia irracional, de mi frustración inútil y de mucha autocompasión destructiva…
Gloria estaba sentada con las manos entrelazadas sobre la falda, sonriendo.
El doctor sonrió a Harry.
-Gloria ha experimentado una notable recuperación.
-Sí -dijo Harry-, lo he notado.
-Creo que será cuestión de solo un poquito más de tiempo y Gloria volverá a estar en casa con usted, Harry.
-Doctor -preguntó Gloria-, ¿puedo fumarme un cigarrillo?
-Por supuesto, mujer -dijo el doctor, a la vez que sacaba un paquete de cigarrillos exóticos y le daba un golpecito para sacar uno. Gloria lo cogió y el doctor alargó su encendedor dorado y lo accionó con el dedo. Gloria inhaló y soltó el humo.
-Tiene unas manos preciosas, doctor Jensen -dijo ella.
-Ah, gracias, querida.
-Y una bondad que salva, una bondad que cura…
-Bueno, hacemos todo lo que podemos en este viejo edificio… -dijo suavemente el doctor Jensen-. Ahora, si me disculpan, tengo que hablar con algunos pacientes más.
Levantó con facilidad su corpachón de la silla y se dirigió hacia una mesa donde otra mujer estaba visitando a otro hombre.
Gloria miró fijamente a Harry.
-¡Ese gordo cabrón! Se toma la mierda de las enfermeras para almorzar…
-Gloria, me ha encantado verte, pero he estado conduciendo muchas horas y necesito descansar. Y creo que el doctor tiene razón. He notado algunos progresos.
Ella se rió. Pero no era una risa alegre, era una risa teatral, como un papel memorizado.
-No he hecho ningún progreso en absoluto; de hecho, he retrocedido.
-Eso no es cierto, Gloria…
-Yo soy la paciente, cabeza-de-pescado. Yo soy la que mejor puede hacer un diagnóstico.
-¿Qué es eso de cabeza-de-pescado?
-¿Nadie te ha dicho nunca que tienes la cabeza como un pescado?
-No.
-La próxima vez que te afeites, fíjate. Y ten cuidado de no cortarte las agallas.
-Me voy a marchar… pero mañana volveré a visitarte.
-La próxima vez trae al director.
-¿Estás segura de que no quieres que te traiga nada?
-¡Lo que vas a hacer es volver a esa habitación del hotel a cogerte a alguna puta!
-¿Y si te trajera un ejemplar de New York? A ti te gustaba esa revista…
-¡Métete New York por el culo, cabeza-de-pescado! ¡Y después puedes seguir con el TIME!
Harry se inclinó por encima de la mesa y le apretó la mano con la que se había golpeado la nariz.
-Mantén la entereza, sigue intentándolo. Pronto te pondrás bien…
Gloria no dio señal de haberle oído. Harry se levantó lentamente, se volvió y se encaminó hacia la escalera. Cuando había subido la mitad, se volvió y le dijo adiós a Gloria con la mano. Ella siguió sentada, inmóvil.
Estaban a oscuras y todo iba bien, cuando sonó el teléfono. Harry siguió con lo suyo, pero el teléfono continuó sonando. Era muy molesto. Enseguida se le puso blanda.
-Mierda -dijo, y se quitó de encima. Encendió la lámpara y cogió el teléfono.
-¿Dígame?
Era Gloria.
-¿Te estás cogiendo a alguna puta?
-Gloria, ¿te dejan telefonear a estas horas de la noche? ¿No te dan una píldora para dormir o algo?
-¿Por qué has tardado tanto en coger el teléfono?
-¿Tú no cagas nunca? Pues yo estaba a la mitad de una soberbia cagada, me has cogido justo a la mitad.
-Apuesto a que sí… ¿Vas a terminarla después de hablar conmigo?
-Gloria, es tu maldita paranoia extrema la que te ha conducido a donde estás.
-Cabeza-de-pescado, mi paranoia casi siempre ha sido el presagio de una verdad que iba a ocurrir.
-Oye, estás desvariando. Trata de dormir. Mañana iré a verte.
-¡Muy bien! ¡Cabeza-de-pescado, acaba de COGER!
Gloria colgó.
Nan estaba en bata, sentada en el borde de la cama, y tenía un whisky con agua sobre la mesilla. Encendió un cigarrillo y cruzó las piernas.
-Bueno -dijo-, ¿cómo está tu mujercita?
Harry se sirvió una copa y se sentó a su lado.
-Lo siento, Nan…
-¿Lo sientes por qué? ¿Por quién? ¿Por ella o por mí o por qué?
Harry vació su lingotazo de whisky.
-No hagamos un maldito melodrama de esto.
-¿Ah sí? Bien, ¿qué quieres que hagamos de esto? ¿Un simple revolcón en la hierba? ¿Quieres que volvamos a ello hasta que acabes o prefieres meterte en el cuarto de baño y cascártela?
Harry miró a Nan.
-¡Maldición! No te hagas la lista. Tú conocías la situación tan bien como yo. ¡Tú fuiste la que quiso venir conmigo!
-¡Pero es porque sabía que, si no venía, te traerías a alguna puta!
-Mierda -dijo Harry-, otra vez esa palabra.
-¿Qué palabra? ¿Qué palabra? -Nan vació su vaso y lo tiró contra la pared.
Harry fue hasta allí, recogió el vaso, volvió a llenarlo, se lo dio a Nan, luego llenó el suyo.
Nan bajó la mirada hacia su vaso, dio un trago, lo puso sobre la mesilla.
-¡La voy a llamar, se lo voy a contar todo!
-¡De eso ni hablar! Es una mujer enferma.
-¡Y tú eres un enfermo hijo de puta!
Justo en ese momento el teléfono sonó otra vez. Estaba en el suelo, en el centro de la habitación, donde Harry lo había dejado. Los dos saltaron de la cama hacia el teléfono. Al segundo timbrazo los dos estaban en el suelo, agarrando una parte del auricular cada uno. Giraron una y otra vez sobre la alfombra, respirando pesadamente, con las piernas y los brazos y los cuerpos en una desesperada yuxtaposición. Y así se reflejaban en el espejo que había en el techo de pared a pared.






Saturday, November 03, 2018

Elia Casillas: Alguien


Huye el tiempo en mis ojos                  me cuesta soñar            y el cuerpo repite sus olores                                no soy igual             y me copio cada día      Sin cruzar la puerta              no me hallo             y cedo  mis ideas al vuelco taciturno de la tierra                     No  pararé en  tu faro          pido otra orilla              algún desembarcadero que me recuerde        quien soy






Reynosa Tamaulipas Junio /19 /2002






Friday, November 02, 2018

Salvaje costumbre de enterrar a los muertos,Jaime Sabines

Elia Casillas: Morir


Dormía, de pronto empecé a elevarme. ¿Qué es esto? ¿He muerto? Vi el cuerpo en la cama, mi vestido era beige, con olanes, de cuello alto, de manga larga. Traigo botines negros, pero no recuerdo cómo llegué al lecho, ni por qué luzco como si la Muerte no me hubiera sorprendido. Mi cabello oscuro, oscuro, recogido en un chongo flojo,  y el rostro blanco. ¿Esto es morir? No siento nada, me estoy alejando de mí. Pensé que morir era distinto, vuelo, vuelo, no sé a dónde. 

Navojoa, Son.  Enero 31/2018

Thursday, November 01, 2018

Eugenia Leon - La Catrina

EL CÍRCULO: Elia Casillas



Dedicado a Carlos Rafael Quiroz Narvaéz

En ese lugar no existen

Los cuerpos,

Sólo son almas flotando

En el tiempo.
Miguel Islas


                     Empecé a caminar en mi catástrofe, poco a poco fui escalando la nada; cuando menos me di cuenta, el pueblo estaba a mis pies y yo debajo de la Pick-up… Un neumático apretaba mi cabeza. Era de noche y apenas empezaba mi pesadilla.
                     Esa tarde tuve que viajar del pueblo en donde vivo, a la metrópoli siguiente:   Ciudad Obregón.  Nos separan setenta y nueve kilómetros, así que con suerte haría de camino como cuarenta y cinco minutos.  Después de una charla en la biblioteca pública con el editor de la página: Quehacer Cultural del Diario  del Yaqui de la ciudad; entregué mis trabajos para su publicación semanal y  me despedí del amigo, al que me une en esta vida un puño de letras y una amistad cargada de cariño y ni con diez vidas, pagaré esta mano  incondicional, este señor es un cántaro de amor.                                                                                                 

                       Saboreando la conversación del  amigo, me dirigí al centro comercial; en el estacionamiento vi anunciada en cartelera Belleza Americana. Fui a la tienda más grande y con mi tarjeta de crédito  compré una crema, de ahí al supermercado, a buscar  dinero en el cajero automático  para mi cartera. Cuando salía, una gran fila de personas esperaba ingresar al cine, no la pensé mucho y entré. Los Oscars que había acaparado esta película le daban un prestigio bien ganado, salí más que satisfecha rumbo a la carretera. De pronto y sin saber por qué puse la direccional que me desviaba a casa de mi amiga Perla, vi el reloj, las ocho treinta y pensé; si estoy una hora, llegaré a casa a las once de la noche, está bien no es muy tarde.
                     Mi amiga... No llamé para avisarle de mi visita. Reduciendo la velocidad fui directo a su casa, no sin antes librar un centenar de tráileres que parecían encimarse en mi automóvil, su colonia quedaba en la frontera de la ciudad. La noche soltaba toda la frescura de abril, el cielo estaba encendido y la luna apenas se hacía campo entre tanta lucecita.  Cuando vi el anuncio del OXXO (el  supermercado) el corazón relampagueó y di vuelta en la esquina que me llevaría a su casa, terminé la calle sin encontrarla, de regreso a vuelta de rueda lenta, inspeccioné de nuevo sin distinguir su hogar. Vi unas señoras platicando, detuve el automóvil y pregunté:

-Señora ¿No sabe dónde vive Perla? Tiene una hija que se llama Perlita. Y su esposo se llama Sergio.
-No, señora, no la conocemos.
               -Ella es alta morena, bien dada –insistí-. Su esposo trabaja en el periódico  local
               -No, señora no los conocemos.

                       Avancé y estacionándome exactamente a media cuadra  donde suponía habitaba mi amiga, pregunté a unos niños por los hijos de ella, dijeron no conocerlos. Una desesperación inexplicable me abrazó y continué preguntando. No los conocían, nadie los había visto… nadie. Un no puede ser,  retozaba en mi cerebro, regresándome a la entrada de la colonia recorrí la ruta nuevamente... La casa no apareció. Con una incertidumbre que no cabía en el cuerpo, tomé la vía a casa, mientras mil pensamientos buscaban acomodo en mi cabeza. Qué raro, no di con la casa, ¿por qué no la llamé? Así estaría esperándome afuera, como siempre. ¿Y si cambió de domicilio? No, me lo habría dicho ¿Y la gente me dijo no conocerlos?
                       Cuando llegué a casa lo primero que hice fue comunicarme con ella y empecé a llamarle. Una grabación repetía insistentemente. “El número que usted marcó no existe, favor de verificarlo, gracias. El número que usted marcó no existe favor de verificarlo, gracias”. Una, diez, cincuenta veces hice la llamada. Desesperada y con dudas me vestí para dormir; cuando el cansancio cerró mis ojos, el sueño insistía; las señoras en la calle, los niños, el teléfono repite y repite, no existe, marqué de nuevo, no existe, su amiga no existe revise de nuevo.
                     El televisor programado me despertó a las siete de la mañana, unos círculos oscuros engalanaban mis pequeños ojos. Me preparé un café y con la taza en mano caminé a casa de mi vecina Emma, ella, extrañada de verme tan temprano de visita dijo riendo:
               
                        -¿Y eso?... ¿Te caíste de la cama?
                    -No, Emma, necesito hablar con alguien, quiero contarte lo que me pasó.

Tratando de no hacer un relato fantasioso le platiqué lo vivido la noche anterior, Emma escuchando  tranquila  empezó a cuestionarme.

-Mira, ¿no te equivocarías de colonia?
-No, Emma no. He ido muchas veces.
-¿Y cómo que nadie la conoce?
-No lo sé, tú si te acuerdas de ella ¿verdad?
-No, no la conozco.
-Si Emma, está conmigo en la escuela de escritores...
-Oye, ¿sabes que a la única persona que he escuchado hablando de esa escuela eres tú? 
-Emma, Emma, está en el ayuntamiento, en el Salón de Presidentes, asistimos todos los sábados de diez de la mañana a dos de la tarde, y después de clases ella se viene conmigo.
                          -No, nunca la he visto, lo siento

Confundida y arrastrando mi desconcierto, regresé a mi hogar. Cuando llegaron mis hijos, les platiqué mi aventura, argumentando que tal vez Emma no vio a Perla; pero no era creíble, ella jamás pasaría desapercibida. Ellos escucharon pacientes, y al no obtener respuesta los cuestioné:

-Gaby, ¿Por qué Emma no vio a Perla?
-Mamá, nosotros tampoco la conocemos, tú siempre hablas de tus   amigos de la Escuela de Escritores...
-Sí mamá –afirmó Luis- nunca han venido a la casa, sabemos que vas a la escuela, pero es todo...
-No, no puede ser –dije desesperada- algo no está bien.

Me dirigí al periódico del pueblo, aunque no pude hablar con el administrador, la secretaria me puso al tanto.

-Señora, si hay una página de Escritores del Sur de Sonora, el encargado de publicar trabajos de personas que escriben en el sur, no se encuentra, salió a hacer un reportaje. Pero cada quien trae su material, ésta página, no depende de ninguna escuela, es la primera vez que escucho hablar de una Escuela de Escritores. Lo que le hemos publicado a usted son trabajos que han traído, o nos ha hecho llegar.
                           -Gracias señorita...
No puedo creerlo, Perla, la escuela, mis amigos, la página... ¡La maestra Emérita! Iré al COBACH.
Llegué a la escuela decidida a no regresarme hasta esclarecer todo. Después de mucho preguntar di con ella.

-¡Maestra Emérita!
-¿Qué se le ofrece señora?

Aunque habló amablemente, su respuesta fue fría, yo no esperaba tal recibimiento, si convivíamos cada sábado. Su contestación no logró bajar mis ánimos y le dije:

-Maestra, ¿verdad que usted está en una Escuela de Escritores conmigo?
-¿Escuela de Escritores? No, no estoy en ninguna escuela... ¿Y con usted?
-Sí maestra, hemos estado juntas cuatro semestres,  además, yo la he visto en la presentación de libros en el Salón de Presidentes con sus alumnos. Ahora que vino Paco Luna con Misa Cantada, allí la vi.
-Bueno, Educación y Cultura, nos invita. Efectivamente cada alumno que asiste recibe puntos extras de calificación; pero yo no estoy en ninguna Escuela de Escritores y no se nada al respecto.
-Sí maestra, vamos todos los sábados de diez de la mañana a dos de la tarde.
-No señora, además cada día tenemos más trabajo, no tengo tiempo ni para mí.
                     
                      La mirada de la maestra tratando de penetrar mis miedos me hizo retroceder y fui perdiéndome en el enjambre de alumnos que terminaban sus labores. La escuela no existe, el diplomado... El diplomado María de la Luz de Quiroz. Ella, ella era la abuela de Carlos Quiroz Narvaéz, el Presidente Municipal. Él sabe, él es el fundador. Si, iré al Ayuntamiento. Un aliento me motivó a ir al Palacio Municipal; absorta, no me di cuenta que entraba por la Comandancia de Policía y en ese instante vi que él descendía de una suburban blanca.

-Señor Presidente, disculpe.
-Sí, señora ¿En qué puedo servirle ya que Dios la puso en mi camino?
-Mire, ¿Verdad que usted inició una escuela con el nombre de su abuela, María de la Luz de Quiroz? Que diga que sí, que diga que sí, pensaba.
-No señora, bueno fuera; si Dios me diera esa oportunidad, le iba a dar todo mi apoyo, lucharía junto a los estudiantes para despertar la conciencia de mis gobernados, buscaría subsidios para la publicación de su obra. En todos los eventos de este pueblo y sus alrededores, yo sería el principal promotor. Pero, bueno ¿Quién querría estar en la Escuela de Escritores? La gente no lee menos va a escribir.
-Señor Presidente, su hija Irmita inició con nosotros, luego no volvimos a saber de ella.
-¿Mi hija...? No, que va. Ella escribe, pero lo hace sola y en la casa.
-Sí Señor Presidente, venimos cada sábado.
-Ahora que recuerdo, los señores que hacen el aseo, dicen que una señora se aparece todos los sábados, que llega a las diez de la mañana y permanece hasta las dos de la tarde escribiendo; también dicen, que en vacaciones escolares no vuelven a saber de ella. ¿No me diga que es usted?
-Si, soy yo. Pero no vengo sola, de sesenta y cuatro que éramos sólo quedamos seis...
-Señora, discúlpeme, tengo que irme, me esperan muchos asuntos por resolver. Que Dios la bendiga.

                      La escuela, mis amigos, la página, el diplomado... Nada es cierto.
Empecé a caminar en mi catástrofe, poco a poco fui escalando la nada; cuando menos me di cuenta, el pueblo estaba a mis pies y yo debajo de aquella Pick-up. Un neumático apretaba mi cabeza. Era de noche y apenas empezaba mi pesadilla.






Navojoa, Son.  ABRIL/5/2000