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Wednesday, December 19, 2018

Anton Chejov: El orador




En una hermosa mañana se celebraba el entierro del asesor colegiado Kirill Ivanovich Vavilonov, muerto de dos enfermedades sumamente frecuentes en nuestra patria: una esposa maligna y el vicio del alcohol. Mientras el cortejo fúnebre se dirigía de la iglesia al cementerio, uno de los compañeros de trabajo del difunto, un tal Poplavski, tomó un coche y se dirigió a toda prisa a casa de su amigo Grigorii Petrovich Zapoikin, hombre, aunque joven, ya bastante popular. Tenía Zapoikin (como saben los lectores) un talento extraordinario para pronunciar discursos en bodas, jubilaciones y entierros. Estaba capacitado para hablar en cualquier momento: lo mismo recién despierto, que en ayunas, que borracho o que preso de fiebre. Su discurso fluía llanamente, sin interrupción…, tan abundantemente como fluye por una canaleta el agua de la lluvia. Para expresar aflicción, encerraba el vocabulario del orador muchas más palabras que cucarachas tiene cualquier taberna. Sus discursos eran tan elocuentes y largos, que a veces, sobre todo en las bodas de los comerciantes, había que recurrir a la ayuda de la Policía para hacerle callar.
-Vengo a buscarte, hermanito -empezó a decir Poplavski al encontrarlo en casa-. Vístete en seguida y vámonos. Ha muerto uno de los nuestros, al que estamos ahora mismo en trance de enviar al otro mundo, conque hace falta, hermanito, que haya quien diga alguna cosita para su despedida. Nuestra única esperanza eres tú. Si el muerto fuera uno de los subalternos… no te molestaríamos; pero éste era un secretario…, en cierto modo un jefe… Es desagradable enterrar a un personaje de su categoría sin que se diga algún discurso…
-¡Ah!…, ¡el secretario!… -bostezó Zapoikin-. ¿Aquel borracho?
-Sí, aquel borracho… Habrá comida…,blini…, entremeses… Además nos pagan el coche. ¡Vamos, alma mía! ¡Allí, junto a la tumba, pronunciarás un discurso ciceroniano y ya verás lo que te lo agradecen!
Zapoikin accedió de buen grado. Desmelenó su cabello, obligó a adoptar a su rostro una expresión de melancolía y salió a la calle en compañía de Poplavski.
-Conocía a tu secretario -dijo cuando se sentaba en el coche-. Que en paz descanse…, pero era un pillo y una bestia como hay pocos.
-No está bien, Grischa, eso de ofender a los difuntos…
-Cierto que aut mortiu nihil bene… No obstante, era un bribón.
Los dos amigos dieron alcance al cortejo y se unieron a él. Como el féretro iba conducido a un paso muy lento, antes de llegar al cementerio, los amigos tuvieron tiempo de entrar cerca de tres veces en la taberna y de beber unas copitas al eterno descanso del difunto.
En el cementerio se celebró un oficio religioso. La suegra, la mujer y la cuñada, como es costumbre, lloraron copiosamente y la mujer hasta gritó cuando bajaban el ataúd a la fosa. “¡Déjenme ir con él!…” A pesar de lo cual, y recordando sin duda la pensión por viudez que había de recibir… no se fue con él. Después de esperar un poco a que todo se tranquilizara, Zapoikin avanzó unos pasos, paseó su mirada sobre los presentes y empezó a decir:
-¿Puede uno creer lo que ven los ojos y oyen los oídos?… ¿Este ataúd… estas caras llorosas…, estos lamentos y estos sollozos…, no serán una pesadilla?… ¡Ay de mí! ¡No es un sueño, no! ¡No nos engaña la vista! ¡Aquel que hasta hace tan poco vimos lleno de vigor, de juventud, de frescura y lozanía!…, ¡aquel que aún hace tan poco tiempo, ante nuestros mismos ojos, llevaba su miel, cual abeja incansable, a la colmena común del bien del Estado… ¡es el mismo que vemos ahora convertido en nada…, en unmirage! ¡La muerte irreductible puso su mano sobre él cuando, a pesar de su avanzada edad, se encontraba aún lleno de fuerza y de esperanzas ultraterrenales!… ¡Su pérdida es irremplazable! ¿Quién nos lo puede reemplazar?… Tenemos muchos buenos funcionarios, pero puede decirse que Procofii Osipich era único en su género… Devoto hasta lo más profundo de su alma del honrado cumplimiento de sus obligaciones, lejos de regatear sus fuerzas, pasaba las noches en vela y era desinteresado e insobornable. ¡Cuánto despreciaba a aquellos que con perjuicio del interés general pretendían comprarlo!…, ¡que ofreciéndole tentadores bienes terrenales, se esforzaban en atraerlo hacia la traición a su deber! ¡Sí!… ¡Ante nuestros ojos hemos visto a Procofii Osipich repartir su modesto sueldo entre los más pobres de sus compañeros, y ustedes mismos acaban de oír hace un instante los sollozos de las viudas y de los huérfanos que vivían gracias a sus limosnas. Esclavo del servicio, de su deber y de la bondad, no conoció la alegría, y hasta se rehusó a sí mismo la felicidad de la vida matrimonial. ¡Ya saben ustedes que hasta el final de su vida permaneció soltero! ¿Y como compañero?… ¿Quién podría reemplazarlo? ¡Lo mismo que si fuera ayer me parece ver su rostro conmovido y afeitado, dirigido hacia nosotros!… ¡Su bondadosa sonrisa!… ¡Como si todavía fuera ayer, oigo su suave, cariñosa y afable voz!… ¡Descansa en paz: Procofii Osipich!… ¡Descansa…, honrado y noble trabajador!
Zapoikin continuaba perorando, pero los oyentes empezaron a hablar entre sí en voz baja. El discurso gustaba a todos y hacía verter algunas lágrimas. Mucho de él, sin embargo, resultaba extraño… En primer lugar era incomprensible por qué el orador llamaba al difunto Procofii Osipich cuando su nombre era Kirill Ivanovich. En segundo, todos sabían que éste había pasado la vida entera en perpetua lucha con su legítima esposa y que, por tanto, no podía calificarle de soltero…, y en tercero, era inexplicable que habiendo tenido una espesa barba de color rojizo, que en su vida había hecho afeitar ni una sola vez, hubiera llamado el orador a su rostro afeitado. Los oyentes se miraban con extrañeza.
-¡Procofii Osipich! -proseguía el orador mirando inspirado a la tumba-. ¡Tu rostro era feo!… ¡hasta deforme!… ¡Eras taciturno y severo, pero todos sabíamos que bajo aquella corteza latía un corazón honrado y afectuoso!…
Pronto, sin embargo, empezaron a observar los oyentes que algo extraño ocurría al orador, que sin apartar la vista de un mismo punto, se agitaba nervioso. De repente quedó callado y con la boca abierta para el asombro, se volvió hacia Poplavski.
-¡Pero, oye!… ¡Si está vivo!… -dijo con ojos espantados.
-¿Quién está vivo?
-¡Pues… Procofii Osipich!… ¡Está junto al mausoleo!
-¡Si el muerto no es él! ¡Es Kirill Ivanovich!
-¡Si has sido tú mismo el que me ha dicho que había muerto el secretario!
-¡No!… ¡El secretario era Kirill Ivanovich! ¡Te has confundido, tonto!… ¡Claro que también Procofii Osipich fue secretario…, pero hace ya dos años que le destituyeron!
-¡Diablo!
-¿Por qué te paras? … ¡Sigue!
Zapoikin volvió la cabeza hacia la fosa y con la misma elocuencia que antes prosiguió su interrumpido discurso.
Al lado del mausoleo se encontraba, en efecto, Procofii Osipich, el viejo funcionario de la cara afeitada. Miraba éste con enojo al orador y fruncía las cejas.
-¿Qué ocurrencia te ha dado -reían los funcionarios, volviendo del entierro en compañía de Zapoikin- de enterrar a un vivo?
-¡Esto no está bien, joven! -gruñía Procofii Osipich-. ¡Su discurso puede ser apropiado para un difunto, pero aplicado a un vivo es una burla! ¿Qué no me ha llamado usted?… Desinteresado…, incapaz de sobornar… ¡Tales cosas, refiriéndose a un vivo, sólo pueden decirse en son de burla! ¡Nadie le ha pedido tampoco, caballero, que hablara sobre mi cara!… Si soy feo y deforme…, ¡qué le vamos a hacer! ¿Para qué decir mi apellido delante de todo el mundo? ¡Esto es una ofensa!


Anton Chejov: El sanguíneo


Todas las impresiones repercuten en él de modo ligero. En la juventud es un bebé y un bribón. Les dice groserías a los maestros, no se corta el cabello, no se afeita, usa lentes y mancha las paredes. Estudia mal, pero termina los cursos. No obedece a los padres. Cuando es rico, es un petimetre; siendo ya pobre, vive como un cerdo. Duerme hasta las doce, se acuesta a una hora indefinida. Escribe con faltas. La naturaleza lo trajo al mundo solo para el amor. Nunca está en contra de beber hasta perder el sentido; tras embriagarse por la noche hasta los diablitos verdes, se levanta animado, con una pesadez en la cabeza apenas notable, sin necesitar de la similia similibus curantur [“lo similar cura lo similar”]. Se casa sin intención. Lucha con la suegra eternamente. Se pelea con la parentela. Miente a lo loco. Ama terriblemente los escándalos y los espectáculos aficionados. En la orquesta, es el primer violín. Siendo ligero, es liberal. O nada lee en absoluto, o lee con pasión. Le gustan los periódicos, y él mismo no está en contra de ser un poco periodista. El buzón de correo de las revistas humorísticas ha sido inventado, exclusivamente, para los sanguíneos. Es constante en su inconstancia. En el servicio, es un funcionario de encargos especiales, o algo semejante. En el gimnasio, enseña literatura. Rara vez sirve hasta consejero civil activo; si sirve hasta eso, se hace flemático y a veces colérico. Los granujas, los bribones y los tunantes son sanguíneos. Dormir en una habitación con un sanguíneo no se recomienda: cuenta chistes toda la noche y, si no hay chistes, censura a los allegados o miente. Muere de enfermedad de los órganos de digestión y de extenuación prematura.




Tuesday, December 18, 2018

Haiku




Noche infinita.
¡Pienso
en cómo será en 10.000 años!

Bajo el mosquitero
Ella duerme
Rodeada de luciérnagas

El que detesta esta vida
Debe amar
La flor del cardo

En los cultivos de las alturas
los espantapájaros
se peinan de nubes

En este mundo efímero.
También los espantapájaros
tiene ojos y nariz

Una extremidad
Apoyado sobre la montaña
El Río Celeste*

Aguas termales.
La Vía láctea
en los cuerpos desnudos *

La Vía láctea
El campo de patatas
Las garzas blancas *

Pasada la media noche
La Vía Láctea
Descansa en un bambú  *

*El Cielo, la Tierra y la vida entre los dos. El cosmos
 en tres versos. ¿El Río Celeste por Vía láctea?

Salgo del Templo Zen
Entro
A una noche estrellada

Un niño de diez años
Acaba de heredar un Templo
Frío amargo

Pánico.
La escalera se derrumba
sobre los amores de los gatos

Diez años de trabajo
para pagar mis estudios.
¡El techo gastado!

En esta agua pura
los ricos se refrescan
y también los osos


KAWAHIGASHI HEKIGOTO (1873-1937)

El viento violento del sol
Vibra aún
En el canto del hototogisu

El caballo regresa
repentinamente
rodeado de luciérnagas

Sin que nadie sepa
un polluelo nació.
Rosa de invierno

Arranco una planta.
Su profundidad y su blancura
me duele.

En la cima nublada
florece una cebolla.
Porfía


TAKAHAMA KYOSHI (1874-1959)
Revolucionario, crea la Escuela de nueva tendencia.

Como una bandera
Parece flamear
El sol invernal

De cada objeto que depositamos
Nace algo
Que se asemeja al otoño

Primera primavera.         
La lluvia perla
sobre las ramas aún desnudas.

Solo.
Pulo mis poemas
en el día que llegará. *

* Kyoshi en este poema alude la muerte de su amigo
Kawahigashi Hekigoto y la del  maestro Masaoka Shiki.

Libélulas
En el villorrio tranquilo
Es mediodía

En los montes de abril
Cadáveres en sepultura
¡Vanidad!

Lancé
la cetonia
a lo más profundo de la sombra.

Durante la distribución
de la velas en los dormitorios.
¡El grito del venado!

Aún me traspasan
La serpiente dejó en la hierba
Los ojos

El una palabra
Yo una palabra
Al resplandor del otoño

Bajo la luna otoñal
Ahora                                                    
No hay enemigos  *

*La noción de amigo y enemigo. Kyoshi, escribe este
poema luego de la derrota japonesa en 1945.

Corté
las peonías
y el jardín está vacío.

Cae y cae
La hoja de la paulonia                                
A los rayos del sol  *

*¿La hoja cae, como cayó el hombre a pesar de
las promesas del sol?

Como polvo
En las grandes nieves
Un hombre muerto

Año que pasa y año que llega
Anillos
Que atraviesan un mismo bastón

El grito del primer cuervo
Sorprende al amanecer
Sobre los burdeles

Ya imagino
la nieve
cayendo sobre mi cadáver.


OTAMI KUBUTSU (1875-1943)

Con la boca abierta
el niño contempla caer las flores
¡Es un Buda!


USUDA ARO (1879-1951)

Un ave canta
y calla
la nieve en el crepúsculo

El barco se va
y el corazón se aleja
de los gritos de los insectos


AOKI GETTO (1879-1949)

Parece acariciar
Esa brisa azul de oriente
A las montañas  *

* La “brisa azul” es el viento que sopla en verano
entre las hojas.


NAGAI KAFU (1879-1949)

Primer trazo de neblina
Sobre el kimono del año nuevo
Una bastilla de nubes


OSUGA OTSUJI (1881-1920)

Fiesta campestre.
Respira el sol
y la hierba se pega en mis codos

Por el que se recupera
De una enfermedad
Los crisantemos sienten frío


KUBOTA KUHONTA (1881-1926)

Desplomado en la tierra
El volantín
Entrega su alma

Voces 
Entre las nubes blancas
Las alondras


TANEDA SANTOKA (1882-1940)

Al pie de la montaña
bajo un sol generoso.
Una hilera de tumbas

La luna
Cae lentamente
Una hoja de caqui

Tan lejos
el país natal.
Los árboles florecen

Sobre mi sombrero de junco
Toc
Era una camelia

Profundo
Aún más profundo
En las montañas azules

A cántaro la lluvia de otoño.
Cocino algunos granos de arroz
durante largo tiempo

A cántaro la lluvia de otoño.
Yo no muero
todavía

A cántaro la lluvia de otoño.
El camino
de nuevo y siempre

Otoño
La desgracia y nada más
Yo continúo mi viaje

De gotas de lluvia
El ruido
También envejece

Un graznido de cuervo.
También
estoy solo.

Sobre una piedra
La libélula
Sueña en pleno día                                        

Sobre mi solitario escritorio
La libélula
Concede posarse

Se cubren de otoño
las hierbas silvestres.
Me siento en su belleza

A la mitad de la vida
A la mitad de la muerte
La nieve sin cesar

Mi país natal
Empapado por la lluvia
Lo recorro descalzo

Muy pronto la muerte.
Sobre las flores silvestres
cae la lluvia *

* Poema escrito poco antes de morir.

El arroz es delicioso
Y el cielo azul
Muy azul

El barro                                 
que fluye
se aclara *

* Como el barro que lleva el río... Todo puede ser
 lavado de  impurezas.


WATANABE SUIHA (1882-1946)

El gran día blanco
me desnuda el alma.
Hojas muertas


IMAZUMI UGAI (1883-1951)

Calor de primavera.
¡Ese olor a cabellos
en el ascensor!


MAEDA FURA (1884-1954)

Aquel que mata
Tal vez sea yo
¡Vuelo de luciérnaga!

La calma discreta de los caquis
Absorbe el sol
En su profundidad


OZAKI HOSAI (1885-1926)
Trabajó como budista laico en diferentes
templos de Japón.

El ruido de las tijeras
del jardinero.
Yo me levanto tarde

Silbando sin parar
Esta mañana
Mientras el bosque azulaba

Una jornada
sin una palabra.
La sombra de una mariposa

Tan solo
Que muevo mi sombra
Para mirar

Incluso
Tosiendo
Siempre solo

¡Dos senos
magníficos
y un mosquito!

En la punta de una hierba
Ante el infinito del cielo
Una hormiga

A mi espalda pasa un tren.
Yo arranco la mala hierba
sin levantar la cabeza

¿Denigrar alguien?
Me lavo el espíritu
descascarando arvejas *

El Buda me da
un poco de tiempo.
Yo lavo mi vestimenta *

* Según la práctica budista, las actividades simples
(lavar la ropa, cocinar, remendar), son también
caminos que llegan a la meditación  y purificación
del alma.

En la gran noche de diciembre
Una cama fría
Es todo lo que tengo

El caballo
se espanta
sobre el tapiz de escarcha blanca

Por todas partes la muerte
y sin embargo el agua
corre por la noche

Al fondo de la neblina
el ruido del agua
y voy a su encuentro


IIDA DAKOTSU (1885-1962)
Dos de sus hijos mueren en la Segunda
guerra mundial.

Corté orquídeas en primavera
y las lancé
a las nubes.

Dulzor de primavera.
Al final de las cosas
el color del cielo.

¡Desaparecer
al fondo de esos barrancos
donde las nubes amontonan!

Una noche al claro de luna.
Aparece la enorme silueta del Monte Fuji.
¡Qué frío!

Un cadáver
y el viento de otoño juguetea
en los orificios de la nariz.

El cazador
tiende la oreja
y escucha los murmullos del deshielo.

Por una mortal enfermedad
Tiene bellas uñas
Bajo el carbón en la esquina de la pieza

Hojas de la Fiesta de los muertos.
Tallando la vida
a lo largo del acantilado. *

* Según el antiguo calendario lunar, a mediados
de agosto, es otoño. Esta celebración a las almas
de los muertos en medio también, pero de violenta
tempestades.


HARA SEKITEI (1886-1951)

Después del trueno
Las nubes de la noche
Tienen la tez fresca


HAYASHIBARA RAISEI (1887-1975)

En secreto
la camelia advierte
la presencia del ciruelo.


NAKATSUKA IPPEKIRO (1890-1946)

Sufriendo.
Alrededor de la cama flota
el azul del mar en invierno.

Más profunda la noche
Más visibles
Las venas del carbón

Siento vergüenza
Ante esta gran fogata de hojas secas
Al aire libre

Las hierbas fermentan.
Pasa una mujer
de grandes senos.


SUGITA HISAJO (1890-1946) *Mujer

De pureza blanca
arquean sus pétalos    
los crisantemos de luna.

Indómito hototogisu
Pasas haciendo ecos
A tu antojo


AKUTAGAWA  RYUNOSUKE (1892-1927)
Célebre cuentista

En el pequeño bosque
un laberinto de ramas.
Medio día oscuro.



Saturday, December 15, 2018

Vuela y no tiene alas, 2018... Reyes y Ases del Béisbol. Elia Casillas


Javier Puche: Definiciones anómalas (tributo a Ambrose Bierce)




-Recién nacido: ancestro formateado.
-Ombligo: cicatriz que llora.
-Vida: accidente a cámara lenta.
-Verdad: amor platónico del aforismo.
-Memoria: presente del pasado.
-Olvido: futuro del presente.
-Mar: 1) Fragmento de eternidad visible. 2) Ficción azul.
-Hombre: fracaso del mono.
-Eternidad: domingo incesante.
-Eclipse: parpadeo astral.
-Humanidad: antología biológica de individuos.
-Presente: vibración que el tiempo emite al dirigirse hacia atrás.
-Yo-yo: juguete preferido del ególatra.
-Universo: colosal padre ausente.
-Tiempo: lento caníbal.
-Madurez: resaca de la juventud.
-Canción: fármaco que tomamos por vía auditiva.
-Bisbisear: tras los aplausos, cantar un bis en voz baja.
-Retrovisor: espejo favorito del nostálgico.
-Nostálgico: quien tiene todo el pasado por delante.
-Lluvia: llanto de los ángeles que fracasan.
-Dormir: 1) Bajar al fondo de la noche. 2) Morirse por entregas. 3) Flirtear con la nada.
-Fumar: pensar despacio con la boca.
-Desprecio: forma sutil de homicidio.
-Espejo: 1) Fantasma de cristal. 2) Más allá de las casas.
-Cementerio: almacén de finados confinados.
-Suicidarse: 1) Procedimiento infalible para perder el tiempo.
2) Llegar por un atajo a la meta.
-Morir: 1) Pasar del presente simple al pretérito imperfecto.
2) Volver a casa.