Translate

Sunday, December 10, 2017

Aquilina y su llegada al IMSS

Llega a mi despacho “En defensa de las causas perdidas” el siguiente mensaje: “Laura, mi nombre es…. y vivo en Los Cabos San Lucas. El motivo por el que te contacto es para pedirte un gran favor. Una persona fue trasladada a Obregón por parte del IMSS, lleva tres meses hospitalizada, es una persona con muy escasas posibilidades para defenderse y requiere de alguien que pueda ser interlocutor entre los médicos y ella”. En medio de terapias para mejorar un cuadro de desvío de columna y sacralización lumbar me encontraba, respiro y pienso que para las causas perdidas se requiere de energía que no estaba cierta de tener en ese momento. Atiendo el mensaje con más llamadas que poco a poco me fueron llenando de energía. Llego al hospital, veo a Aquilina, de apenas 32 años de edad, con ascendencia indígena, su español como si lo estuviera aprendiendo; mujer sonriente de ojos luminosos con especial energía, “callada” como mi desconocida me la describió y bien acompañada de su marido, también con acento indígena. A Aquilina la mandaron con muchas demoras a mi ciudad para ser intervenida en la espalda, el traumatólogo la revisa y al percatarse del cáncer en sus huesos (algo que ni él, ni Aquilina sabían), decide no intervenir para no lastimarla y proceden a tramitar su regreso a la Baja Sur sin darle intervención alguna.
Mi función era conseguir que no la regresaran a la Baja y que la atendieran aquí mismo en oncología, después de estar ella y su marido tres meses vagando sin intervención entre hospitales fuera de su ciudad. Hago llamadas a amigos trabajadores y ex trabajadores del IMSS, ellos me explican que el procedimiento es así, gacho, tardado por la alta demanda del servicio y que efectivamente, le tocaba regresarla a la Baja para que ahí recibiera su tratamiento oncológico. Con estos y otros elementos más, percibo que la pelea con el IMSS, sería más desgastante y por la condición de Aquilina, más que ayudarla podría empeorarla, incluyendo a su marido que tampoco tenía buena pinta. Eso sí, los dos jodidos son increíblemente sonrientes, callados con bello lenguaje gesticular.
En mi segunda visita al hospital, al marido de Aquilina le entra una llamada donde le informan que acababan de saquear su casa. Hacen recuento de las pérdidas: muebles, joyería que Aquilina vendía (y debía), ropa, etc. Comienzan a reírse lanzando inofensivas maldiciones, “pues volveremos a empezar” dice el marido y vuelven a atenderme.
Hago mi tercera visita, sigo con el pendiente sobre cómo apoyar en el desaliento, por el diagnóstico y condición de Aquilina. Hice lo único que en esos casos se hacer: contar historias propias y de ajenos, historias que me han enseñado sobre la salud y la enfermedad. Comencé mi rollo titubeando si era el oportuno, dudando sobre si entendían los detalles que intentaba mostrarles. Y es que el español de Aquilina y su marido es como si fuera el de unos extranjeros que intentan aprenderlo. Ella, aparentemente más receptiva que él, trata de entender lo que le explico, cómo cuidarse y prepararse para recibir las quimioterapias. Y es que la condición física de Aquilina es muy precaria, y es que las historias de sus ancestros no dan mejor aliento de vida. “Ya lo sabes Aquilina, tu condición es complicada, pero tienes algo especial y a tu favor, ese algo también lo tiene un gran amigo y sobreviviente del cáncer que quiere conocerte”. Mi amigo Agus “El Caldito” de inmediato se ofreció visitarla en cuanto supo su historia.
Pasan los días y el contacto con Aquilina y su marido es una constante: qué comieron, qué deben pedir, qué deben rechazar, si ella fue al baño, cuántas veces, si sigue con dolor, si ya caminó. Aquilina y su marido son escuchas extraordinarios. Ella tan receptiva, perspicaz y más empoderada de lo que aparenta.
Ayer recibí una noticia: la no renovación de mi actual contrato laboral. Mientras mi jefa me lanzaba la noticia, comencé a recordar lo relativo de las prioridades y del bienestar. Sin emoción recibo la noticia, agradecí el momento y salí desconcertada por mi falta de emoción. Seguí revisando prioridades. Pasaron las horas, pasó el día y seguí desconcertada sobre mi falta de emoción después de asimilar que estaba muy pronto a entrar en una condición de desempleada. Me entraron unas ganas enormes por ver a Aquilina para darle un abrazo. Por la tarde de ayer la pensé un montón. Hoy la visité y le di su abrazo.
Bendiciones para Aquilina y su llegada a mi vida.







2 comments:

coŋejo pestileƞte said...

No podía dejar de leer esto, buen blog, muy interesante.

Elia Casillas said...

Muchas gracias Conejito.

Elia Casillas