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Thursday, October 26, 2017

La traición ll: Elia Casillas

Al fin, cuando tuve comité, empezaron mis problemas con las fiestas Patronales, la gente que se me unía, ni siquiera imaginaban qué era lo que teníamos en puerta. El comité se formó ocho días antes de que iniciara el gran evento, no conocía a ninguna de ellas, tampoco me detuve a analizarlas. Luego de las Fiestas, había que trabajar durante el año, y acercándose las vacaciones de los muchachos viajamos a Mérida. A mi regreso a Navojoa, tenía un mes exacto para hacer el programa y así fue, pero... ¡Chan...! Graciela estaba embarazada, debido a su edad, había que tener cuidado, ya que su gestación estaba en riesgo. De nuevo, me vi sola en la estructura del programa de las Fiestas, iba y venía sola consiguiendo los grupos, sin embargo, ella no me dejó, vomitando me acompañaba a visitar la radio, el periódico, yo en las entrevistas y Chela en el carro, mareada. Conseguí los regalos y le dije que estaría encargada de la tómbola, ahí permanecería sentada, y nadie iba a molestarla.  Ella tuvo a su niña y nos invitó a apadrinarla, nosotros felices. Había química entre la chavalita y los de mi casa. En las terceras fiestas, nos llevaron a una emboscada, y dentro del Templo, la gente me gritaba, insultándome, me trataron como a una ladrona. Yo me había terminado una camioneta tipo Guayin trabajando para el Templo y MEL compró un automóvil Spirit a la agencia, por medio del banco. Ese fue el motivo. Chela no dejaba de llorar, viendo cómo me defendía, yo era una leona con melena de león y así me sentía, como un león herido en medio de la furia de aquellas mujeres. Una, intentó señalarme con el dedo, volteé, la vi, y cayó desmayada. Huí de aquellas fieras, aquello era un circo romano. El cielo, el sol, un día hermoso, vi las nubes y grité: ¡Me vuelves  a buscar, quiero que me traigas de nuevo a tu iglesia, eso quiero!  Pasaron las terceras fiestas y las mujeres que me atacaron luego de que se dieron cuenta de que no tenían la capacidad para organizar el evento, ni siquiera habían llegado a la cantidad de dinero que nosotros habíamos reunido el año anterior, finalmente se disculparon. Mientras que en las segundas fiestas juntamos veinticinco millones, ellas, sólo reunieron diez, gastaron seis y les quedaron cuatro millones libres. ¡Ustedes si están robando! Les dije una vez que las encontré, veintiún millones son una gran diferencia. Calladas y como víboras, desaparecieron. El padre Efraín, párroco de la Iglesia de Guadalupe y encargado de mi comunidad me llamó, fui a su oficina y me habló: "Elia, lo que tú hiciste es muy difícil, abriste un camino, lo construiste, ahora, cualquiera puede caminarlo, pero antes, nadie se atrevió, sólo tú. Debes sentirte orgullosa". Padre, me llamaron ladrona. "Elia, no hagas caso, ellas quieren tu puesto, yo las conozco, a todas, aunque no lo creas" El cura Efraín, como no quería líos con mi colonia, no se metía, pero siempre fue a ver cómo iba quedando el templo. Nunca me pidió cuentas, aunque yo le llevé todos los papeles. "Elia, lo que se ve, no se pregunta". Por supuesto que con él también tuve enfrentamientos, una vez, fui a comunicarle que haría una kermesse con concurso de Rap, las doñas dijeron que el Rap era del Diablo (en otros años, lo mismo dijeron de Rock and roll),   me encaminé a su parroquia y no se encontraba, entonces el Padre José Antonio comentó: "El Padre Efraín no está, no hay permisos". No vengo a pedir permiso, sólo quise avisarles para que estén al tanto de lo que voy a hacer. "Ay, esa presidenta de San Judas Tadeo, es muy calzonuda" Dicen que dijo el padrecito. Y la primera misa del templo no la ofició el párroco, simplemente no quiso, yo busqué a otro sacerdote, claro, con el permiso de él. Porque hay protocolo y eso se respeta. Yo no era una bestia venida a menos, era una persona que sabía cómo organizar eventos, me ayudó siempre haber sido bailarina profesional, eso me daba cierta superioridad para saber dónde y cómo iba un templete, las luces, manejar los tiempos para no apresurar a los participantes, sabía cuando un equipo de sonido estaba bien.  Cuando conocí al párroco Efraín, le pregunté que necesitaba para que viniera a la colonia a dar misa los domigos. "Necesito que me llenes los dos huecos que tiene el templo" En un año, contesté muy segura.  Las fiestas siempre iniciaron a: Seis de la tarde la peregrinación, siete, el rosario, y a las puras ocho, los grupos folclóricos. Sólo el día 27 de octubre que era cuando se velaba al Santo, había misa y el 28, final del novenario. Pertenecer a las selecciones de voly ball, me ayudó a trabajar en equipo, algo que ninguna de ellas había hecho y, mi carrera de administración turística, que aunque era a nivel bachiller, los conocimientos que ahí nos impartían eran de una universidad. No debo olvidar a doña Nena de Conde, ella organizaba a la colonia para que cada calle participara con antojitos mexicanos, durante los nueve días de las Fiestas. Además, rezaba el rosario y dirigía la peregrinación, yo sólo le conseguía la Banda Municipal de Navojoa que dirigía el Prof. Romeo Gómez Aguilar.
Mi Padre me había buscado, a ellas también pero, yo no le quité el puesto a nadie, Dios me señaló.


(Continuará)




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