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Thursday, October 26, 2017

La traición ll: Elia Casillas

Al fin, cuando tuve comité, empezaron mis problemas con las fiestas Patronales, la gente que se me unía, ni siquiera imaginaban qué era lo que teníamos en puerta. El comité se formó ocho días antes de que iniciara el gran evento, no conocía a ninguna de ellas, tampoco me detuve a analizarlas. Luego de las Fiestas, había que trabajar durante el año, y acercándose las vacaciones de los muchachos viajamos a Mérida. A mi regreso a Navojoa, tenía un mes exacto para hacer el programa y así fue, pero... ¡Chan...! Graciela estaba embarazada, debido a su edad, había que tener cuidado, ya que su gestación estaba en riesgo. De nuevo, me vi sola en la estructura del programa de las Fiestas, iba y venía sola consiguiendo los grupos, sin embargo, ella no me dejó, vomitando me acompañaba a visitar la radio, el periódico, yo en las entrevistas y Chela en el carro, mareada. Conseguí los regalos y le dije que estaría encargada de la tómbola, ahí permanecería sentada, y nadie iba a molestarla.  Ella tuvo a su niña y nos invitó a apadrinarla, nosotros felices. Había química entre la chavalita y los de mi casa. En las terceras fiestas, nos llevaron a una emboscada, y dentro del Templo, la gente me gritaba, insultándome, me trataron como a una ladrona. Yo me había terminado una camioneta tipo Guayin trabajando para el Templo y MEL compró un automóvil Spirit a la agencia, por medio del banco. Ese fue el motivo. Chela no dejaba de llorar, viendo cómo me defendía, yo era una leona con melena de león y así me sentía, como un león herido en medio de la furia de aquellas mujeres. Una, intentó señalarme con el dedo, volteé, la vi, y cayó desmayada. Huí de aquellas fieras, aquello era un circo romano. El cielo, el sol, un día hermoso, vi las nubes y grité: ¡Me vuelves  a buscar, quiero que me traigas de nuevo a tu iglesia, eso quiero!  Pasaron las terceras fiestas y las mujeres que me atacaron luego de que se dieron cuenta de que no tenían la capacidad para organizar el evento, ni siquiera habían llegado a la cantidad de dinero que nosotros habíamos reunido el año anterior, finalmente se disculparon. Mientras que en las segundas fiestas juntamos veinticinco millones, ellas, sólo reunieron diez, gastaron seis y les quedaron cuatro millones libres. ¡Ustedes si están robando! Les dije una vez que las encontré, veintiún millones son una gran diferencia. Calladas y como víboras, desaparecieron. El padre Efraín, párroco de la Iglesia de Guadalupe y encargado de mi comunidad me llamó, fui a su oficina y me habló: "Elia, lo que tú hiciste es muy difícil, abriste un camino, lo construiste, ahora, cualquiera puede caminarlo, pero antes, nadie se atrevió, sólo tú. Debes sentirte orgullosa". Padre, me llamaron ladrona. "Elia, no hagas caso, ellas quieren tu puesto, yo las conozco, a todas, aunque no lo creas" El cura Efraín, como no quería líos con mi colonia, no se metía, pero siempre fue a ver cómo iba quedando el templo. Nunca me pidió cuentas, aunque yo le llevé todos los papeles. "Elia, lo que se ve, no se pregunta". Por supuesto que con él también tuve enfrentamientos, una vez, fui a comunicarle que haría una kermesse con concurso de Rap, las doñas dijeron que el Rap era del Diablo (en otros años, lo mismo dijeron de Rock and roll),   me encaminé a su parroquia y no se encontraba, entonces el Padre José Antonio comentó: "El Padre Efraín no está, no hay permisos". No vengo a pedir permiso, sólo quise avisarles para que estén al tanto de lo que voy a hacer. "Ay, esa presidenta de San Judas Tadeo, es muy calzonuda" Dicen que dijo el padrecito. Y la primera misa del templo no la ofició el párroco, simplemente no quiso, yo busqué a otro sacerdote, claro, con el permiso de él. Porque hay protocolo y eso se respeta. Yo no era una bestia venida a menos, era una persona que sabía cómo organizar eventos, me ayudó siempre haber sido bailarina profesional, eso me daba cierta superioridad para saber dónde y cómo iba un templete, las luces, manejar los tiempos para no apresurar a los participantes, sabía cuando un equipo de sonido estaba bien.  Cuando conocí al párroco Efraín, le pregunté que necesitaba para que viniera a la colonia a dar misa los domigos. "Necesito que me llenes los dos huecos que tiene el templo" En un año, contesté muy segura.  Las fiestas siempre iniciaron a: Seis de la tarde la peregrinación, siete, el rosario, y a las puras ocho, los grupos folclóricos. Sólo el día 27 de octubre que era cuando se velaba al Santo, había misa y el 28, final del novenario. Pertenecer a las selecciones de voly ball, me ayudó a trabajar en equipo, algo que ninguna de ellas había hecho y, mi carrera de administración turística, que aunque era a nivel bachiller, los conocimientos que ahí nos impartían eran de una universidad. No debo olvidar a doña Nena de Conde, ella organizaba a la colonia para que cada calle participara con antojitos mexicanos, durante los nueve días de las Fiestas. Además, rezaba el rosario y dirigía la peregrinación, yo sólo le conseguía la Banda Municipal de Navojoa que dirigía el Prof. Romeo Gómez Aguilar.
Mi Padre me había buscado, a ellas también pero, yo no le quité el puesto a nadie, Dios me señaló.


(Continuará)




La traición: Elia Casillas

Me di cuenta de que mi comadre Chela cambiaba conmigo, pero no sólo ella, también su marido, el cura, y hasta los amigos que compartíamos. A veces, lo que ella llevaba a cabo era fuera de lugar. En una ocasión,   me llamó para que fuera a su casa, tenían invitados y por eso nos hablaba. Escribo en serio, no es una broma. Fuimos como siempre y, como es costumbre en Sonora, los hombres en un lado, las mujeres en otro (la cocina). Graciela, le dijo a su comadre María que contara algo y la mujer con cara de zorra, y hablo literal: zorra (no puta), zorra,  inició así su discurso. "Mi compadre (se refería a conocido personaje local), es engañado por su mujer porque ahí como lo ves de grandote, la tiene chiquita, dicen que todos los altos, la tienen así, por eso, sus mujeres los engañan. La comadre Graciela comenzó a reírse tan estúpidamente que no me gustó, imaginé que algo tramaban. Las dos, tenían una risa de hienas, la expresión  de sus malvados rostros me sacó de lugar, como si hubieran obtenido un triunfo, como si la hazaña, o el atrevimiento de la mujer al hacer su analogía a cerca de los hombres de gran estatura le mereciera un trofeo. Sus carcajadas se convirtieron en asombro y guardaron absoluto silencio cuando solté un grito. Lo que hice, jamás lo esperaron, creo que nunca van a olvidarlo. 
¡Mercedes! -Aullé fuerte, muy fuerte. Mercedes se presentó. "¿Qué se te ofrece, mujer?" Ella, -hablé- apuntando a María, dice que su compadre está muy alto y que todos los altos, la tienen chiquita. ¿Te la puedes sacar para que te la vea? "Ay, esta mujer" Contestó y salió corriendo de la cocina. Vi la cara de Graciela, sus ojos eran minerales rabiosos, muy pronto la sonrisa malvada había desaparecido de la cara de las dos mujeres. La María  estaba roja, azul, amarilla, morada. "Yo no me llevo así contigo, nunca debiste hacer eso..." No me dejaste de otra, tú andas calentando los asientos del pueblo, te conoces o estás en todos los cafés   de Navojoa (reuniones de señoras que juegan baraja)  y si me hubiera quedado callada, habrían dicho que el que calla otorga, y  a mi marido no lo vas a traer en la lengua de medio mundo, burlándote como lo haces ahora de tus compadres. Me levanté, y le comenté a MEL que me regresaba a casa. Las personas de las que hablaba, eran conocidas mías, y del pueblo. Al día siguiente, Graciela me llamó y entonces sí, enfurecí. Con tal de enlodar a sus compadres, María no mide sus palabras ni el daño que puede hacer su lengua, que hable de ellos, a nosotros no va a traernos en sus mitotes y te voy a pedir un favor, no quiero que vuelvas a invitarme cuando esa mujer esté en tu casa, porque esa era la intención de ella y le salió el tiro por la culata.  Al tiempo, fui a la inauguración de una discoteca. Mis amigos pertenecían a un grupo de música católica, y una de las integrantes era sobrina del dueño y me invitaron. Cuando empezaron las canciones de los 70´s Javier me invitó a bailar. No bailoteamos ni una sola pieza abrazados, ni una. Allá andaba el Pancho Valenzuela, imagino que les comentó. MEL estaba en Mérida y como casi terminaba la temporada, ya no regresé, vine a la graduación de Luis y me quedé. Luego, él viajó de Mérida a Caracas y tuve que empacar de nuevo para reunirnos, pero cuando regresamos, Graciela me preguntó delante de él, si ya le había dicho que me había ido a bailar con Javier. El que nada debe, nada teme. Solté tremenda carcajada. ¿Recuerdas que en Caracas quise contarte algo...?  Intenté decirte lo que había hecho antes de irme a Venezuela,  y  contestaste que no querías saber, que fuera con el cura a confesarme.  Era eso, que me fui con los Cantares a una discoteca y bailé con Javier, ninguna canción de cachetito, lo juro. Fin  del complot, si ella pensó dañarnos, mala suerte, nada de eso sucedió. Sin embargo, este año que casi termina, traje a casa a una amiga para que me ayudara a guardar la semilla del cilantro y en la charla de mujeres, salió de nuevo mi  amistad con Javier. “Elia, cuando dijeron que la amante de Javier era la mujer del pelotero, supe inmediatamente de quién hablaban, ah, la Elia” Por eso en ese momento debí imaginar que ella pretendía enlodarme, que ya le había echado el ojo y la lengua a mi puesto y no iba a descansar hasta lograrlo. 

(Continuará...)





Wednesday, October 25, 2017

San Judas Tadeo… de los Peloteros: Elia Casillas

  




 En Memoria de: Luz Arcelia Correa, Nena de Estrada.

Elia Casillas  


Cuando veo el Templo de este Santo Patrono, se vienen todos los beisbolistas  que de una u otra forma,  tuvieron  que ver con la edificación.  Algunas personas  viven estrechamente unidas a este deporte sin ser peloteros, como don Enrique Mazón, dueño de los Naranjeros de Hermosillo, el Dr. Arturo León Lerma, ex Presidente de la Liga Mexicana del Pacifico y narradores deportivos de la radio.
En cada ladrillo de este recinto hay sudor de un pueblo y de una comunidad beisbolera. Era medio día, Rosario de Merino  llegó apurada, y sólo me dijo:
-Estoy enferma y estuve hospitalizada en Hermosillo, ya no hay comité para la construcción del Templo, y yo,  ya estoy cansada. Aquí te traigo todo… ¿quieres ser la Presidenta del Templo?
-Uffff,  ¿Presidenta? ¿Y comité de dónde?
-No hay, busca tu gente… dijo muy desconsolada.
-¿Que me toca  hacer Rosario?
-Sólo el techo del Templo… sólo eso…
Tenía que hablar con Mercedes, ese Templo necesitaba tiempo completo, así que le dije:
-Mercedes, Dios nos ha dado más de lo que realmente merecemos, tal vez Él quiere ver que tan agradecidos somos…
-Está bien, ayuda,   lo único que te pido es la ropa limpia,  la comida a tiempo y que no me descuides a los niños.
-Mira, es sólo un año, en un año le ponemos  el techo al templo y santo remedio, pero no nos vamos a ir contigo a Mérida como lo hacemos siempre, únicamente  te veremos en vacaciones, ¿estás de acuerdo?
-Mmmmm, esta bien, al fin que el tiempo se va pronto, sirve que este año no movemos a los niños de la escuela. ¿Pero estás segura qué en un año le pondrán el techo al Templo? 
-Sí. En un año, no más.
Dije eso, con la seguridad que me daba ignorar el verdadero estado del templo, que tenía más de año abandonado, sol,  viento, el mismo correr de las estaciones,  le  estaban  carcomiendo los ladrillos.  Entonces,  casi me caigo cuando vi el interior, había un sin fin de ladrillos quebrados,   tablas despellejándose, animales muertos, basura… ¡Uy Dios! ¿Qué  voy hacer? Cuestioné al cielo  que se dejaba ver por el gran hueco del techo. Igual y Dios me escuchó, pero no dijo nada. Mmmmm ¿eso era una  buena señal? Mil ideas sacudían mi cerebro, ¿ahora de dónde voy a sacar comité, fondos, qué  eventos puedo organizar? Al día siguiente muy temprano, el timbre enloqueció y supe que alguien con un gran apuro me buscaba.
-Señora, vengo del Materiales del Sol, el Templo de San Judas Tadeo, debe la cantidad de cuatro cientos veinte mil pesos…
-¿Queeeeeeeeeeé a quién asaltaron,   no entiendo…?
-Lo debe el comité de San Judas y doña Rosario me mandó con usted…
-Espera, espera… Espera, eso es mucho dinero, apenas me dieron el nombramiento ¿y ya debo esa cantidad?
-Sí, señora…
Jajaja Señor: Padre, por favor, bromitas cuando todavía no desayuno, no. Dije viendo las nubes que colgaban del firmamento.
-Mira, más tarde voy y hablo con el dueño de Materiales del Sol,  dile que me espere, todavía no pruebo ni el café y esas noticias se reciben con el estomago lleno.
Desalentado o no,  el cobrador se fue, entonces entendí  por qué  Rosario me entregaba el comité y como dicen los corridos mexicanos, redundando,  corría 1989, entonces eran millones, si,  nuestro peso no perdía sus bonitos ceros.
Por supuesto que hablé  con el  encargado del negocio y se ofreció esperar en lo que algo se me ocurría,  no sé  ni cómo, pero lo convencí.   Entre rezos  de día,  de noche y de madrugada, vinieron a la cabeza unas Fiestas Patronales, peregrinaciones, misas, grupos de danza, música, teatro, venta de antojitos mexicanos…  ¡Uy!  Un templete, mesas, sillas, publicidad  con la imagen de San Judas Tadeo, pero no hay comité… ¡Ay, ay, ay! Entonces, averigüé quienes eran las beatitas del Templo, en alguna ocasión escuché  que en la colonia oficiaban misas. Con todo el entusiasmo del universo les platiqué mis planes, ellas se veían unas a otras como estudiando una loca que había escapado de cualquier manicomio y trataba de tomarles el pelo,  menos a su actual  presidenta.  Al final también las persuadí, de pasada les dije me ayudaran a formar el comité,  ya que conocían gente de la colonia. Sí, porque las rezadoras se conocen el teje y maneje de los pueblos, a veces bien, a veces no, pero están enteradas de todo, eso si es seguro. Entonces, como siempre que algo se me atoraba en Navojoa, busqué  a Nena la esposa de Paquin Estrada y ella  fue muy clara, y dijo:
-Te ayudo en lo que quieras, cuentas con nosotros para todo, ¿pero entrar a un comité…?  Apenas a ti se te ocurre aceptar semejante puesto, la gente de la iglesia es muy agresiva y a todas las presidentas anteriores de ladronas no las han bajado, ¡ay! Elia, apenas a ti se te ocurre… jajaja Pero en lo que te pueda ayudar con mucho gusto.
Le hablé de las fiestas, entonces agregó:
-Anótanos a Paquín y a Houston para vender cena una noche, voy a hablar con Rubí mi hermana, no creo que me diga que no,  nosotros vamos a llevar todo, pozole, tostadas, champurrado, y  lo que se pueda…
Dios y ustedes,  saben que cuando  alguien te dice  eso, es como dar un gran salto y de pronto me salieron alas,  sintiéndome  livianita,  empecé a volar y de ahí en adelante, todo marchó mejor de lo que soñé. Les juro que cuando me dijeron lo que adeudaba el comité anterior casi se me hace una pesadilla, pero una vez que empecé a soñar con el templo funcionando y nosotros de regreso con Mercedes en Mérida, Yucatán, el tiempo aceleró su avión  y  terminamos la tarea. Claro que al principio y después,  la gente no tenia idea de  que se venía junto con   todo aquel ajetreo, algunas personas hablaron a casa para decirme que estaba loca, que eso no se había hecho nunca en la colonia y me iba a ir mal.  Conteste: ya voy en el tren, suben o las dejo. Faltando ocho días para que iniciaran las fiestas del Templo, se formó el comité.  El Edificio  necesitaba luz, agua, llenar el enorme cráter que había en el centro, de nuevo Materiales del Sol me fió, luego el Dueño de la Ferretería Allende me dio todo lo que necesitábamos para introducir la luz, claro, que cuando le dije:- Dios te lo pague- él inmediatamente contesto:
-No,  me lo pagas tú.
Lo más barato fue el agua, esa la arregló el güerito, mi plomero. Dieciocho millones de pesos libres, dejaron las fiestas. Entonces sí, agárrense que San Judas Tadeo tenía su cuenta bancaria, mancomunada con la tesorera y esta doña.  Pero, esos peros que siempre le quitan el sabor al caldo, según presupuestos,  el techo de la Iglesia costaba: sesenta y cinco millones. ¡Uy Dios!, ¿para qué habré dicho que en un año?  De ahí siguieron otros eventos, bueno y se preguntarán ustedes, ¿dónde están  los desesperados peloteros? Se me ocurrió organizar un concurso de rap con una kermés, y jueguitos mecánicos. Ésta vez, ocuparíamos la plaza y la calle de la colonia Brisas del Valle,  claro, con venta de antojitos mexicanos,  y no es para que se saboreen pero estas doñitas son muy buenas en cuestiones gastronómicas, más si son regionales. Necesitaba los trofeos de los ganadores, hablé  con Isabel Ceseña, en ese tiempo,  Chabelo pertenecía a los Yaquis de Ciudad Obregón, de nuevo con Paquín Estrada, el Rudy Valdez, Mario Mendoza, el mismo Mercedes, aquello fue una locura, imagínense estos laureles entregados personalmente por estos grandes jugadores, ¡uy! nos fue re bien.  Entonces aparece   Don Enrique Mazón. Necesitábamos un desfile de modas, la Casa Mazón era la única que prestaba esta ayuda a todos los comités de beneficencia,  invité  a Rosario a Hermosillo, íbamos de lujo, Mercedes era el chofer, ahí estaba don Enrique, inmediatamente nos recibió, ese día empezaba la guerra: Tormenta del Desierto y,  la risa tan acogedora de Don Enrique nos hizo creer que no todo está podrido en este mundo, el  saludo nos llevo a la  confianza para pedirle el desfile, y aunque en Ciudad Obregón nos dijeron que ya se lo habían dado a las Damas Leonas de Navojoa, con la pena,  pero les cancelaron. Ojo, más vale amigos que dinero, o más vale en este caso,  ser pelotero. Bueno,  la cuenta tuvo su buen guardadito para el techo después del desfile. De nuevo en las fiestas… Ahí vamos al Palacio Municipal a conseguir el templete del año anterior, ¿y qué creen? Ya no existía. Entonces sí señores,  me puse a llorar a lágrima seguida, y bueno, que me acuerdo del  Dr. Arturo León Lerma,  yo lo conocía por el béisbol,  les juro que me aguanté, pero en cuanto lo vi, el llanto me regresó,  pero ahora sí, con más ganas. León Lerma no hallaba que hacer, para empezar, no me entendía,  jajá,   porque entre el llanto, el moco, la voz entrecortada, aquello era un merequetengue. Una vez en calma, dijo:
-Ve a las oficinas de la Tecate mañana a las nueve de la mañana, ya te dieron cita.
-Gracias Doctor…y que Dios se lo pague.
Al día siguiente nos recibió Don Ramón Ruiz Molina, el gerente. Después de contarle toda la historia,  él quiso (en todo su derecho), convencernos de la venta de cerveza. Inteligentemente ante nuestra negativa,  desvió   la atención y se dirigió al único hombre que nos acompañaba:
-¿Cómo la ve Padrecito…?
Mercedes volteo para atrás pensando que el Padre Efraín,  párroco de la comunidad había llegado sin darnos cuenta y nada… él era  el único individuo en esa dirección.
-¿Yo?
-Sí, usted Padrecito, contesto don Ramón.
-No señor, yo no soy Cura, yo soy esposo de la señora que habla mucho… jajaja…  Mercedes Esquer, para servirle.
-¿Mercedes Esquer?  No me digas que tú  eres Mercedes Esquer… ¿El pelotero…?
En ese momento todo se volvió una charla beisbolera, desde la triple corona, Series del Caribe, sus inicios con los Sultanes del Monterrey, ¡uy!  Uno no imagina que la gente sepa tanto de la biografía de un jugador,  digo, profesional. No crean,  yo por dentro feliz, dije ya conseguimos todo: Templete, carpas, mesas, sillas, y la propaganda  de San Judas Tadeo y así fue.
Una  noche  ya estando en el octavo día de fiestas, me dice Graciela la secretaria.
-Oye Elia, ya no hay regalos para la tómbola.
-No te apures Dios provee-  dije
Qué  les cuento. ¿Quién imaginan que llegó  con una bolsa inmensa llena de artículos de piel para la tómbola? Sí, Nena,  la esposa de Paquin,   precisamente esa noche  la tómbola estaba  en bancarrota, de nuevo,  Nena rescatándonos.    
Bueno, también Vinicio Castilla se vio involucrado en esta Iglesia, el club de Obregón en esos días comandado por el Señor Joffroy, nos envió una camisola con el apellido y el número de este Oaxaqueño, ya en la rifa habiéndose terminado los números se acerca un señor a comprar y con tristeza  le dijimos que  se habían terminado, entonces muy resuelto nos dice:
-Auméntele cinco números mas a esa rifa, que la camisa del  Viny  ya es mía.
Bueno, siendo así, pues sí. Una manita santa vino a sacar los números de un  frasco y  el señor que,  después supimos que nos visitaba de la gloriosa ciudad de Álamos, se llevó la camisola de Vinicio, inmediatamente se la puso, en esa ocasión nos acompañaba en el templete el grupo musical de los Cuñados, en toda la noche el señor no paró  de bailar. Para el  sorteo de las camisetas con  foto de Antonio,  el Cañón Osuna, que en esa época actuaba  con los Dogers de los Ángeles,  un caballero  se acercó  y de una de las listas compró como cuarenta números para que su hijo tuviera la camiseta, también se la ganó. El  gran Mario Mendoza e Irma su bellísima esposa,  trajeron  recuerdos de los Angelinos de California, con decirles que hasta un uniforme de Rod Carriew… pelotas autografiadas,  viseras, gorras.   De la misma forma hizo Marcelo Echeverría con la camisola de los Angelinos, claro que ahí entre  la familia  adquirieron casi toda la lista, igualmente acarreó con   el premio.
Ana de Moreno, esposa de Jesús Moreno, segundo lanzador de un juego perfecto en la Liga Mexicana del Pacifico,  giró desde Tepic Nayarit, camisas de la selección de Fútbol  de México, relojes con la foto de Ramón Ramírez, llaveros con la imagen de Nicolás, camisetas de las Chivas con el autógrafo de Ramón, Ana es hermana de estos dos fantásticos  jugadores del fútbol mexicano, y tiene una tienda deportiva en esa ciudad. Antonio Ortega, ¿lo conocen? Narrador de los juegos de los Mayos de Navojoa,  bueno, él  nos echaba porras en la radio y Alejandro Peña hacia los comerciales de las Fiestas,  debo aclararles que todo lo que se consiguió para este templo fue donado, las dos radios de la comunidad, XEKE y la GL no cobraron los comerciales. Uy se me olvidaba el Memo Velásquez y Ever Magallanes, ellos donaron bats autografiados, el Memo casi me mata cuando supo el precio en que vendimos su bat… jajaja me ha dado una reprendida,  yo estaba como perrito regañado. Entre Marcela Silva de Leal, Graciela Gutiérrez de Valdez y Audelia de Cota, entregamos el comité sin deuda, con firme,  techo, luz, agua y puertas, en un año como se lo prometí a Mercedes.  Las fiestas ya son un gran acontecimiento en la colonia y en el pueblo y se realizan fielmente cada temporada del 20 al 28 de octubre, hoy cumplen 23 años.  Tal vez no concuerden las fechas de algunos jugadores como Viny, el Cañón, Los Ramírez, el Memo Velásquez y Ever Magallanes con 1989-90,  porque esta servidora siguió ayudando a organizar el evento cultural,  pero ya sin la responsabilidad de una Presidencia, que me apartaría de mi marido.  Ahhhh, Gabriela mi hija nació el 28 de Octubre, el día de San Judas Tadeo. ¡Qué Diosidencia!  Qué tramposo es Dios, diria yo.  Durante esos años, Gaby no tuvo fiesta de cumpleaños, ella donaba su pastel y el Pacho Valenzuela reconocido estilista,  aficionado de los Mayos de Navojoa y organizador de la porra,  dividía el pastel y le hacia los números para que ella los  vendiera.  Luis Mercedes, nació el 25 de el mismo mes, y ahí entre todos,  en plenas  fiestas le cantábamos las mañanitas, el Meche como lo conocen aquí, era el YVM mío,  además se encargó  por más de un año de regar los árboles de la Iglesia.    Un día me di cuenta que hacía trampa, ya que el árbol que él donó era el más bonito, el más frondoso, el más altivo. Luis –hablé con él- tienes que regar a todos los arbolitos,  no empapes nada más el tuyo.   Nunca trabajamos solas, nuestros maridos  e hijos, unieron sus hombros a los nuestros y fuimos un buen equipo. Hoy el Templo esta terminado,  desfilan  tantos y tantos peloteros en el día de San Judas Tadeo,    y cuando los veo,  pienso… San Judas Tadeo de los casos difíciles y… Desesperados Peloteros. 




Tuesday, October 24, 2017

El Diablo no descansa: Elia Casillas

 El Diablo, no descansa. Así llamaré al texto. Cuando aparecí en las fiestas del Templo, me fui directamente a la comida. Quiero tres tostadas, -dije- y encaminé a comprar mis boletos. Las señoras (las conozco a todas), me invitaron a sentarme, ahí tenían una pequeña garrafa con agua. Comentaron que era de limón, la verdad era de nada, tal vez, agua endulzada. Mario   se acercó, probó el líquido y "No tiene sabor -agregó". Ve y compra un sobre de Nestea y resuelves el problema. "¡Elia, se acabaron los tiempos en que nos mandabas y tratabas mal!" Y desapareció como alma endiablada. A mí no me agradó su proceder acudo cada año al templo y  él sale con esos malos modos, aunque la verdad no le di importancia, hubo gente que lo escuchó.  Luego, me percaté de que a donde yo iba, él estaba ahí... Una de las señoras escuchó, y me hizo el comentario de que él era un grosero. Mira, yo nunca les pedí que fueran parte de mi comité y si Marcela (su mujer), se quedó fue porque quiso, a ella le expresé desde mi ronco pecho que: Se fuera a la chingada. A mí me indican algo así y desaparezco, ella se quedó. Ahora, narraré el hecho: Teníamos un desfile de modas; Casa Mazón de Hermosillo nos había dado para recaudar fondos para el techo del templo. Como Marcela era la que nunca trabajaba en el comité, no vendía boletos, y si le entregabas las boleteras, las regresaba intactas.  Por otra parte,  aparecía tarde en los programaciones, y la verdad, si no era parte de nosotros, no se notaba, ya que nunca le gustó atarearse o ser parte de un equipo. En esa ocasión yo no tenía deseos de andar con la cara estresada, sólo le encargué las mentitas. Una hora antes de que iniciara el desfile en el Casino Social de Navojoa, la veo venir, así, con su coleta, cara lavada, y en chanclas, con una peste a cigarro, habló: "Elia, no conseguí las mentitas". ¿Sabes qué, Marcela? Vete a la chingada, -contesté. Me di la media vuelta, con rumbo a la entrada del Casino, ya no quise verla, era suficiente. Rosario de Merino que se encontraba a espaldas mías comentó muy preocupada. "Elia, ¿pasa algo?" Rosario, hace un mes, se le dio ese encargo a Marcela, siempre les digo que lo que no consigan, me lo hagan saber una semana antes, así yo resuelvo el dilema. Pero ella es así, y tiene la costumbre de presentarse con alguien y luego, hacerse la víctima ante su marido y la Irma Aurora (en aquel tiempo, mujer de lengua filosa, ella se encargaba de hacer las presentaciones de los grupos en el evento) y Marcela la usaba para atacarme, nunca caí en su juego. Tal día, fue con Blanquita, una vecina. Espero ya no volver a verla, -le dije a Rosario. "No te preocupes, ya entra al Casino, yo voy por las mentitas" Rosario de Merino, fue la segunda Presidenta de la construcción del Templo de San Judas Tadeo. Ella y su comité formado por: Elsa de Figueroa e Irma de Corral, levantaron las paredes del recinto. La primera fue Lupita (no me sé su apellido), no tuvo comité y se encargó de los cimientos. La tercera fui yo. Puse el firme, metí luz y agua, el techo, las puertas y trabajé hasta dejar terminado el lugar durante un año completo y cinco Fiestas Patronales. Tuve un comité que me respaldaba, pero ninguno de ellos trabajó de seis de la mañana a cuatro de la madrugada, durante el novenario.  Los bailarines cenaban en mi casa y nunca les serví en desechable, pero antes, debía limpiar la casa. ¡Claro que me ayudaron! No hubiera sido una buena presidenta si el pueblo, la colonia y ellos no se unen a la causa. Tuve conflictos, más con Marcela, porque nunca me traía soluciones, únicamente dificultades, Mario no, él sí le echaba ganas, por eso, me extraña su comportamiento. Ayer, Mario me dijo que yo era nadie. ¡Chan...! Ya que me acerqué para preguntarle si era posible que el grupo de danza del maestro Abraham Arvizu asistiera el sábado. Entiendo que ya hay un programa, si se podía bien y si no, también, porque vi algunos vacios durante las presentaciones, fue que me atreví. Cuando arremetió, le contesté: Aunque te duela, inicié las fiestas y construí el templo, aunque te duela. En lugar de que Mario se haga de líos, debería de solucionar el alumbrado del templete, si han visto el vídeo de la Danza del Venado, se dan cuenta que el lugar está oscuro. En fin, igual y yo: Santa Elia Casillas, soy el Demonio y no me he dado cuenta. Lupita puso los cimientos, Rosario levantó las paredes, las dos de Hermosillo, Son. Yo de Puerto Vallarta, Jalisco, lo dejé terminado. Tres mujeres construimos el Templo de San Judas Tadeo de Navojoa, Sonora. Y yo, fui la iniciadora de las Fiestas Patronales, terminé el templo y hasta pagué una deuda que dejó el comité anterior en Materiales del Sol: $420,000.00 pesos. Ahora, pensando fríamente, imagino que Marcela quería mi puesto, ella era la vicepresidenta y   sin mí, ella ocuparía mi cargo. Para mí, ella nunca fue competencia, ninguno de ellos, los que trabajaron conmigo, ni uno. Audelia: Tesorera. Graciela: Secretaria. 
A Dios, nadie lo hace pendejo. A mí tampoco.



Navojoa, Sonora: Oct./24/2017





Monday, October 23, 2017

Valentina: Elia Casillas


Mi Valentina

No me sentía tranquila, a veces creo que soy la única a la que le sucede algo inexplicable. Algo, algo que prefieres no contarlo para que los demás no piensen que traes un tornillo suelto y de que están a punto de ponerte una bata blanca de cordones largos. Quizá la actividad de las Fiestas Patronales me traía de cabeza. Siempre voy a velar al Santo Patrono, me siento en una silla mecedora y canto toda la noche hasta el amanecer. Luego, para reponerme de tremenda desvelada, paso tres días con sus anocheceres cayendo en cualquier lado. Pero lo que ocurrió aquella madrugada es el verdadero motivo por el que me encuentro en este momento frente a ustedes. No había luna, eso hacía del cielo un sitio estrellado, un verdadero lugar para apreciar las estrellas, mi patio es grande, así que fui a una de sus bancas de madera y me senté a contemplar el firmamento. Sentí tristeza, del lago sólo quedaban las piedras, las bombas a medias y el gran plástico negro. Todo revuelto. Levanté la cabeza, y en eso, una pelotita cayó cerca de mí, presté atención, los hijos de mis vecinos suelen jugar béisbol y siempre tenemos que regresarles las pelotas que caen de nuestro lado. Silencio. Además, casi es de madrugada, creo, no vi el reloj cuando salí. Dejo la bola de lado y se va, rueda sola. Luego, salta, salta, salta en diferentes altitudes que no pasan de los quince centímetros. Me quiero reír, pero tengo la quijada congelada, algo parecido al miedo, no puedo escuchar mi corazón, pero la sangre va de prisa. De un jalón me levanto, quiero correr y los pies no responden, estoy aterrada, la pelota continúa moviéndose sola. Estoy frente a la puerta y ésta se cierra con fuerza, el ruido que provoca me hace retroceder, -no pasa nada, -me digo- y con la mano izquierda me aferro a la pestaña del portón para abrirlo, al tiempo la pelota golpea suavemente mi omóplato derecho. Ahora soy el muro de esa bolita, y de alguien. Alguien. Repito -no está pasando, no sucede nada-, pero la puerta no cede, volteo, y la bola cae en mis manos. Pienso que es mi oportunidad y la arrojo al fondo del jardín. Veo que la pelota se detiene, y alguien jala mi bata con fuerza, varias veces. Entonces, la puerta se vence sola, pero mi pie queda atorado y caigo. El sol mañanero pica mis pantorrillas, una parte de mi cuerpo quedó dentro y la otra en el jardín, me duele la cabeza. Voy a bañarme, no quiero pensar en la noche anterior, pero... Cuando me quito la bata, veo una manita pintada en ella, una huella de lodo. La mano es de alguien que no tiene menos de dos años. ¿Será de ella? En mi recámara están las toallas, a un lado del gran espejo, observo que traigo un pañuelo amarrado a mi cabeza. Tengo muchos paños, todos de distintos colores, de diferentes dibujos, éste, éste es anaranjado con calaveritas blancas. Veo el calendario: 1 de noviembre. Ahora estoy segura: fue ella. Ella vino a jugar conmigo.


Navojoa, Sonora. Oct./16/2017
6:21 P.M.







Sunday, October 15, 2017

Outside the cities run: Elia Casillas

Outside the cities run, I continue in the warm hand of August and I see in parentheses the gatuperio that I support with laughter. I go back through my bones and the fingers arman this involuntary condemnation: where I write. The chest closes its dark sentinels. Sun by the way I go with patience nowhere, the stained glass of my moon loses tones and my flesh is dirt and empty in the puddle of blue. It darkens on the canvas that the infinite ignites and revives the light of the comets with their most beloved fire.





Navojoa Sonora. February / 2008







Monday, October 02, 2017

Octavio Paz: Pasado en claro



A Roman Jakobson
Oídos con el alma,
pasos mentales más que sombras,
sombras del pensamiento más que pasos,
por el camino de ecos
que la memoria inventa y borra:
sin caminar caminan
sobre este ahora, puente
tendido entre una letra y otra.
Como llovizna sobre brasas
dentro de mí los pasos pasan
hacia lugares que se vuelven aire.
Nombres: en una pausa
desaparecen, entre dos palabras.
El sol camina sobre los escombros
de lo que digo, el sol arrasa los parajes
confusamente apenas
amaneciendo en esta página,
el sol abre mi frente,
                                        balcón al voladero
dentro de mí.

                            Me alejo de mí mismo,
sigo los titubeos de esta frase,
senda de piedras y de cabras.
Relumbran las palabras en la sombra.
Y la negra marea de las sílabas
cubre el papel y entierra
sus raíces de tinta
en el subsuelo del lenguaje.
Desde mi frente salgo a un mediodía
del tamaño del tiempo.
El asalto de siglos del baniano
contra la vertical paciencia de la tapia
es menos largo que esta momentánea
bifurcación del pesamiento
entre lo presentido y lo sentido.
Ni allá ni aquí: por esa linde
de duda, transitada
sólo por espejeos y vislumbres,
donde el lenguaje se desdice,
voy al encuentro de mí mismo.
La hora es bola de cristal.
Entro en un patio abandonado:
aparición de un fresno.
Verdes exclamaciones
del viento entre las ramas.
Del otro lado está el vacío.
Patio inconcluso, amenazado
por la escritura y sus incertidumbres.
Ando entre las imágenes de un ojo
desmemoriado. Soy una de sus imágenes.
El fresno, sinuosa llama líquida,
es un rumor que se levanta
hasta volverse torre hablante.
Jardín ya matorral: su fiebre inventa bichos
que luego copian las mitologías.
Adobes, cal y tiempo:
entre ser y no ser los pardos muros.
Infinitesimales prodigios en sus grietas:
el hongo duende, vegetal Mitrídates,
la lagartija y sus exhalaciones.
Estoy dentro del ojo: el pozo
donde desde el principio un niño
está cayendo, el pozo donde cuento
lo que tardo en caer desde el principio,
el pozo de la cuenta de mi cuento
por donde sube el agua y baja
mi sombra.

                        El patio, el muro, el fresno, el pozo
en una claridad en forma de laguna
se desvanecen. Crece en sus orillas
una vegetación de transparencias.
Rima feliz de montes y edificios,
se desdobla el paisaje en el abstracto
espejo de la arquitectura.
Apenas dibujada,
suerte de coma horizontal (-)
entre el cielo y la tierra,
una piragua solitaria.
Las olas hablan nahua.
Cruza un signo volante las alturas.
Tal vez es una fecha, conjunción de destinos:
el haz de cañas, prefiguración del brasero.
El pedernal, la cruz, esas llaves de sangre
¿alguna vez abrieron las puertas de la muerte?
La luz poniente se demora,
alza sobre la alfombra simétricos incendios,
vuelve llama quimérica
este volumen lacre que hojeo
(estampas: los volcanes, los cúes y, tendido,
manto de plumas sobre el agua,
Tenochtitlán todo empapado en sangre).
Los libros del estante son ya brasas
que el sol atiza con sus manos rojas.
Se rebela el lápiz a seguir el dictado.
En la escritura que la nombra
se eclipsa la laguna.
Doblo la hoja. Cuchicheos:
me espían entre los follajes
de las letras.

                          Un charco es mi memoria.
Lodoso espejo: ¿dónde estuve?
Sin piedad y sin cólera mis ojos
me miran a los ojos
desde las aguas turbias de ese charco
que convocan ahora mis palabras.
No veo con los ojos: las palabras
son mis ojos. vivimos entre nombres;
lo que no tiene nombre todavía
no existe: Adán de lodo,
No un muñeco de barro, una metáfora.
Ver al mundo es deletrearlo.
Espejo de palabras: ¿dónde estuve?
Mis palabras me miran desde el charco
de mi memoria. Brillan,
entre enramadas de reflejos,
nubes varadas y burbujas,
sobre un fondo del ocre al brasilado,
las sílabas de agua.
Ondulación de sombras, visos, ecos,
no escritura de signos: de rumores.
Mis ojos tienen sed. El charco es senequista:
el agua, aunque potable, no se bebe: se lee.
Al sol del altiplano se evaporan los charcos.
Queda un polvo desleal
y unos cuantos vestigios intestados.
¿Dónde estuve?

                                  Yo estoy en donde estuve:
entre los muros indecisos
del mismo patio de palabras.
Abderramán, Pompeyo, Xicoténcatl,
batallas en el Oxus o en la barda
con Ernesto y Guillermo. La mil hojas,
verdinegra escultura del murmullo,
jaula del sol y la centella
breve del chupamirto: la higuera primordial,
capilla vegetal de rituales
polimorfos, diversos y perversos.
Revelaciones y abominaciones:
el cuerpo y sus lenguajes
entretejidos, nudo de fantasmas
palpados por el pensamiento
y por el tacto disipados,
argolla de la sangre, idea fija
en mi frente clavada.
El deseo es señor de espectros,
somos enredaderas de aire
en árboles de viento,
manto de llamas inventado
y devorado por la llama.
La hendedura del tronco:
sexo, sello, pasaje serpentino
cerrado al sol y a mis miradas,
abierto a las hormigas.

La hendedura fue pórtico
del más allá de lo mirado y lo pensado:
allá dentro son verdes las mareas,
la sangre es verde, el fuego verde,
entre las yerbas negras arden estrellas verdes:
es la música verde de los élitros
en la prístina noche de la higuera;
-allá dentro son ojos las yemas de los dedos,
el tacto mira, palpan las miradas,
los ojos oyen los olores;
-allá dentro es afuera,
es todas partes y ninguna parte,
las cosas son las mismas y son otras,
encarcelado en un icosaedro
hay un insecto tejedor de música
y hay otro insecto que desteje
los silogismos que la araña teje
colgada de los hilos de la luna;
-allá dentro el espacio
en una mano abierta y una frente
que no piensa ideas sino formas
que respiran, caminan, hablan, cambian
y silenciosamente se evaporan;
-allá dentro, país de entretejidos ecos,
se despeña la luz, lenta cascada,
entre los labios de las grietas:
la luz es agua, el agua tiempo diáfano
donde los ojos lavan sus imágenes;
-allá dentro los cables del deseo
fingen eternidades de un segundo
que la mental corriente eléctrica
enciende, apaga, enciende,
resurrecciones llameantes
del alfabeto calcinado;
-no hay escuela allá dentro,
siempre es el mismo día, la misma noche siempre,
no han inventado el tiempo todavía,
no ha envejecido el sol,
esta nieve es idéntica a la yerba,
siempre y nunca es lo mismo,
nunca ha llovido y llueve siempre,
todo está siendo y nunca ha sido,
pueblo sin nombre de las sensaciones,
nombres que buscan cuerpo,
impías transparencias,
jaulas de claridad donde se anulan
la identidad entre sus semejanzas,
la diferencia en sus contradicciones.
La higuera, sus falacias y su sabiduría:
prodigios de la tierra
-fidedignos, puntuales, redundantes-
y la conversación con los espectros.
Aprendizajes con la higuera:
hablar con vivos y con muertos.
También conmigo mismo.

                                                    La procesión del año:
cambios que son repeticiones.
El paso de las horas y su peso.
La madrugada: más que luz, un vaho
de claridad cambiada en gotas grávidas
sobre los vidrios y las hojas:
el mundo se atenúa
en esas oscilantes geometrías
hasta volverse el filo de un reflejo.
Brota el día, prorrumpe entre las hojas
gira sobre sí mismo
y de la vacuidad en que se precipita
surge, otra vez corpóreo.
El tiempo es luz filtrada.
Revienta el fruto negro
en encarnada florescencia,
la rota rama escurre savia lechosa y acre.
Metamorfosis de la higuera:
si el otoño la quema, su luz la transfigura.
Por los espacios diáfanos
se eleva descarnada virgen negra.
El cielo es giratorio lapizlázuli:          
viran au ralenti, sus continentes,
insubstanciales geografías.
Llamas entre las nieves de las nubes.
La tarde más y más es miel quemada.
Derrumbe silencioso de horizontes:
la luz se precipita de las cumbres,
la sombra se derrama por el llano.

A la luz de la lámpara —la noche
ya dueña de la casa y el fantasma
de mi abuelo ya dueño de la noche-
yo penetraba en el silencio,
cuerpo sin cuerpo, tiempo
sin horas. Cada noche,
máquinas transparentes del delirio,
dentro de mí los libros levantaban
arquitecturas sobre una sima edificadas.
Las alza un soplo del espíritu,
un parpadeo las deshace.
Yo junté leña con los otros
y lloré con el humo de la pira
del domador de potros;
vagué por la arboleda navegante
que arrastra el Tajo turbiamente verde:
la líquida espesura se encrespaba
tras de la fugitiva Galatea;
vi en racimos las sombras agolpadas
para beber la sangre de la zanja:
mejor quebrar terrones
por la ración de perro del labrador avaro
que regir las naciones pálidas de los muertos;
tuve sed, vi demonios en el Gobi;
en la gruta nadé con la sirena
(y después, en el sueño purgativo,
fendendo i drappi, e mostravami’l ventre,
quel mí svegliò col puzzo che n’nuscia);
grabé sobre mi tumba imaginaria:
no muevas esta lápida,
soy rico sólo en huesos;
aquellas memorables
pecosas peras encontradas
en la cesta verbal de Villaurrutia;
Carlos Garrote, eterno medio hermano,
Dios te salve, me dijo al derribarme
y era, por los espejos del insomnio
repetido, yo mismo el que me hería;
Isis y el asno Lucio; el pulpo y Nemo;
y los libros marcados por las armas de Príapo,
leídos en las tardes diluviales
el cuerpo tenso, la mirada intensa.
Nombres anclados en el golfo
de mi frente: yo escribo porque el druida,
bajo el rumor de sílabas del himno,
encina bien plantada en una página,
me dio el gajo de muérdago, el conjuro
que hace brotar palabras de la peña.
Los nombres acumulan sus imágenes.
Las imágenes acumulan sus gaseosas,
conjeturales confederaciones.
Nubes y nubes, fantasmal galope
de las nubes sobre las crestas
de mi memoria. Adolescencia,
país de nubes.

                            Casa grande,
encallada en un tiempo
azolvado. La plaza, los árboles enormes
donde anidaba el sol, la iglesia enana
-su torre les llegaba a las rodillas
pero su doble lengua de metal
a los difuntos despertaba.
Bajo la arcada, en garbas militares,
las cañas, lanzas verdes,
carabinas de azúcar;
en el portal, el tendejón magenta:
frescor de agua en penumbra,
ancestrales petates, luz trenzada,
y sobre el zinc del mostrador,
diminutos planetas desprendidos
del árbol meridiano,
los tejocotes y las mandarinas,
amarillos montones de dulzura.
Giran los años en la plaza,
rueda de Santa Catalina,
y no se mueven.

                                Mis palabras,
al hablar de la casa, se agrietan.
Cuartos y cuartos, habitados
sólo por sus fantasmas,
sólo por el rencor de los mayores
habitados. Familias,
criaderos de alacranes:
como a los perros dan con la pitanza
vidrio molido, nos alimentan con sus odios
y la ambición dudosa de ser alguien.
También me dieron pan, me dieron tiempo,
claros en los recodos de los días,
remansos para estar solo conmigo.
Niño entre adultos taciturnos
y sus terribles niñerías,
niño por los pasillos de altas puertas,
habitaciones con retratos,
crepusculares cofradías de los ausentes,
niño sobreviviente
de los espejos sin memoria
y su pueblo de viento:
el tiempo y sus encarnaciones
resuelto en simulacros de reflejos.
En mi casa los muertos eran más que los vivos.
Mi madre, niña de mil años,
madre del mundo, huérfana de mí,
abnegada, feroz, obtusa, providente,
jilguera, perra, hormiga, jabalina,
carta de amor con faltas de lenguaje,
mi madre: pan que yo cortaba
con su propio cuchillo cada día.
Los fresnos me enseñaron,
bajo la lluvia, la paciencia,
a cantar cara al viento vehemente.
Virgen somnílocua, una tía
me enseñó a ver con los ojos cerrados,
ver hacia dentro y a través del muro.
Mi abuelo a sonreír en la caída
y a repetir en los desastres: al hecho, pecho.
(Esto que digo es tierra
sobre tu nombre derramada: blanda te sea.)
Del vómito a la sed,
atado al potro del alcohol,
mi padre iba y venía entre las llamas.
Por los durmientes y los rieles
de una estación de moscas y de polvo
una tarde juntamos sus pedazos.
Yo nunca pude hablar con él.
Lo encuentro ahora en sueños,
esa borrosa patria de los muertos.
Hablamos siempre de otras cosas.
Mientras la casa se desmoronaba
yo crecía. Fui (soy) yerba, maleza
entre escombros anónimos.

                                                Días
como una frente libre, un libro abierto.
No me multiplicaron los espejos
codiciosos que vuelven
cosas los hombres, número las cosas:
ni mando ni ganancia. La santidad tampoco:
el cielo para mí pronto fue un cielo
deshabitado, una hermosura hueca
y adorable. Presencia suficiente,
cambiante: el tiempo y sus epifanías.
No me habló dios entre las nubes:
entre las hojas de la higuera
me habló el cuerpo, los cuerpos de mi cuerpo.
Encarnaciones instantáneas:
tarde lavada por la lluvia,
luz recién salida del agua,
el vaho femenino de las plantas
piel a mi piel pegada: ¡súcubo!
-como si al fin el tiempo coincidiese
consigo mismo y yo con él,
como si el tiempo y sus dos tiempos
fuesen un solo tiempo
que ya no fuese tiempo, un tiempo
donde siempre es ahora y a todas horas siempre,
como si yo y mi doble fuesen uno
y yo no fuese ya.
Granada de la hora: bebí sol, comí tiempo.
Dedos de luz abrían los follajes.
Zumbar de abejas en mi sangre:
el blanco advenimiento.
Me arrojó la descarga
a la orilla más sola. Fui un extraño
entre las vastas ruinas de la tarde.
Vértigo abstracto: hablé conmigo,
fui doble, el tiempo se rompió.

Atónita en lo alto del minuto
la carne se hace verbo —y el verbo se despeña.
Saberse desterrado en la tierra, siendo tierra,
es saberse mortal. Secreto a voces
y también secreto vacío, sin nada adentro:
no hay muertos, sólo hay muerte, madre nuestra.
Lo sabía el azteca, lo adivinaba el griego:
el agua es fuego y en su tránsito
nosotros somos sólo llamaradas.
La muerte es madre de las formas…
El sonido, bastón de ciego del sentido:
escribo muerte y vivo en ella
por un instante. Habito su sonido:
es un cubo neumático de vidrio,
vibra sobre esta página,
desaparece entre sus ecos.
Paisajes de palabras:
los despueblan mis ojos al leerlos.
No importa: los propagan mis oídos.
Brotan allá, en las zonas indecisas
del lenguaje, palustres poblaciones.
Son criaturas anfibias, con palabras.
Pasan de un elemento a otro,
se bañan en el fuego, reposan en el aire.
Están del otro lado. No las oigo, ¿qué dicen?
No dicen: hablan, hablan.

                                Salto de un cuento a otro
por un puente colgante de once sílabas.
Un cuerpo vivo aunque intangible el aire,
en todas partes siempre y en ninguna.
Duerme con los ojos abiertos,
se acuesta entre las yerbas y amanece rocío,
se persigue a sí mismo y habla solo en los túneles,
es un tornillo que perfora montes,
nadador en la mar brava del fuego
es invisible surtidor de ayes
levanta a pulso dos océanos,
anda perdido por las calles
palabra en pena en busca de sentido,
aire que se disipa en aire.
¿Y para qué digo todo esto?
Para decir que en pleno mediodía
el aire se poblaba de fantasmas,
sol acuñado en alas,
ingrávidas monedas, mariposas.
Anochecer. En la terraza
oficiaba la luna silenciaria.
La cabeza de muerto, mensajera
de las ánimas, la fascinante fascinada
por las camelias y la luz eléctrica,
sobre nuestras cabezas era un revoloteo
de conjuros opacos. ¡Mátala!
gritaban las mujeres
y la quemaban como bruja.
Después, con un suspiro feroz, se santiguaban.
Luz esparcida, Psiquis…

                                  ¿Hay mensajeros? Sí,
cuerpo tatuado de señales
es el espacio, el aire es invisible
tejido de llamadas y respuestas.
Animales y cosas se hacen lenguas,
a través de nosotros habla consigo mismo
el universo. Somos un fragmento
-pero cabal en su inacabamiento-
de su discurso. Solipsismo
coherente y vacío:
desde el principio del principio
¿qué dice? Dice que nos dice.
Se lo dice a sí mismo. Oh madness of discourse,
that cause sets up with and against itself!

Desde lo alto del minuto
despeñado en la tarde plantas fanerógamas
me descubrió la muerte.
Y yo en la muerte descubrí al lenguaje.
El universo habla solo
pero los hombres hablan con los hombres:
hay historia. Guillermo, Alfonso, Emilio:
el corral de los juegos era historia
y era historia jugar a morir juntos.
La polvareda, el grito, la caída:
algarabía, no discurso.
En el vaivén errante de las cosas,
por las revoluciones de las formas
y de los tiempos arrastradas,
cada una pelea con las otras,
cada una se alza, ciega, contra sí misma.
Así, según la hora cae desen-
lazada, su injusticia pagan. (Anaximandro.)
La injusticia de ser: las cosas sufren
unas con otras y consigo mismas
por ser un querer más, siempre ser más que más.
Ser tiempo es la condena, nuestra pena es la historia.
Pero también es el lugar de prueba:
reconocer en el borrón de sangre
del lienzo de Verónica la cara
del otro-siempre el otro es nuestra víctima.
Túneles, galerías de la historia
¿sólo la muerte es puerta de salida?
El escape, quizás, es hacia dentro.
Purgación del lenguaje, la historia se consume
en la disolución de los pronombres:
ni yo soy ni yo más sino más ser sin yo.
En el centro del tiempo ya no hay tiempo,
es movimiento hecho fijeza, círculo
anulado en sus giros.

                            Mediodía:
llamas verdes los árboles del patio.
Crepitación de brasas últimas
entre la yerba: insectos obstinados.
Sobre los prados amarillos
claridades: los pasos de vidrio del otoño.
Una congregación fortuita de reflejos,
pájaro momentáneo,
entra por la enramada de estas letras.
El sol en mi escritura bebe sombra.
Entre muros —de piedra no:
por la memoria levantados-
transitoria arboleda:
luz reflexiva entre los troncos
y la respiración del viento.
El dios sin cuerpo, el dios sin nombre
que llamamos con nombres
vacíos —con los nombres del vacío-,
el dios del tiempo, el dios que es tiempo,
pasa entre los ramajes
que escribo. Dispersión de nubes
sobre un espejo neutro:
en la disipación de las imágenes
el alma es ya, vacante, espacio puro.
En quietud se resuelve el movimiento.
Insiste el sol, se clava
en la corola de la hora absorta.
Llama en el tallo de agua
de las palabras que la dicen,
la flor es otro sol.
La quietud en sí misma
se disuelve. Transcurre el tiempo
sin transcurrir. Pasa y se queda. Acaso,
aunque todos pasamos, no pasa ni se queda:
hay un tercer estado.

Hay un estar tercero:
el ser sin ser, la plenitud vacía,
hora sin horas y otros nombres
con que se muestra y se dispersa
en las confluencias del lenguaje
no la presencia: su presentimiento.
Los nombres que la nombran dicen: nada,
palabras de dos filos, palabra entre dos huecos.
Su casa, edificada sobre el aire
con ladrillos de fuego y muros de agua,
se hace y se deshace y es la misma
desde el principio. Es dios:
habita nombres que lo niegan.
En las conversaciones con la higuera
o entre los blancos del discurso,
en la conjuración de las imágenes
contra mis párpados cerrados
el desvarío de las simetrías,
los arenales del insomnio,
el dudoso jardín de la memoria
o en los senderos divagantes
era el eclipse de las claridades.
Aparecía en cada forma
de desvanecimiento.

                                  Dios sin cuerpo,
con lenguajes de cuerpo lo nombraban
mis sentidos. Quise nombrarlo
con un nombre solar,
una palabra sin revés.
Fatigué el cubilete y el ars combinatoria.
Una sonaja de semillas secas
las letras rotas de los nombres:
hemos quebrantado a los nombres
hemos deshonrado a los nombres.
Ando en busca del nombre desde entonces.
Me fui tras un murmullo de lenguajes,
ríos entre los pedregales
color ferrigno de estos tiempos.
Pirámides de huesos, pudrideros verbales:
nuestros señores son gárrulos y feroces.
Alcé con las palabras y sus sombras
una casa ambulante de reflejos
torre que anda, construcción en viento.
El tiempo y sus combinaciones:
los años y los muertos y las sílabas,
cuentos distintos de la misma cuenta.
Espiral de los ecos, el poema
es aire que se esculpe y se disipa,
fugaz alegoría de los nombres
verdaderos. A veces la página respira:
los enjambres de signos, las repúblicas
errantes de sonidos y sentidos,
en rotación magnética se enlazan y dispersan
sobre el papel.

                      Estoy en donde estuve:
voy detrás del murmullo,
pasos dentro de mí, oídos con los ojos,
el murmullo es mental, yo soy mis pasos,
oigo las voces que yo pienso,
las voces que me piensan al pensarlas.
Soy la sombra que arrojan mis palabras.


México y Cambridge, Mass,
del 9 de septiembre al 27 de diciembre de 1974.