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Monday, July 31, 2017

Elia Casillas

A violin, two crickets, I'm without you. Loneliness accepted custom friendly, rarity. Your voice is empty like as metal in the brain: beautiful companion, we have gone of the verse, the sweetness and poetry does not respond and hoards us, among their lost objects.


Navojoa, Sonora. Nov./22/2016





Saturday, July 29, 2017

Franz Kafka: Una hoja vieja



Es como si se hubieran descuidado muchas cosas para la defensa de nuestra patria. Hasta ahora nos hemos desentendido de ello y nos hemos dedicado a hacer nuestro trabajo, pero los acontecimientos de los últimos tiempos nos preocupan.
Tengo un taller de zapatería en la plaza que está ante el palacio imperial. Apenas abro mi tienda al amanecer ya veo los accesos de todas las calles que llegan hasta aquí ocupados por gentes armadas. Pero no se trata de nuestros soldados, sino, evidentemente, de nómadas del norte. De una forma incomprensible para mí se han abierto paso hasta la capital, que, sin embargo, está muy alejada de la frontera. En cualquier caso, están aquí y parece que cada día hay más.
Conforme a su modo de ser, acampan al aire libre porque detestan las casas. Ocupan su tiempo en afilar las espadas, sacar punta a las lanzas, hacer ejercicios a caballo. Han hecho un verdadero establo de esta tranquila plaza mantenida siempre escrupulosamente limpia. Bien es verdad que nosotros a veces intentamos salir de nuestras tiendas y quitar al menos la mayor parte de la basura, pero cada vez ocurre esto con menos frecuencia porque el esfuerzo es inútil y además nos pone en peligro de caer bajo los furiosos caballos o ser heridos por el látigo.
No se puede hablar con los nómadas. No conocen nuestra lengua y apenas tienen una lengua propia. Entre sí se entienden de una forma parecida a como lo hacen los grajos. Una y otra vez se oye ese grito de los grajos. Nuestra forma de vida, nuestras instituciones, les son tan incomprensibles como indiferentes. Por esta razón también se niegan a adoptar todo lenguaje por señas. Ya te puedes dislocar las mandíbulas o retorcerte las manos en torno a las muñecas, ellos no te han entendido ni jamás te entenderán. A veces hacen muecas, entonces el blanco de los ojos les da vueltas y les sale espuma por la boca; sin embargo, no pretenden decir nada con esto ni tampoco quieren asustar, lo hacen porque es su forma de ser. Toman lo que necesitan. No se puede decir que usen de la violencia; ante su intervención uno se echa a un lado y lo deja todo a su merced.
También han cogido más de una buena pieza de mis provisiones, pero no me puedo quejar de ello si veo cómo le va al carnicero. Apenas introduce sus mercancías ya se lo han arrebatado todo, y todo es devorado por los nómadas. También sus caballos comen carne. A veces un jinete está tumbado junto a su caballo y ambos se alimentan con el mismo trozo de carne, cada uno por una punta. El carnicero tiene miedo y no se atreve a poner fin al suministro de carne. No obstante, nosotros lo comprendemos, juntamos dinero y lo ayudamos. Si los nómadas no recibieran carne alguna, quién sabe lo que se les ocurriría hacer. De todas formas, quién sabe lo que se les ocurrirá hacer incluso consiguiendo diariamente la carne.
Hace poco el carnicero pensó que podría ahorrarse, al menos, el esfuerzo de matar, y por la mañana trajo un buey vivo. Jamás volverá a repetirlo. Yo permanecí tumbado aproximadamente una hora en la parte de atrás de mi taller, aplastado contra el suelo y con todas mis ropas, cobertores y almohadas colocados sobre mí, solo por no oír los mugidos del buey sobre el que se arrojaban los nómadas desde todas partes para arrancar con los dientes trozos de carne caliente. Ya hacía rato que todo estaba tranquilo antes de yo me atreviera a salir. Cansados, estaban tumbados en torno a los restos del buey como los borrachos alrededor de un barril de vino.
Precisamente en aquella ocasión me pareció haber visto al mismo emperador en una ventana del palacio. Nunca en otras ocasiones viene a estos aposentos exteriores, habita solamente el jardín más interior, pero, en esta, al menos, así me lo pareció, estaba en la ventana y miraba con la cabeza agachada lo que ocurría ante su palacio.
¿Qué ocurriría?, nos preguntamos todos, ¿por cuánto tiempo aguantaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha atraído a los nómadas, pero no saben cómo expulsarlos de nuevo. La puerta permanece cerrada. La guardia, que antes entraba y salía desfilando solemnemente, permanece ahora detrás de las ventanas enrejadas. La salvación de la patria nos ha sido confiada a nosotros, artesanos y comerciantes, pero nosotros no estamos en condiciones de hacer frente a semejante misión, tampoco nos hemos vanagloriado nunca de ser capaces de ello. Esto es un malentendido y nosotros perecemos como consecuencia de él.





Friday, July 28, 2017

Elia Casillas: THE FISH ED

Ahm(necia)

To Monchito itches to an animal and dies. Mrs. Chila (her mother), sends somebody  to take photograph to him. Every time I play with Lupe, the first thing I see is the death of Monchito hanging on a portrait. Mrs. Chila's house no longer exists, I think she does not either, but I, every time I go to sleep, I still see the head of Monchito with his  flowers wreath  in the white box.

THE (FISH)





Extracción de la piedra de locura: Alejandra Pizarnik



Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur
porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse.
RUYSBROECK

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién? ¿quién te ha ungido? ¿Quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.

De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser de mí si nada rima con nada.

Te despeñas. Es el sinfín desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.

Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.

En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres. Corazón de la noche, habla.

Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.

Hubiese querido más que esto y a la vez nada.

Va y viene diciéndose solo en solitario vaivén. Un perderse gota a gota el sentido de los días. Señuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razón me muestra la salida del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba deposita a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz tristísima de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la niña loba. Ningún dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen en paz.

Esta voz ávida venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te disfrazas de pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman y se lo beban.

Las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría inadjetivable del cuerpo.

Si de pronto una pintura se anima y el niño florentino que miras ardientemente extiende una mano y te invita a permanecer a su lado en la terrible dicha de ser un objeto a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay que ser distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofrendarse es el mismo.

Briznas, muñecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueño un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes. Un momento antes, con bellísimos atavíos y parches negros en el ojo, los capitanes saltaban de un bergantín a otro como olas, hermosos como soles.

De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos y ahora tengo miedo a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas, no un tesoro bien enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas pequeñas figuras azules y doradas gesticulan y danzan (pero decir no dicen), y luego está el espacio negro -déjate caer, déjate caer-, umbral de la más alta inocencia o tal vez tan sólo de la locura. Comprendo mi miedo a una rebelión de las pequeñas figuras azules y doradas. Alma partida, alma compartida, he vagado y errado tanto para fundar uniones con el niño pintado en tanto que objeto a contemplar, y no obstante, luego de analizar los colores y las formas, me encontré haciendo el amor con un muchacho viviente en el mismo momento que el del cuadro se desnudaba y me poseía detrás de mis párpados cerrados.

Sonríe y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós oh adiós.

Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en torno de ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera, ¿Y qué puedes tú? Sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.

No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.

Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol, el sol y un animal.

Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres? Un transcurrir de fiesta delirante, un lenguaje sin límites, un naufragio en tus propias aguas, oh avara.

Cada hora, cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este poema si no es desanudar mi garganta.


Rápido, tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño el rey moría de amor por mí. Aquí, pequeña mendiga, te inmunizan. (Y aún tienes cara de niña; varios años más y no les caerás en gracia ni a los perros.)

mi cuerpo se abría al conocimiento de mi estar
y de mi ser confusos y difusos
mi cuerpo vibraba y respiraba
según un canto ahora olvidado
yo no era aún la fugitiva de la música
yo sabía el lugar del tiempo
y el tiempo del lugar
en el amor yo me abría
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visión
de un jardín prohibido

La que soñó, la que fue soñada. Paisajes prodigiosos para la infancia más fiel. A falta de eso -que no es mucho-, la voz que injuria tiene razón.

La tenebrosa luminosidad de los sueños ahogados. Agua dolorosa.

El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón y yo lloré la pérdida de mi único bien, alguien me vio llorando en el sueño y yo expliqué (dentro de lo posible), mediante palabras simples (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras (dentro de lo posible). Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.

¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?

El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en honor de los demás.

Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.

Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, respiración, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desaparición de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar. La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.

Visión enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de la madrugada los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te lo prevengo y te lo previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningún nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran hastío, en dónde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio de invisibilizarme. Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?






De: Extracción de la piedra de locura







Thursday, July 27, 2017

Elia Casillas: FOR THIS HEBREW

The graveyard beats my race again,

     And I do not see the glow of the dress,

I have a drunk belly,

But I'm not on the hips

And my eyes

Are dismantled on the edge of the coffee.

I do not go, I do not stay,

This break is swirling,

It's my sharp doubt

Howling at the drug on his thighs.

Blistering the helplessness

And the echo of the void,

Why God is not  here!

Remove your words

And let the orgasms crash my pride,

I should have blinded the sneakers when you passed,

Since yesterday, I'm one more foot

Behind his fire.

Is eating me

And his babilla hurts,

Fate put him in these arms

And I delete it.

In this exile I eclipse,

I assure your image in the sound,

I am afraid of this hard fellowship

Where we are

Like two steaming droplets of copal

In the whirlwind of the ages.

I listen to every fragment of that long

litany,

The lips still have the chill of the back,

In the entrails a fire is ripening,

It's time to tune the belly

And riding a sky of Alondras
  
In the shadow of God.

He clasped his strand in his hands,

Its edges are slip

And quitapesares,

Sink my fingers in my nostalgia

And is pleased to shoot messages

Who steals the tenderness.

The dust of my poetry slides in the

    hat

And where they are, they are born


And they break mirrors that reflect nothing.




Book: FOR THIS HEBREW





Elia Casillas



El camposanto apalea mi raza nuevamente,

     y no veo el resplandor del vestido,  

tengo el vientre ebrio,

pero no estoy en las caderas

y mis ojos

se desmantelan en la orilla del café.

No voy, ni me quedo,

esta pausa es remolino,

es mi duda filosa

aullándole a la droga de sus muslos.

A la boca la ampolló el desamparo

y el eco del vacío,

¡aquí Dios no sirve!

quite sus palabras

y deje los orgasmos estrellándome el orgullo,

debí cegar las zapatillas cuando usted pasó,

desde ayer, soy un pie más

detrás su lumbre.

Está consumiéndome 

y su babilla duele,

el destino lo puso en estos brazos

y yo lo borro.

En este destierro me eclipso,

aseguro tu imagen en el sonido,

tengo miedo de esta dura comunión

donde quedamos

como dos gotas humeantes de copal

en el remolino de las eras.

Me escucho en cada fragmento de esa larga

letanía,

los labios aún tienen el escalofrío de la espalda,  

en las entrañas está madurando una hoguera,

es hora de afinar el vientre

y de montar un cielo de Alondras
 
a la sombra de Dios.    

Arrinconó en las manos su hebra,

sus aristas son desliz

y quitapesares,  

hunde los dedos en mi nostalgia

y se complace con disparar mensajes

que roba a la ternura.

El polvillo de mi poesía se desliza en el

    sombrero

y donde circulo, nacen


y se rompen los espejos que nada reflejan.



Libro: POR ESTA HEBRA





Monday, July 24, 2017

Elia Casillas

I alternated what remained in the coffin, with a faithful measure of the kilo occupied. I only left the time of Joaquín Sabina, the skin of foreigner, the remedies of Jaime Sabines and two autumn leaves. I do not need lumps, not even a gypsy profile. I only ask in the backpack the last dream, the sea, ah that sea, fish rings and mermaids, where the gulls still bring news of gods in the beak. Sea in me before birth, sand in every duel, turtles excited with their suckers that do not run anymore, without roses work their cemetery of shells, in each sacrificed child. Purple sunset, seductive sun, combustible lord of the work, lithograph of my flesh, palm trees, accomplices of drunks and needs of one another clueless,  palms of the red hill, doses of eroticism on the roof catwoman, troublemakers of dog confusions jolting him ardent to the night. Ghosts of the Port in drying clothes, sentinels of rivers and enchanted houses consult kisses in lanterns a day of dead.



San Luis Potosí, San Luis Potosí. April / 27/2004






Saturday, July 22, 2017

Elia Casillas: Ni de aquí, ni de allá


Quiero contarles algo, si publico fotografías y de casualidad son sus parientes, no piensen que busco ganarme su cariño, su amistad, su confianza o que vayan a mis presentaciones. La verdad no me interesa andar de caime bien, nunca me importó. De alguna manera, sus familiares tocaron mi vida, los conocí, los observé, estuve ahí. Cuando voy a Puerto Vallarta, estoy siempre con mi raza porque duro mucho sin ir y mi deseo es andar con ellos. De vez en vez, me toca encontrarme con alguien o invitar a algún amigo a una fiesta, pero la verdad no procuro a la gente; por eso, hago alboroto cuando presento mis libros, porque es un pretexto para estar con ustedes. No imaginan lo feliz que me hace verlos, no, no lo imaginan. A veces, sin querer me doy cuenta de sus malos comentarios y también me gustaría que sepan que, estoy acostumbrada, en cuestiones literarias, hay mucha ignorancia, y como en aquellos años en los que vivía en Vallarta, muchos ni siquiera sabían en todo lo que andaba, porque, yo tampoco estuve al tanto de sus vidas, realmente atesoré pocos amigos, pero muy buenos maestros. Aquí (en Sonora), tampoco soy popular, para los sonorenses, soy una extranjera, y cuando voy a Puerto Vallarta, me siento igual, ya que ni pertenezco a esta tierra, ni a Vallarta. Las personas que laboran en Cultura (en Puerto Vallarta, Jalisco), siempre se han empeñado en hacer de mis presentaciones un lío, y eso duele, ya que la gente que me ha cerrado las puertas, ni siquiera son Patasaladas, como yo. No le dan publicidad a mis presentaciones, no invitan a la prensa, he pasado como un fantasma por mi tierra, igual que mis libros. No es fácil hacer un libro, y yo los armo, los edito, porque es una manera de recuperar la inversión y ganar más, que con las regalías de una editorial. Pero Mi Padre, Dios, me dio inteligencia, y no saben qué bien se siente decir: edito mis libros. A mí sólo me quiere Dios y uno que otro mortal y como lo tengo a Él, es muy difícil que me dé por vencida. Puerto Vallarta no tiene escritores, no hay gente para una presentación digna, no los hay, se los digo yo, que ando en este oficio, entonces, cuando me preguntan quién va a estar conmigo en la mesa, les digo que busquen, no lo hacen, no lo hacen porque no tienen de dónde agarrar, y yo tengo amigos muy capaces, escritores, buenos escritores pero radican en CDMX o Guadalajara y tampoco quieren correr con los gastos para traerlos. Entonces, por su incapacidad o porque no saben trabajar, no les gusta o no les da la gana, lo culpan a uno de sus mediocridades, luego, tengo que sondear entre ustedes, buscar a alguien para lea el prólogo del libro. Esta vez, me ayudó el maestro Ramon Gonzalez Lomeli y su equipo, no me quejo. En otras ocasiones, Arturo Dávalos Peña me echó la mano. Y no defiendo a Arturo en las redes porque le deba algo, él cumplió con su deber y eso si agradezco. Lo defiendo porque lo sigo en las redes, ya que es una forma de estar cerca, de ver las calles, las avenidas, observar el entusiasmo con que trabaja por nuestro pueblo. Dos de mis libros se han presentado en la FIL (POR ESTA HEBRA y Sola, sin tu sombra) y uno de ellos en la Feria del Libro del Palacio de Minería (POR ESTA HEBRA). Es un logro pequeño, pero, no cualquiera llega a esos cielos. Ahora que fui con mi libro de micro cuentos LA (PESCA) DA, me ayudó Julia BaumgartenAntonia Carrillo PerezLupilau Zatarain, ellas anduvieron conmigo y llevaron bocadillos, y eso, es una bendición. No lloro, no me siento triste porque algunos de ustedes no fueron, no asistió ni siquiera gran parte de mi familia y, siempre recordaré las palabras de un maestro: Elia Casillas ¿quieres saber cuántos amigos tienes? Presenta un libro.



Franz Kafka: El paseo repentino




 Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.
Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.





Friday, July 21, 2017

Ryunosuke Akutagawa: Cuerpo de mujer

Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había una pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la vio arrastrar su diminuto lomo fulgurando como polvo de plata rumbo al hombro de su mujer que dormía a su lado. Desnuda, yacía profundamente dormida, y oyó que respiraba dulcemente, la cabeza y el cuerpo volteados hacia su lado.
Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó sobre la realidad de aquellas criaturas. “Una pulga necesita una hora para llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido pulga…”
Dominado por estos pensamientos, su conciencia se empezó a oscurecer lentamente y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en el profundo abismo de un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente, justo cuando se sintió despierto, vio, asombrado, que su alma había penetrado el cuerpo de la pulga que durante todo aquel tiempo avanzaba sin prisa por la cama, guiada por un acre olor a sudor. Aquello, en cambio, no era lo único que lo confundía, pese a ser una situación tan misteriosa que no conseguía salir de su asombro.
En el camino se alzaba una encumbrada montaña cuya forma más o menos redondeada aparecía suspendida de su cima como una estalactita, alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama donde se encontraba. La base medio redonda de la montaña, contigua a la cama, tenía el aspecto de una granada tan encendida que daba la impresión de contener fuego almacenado en su seno. Salvo esta base, el resto de la armoniosa montaña era blancuzco, compuesto de la masa nívea de una sustancia grasa, tierna y pulida. La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre ligeramente ambarino que se curvaba hacia el cielo como un arco de belleza exquisita, a la par que su ladera oscura refulgía como una nieve azulada bajo la luz de la luna.
Los ojos abiertos de par en par, Yang fijó la mirada atónita en aquella montaña de inusitada belleza. Pero cuál no sería su asombro al comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho enorme que parecía una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció un largo rato petrificado y como aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por completo al acre olor a sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una pulga, de la belleza aparente de su mujer. Tampoco se puede limitar un hombre de temperamento artístico a la belleza aparente de una mujer y contemplarla azorado cómo hizo la pulga.






Thursday, July 20, 2017

Elia Casillas



I do not go to the plain, I need to name you, complete the exodus, walk of this confusion, it was not: it is. It exists, it is, it is, it flowers, it lives. Enough: wake up in blue waters. Without you it is not tomorrow that I love: and, these feet music; Denied at dawn, speak clear with the wind: urban voice, serene, calm, evident and in us, the eyes of the cats shocked, with the tango of the night.



Navojoa, Sonora. Nov./15/2016



Wednesday, July 19, 2017

Elia Casillas



Destroza una de tus venas,  y píntate el rostro. Todavía es de noche, nadie lo notará.  Tu lenguaje está inmóvil; mueve los dedos,  educa  al teclado. Los ángeles te reclaman, pero no quieres escuchar –no es mi día-, coreas.  Le hablas a la providencia   y observas la lluvia.  La sombra de tu madre acomoda el rompecabezas a un lado de la almohada (ella ya no existe). Sientes el viento y los pedazos vuelan, en la historia del ojo dormido.  


Navojoa, Sonora. Dic./18/2015




Hay una hoja blanca debajo de los relojes, en zapatillas vigilas el insomnio, afuera es cuaresma. Regresó el  frío, protege tus flores, en el movimiento de la época peligran.    Camina lento, puedes ensuciar tu sombra, el invierno es un puerto crudo y estás detenida.  Dejaron la puerta libre, pero el rebozo te cubre, estás protegida ¿de quién? Él te busca entre sus nombres, has  escrito amor sin culpa y buscas la  espiral  de tus enaguas.   Amanecida en  las tinieblas, sigue madrugadora. El destino  cumplió, llegaste el famoso día  y Dios no vino a verte.


Navojoa, Son. Sábado/19/dic./2015






José Carlos Becerra



Apariciones

Sometimes these cogitations still amaze
The troubled midnight and the noon’s repose.
T.S. Elliot

Aquel árbol, al atardecer,
el aleteo apresurado de un pájaro, el crujido de una rama, la luz sobre la yerba como una obsesión sagrada,
la penumbra de un cuarto, la ventana entreabierta,
sobre la mesa un rayo del poniente como la mano de una niña inmóvil,
nuestras voces y nuestros rumores como saliendo de un pozo profundo o de un gran ademán de la muerte.

Todo aquello respiraba en nosotros,
todo aquello ponía su peso en nuestro corazón, su luminosa y quieta avalancha,
su pesada gota de vida humedeciendo ciertas entradas del alma,
ciertas cavidades donde el deseo y el recuerdo comparten sus talleres.
Todo aquello ponía por un momento su otra parte en nosotros;
la blancura de tu cuerpo parecía un hermoso deshielo, un río atormentado por sus inclinaciones al mar,
la luz del sol posada en lo que sentíamos al otro lado del beso;
y todo aquello nos pertenecía de la misma manera que nos alejaba,
de la misma manera que el tiempo introducía en nosotros aquello que éramos,
mientras el atardecer se iba volviendo hermoso y antiguo
como la nave mayor de un gran templo.

¿De quién son ahora estas palabras?
¿Qué movimiento realizan en la conclusión de mis actos?
¿Qué apariciones y qué ausencias las hacen posibles?
¿Quién las está escuchando? ¿Quién las dirá de nuevo?
He aquí la vocación de recordarlo,
he aquí el instante en que es necesario que el sueño se saque de su interior sus vestiduras,
con un movimiento de prestidigitación;
es necesaria esta invocación, este derrame de aguas y signos y transcripciones nocturnas:
tus ojos eran más bellos que las grutas donde el mar es, al fin, la oscuridad de lo azul,
todo tu cuerpo me convencía de esas aguas donde la profundidad desequilibra toda actitud de vida sin compartirla con el abismo,
y las espumas de esas olas se detenían y se quedaban inmóviles en tu cintura y en tu cuello, en el temblor de tus senos,
como esperando playas más allá de sí mismas,
y esas espumas organizaban el mar en tu cuerpo
y yo sentía la forma disuelta de tus cabellos sobre tus hombros,
tus cabellos que parecían caer de entre las manos del poniente,
y en tanta luz era la oscuridad la que guiaba mis pasos.

Oh imágenes, descubrimientos reservados a la pasión:
entonces la volcadura, el cuerpo donde comienza la exploración del mundo,
la invención de los mares donde el viaje sostiene los antiguos caminos de los hombres,
aguas donde los navegantes abandonan la brújula y el portulano
y la orientación, a partir de entonces,
será confiada a lo que diga el viento.

Oh imágenes, mediaciones entre el hombre y su sueño;
una tarde, el campo, los cerros esbozados por una luz última que casi los hacía de nuevo,
el crepúsculo sobre las pequeñas casas, las mujeres sentadas a sus puertas,
los niños jugando, los pirules pasándose la brisa los unos a los otros;
lo recuerdo muy bien, lo establezco, lo invento dentro de mi,
me cercioro de estas ausencias, me hundo en esas ausencias, en el ritmo que el anochecer iba cediéndole al campo.

Ahora lo busco en mi imaginación;
la casa en el valle, el olor del jardín,
el sabor un tanto amargo de aquellas yerbas que distraídamente mordíamos mientras hablábamos,
la penumbra del cuarto, el rumor de tus pies descalzos por el piso de barro,
los gritos de los niños allá afuera, la alta ventana por donde mirábamos desde la cama
el vuelo de aquel pájaro donde la tarde cubría sus últimos tramos.

Dame ahora otros instrumentos para llamarte,
la posesión de un lenguaje donde pueda escucharse el ruido de puertas y ventanas
golpeadas por el viento que corre por estas imágenes, por estos sitios de representaciones equívocas.
Dame ahora otras palabras para reconocerte, dame ahora otros signos para destruirte;
que la imagen proceda a la deformación de aquella belleza para encontrar su propia belleza;
la belleza irrescatable a la sobra imposible de nuestros actos
(todavía contemplo —no sé si recuerdo— tu vestido verde caído en mitad del cuarto).

Todo es vano, por lo menos ahora en que tú, detenida al borde de otros acontecimientos,
tal vez también vacilas ante el rápido vuelo, ante el breve aleteo de ciertas imágenes.
Oh tardes de entonces, reflejos que se deslizaban por el descubrimiento de una presencia,
por el canto de una libertad que iluminaba
sus centros de azar y exploración con juveniles umbrales.

Oh tardes de entonces,
enciendo estas palabras para iluminar los angostos pasillos de estas escasas descripciones,
enciendo estas palabras para quemar las últimas hojas,
las consecuencias de esta obstinada página en blanco.


De: Relación de los hechos

 
Batman

Recomenzando siempre el mismo discurso,
el escurrimiento sesgado del discurso, el lenguaje para distraer al silencio;
la persecución, la prosecución y el desenlace esperado por todos.
Aguardando siempre la misma señal,
el aviso del amor, de peligro, de como quieran llamarle.
(Quiero decir ese gran reflector encendido de pronto…)

La noche enrojeciendo, la situación previa y el pacto previo enrojeciendo,
durante la sospecha de la gran visita, mientras las costras sagradas se desprenden
del cuerpo antiquísimo de la resurrección.

Quiero decir
el gran experimento.
buscándole a Dios en las costillas la teoría de la costilla faltante,
y perdiendo siempre la cuenta de esos huesos
porque las luces eternamente se apagan de pronto, mientras volvemos a insistir en hablar a través de ese corto circuito,
de esa saliva interrumpida a lo largo de aquello que llamamos el cuerpo de Dios, el deseo de luz encendida.

Llamando, llamando, llamando.
Llamando desde el radio portátil oculto en cualquier parte,
llamando al sueño con métodos ciertamente sofocantes, con artificios inútilmente reales,
con sentimientos cuidadosa y desesperadamente elegidos,
con argumentos despellejados por el acometimiento que no se produce.
Palabras enchufadas con la corriente eléctrica del vacío, con el cable de alta tensión del delirio.
(Acertijos empañados por el aliento de ciertas frases, de ciertos discursos acerca del infinito.)

Recomenzando, pues, el mismo discurso,
recomenzando la misma conjetura,
el Clásico desperfecto en mitad de la carretera,
el Divinal automóvil con las llantas ponchadas
entorpeciendo el tráfico de las lágrimas y de los muertos, que transitan Clásicamente en sentidos contrarios.
Recomenzando, pues, la misma interrupción,
La pedorreta histórica de las llantas ponchadas,
el sofisma de cada resurrección,
el ancla oxidada de cada abrazo,
el movimiento desde adentro del deseo y el movimiento desde afuera de la palabra, como dos gemelos que no se ponen de acuerdo para nacer,
como dos enfermeros que no se coordinan para levantar al mismo tiempo el cuerpo del trapecista herido.

(Aquí el ingenio de la frase ganguea al advertir de pronto su sombrero de copa de ilusionista;
ese jabón perfumado por la literatura con el cual nos lavamos las partes irreales del cuerpo,
o sea el radio de acción de lo que llamamos el alma,
las vísceras sin clave precisa, los actos sin clave precisa,
la danza de los siete velos velada por la transparencia del dilema;
y por la noche, antes de acostarse,
la dentadura postiza en el vaso de agua,
la herida postiza en el vaso de agua, el deseo postizo en el vaso de agua.)

La señal... la señal... la señal...

Así sonríes sin embargo, confiando otra vez en tu discurso,
mirándote pasar en tus estatuas,
flotando nuevamente en tus palabras.
La señal, la señal, la señal.
Y entretanto paseas por tu habitación.
Sí, estás aguardando tan sólo el aviso,
ese anuncio de amor, de peligro, de como quieran llamarle,
ese gran reflector encendido de pronto en la noche.

Y entretanto miras tu capa,
contemplas tu traje y tu destreza cuidadosamente doblados sobre la silla, hechos especialmente para ti,
para cuando la luz de ese gran reflector pidiendo tu ayuda, aparezca en el cielo nocturno,
solicitando tu presencia salvadora en el sitio del amor
o en el sitio del crimen.
Solicitando tu alimentación triunfante, tus aportaciones al progreso,
requiriendo tu rostro amaestrado por el esfuerzo de parecerse a alguien
que acaso fuiste tú mismo
o ese pequeño dios, levemente maniático,
que se orina en alguna parte cuando tú te contemplas en el espejo.

Miras por la ventana
y esperas...
La noche enrojecida asciende por encima de los edificios traspasando su propio resplandor rojizo,
dejando atrás las calles y las ventanas todavía encendidas,
dejando atrás los rostros de las muchachas que te gustaron,
dejando atrás la música de un radio encendido en algún sitio y lo que sentías cuando escuchabas la música de un radio encendido en algún sitio.

Sigue la noche subiendo la noche,
y en cada uno de los peldaños que va pisando, una nueva criatura de la oscuridad rompe su cascarón de un picotazo,
y en sus alas que nada retienen, el vuelo balbucea los restos del peldaño o cascarón diluido ya en aire;
y mientras tanto tú no llegas aún para salvarte y salvar a esa mujer
que según dices
debe ser salvada.

¿En qué sitio, en qué jadeo
el sueño recorre el apetito reconcentrado de los dormidos?
¿Qué ola es ésa, que al golpear contra el casco
hace que el marinero de guardia ponga atención por un momento, para decirse después que no era nada
y torne a pasearse por el cuarto, mirando de vez en cuando por la ventana las luces dispersas de la calle?
¿Qué ir y venir está gastando el cuerpo de su andanza
contra el casco manchado, cubierto de parásitos marinos?

...porque de pronto has dejado de pasearte por la habitación.
¿Acaso escuchas realmente ese ruido? ¿Ese ruido viene del pasillo o viene de tu deseo?
(Cierta especie de ruido que tropieza con cierta especie de silencio dentro de ti,
como alguien que se topa con una silla al caminar a oscuras...)

¡Tal vez ya prendieron el reflector para pedirte auxilio!
¡Tal vez fue esa mujer quien lo encendió!
Pero no, todavía no,
nadie camina por el pasillo hacia tu puerta, nadie tropieza con una silla dentro de ti,
y allí están doblados tu traje de héroe y tus sentimientos de héroe,
listos para cuando entres en acción.
¿Pero por qué no han encendido ese gran reflector?
¿Es sólo el ascenso de la noche lo que deja sus cascarones rotos en el aire?
¿Qué criatura de la oscuridad picotea para que el aire tome forma de cascarón roto, de peldaño dejado atrás?
¿Qué es aquello que detiene de súbito tus paseos por la habitación mientras te dices "Acaso deba esperar otro rato"?

Y vuelves a asomarte por la ventana.
¿Es el zumbido de un jet que cruza el cielo rayándolo fugazmente con sus pequeñas luces de navegación?
Y algo dentro de ti que tú crees que es la noche allá afuera,
cruje pisando cascarones rotos, peldaños donde el cuerpo de su andanza deja un hilo finísimo de baba o soliloquio,
mientras retorna el fantasma de una mujer bandeado por la oscuridad
donde el mar se encaverna después del zarpazo,
y ese fantasma, que es la otra cara de la espuma, repite contra el casco del barco el golpe del sueño
salpicando al silencio desde lejos.

Y vuelves a asomarte por la ventana.
¿Es el zumbido de un jet que cruza el cielo?
¿Qué es ese ruido que te hace mirar tu traje y tu antifaz,
y asomarte después por la ventana?

Ir y venir alrededor de una silla,
enrevesado viaje alrededor de una silla, guardando el equilibrio difícilmente
al caminar y girar sobre un hilo finísimo de saliva.
Ir y venir, habladuría alrededor de una silla donde está un extraño traje doblado,
ir y venir alrededor de un viejo y descompuesto automóvil que estorba el tráfico en la carretera,
gestos entrecruzados, habladuría de ventanas y escaleras
labrando la estatua cuyo sentido griego vacila y se viene abajo en el trayecto entre una ventana y un reflector que no se ha encendido,
mientras los cascarones rotos de la oscuridad crujen y se disuelven bajo el brusco aleteo con que la oscuridad va impulsando la noche.

Y otra vez te paseas,
¿quieres desovillar el hilo de saliva, el hilo de palabras sobre el que te balanceas en precario equilibrio?
¿En qué juego de tus frases, en qué humillante silencio has puesto el oído?
Y otra vez te paseas y otra vez te vuelves hacia la ventana,
pero ese resplandor… pero ese resplandor que descubres de pronto,
es el amanecer,
palidísimo gesto de esa luz entre los edificios, donde el silencio enhebra las pisadas lejanas de todo lo nocturno.

¿Y ahora,
qué es lo que sientes que se aleja,
como alguien corriendo descalzo por la playa, entre la niebla que la luz va a ocupar?
¿Y en esa claridad en aumento, acaso puede todavía distinguirse
la señal de un reflector encendido?

Paseos alrededor de una silla donde está un extraño traje doblado,
monólogo alrededor de una silla donde está un simulacro en forma de traje doblado,
mientras el amanecer se deja llevar por su propia marea ascendente, y por el ruido de las barredoras mecánicas y de los primeros camiones urbanos
que aparecen por las calles desiertas.


De: Ejecuciones


el ahogado

un gancho de hierro
y se jala,
su expansión lo desmiente al subir
el agua que lo chorrea
lo
mueve
de
los
hilos
de su salida al escenario

en el muelle los curiosos
miraban ese bulto
donde los ojos de todos esperaban
el pasadizo extraviado del cuerpo

gota a gota el cuerpo caía
en el charco de Dios,
alguien pidió un gancho de hierro
para subirlo,
cuidado —dijo uno de los curiosos —
la marea lo está metiendo debajo
del muelle,
un gancho de hierro
había que sujetarlo con un gancho
había que decirle algo con un gancho
mientras el sucio bulto
flotante
caía
gota
por
gota
desde la altura donde lo desaparecido
iba a despeñar una piedra sobre nosotros.

Selección: Eduardo Milán y Ernesto Lumbreras


El deseo concluido

Las imágenes que emergen de tu cuerpo desembocan en esta noche que no eres tú ni soy yo quienes conversan en el cuarto de al lado y a quienes escucho completamente solo.
Concibiendo esta noche como algo inmóvil, bien podríamos ser tú y yo los que están al otro lado,
tu voz es un receptáculo indeterminado que no ha terminado nunca,
aunque en última instancia este espacio nos haya suprimido juntos y estemos allá hablando, esperándote yo rendido en la cama tibia
mientras tú regresas del baño quejándote del frío.

Porque el amor lleva consigo su propio espacio,
porque el muerto no sentirá nunca su desaparición;
la fosforescencia que se mueve sobre la superficie del deseo que ha concluido.



De: Fiestas de invierno