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Friday, May 05, 2017

LA JOVEN SUFRIENTE PARA DANIELA: MAZUR

LA JOVEN SUFRIENTE PARA DANIELA

En fantasías de ocio cede siniestro:
El hambre, lo injusto, lo perpetrado,
El sol está lejos, sólo la compañía del mate.
La soledad niega lo conocido.
La sombra de los días en la puerta
Del filo de la hoguera, aprisionado,
Tiritan en el pasado los fundamentos,
Y lo precario avanza y se instala.
Con el sopor de mi alma quieta,
Y en los entusiasmos callados,
En los silencios de privaciones,
Una mujer silenciosa que mira.
En la hilera de fugas del hambre, el dolor;
Tendida de plata su sonrisa y su verso enamorado.
Es amplia la ternura en los tiempos de su voz.
Dentro de confusas golondrinas maternales.
Anda por las cornisas de dolores y es animosa.
La tarde con sus fanáticas ideas de besos y risas.
Y en la nobleza del parque el sol y la mañana.
la metáfora sola responde a los escondites.
Ella de viento que sopla en los atardeceres.
Que hasta los puentes se sumergen altivos.
En la distancia la pena de un silencio erótico…
Encadena su presencia al pasar...
Y calla la queja de los días esperando verla.
Temperamento que ya sostiene los pesares,
Abarca su abrazo los límites de lo impuesto.
Es un llamado de increíble naturaleza viva.
Y que antecede a los rituales del amor…
Carne viva en los fugaces desalientos.
Y era noche y cielo ante lo fortuito,
Los mares el sustento y brío…
Salida de un fuerza dura de desdicha.
Anidaba la aurora para los días.
La atizadora más cruel, la desesperación.
Y es por eso que los túneles enloquecen….
Porque algunos enarbolan las miserias,
El olvido, la desesperanza y los manicomios.
Obras raras del amor de lo libres.
Empujada por una fuerza corrosiva;
Es un atisbo de luna que ilumina su orfandad.
Por qué los ojos ciegos de la codicia señalaron.
Su aura llena de cantos rodeada de versos…
Que la lleva por caminos solitarios.
Su soledad, es como la tragedia que la atrapa.
En los silencios de crueles madrastras como abusos.
En la llama nocturna también el amor;
El sepulcro, las decrepitudes y el odio.
Se adueña de lugares adversos…
Y versa la hiriente hiedra de los males.
Cuando la malsana arpía su saña empeña
En ardides ante la inocencia quebrantada,
Pone sus venenos y su ponzoña.
Sangre en la joven núbil y dolor…
No habrá sosiego en lo monstruoso de la locura.
Sale el sol, esplendor de otoño, juegan los niños.
Era su extraña belleza la voz de un calvario.
Lo bello no siempre va acompañado de amor.
Tiende su mano esplendida y amorosa…
Es un gesto de bondad sesgada de locura.
Es humilde su claridad e inocencia.
Ponzoñas arrojaron bajo su lecho…
Para apropiarse de su herencia….
Como si se rompieran los muros.
Calla aturdida por la falaz trampa.
Y ver su ira es una demanda dulce.
por los senderos oscuros de paso lento.
Bajo el tormento de las pesadillas,
Traen lo sueños su vaguedad hostil.
El rostro joven de la mujer amada.
Recuerdos que se repiten sordos.
Y los árbitros fantasmales callaran,
Con la recompensa de días nuevos.
La sonrisa sorprendida por la hiel.
Las flores arrancadas por el juicio.
El humor rancio de los malvivientes,
La buena nueva caída en las cercanías.
La poesía no abandona a sus amantes.
Los andenes de lo pasado y la nada.
Demoran los tiempos de los señores;
los besos enmarados en los techos.
Una mujer que lo da todo y sufre.
Cae en el rumor de las letanías...
Hastiados hasta la sorna miserable.
Los versos clavan señales desveladas.
Que los anhelos disipan sin aire.
Una fuerza amorosa colapsa.
Encima de los cuencos derraman formas truncas
Y así ensombrecidos de su historia.
Lazo encubierto; desatinado, forma en mi mente pequeñas imágenes.
No son efectos de la memoria solo desdicha y un amor.
Magia porque el amor llego en la osadía espantosa de la miseria,
En donde vestida de tratos crueles golpeaste mi puerta desesperada.
Y al borde de los abismos atrapados; empezamos a urdir los sueños del hambre.
Ella de sollozos y la hora de la locura;
Donde la furia tendía ángeles negros.
El amor la forma de lo perdido…
Y lo arboles que pertenecen al ocaso;
los misterios, acechaban con trampas.
Como la mentira, la soledad y lo mísero.
La fuerza del poema se enciende firme.
El dolor es una casa majestuosa…
Donde tiriteros entretejen bizarros,
Y los silencios yacen ante el malestar.
Entre lo obsceno de lo impuesto a la
Contemplación impoluta y bienhechora…
Se paga con hambre al poeta y abandona.
Y calado por las estirpes mohosas, vejado.
Por la prosodia que se lamenta…
Que guarda con higiene su odio…
Oscilando la soledad de las penas.
En los pueriles baches de los salarios.
Y los ánimos disminuyen el ocio.
Y el tedio es una morada antigua.
El amor reside en la vida cotidiana.
Donde señala la nada y la piedra.
Los rostros juveniles de la intemperie.
Lo perdido se pierde para siempre.
Y los versos ceñidos de rara angustia.
Dañaron el bosque de calma primigenia.
La juventud paso y se marcaron los males.
Esfuerzos y trizas en las estrofas liricas;
En la palabra desmesurada la mueca;
Que dejo la fiesta macabra de la belleza.
Dios quebró sus anchas manos y se lamentó
Soñoliento tras los pasos viles.
Era cuento la mujer hermosa y la poesía.
La soledad tiene tintes de verdugos.
Los gestos mortuorios y los venenos.
Cada tanto una brisa y un aliento….
Rechazan latigando las pesadillas…
Pero distante se llama a las palabras:
Levanta los soles encabritados y contados.
Por el verano de ansias pobres.
Atinado el tormento de tiempos felices.
Enmascara el adorno que se ufana.
La vulgaridad de no dejar de amar.
Y los cuerpos enloquecidos recuerdan.
El espejo de la multitud y los silencios.
El mundo al tic tac de relojes negros.
El futuro guardaba su ala mordaz.
La noticia no saldrá en los periódicos
Solo ella le canta al amor y al deseo.
Y es perseguida en actos inocentes.

M A Z U R





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