Translate

Tuesday, February 07, 2017

Padre: de nuevo en tus manos.

Voy a contarlo como pasó, si se me va una coma, es cuestión de mi respiro. En aquellos años, yo era la presidenta de la construcción del Templo de San Judas Tadeo. Asumo y debo de ubicarlos. Gaby tenía como cuatro años, y en esos días, trabajábamos en la rifa de una cocineta, los fondos recaudados eran para instalar el techo del edificio. Todos vendimos los boletos que nos pusimos como tarea, menos una de nosotras: Marcela. A ella no le gustaba el trabajo, nada más le encantaba presumir que pertenecía a mi comité. Cuando fuimos Audelia y yo a recoger los talonarios, ella nos regresó completas las boleteras. Unas las sacó de debajo de los sillones otras las tenía entre los trastes y otras las trajo del fondo del pasillo,  donde se encontraban las recámaras. En un segundo, nos devolvió cien boletos, mandamos hacer mil. La rifa se llevaría a cabo junto con la lotería nacional el diez de mayo. Ese día era ocho, y yo con Gaby enferma, de pronto, le subió la calentura y empezó a sangrar cada vez que iba a orinar. La llevé con el pediatra y Francisco Valenzuela me dijo que era el riñón, lo mismo que el doctor, entonces, me recomendó al doctor Francisco Villa, de Ciudad Obregón que consultaba en el centro médico de aquellos lados, urólogo de profesión. Antes, el pediatra mandó que le hicieran   estudios de sangre y orina y un ultrasonido. En éste, le apareció una manchita. Con el ultrasonido en mano y los estudios, Gaby yo nos fuimos a Ciudad Obregón, el Pancho vino con nosotros. Nos entrevistamos con el doctor, estudió lo que le llevamos, y recetó algunos medicamentos. Nos citó para el diez, iban a hacerle de nuevo los tan mentados estudios y él quería ver cómo reaccionaba con lo medicado. En los estudios de orina le aparecía una severa infección y cada vez que la calentura aumentaba yo iba en la ducha junto con ella con todo y ropa, hasta que la temperatura bajaba. Ese día era nueve de mayo, la rifa, la teníamos programada para el diez, nos restaban 24 horas para vender los boletos. Lo único que se me ocurrió fue decirle a Audelia que nos fuéramos al mercado a venderlos. Antes, revisé a Gaby, su carita tan triste me bajaba la moral, las ganas, la vida. Y no sé de dónde me vino una rabia y volteé al cielo, mira -le dije a Dios- si no me curas a mi Gaby, a ver qué haces con tu Templo, porque ¿cómo voy a trabajar tranquila si ella está enferma? A ver qué haces, o ya no voy a trabajar contigo, no puedo, definitivamente no puedo si ella sigue enferma y recuerda nuestro trato, la familia es primero, eso fue lo que acordamos. Nos fuimos al mercado, era un caos, niños por todos lados, adolescentes regateando por un buen adorno y nosotros en medio de aquel tumulto, ahí vendimos los cien boletos. Al día siguiente,  Graciela la secretaria del comité nos acompañó a ver al doctor. Iniciaron todos los estudios de nuevo, el doctor me comentó que lo que le preocupaba era la manchita del riñón que aparecía en el ultrasonido. Los estudios tardaron como dos horas, nosotros desayunamos mientras nos hablaban. Ya el doctor me había comentado que tal vez operaría a Gaby y necesitaba que el padre estuviera ahí. Le dije que estaba bien. MEL ni enterado estaba, yo no le comenté, sabía que eso afectaría su trabajo, si Gaby es la niña de sus ojos... Cuando al fin entramos con el doctor, él fue abriendo cada estudio y yo no perdía ningún movimiento, me parecía que ese momento transcurría en cámara lenta. Los vio detenidamente, uno por uno y movía la cabeza negando todo. No pude más y casi le grité -dígame que tiene la niña, ya, dígame. Nada, -contestó. La niña no tiene absolutamente nada, ni siquiera aparece la mancha del riñón, no hay pus en la orina, la temperatura está normal. La niña no tiene nada, señora.  Graciela también estaba sorprendida, como el doctor. Cerré los ojos y agradecí a Dios. Maria Elena, la catequista del templo fue la premiada con la cocineta, creo que mi Padre Dios le mandó el premio, ya que ella era una mujer muy entregada a sus niños, una mujer muy amorosa. Precisamente ella, años más tarde preparó a Gaby para su primera comunión. La cocineta fue donada por Elsa Lostanau y su esposo Fernando. Elsa fue tesorera del comité anterior, cuando Rosario de Merino era la presidenta. Este comité levantó las paredes del Templo de San Judas Tadeo. 







No comments: