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Sunday, January 29, 2017

Cierre del FAOT 2017: Elia Casillas


Anoche fue una verdadera locura, para nosotros empezó desde que tomamos el camino a Álamos, Sonora. Rosario dijo que iba a darme un boleto para ingresar a la última noche de gala; y quedamos en vernos a las seis de la tarde. Hicimos dos horas en la carretera, hubo momentos en que los automovilistas, de un camino, armaron dos. Vimos dos accidentes, tal vez chocaron más carros durante la noche, cinco autos averiados en un santiamén, nada más por la prisa, por la lentitud en donde nos encontrábamos, porque antes, hacíamos cuarenta y cinco minutos y este día, noche, tarde, tal vez si lográbamos pasar a salvo, dos horas sobre la carretera serían poco, a lo mejor,  otros, tardarían tres o cuatro horas o quizá, nunca iban a arribar.  Sólo pensaba que no encontraríamos un sitio seguro para estacionarnos y era posible que, ya no pasaríamos al pueblo. Por fortuna no fue así, pudimos acomodarnos en un buen sitio, cerca del Palacio donde se celebran las noches del Canto Bello. No traía saldo en mi celular, para poner al tanto a Rosario de mi situación y MEL no la tenía en sus contactos, mi bolso había quedado en la parte trasera del automóvil, entonces pensé en llamarle cuando llegáramos. Durante el trayecto, pedía, pedía, pedía: Padre, sé TÚ mi tiempo. Me bajé para ayudarle a mi chófer a acomodarse, en eso... ¡Chan...! La Rosario y el Rafael. Le comenté de las horas a vuelta de rueda, por eso mi llegada tarde. Metió la mano a su bolso y... ¡Dos boletos para la clausura del FAOT! Ya era imposible ir a la Plaza de Armas para ver a los Ángeles Azules, aquello era miles, miles de personas esperando al grupo.
Óscar de la Torre el tenor de la noche se arriesgó, lo digo porque no soy una conocedora. No se presentó con canciones conocidas, digamos, no vino con los lugares comunes que estamos acostumbrados a escuchar.  Sin embargo, me encantó, ¡Dios fue el invitado! Fue una noche muy mística, a Óscar lo acompañó Sergio Vázques, pianista y casi podíamos escuchar el murmullo de Dios. Ahí, entre nosotros, feliz el Hacedor del Universo, porque es la primera vez que lo invitan, que lo invocan
 con un programa completo, que lo llaman a un FAOT. Una señora me cuestionó acerca del concierto, sino hubiera sido mejor que lo presentaran en el Templo de la Purísima Concepción y le contesté que no. Oye, si Dios también quiere estar en el FAOT. Fíjate que no lo había pensado de esa forma, tienes razón, allá los Ángeles azules y ÉL aquí -contestó. El maestro David Hernández Bretón me dio una cátedra de lo ocurrido en el recinto. El padre de Óscar estaba entre el público, sólo él sabía todo lo que había en su corazón cuando vio a su hijo ahí, en uno de los foros más respetados de la ópera. Yo, que soy tan amante de mi Tata Dios, estuve feliz, contenta porque: Hay señales, hay señales, hay señales. Gracias Padre por la noche de anoche. Ah, ¿y los Ángeles Azules? Empezaron, pero tuvimos que venirnos, sólo escuchamos una canción, ya no había comida para cenar, yo sólo traía el desayuno y el público había crecido hasta el Palacio de Gobierno sólo para alcanzar aunque sea, aunque sea a oírlos. Tomamos el regreso, aparecía gente por todos los costados, yo pensaba: ¿dónde van a ponerse, si son miles y miles....? Cada grupo cargaba con uno o varios cajones de cerveza, digo, comento porque quienes la llevaban caminaban de lado. Casi dos kilómetros de automóviles aún sin ingresar al pueblo, y no sólo eso, los que seguían sumándose. Desde la carretera nos percatamos de que el estadio de fútbol era el estacionamiento de los autobuses y... ¡Estaba lleno! La fila de autos detenidos, daba la impresión de ser una gran serpiente iluminada, ocupando un enorme tramo de la carretera. Algo nunca pensado. Nos adentramos en la autopista, luego, a lo lejos vimos las luces de Navojoa, y... Otros dos kilómetros de carros detenidos, porque dieron la orden desde Álamos de que los pararan, porque ya no había lugar allá. Los chav@s con los estéreos abiertos y las hieleras encendidas, baile y baile; el invierno siguió su marcha, igual que la noche, igual que nosotros. Mario Welfo Álvarez Beltrán se sacó la estaca. Hubo eventos para todos los gustos, creo que sólo quedaron sentidos los que no alcanzaron un espacio en el FAOT.  ¡Gracias Tata Dios por amarme tanto!





































Director del ISC: Mario Welfo Álvarez Beltrán 

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