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Wednesday, November 30, 2016

Perla Julieta Ortíz Murray: LA (PESCA) DA



La Señora del rebozo en el reino del microcuento: La (pesca) da, una aportación más de Elia Casillas a la Literatura del Noroeste de México.

“Entra a limpiar la habitación, y cuando levanta la cobija,
aparece un sapo y tres feas, luego un dragón. Hace falta una princesa
 –dice fascinada- en eso, observa su vestido lleno de luces rosas,
feliz, da vueltas y vueltas, y mientras gira, camina rumbo al espejo
y descubre que en la mano trae una varita mágica.
 Una vez más, por sobrepeso, se le esfuma la oportunidad de ser la Cenicienta.
(“Sa (l) hada”), La (pesca) da, pág. 30)


El subgénero del microcuento ha sido explorado por muchos autores y muchas culturas, tanto, que su antigüedad se pierde en el tiempo: Tiene excelentes representantes entre los sumerios, escitas y chinos, o de forma oral, entre los antiguos nahuas, mixtecos y zapotecas y en la narrativa clásica grecolatina destacan Plutarco, Filóstrates y Ovidio. Más cercanos en el tiempo para nosotros, Jorge Luis Borges (“El sueño” y “El adivino”, ambas un dechado de perfección literaria), Ana María Shua (“La manzana”), Octavio Paz (“El ramo azul”),  Luis Felipe Lomelí (“El emigrante”) Max Aub (“Hablaba y hablaba”),  Mónica Lavín (“Motivo literario”), Antonio Skármeta (excelente “Desnudo en el tejado”), Augusto Monterroso (“El rayo que cayó dos veces en el mismo sitio” y su clásico “El dinosaurio” que no quiero dejar de mencionar), Juan José Arreola (Muy destacables sus bellísimos “Homenaje a Otto Weinninger” y “Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco”), Luisa Valenzuela (“Este tipo es una mina”), Pía Barros (“Trece”),  Gonzalo Celorio (“Mercado”), Edmundo Valadés (“La búsqueda”), Carmen Leñero (“La empatía”) y otros muchos que sería largo enumerar.
Sin embargo, tratándose de Literatura y en particular de microrrelatos, no todo está escrito: hay muchos aportes aun por dary los que Elia Casillas nos proporciona aquí, no tienen comparación ni pierde: Relatos sabrosos, escritos a veces con mordacidad –como en el caso de “(Su) misión” donde una desatinada y yo diría más bien descarada Eva fue causa de todos los males de la humanidad y de una también descarada su-gerencia: Por obra y gracia de esta costilla andante , Adán fue expulsado junto con ella del paraíso, Caín mató a Abel, los hermanos de José (el soñador) lo vendieron a los israelitas por veinte -¡veinte nada menos!- piezas de plata, María tuvo un hijo que no era de José, y para que luego, volteando el texto, por treinta pulidos denarios –el antecedente romano para dinero, la palabra mágica de nuestros días- Judas entregase a Jesús al romano Pilatos y éste se diera (o cediera más bien) su famosa lavada de manos, con todo lo que ello implicaba…(¡Ay, me cansó tan largo listado de atribuciones!) para rematar en una filosófica-teo nada lógica revelación, con un sonoro “¡La maldad nos cayó del cielo!” ante el que hasta a Dios Padre le debe haber quedado –igual que a mí- solo el sonoro recurso de la carcajada, o –ya metidos en referencias-cierta acidez mezclada con sorna en ese otro en el que el bloqueo, eterna pena de todo escritor se ve reflejado:No (ve) lista”.
Aunque, en el juego de sonidos en el que se descompone la idea original alude aparentemente al creador de novelas, esta descompostura parece insinuar que alguien no se pone muy lista para ver aquello que debe, recomponiéndose cuando se pueda. La sequía no es vana, ni el uso del color café que la representatampoco y en el colmo de la oratoria táctica, ante la nula presencia de la musa, impreca a la divinidad, pelea con ella, la sacude y se sacude su yugo: ¡inspiración maldita, estás negándome el éxito!
Sin grandes pretensiones, y en un género muy competido, la autora nos presenta una obra digna, sencilla, bien cuidada tanto en su edición como en su redacción y variada en su temática. Haciendo gala de la maestría proporcionada por el oficio, Elia se da el lujo de jugar con títulos muy sugerentes, como “México, México, México” en el que da rienda suelta a los demonios y un poco socarronamente afirma que somos “el infierno señalado” o “En (a) morada”,  cuyo protagonista Compró unos lentes y en ellos se fueron sus ahorros pues le aseguraron que cuando empezara a usarlos, vería el amor de otra manera.
Es el caso también de “As (eh) sino” y  “De (s) enlace” en el que la autora retoma un tema recurrente en ella: la muerte. En el primero, el personaje“Dejó que lo abrieran, por sus venas corrían las memorias, esas que dejaron al descubierto su larga lista de mujeres asesinadas un 14 de febrero, porque él no creía en el amor, ni en angelitos pendejos”.El segundo en cambio, dejando la ligereza del anterior, sostiene: “Creí que era la soledad jugándome una broma, pero no, su guadaña estaba ahí, desde el fondo de alguien a quien reconozco, alguien que amenaza siempre, alguien de mente antigua y prolongada anunciación”.
Producto acabado de la lírica Casillesca, este libro denota la ambición y el crecimiento de alguien que se ha vuelto veterana en el ruedo literario, una mujer que –sin dejar de lado su rol de poeta- se ha convertido –por obra y gracia de su imaginación, en una cuentista consumada, dueña de un estilo muy propio, donde campea el humor negro y en donde ángeles deudores de platos rotos y maltratados en el IMSS, amén de abaratados príncipes azules se mezclan –funambulescos- con negras que nueve veces (en) viudanseres humanos de esos como ustedes o yo, a quienes nos encontramos todos los días en el barrio, en la escuela, en la vida, (o en la escuela de la vida) pero a los cuales el ojo de la escritora convierte –en esta pesca literaria- en  los dioses del Olimpo de sus letras.
¡Muchas gracias!





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