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Friday, November 04, 2016

Enrique Lihn



[Nada tiene que ver el dolor...]

Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
AM, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y este no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no Sean más que sabios y la muerte - la
/nuevos amantes
/retracto
/nifia
de sus ojos - un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar

Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa
Me hundiré en el duelo de mi mismo, pero cuidando de
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, este muerto, olvidado ojalá
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de ackpites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retorica
/ tramitación
/mantener
/descompuesto
/previamente de si mismo
/que aprender
/especialistas
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese
lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a
interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna
de eso que acompaña a la inocencia al orgasmo a todos y a
de los momentos que importaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho mis mística que la primera comunión- pensabas en
/Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgiástico
/de esa criatura
que si viví lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
/en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el clic de la máquina de memorizar esa repugnante
acicalada en palabras como estas tu poesía, en suma es la
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que ---otra palabra- se deslice, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo pasajero hundir el
/inasible forma
/cada uno
/devoradora
/muerte
/escrito silenciosamente en el muro
/hocico

feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de
que se besan a sí mismos


[De todas tus desesperaciones. . .]

De todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la
ella y el miedo a morir, cruz y raya
cuando ya se puede pronosticar el día y la hora
Hay una fea probabilidad de que el miedo a morir y la
normalmente inseparables como la uña y la carne
Recuerdo a un amigo de otros años  huía de noche de su
sin más salvoconducto que el que se daría a un condenado en
se dejaba caer en casa de amigas que no compartían su amor
exigía con argumentos propios de la ciencia de la locura
que lo recibieran en esas casas como huésped estable
me parece ver cómo al final de esas conversaciones imposibles
era reconducido a su madriguera por las señoras y los esposos
en medio del gran silencio, 61, el gnomo de la selva negra del
de vuelta a su anti casa
o al aeródromo de los hospitales para que no perdiera su
/peor
/desesperación de la muerte Sean
/casa y del hospital
/el infierno
/por ellas, condenadamente bellas
/amanecer
/vuelo.


[No sería deseable recibir una comunicación. . .]

No sería deseable recibir una comunicación del mis allí, con la
hora y el día exacto de nuestra muerte, eso, y un revólver invisible?
Los señores médicos lo hacían mientras creyeron en la ciencia de las
generalidades,  pero el mis asiles llevaba,  con harta frecuencia, la
contraria. Desde que, como ahora, sólo hay enfermos individuales,
dejaron, por lo mismo, de existir los pronósticos. La ciencia de
lo particular no los ha perjudicado, como lo temían, ni ha disminuido
su poder dogmático de Cuerpo. Todo lo pueden hogafio,
menos fijar ese día y esa hora. Cualquier profesión, por lo demás,
de uso público, disminuye el riesgo de equivocarse al desligarse de
la magia, en proporción inversa al crecimiento de su complejidad y
popularidad.
Si por otra parte la comunicación con el más allí no se equivocara
a la par de los galenos de la antigüedad, en el mismo punto,
seria, quizá, altamente perjudicial.
La enfermedad imita a la vida. Este fenómeno se patentiza,
hasta la alucinación, en el llamado.. . . . . . . .*. La vida no puede
imitar a la muerte, por mucho que agonice prácticamente, menos
en tal caso.
De los dos, la imitación de la vida es el mejor espectáculo.



[Te dimos demasiada importancia...]

Te dimos demasiada importancia:
el rey de los pasquines en que hacías tus consagraciones
y consagrabas tus desprecios
es de heterogénea y olvidable lectura.
Después de ser la rumia, la rutina “de los caballeros que
/pastan en las praderas chilenas”
y el diccionario de los apenados
que compran trabajo a cualquier precio.. .
se vende por kilos en las carnicerías.


[Lo Llamaremos a la Academia...]

Lo llamaremos a la Academia
cuando solucione sus problemas de carácter
y no vuelva a insinuar
que yo -el director- soy un poeta mediocre
y que publico antologías
para limpiar, fijar y dar esplendor a mi nombre
Después de haber escrito por una cincuentena
nadie -ni yo mismo- puede mezquinarme el espacio
(el arte es una larga impaciencia)
En cuanto a, soy un hombre justo:
cuando muera lo pondré en su lugar
en todas mis antologías.








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