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Wednesday, October 12, 2016

Óscar Hahn




SOY UNA PIEDRA LANZADA DE CANTO

Muerte escondida en los arrabales del silencio
en los sutiles pliegues de las sombras
¿soy el lanzado como una piedra por la mano de Dios
en el agua de la existencia?
¿soy el que en ondas circulares irá creciendo
hasta desbordarse en el vacío sin fin?
Porque ahora
como una tangente en agonía
toqué el acuoso círculo de las ondas despeñables
y lleno de pavor
como quien ve resucitar a sus muertos olvidados
sentí hambre de espacio y sed de cielo
Se romperá el espejo de mi vigilia
y no reflejará mis carnes en la florida tierra
Pero hay que morirse con las uñas largas
para poder cogerse del recuerdo


FUEGO FATUO

Es el instante de morir
Ahora
cuando la noche desmadeja
constelado
rocío de silencio
cuando se me acurruca el esqueleto
al fondo de la médula
hecho un feto fosforescente
y asustado
es el instante de morir:
de morirse tan profundamente
como si caravanas de cirios
agonizantes
pudieran aparecer en los ojos
y cantar:
“Es la luz es la luz es la única luz”


ESTA ROSA NEGRA

Esta muerte
esta rosa negra
llenándome de párpados el cuerpo
porque se cierre como un caracol 
¿es el luminoso signo de un mañana invisible?
¿Es la señal del alma
apagada
por el bostezo de la muerte?
Porque la muerte tiene lengua
de camaleón
para cazarnos como a insectos
en vuelo
Pero a mis palabras les crecerán
alas intemporales y a los besos desbocados
que coloqué
en unos labios dulces
les brotarán cascos para cabalgar
más allá del exterminio
Esta muerte
esta rosa negra
a mí te debes:
y agradéceme
que cuando yo comience a morir
tú estarás naciendo



CANCIÓN DE LOS AMANTES MUERTOS

Canción de los amantes muertos
canción de las palabras secas:
malhaya el sol que iluminó sus besos
malhaya sus pupilas arrugadas
Por amor se miraron
por amor se mataron
Nadie los vio ponerse
la muerte como un traje
pero vieron sus carnes
yaciendo derribadas
Al fondo de sus ojos
nadie vio llamaradas
nadie vio las ventanas
del silencio temblando
pero vieron sus carnes
zarpando hacia la nada
Canción de los amantes muertos
canción de los claveles rotos:
malhaya el sol que iluminó sus besos
malhaya las palabras desbocadas
y malhaya sus carnes yaciendo derramadas



FÁBULA NOCTURNA

Y negras voces cantaron
también denegridos versos.
Francisco de Quevedo


Fíjense que murió la noche, fijensé,
por volar de teja en teja, fijensé,
que se cayó a la vereda, fijensé,
como gato negro muerto, fijensé.
La taparon con diarios negros, fijensé,
con plumas de ángel alquitranado, fijensé,
con sangre negra de carboneros, fijensé,
y con tinieblas llenas de ojeras, fijensé.
Después llegaron curas negros
y se ofrecieron a enterrarla,
después llegaron los caníbales
y se ofrecieron a enterrarla.
Los curas negros, donde fuera,
los caníbales en la panza.
Fíjense que murió la noche, fijensé,
se cayó como los mudos, fijensé,
que no pueden sepultarla, fijensé,
no hay ataúd para ella, fijensé.
Después volvieron esos curas
con un paquete de beatas
y me metieron en la boca
la noche toda hasta mi alma
como una hostia ennegrecida
por el negror de las sotanas.
Fíjense que ellos hallaron, fijensé,
ataúd para la noche, fijensé:
me la metieron al alma, fijensé.
Fíjense que murió la noche, fijensé,
y la metieron en mi alma: ¡fijensé!


CUADRILÁTERO

A los que vengan a golpearse
sin conocerse, sin odiarse,
el cuadrilátero ya espera.
Blanco con blanco frente a frente,
negro con negro frente a frente,
y blanco y negro y negro y blanco
danzan la danza de la muerte.
Pégale, pégale en la cara,
pégale, pégale en la mente,
con sangre negra o sangre blanca
se embriagarán igual las gentes.
Dale más fuerte sobre el tórax,
dale más duro sobre el vientre,
bailen al son de los aplausos,
bailen la danza de la muerte.
A los que vengan a golpearse
sin conocerse, sin odiarse,
el cuadrilátero ya espera.



REENCARNACIÓN DE LOS CARNICEROS

Y vi que los carniceros al tercer día,
al tercer día de la tercera noche,
comenzaban a florecer en los cementerios
como brumosos lirios o como líquenes.
Y vi que los carniceros al tercer día,
llenos de tordos que eran ellos mismos,
volaban persiguiéndose, persiguiéndose,
constelados de azufres fosforescentes.
Y vi que los carniceros al tercer día,
rojos como una sangre avergonzada,
jugaban con siete dados hechos de fuego,
pétreos como los dientes del silencio.
Y vi que los perdedores al tercer día,
se reencarnaban en toros, cerdos o carneros
y vegetaban como animales en la tierra
para ser carne de las carnicerías.
Y vi que los carniceros al tercer día,
se están matando entre ellos perpetuamente.
Tened cuidado, señores los carniceros,
Con los terceros días de las terceras noches.



LETANÍA PARA UN POETA DIFUNTO

Ahora o un primero de noviembre
me recuerdo de tu infinita muerte
de tu mortaja pálido arco iris
tejido por las manos de la muerte
de las cavernas de tu pensamiento
pintarrajeadas negras por la muerte
de tus palabras nunca entumecidas
derramándose fuera de la muerte
de la hierba que invade tus ojeras
como pestañas puestas por la muerte
de tu altísima luz de sangre y sueño
constelando las cumbres de la muerte
de tu resurrección en mi marea
como surgen las almas de la muerte
las verdaderas almas de la muerte
las poéticas almas de la muerte



FÁBULA DEL LENOCINIO

Ahorcaron a una prostituta
con volutas
de humo negro, triste y sospechoso.
Cuatro besos de cera
eran las velas
con que adornaban todos
el ataúd.
Unos lloraban vino,
otros bebían
charcos de virgen muerta
a su salud.
Cuelga en la cabecera
como una pierna,
cuelga como campana
ya sin sonido,
cuelga como un lamento
desvanecido,
cuelga como una colcha
tapando lirios,
cuelga en manos de monja
rosario negro,
cuelgan en la plazuela
niño y columpio,
todo cuelga esta noche,
cuelga la muerte,
cuelga la prostituta
de la humareda.
Ahorcaron a una prostituta
con volutas
de humo negro, triste y sospechoso,
y está en silencio colgando
para allá,
para acá,
para allá
y para acá.



VELORIO DEL ANGELITO

Las ocho han dado y sereno,
las nueve cinco y soñando,
muriendo, las diez un cuarto,
la medianoche llorando.
Dónde está el sol, dónde el agua,
dónde el pastor y su piño.
La muerte cortaba rosas:
duerma en paz, que cortó un niño.
Mire como llora el padre
,
mire a la madre, amarilla,
mire el guitarrón sin lengua:
un ángel sobre una silla.
Déjese de zancadillas,
a usted, muerte, se lo digo:
ya no le importa ni un higo
destrozarnos las rodillas.
El niño de las ovejas
que quiso cantarle a Dios
se nos voló en una cueca:
su nicho es un guitarrón.
Qué dulce el pastor escrito
por la pluma de la muerte:
en unos escribe suave
y en otros la entierra fuerte.
Las ocho han dado y sonando,
las nueve cinco rompiendo,
callando, las diez un cuarto,
la medianoche naciendo:
la muerte han dado y llorando,
la muerte en punto y lloviendo.



DANZA DE LA MUERTE

Gota a
gota
mamando los senos de la muerte
en una leche extraña
de ritmo y de ceniza.
De adónde tanta muerte.
De adónde saco tanta muerte y la masco.
Por qué entre mis cabellos
como gatos quemados
en los gritos tremendos espaciales.
¿Estos ojos con que amo
la tornan en imagen?
¿Estas manos que besan
la tapan de silencio y la elevan
como leche que hierve hasta morirse?
Pero los bailadores…
los bailadores danzan escondidos
de sus sexos crujientes
y crecen en la noche como espuma
de tinieblas gomosas.
Los besadores muertos en la boca
se entregan a la lucha
con deshielos de risas
y van surgiendo apenas escondidos
detrás de sus deseos:
los bailadores y los besadores.
Y tanta y tanta muerte,
tanta muerte que bailan y qué tanta,
con ritmo y ritmo entréganse a la danza,
con ritmo y tanto ritmo que se mueven,
los bailadores y los besadores,
moviéndose con ritmo y tanto ritmo,
con tanta muerte y muerte que se mueren.
Pero yo caigo en ellos,
mezclándome a los vahos que se fugan
de mi greda sangrante,
tapiándome la muerte
con todos sus cementos.
Corteza de mi cuerpo:
mi voz se va de ti,
mi agua se va de ti,
mi alma se va de ti,
y los caballos de la muerte cruzan.



ELEVACIÓN DE LA AMADA

¿Qué es el hombre para que de él tengáis memoria?
Para que de ella tengáis olvidos ¿qué es la muerte?
¿Los dioses qué son para que de ellos tengáis angustias?
¿Qué es la amada para que tengáis de ella insomnios?
¿Cuál silencio puede ser más hondo?
¿El que brilla en las llagas de la nada
o el que fulge después de tus sollozos
como una lámpara invisible?
Dulce es la aurora de las madreselvas
dulce es
Dulce es el beso de la amada
dulce es
Cuán dulce eres tú oh hurtadora de mi agónico sueño
Todos los adioses están escritos en el viento
todas las palomas llevan adioses en las alas
todos los ojos guardan un llanto no vertido
y he aquí las palabras que no te he dicho:
El amor rompe leyes
nada contra corrientes y sus ojos escuchan
De rebeliones y quebrantos está hecho el amor
Hacia lo alto van los frutos maduros
hacia la tierra el vuelo de los pájaros
pero su condición no muere
De nosotros dos está hecho el amor


 VENID A LA DANZA MORTAL

Venid a la danza mortal los nacidos
gamuzas y ojotas venid a la danza
aquí no se inclina jamás la balanza
lacayos y reyes lanzando bufidos
tomados del brazo ya danzan unidos
Un ropavejero será tu pareja
tendrás que entregarle tu carne más vieja
y en puro esqueleto dar saltos tullidos


EL EMBORRACHADO

Saltan los saltimbanquis
sobre los oros y los orines,
saltan los timbaleros
sobre timbales de puercoespines,
saltan titiritando
los borrachines titiriteros.
La mesa que sube a tu altura
bebiendo y bebiendo madera
es tabla de tu sepultura
y es ángel de tu borrachera.
Gotearon del techo las brujas
que están chapoteando en tu vaso:
no bebas sus negras burbujas,
te irás al cajón paso a paso.
Alzaron los duendes el vuelo
y van a empezar su trabajo,
tú quieres pisarlos, y el suelo
no está, siempre está más abajo.
Ya giran en círculos rojos
las cuatro murallas malditas,
ya giran los muebles con ojos
y tú tambaleas y gritas.
Y el vino con ropa de fraile
también es la muerte que espera
meterte borracho en el baile
que bailan allá en la huesera.
Bailan los saltimbanquis
sobre los oros y los orines,
bailan los timbaleros
sobre timbales de puercoespines,
bailan titiritando
los borrachines titiriteros.


LA MUERTE ESTÁ SENTADA A LOS PIES
DE MI CAMA

Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos
a la vida. Contesta que me vaya al infierno.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.
Esta muerte empeñosa se calentó conmigo
y quisiera dejarme más chupado que un higo.
Yo trato de espantarla con una enorme rama.
Ahora dice que quiere acostarse a mi lado
sólo para dormir, que no tenga cuidado.
Por respeto me callo que sé su mala fama.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.


EL VIVIENTE

Allí estaba el Viviente, dando vueltas
la rueda del molino.
Sangre, sudor y lágrimas brotaban
de los sacos de harina.
Y negros sacerdotes con canastos
llenos de pan salieron, y volvieron
con monedas de plata, y entonaron
los cánticos gloriosos.
Y el Hombre tristemente los miraba
desde lo Alto de las aspas en cruz,
mientras el sol, violentamente rojo,
quemaba los trigales.


GLADIOLOS JUNTO AL MAR

Gladiolos rojos de sangrantes plumas
lenguas del campo llamas olorosas:
de las olas azules amorosas
cartas os llegan: pálidas espumas
Flotan sobre las alas de las brumas
epístolas de polen numerosas
donde a las aguas piden por esposas
gladiolos rojos de sangrantes plumas
Movidas son las olas por el viento
y el pie de los gladiolos van besando
al son de un suave y blando movimiento
Y en cada dulce flor de sangre inerte
la muerte va con piel de sal entrando
y entrando van las flores en la muerte


FOTOGRAFÍA

En la pieza contigua
alguien revela el negativo de tu muerte.
El ácido penetra por el ojo de la cerradura.
De la pieza contigua, alguien entra en tu pieza.
Ya no estás en el lecho:
desde la foto húmeda miras tu cuerpo inmóvil.
Alguien cierra la puerta.


CAFICHE DE LA MUERTE

Como carne de cóndores hirvientes
o de tordos quemados como cresta
del rojo al negro se cambió la fiesta
y en silencio se fueron los clientes
Se nos vació no más todo el prostíbulo
se vaciaron las camas y los bares
y todas las que estábamos de a pares
sollozamos de a una en el vestíbulo
Por el pasillo viene la señora
siempre tan maternal siempre a la hora
con su taza de té y un trago fuerte.
Para qué te moriste desgraciado
Mira mi pobre cuarto desolado
tipo traidor: cafiche de la muerte


DON JUAN

Todas estas mujeres que rodean
el lecho donde yazgo cada día
son un coro de velas carnosísimas pero se van en fila retirando
y estoy solo otra vez en el espacio
del mundo y ahora pasan lentamente
por mi lecho de nuevo pero no
aunque estás a mi lado respirando
con tantas bocas tantos ojos múltiples
locamente y yo miro el cielo raso
y el lecho donde yazgo cada día
mientras todas las bellas van poniendo
flores blancas sobre este pobre cuerpo
que me cubren de arena que me cubren
de arena blanca y respirar no puedo
en mi lecho caliente circundado
por mujeres que rezan y que lloran


CANCIÓN DE BLANCAFLOR

Ci-gît la belle Blanchefleur
à qui Flore eut grand amour.
Anónimo, siglo XII
El alma de Blancaflor
herida flota en el río
en el río del amor
Cantaron mágicamente
las estatuas y las aves
sollozaron en la fuente
Callaron los cortesanos
Una bandada de halcones
miedosa huyó de sus manos
La que compartió su suerte
de amor con el ser amado
a solas va con su muerte
Luminosa de rocío
yace cubierta de rosas
en aguas muertas de frío
El alma de Blancaflor
herida flota en el río
en el río del amor


LA ÚLTIMA CENA

La corrupción se sienta
sobre los limpios cuerpos
con servilleta y tenedor y cuchillo




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