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Monday, September 19, 2016

El Fuego de Cada Día: Octavio Paz



 MEDIODÍA

UN QUIETO resplandor me inunda  y ciega, un deslumbrado círculo vacío, porque a la misma luz su luz la niega.  Cierro los ojos y a mi sombra fío esta inasible gloria, este minuto, y a su voraz eternidad me alío.  Dentro de mí palpita, flor y fruto, la aprisionada luz, ruina quemante, vivo carbón, pues lo encendido enluto. Ya entraña temblorosa su diamante, en mí se funde el día calcinado, brasa interior, coral agonizante.  En mi párpado late, traspasado, el resplandor del mundo y sus espinas me ciegan, paraíso clausurado. Sombras del mundo, cálidas ruinas, sueñan bajo mi piel y su latido anega, sordo, mis desiertas minas. Lento y tenaz, el día sumergido es una sombra trémula y caliente, un negro mar que avanza sin sonido, ojo que gira ciego y que presiente formas que ya no ve y a las que llega por mi tacto, disuelto en mi corriente. Cuerpo adentro la sangre nos anega y ya no hay cuerpo más, sino un deshielo, una onda, vibración que se disgrega. Medianoche del cuerpo, toda cielo, bosque de pulsaciones y     espesura, nocturno mediodía del subsuelo, ¿este caer en una entraña oscura es de la misma luz del mediodía que erige lo que toca en escultura? -El cuerpo es infinito y melodía.  


ARCOS

 A Silvina Ocampo

 ¿QUIÉN canta en las orillas del papel? Inclinado, de pechos sobre el río de imágenes, me veo, lento y solo, de mí mismo alejarme: letras puras, constelación de signos, incisiones en la carne del tiempo, ¡oh escritura, raya en el agua! Voy entre verdores enlazados, voy entre transparencias, río que se desliza y no transcurre; me alejo de mí mismo, me detengo sin detenerme en una orilla y sigo, río abajo, entre arcos de enlazadas imágenes, el río pensativo. Sigo, me espero allá, voy a mi encuentro, río feliz que enlaza y desenlaza un momento de sol entre dos álamos, en la pulida piedra se demora, y se desprende de sí mismo y sigue, río abajo, al encuentro de sí mismo.


NIÑA
A Laura Elena

NOMBRAS el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento, alto deslumbramiento, hasta volvernos verde la mirada. Nombras el cielo, niña. Y las nubes pelean con el viento y el espacio se vuelve un transparente campo de batalla. Nombras el agua, niña. Y el agua brota, no sé dónde, brilla en las hojas, habla entre las piedras y en húmedos vapores nos convierte. No dices nada, niña. Y la ola amarilla, la marea de sol, en su cresta nos alza, en los cuatro horizontes nos dispersa y nos devuelve, intactos, en el centro del día, a ser nosotros.


PRIMAVERA A LA VISTA

PULIDA claridad de piedra diáfana, lisa frente de estatua sin memoria: cielo de invierno, espacio reflejado en otro más profundo y más vacío. El mar respira apenas, brilla apenas. Se ha parado la luz entre los árboles, ejército dormido. Los despierta el viento con banderas de follajes. Nace del mar, asalta la colina, oleaje sin cuerpo que revienta contra los eucaliptos amarillos y se derrama en ecos por  el llano. El día abre los ojos y penetra en una primavera anticipada. Todo lo que mis manos tocan, vuela. Está lleno de pájaros el mundo. Condición de nube.


NUEVO ROSTRO

LA NOCHE borra noches en tu rostro, derrama aceites en tus secos párpados, quema en tu frente el pensamiento y atrás del pensamiento la memoria. Entre las sombras que te anegan otro rostro amanece. Y siento que a mi lado no eres tú la que duerme, sino la niña aquella que fuiste y que esperaba sólo que durmieras para volver y conocerme.  


DOS CUERPOS

Dos cuerpos frente a frente son a veces dos olas y la noche es océano. Dos cuerpos frente a frente son a veces dos piedras y la noche desierto. Dos cuerpos frente a frente son a veces raíces en la noche enlazadas. Dos cuerpos frente a frente son a veces navajas y la noche relámpago. Dos cuerpos frente a frente son dos astros que caen en un cielo vacío.


 VIDA ENTREVISTA

RELÁMPAGOS o peces en la noche del mar y pájaros, relámpagos en la noche del bosque. Los huesos son relámpagos en la noche del cuerpo. Oh mundo, todo es noche y la vida es relámpago.


RETÓRICA

1 CANTAN los pájaros, cantan sin saber lo que cantan: todo su entendimiento es su garganta.  La forma que se ajusta al movimiento no es prisión sino piel del pensamiento.   La claridad del cristal transparente no es claridad para mí suficiente: el agua clara es el agua corriente.

LA RAMA

CANTA en la punta del pino un pájaro detenido, trémulo, sobre su trino. Se yergue, flecha, en la rama, se desvanece entre alas y en música se derrama. El pájaro es una astilla que canta y se quema viva en una nota amarilla. Alzo los ojos: no hay nada. Silencio sobre la rama, sobre la rama quebrada.  

 ESPIRAL

COMO el clavel sobre su vara, como el clavel, es el cohete: es un clavel que se dispara. Como el cohete el torbellino: sube hasta el cielo y se desgrana, canto de pájaro en un pino. Como el clavel y como el viento el caracol es un cohete: petrificado movimiento. Y la espiral en cada cosa su vibración difunde en giros: el movimiento no reposa.


EPITAFIO PARA UN POETA

Quiso cantar, cantar
para olvidar su vida verdadera de mentiras
y recordar su mentirosa vida de verdades.


II CALAMIDADES Y MILAGROS

Nada me desengaña el mundo me ha hechizado.
QUEVEDO
Puerta condenada

 INSOMNIO

QUEDO distante de los sueños. Abandona mi frente su marea, avanzo entre las piedras calcinadas y vuelvo a dar al cuarto que me encierra: aguardan los zapatos, los lazos de familia, los dientes de sonreír y la impuesta esperanza: mañana cantarán las sirenas. (Y en mi sangre otro canto se eleva: Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va...) Sórdido fabricante de fantasmas, de pequeños dioses oscuros, polvo, mentira en la mañana. Desterrado de la cólera y de la alegría, sentado en una silla, en una roca, frente al ciego oleaje: tedio, nada. Atado a mi vivir y desasido de la vida.  



MAR POR LA TARDE

A Juan José Arreola

ALTOS muros del agua, torres altas, aguas de pronto negras contra nada, impenetrables, verdes, grises aguas, aguas de pronto blancas, deslumbradas. Aguas como el principio de las aguas, como el principio mismo antes del agua, las aguas inundadas por el agua, aniquilando lo que finge el agua. El resonante tigre de las aguas, las uñas resonantes de cien tigres, las cien manos del agua, los cien tigres con una sola mano contra nada. Desnudo mar, sediento mar de mares, hondo de estrellas si de espumas alto, prófugo blanco de prisión marina que en estelares límites revienta, ¿qué memorias, deseos prisioneros, encienden en tu piel sus verdes llamas? En ti te precipitas, te levantas contra ti y de ti mismo nunca escapas. Tiempo que se congela o se despeña, tiempo que es mar y mar que es lunar témpano, madre furiosa, inmensa res hendida y tiempo que se come las entrañas.



LA CALLE

ES UNA calle larga y silenciosa. Ando en tinieblas y tropiezo y caigo y me levanto y piso con pies ciegos las piedras mudas y las hojas secas y alguien detrás de mí también la pisa: si me detengo, se detiene; si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie. Todo está obscuro y sin salida, y doy vueltas y vueltas en esquinas que dan siempre a la calle donde nadie me espera ni me sigue, donde yo sigo a un hombre que tropieza y se levanta y dice al verme: nadie.



    CUARTO DE HOTEL

I
A LA LUX cenicienta del recuerdo que quiere redimir lo ya vivido arde el ayer fantasma. ¿Yo soy ese que baila al pie del árbol y delira con nubes que son cuerpos que son olas, con cuerpos que son nubes que son playas? ¿Soy el que toca el agua y canta el agua, la nube y vuela, el árbol y echa hojas, un cuerpo y se despierta y le contesta? Arde el tiempo fantasma: arde el ayer, el hoy se quema y el mañana. Todo lo que soñé dura un minuto y es un minuto todo lo vivido. Pero no importan siglos o minutos: también el tiempo de la estrella es tiempo, gota de sangre o fuego: parpadeo.

II
Roza mi frente con sus manos frías el río del pasado y sus memorias huyen bajo mis párpados de piedra. No se detiene nunca su carrera y yo, desde mí mismo, lo despido. ¿Huye de mí el pasado? ¿Huyo con él y aquel que lo despide es una sombra que me finge, hueca? Quizá no es él quien huye: yo me alejo y él no me sigue, ajeno, consumado. Aquel que fui se queda en la ribera. No me recuerda nunca ni me busca, no me contempla ni despide: contempla, busca a otro fugitivo. Pero tampoco el otro lo recuerda.

III
No hay antes ni después. ¿Lo que viví lo estoy viviendo todavía? ¡Lo que viví! ¿Fui acaso? Todo fluye: lo que viví lo estoy muriendo todavía. No tiene fin el tiempo: finge labios, minutos, muerte, cielos, finge infiernos, puertas que dan a nada y nadie cruza. No hay fin, ni paraíso, ni domingo. No nos   espera Dios al fin de la semana. Duerme, no lo despiertan nuestros gritos. Sólo el silencio lo despierta. Cuando se calle todo y ya no canten la sangre, los relojes, las estrellas, Dios abrirá los ojos y al reino de su nada volveremos.




Libro: El Fuego de Cada Día






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