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Wednesday, July 13, 2016

Ricardo Solís



Ricardo Solís
Los peces todos

La soledad más próxima
Memoria del Padre

Supongo que es imposible
entrar en la soledad de otro.
Paul Auster

Pero no puedes irte de una palabra
aprendida de niño
Félix Dauajare

Centro,
muda y asolada isla,
rompe el mar sobre tu piedra gastada,
tu piedra que es sal y espuma,
dolor de agua,
filo donde se posa mi pie para llamarte.


Centro,
soledad de arrecife,
mueren de arena semillas de mi mal
(este mal que tú eres)
y visten de huella en tus orillas
todas las gaviotas que te buscan,
que te saben
mirar como un coral envejecido,
duro y callado.

Yo hubiera dicho:
una es el hambre y, todo lo demás, antojo.
Tú hubieras dicho.
cala la gana de comer
como una sola,
como una astilla de espejo en las tripas,
igual en su dureza punitiva
a esas lluvias de alfileres que azotan las memoria.

Porque duelen los ayunos
más que las ausencias y silencios que alimentan .

Porque se suele decir
que se tiene los pies para huir de los recuerdos .

Porque se tiene entendido
que el sueño sólo nutre fantasmas agotados.

Viniste a contarme historias un vez
Bajo la lengua llevabas
-recuerdo-,
saetas tristes de sol envenenads,
puntas de lanza
melladas por memorias antiguas y feroces,
docenas de ángeles desnudos y sin rosto,
demonios en harapos
y un par de manos torpes.
Desde entonces,
me vive la voz calzándose palabras
que amolden en tu nombre.

Ahora que lo olvido:
nana tuvo tragos
y tabaco en noches frías,
abuelo descolgaba el saxofón
para incendiar su garganta en cada soplo,
pero tú,
el hijo frío,
apenas tienes dedos
para hurgar en mi ceniza que no arde.
Todas mis herencias se han cumplido.

Senderos de espinas tiene tu sombra
que cubre todas mis casas.

Mi madre alguna vez dijo.
Se nace para amar y maldecir,
para romperse los huesos
en cada muro de esta oscura estancia.
Y yo salí de su vientre a conocer el frío,
a maldecir tu palabra
(que es mía)
y amar cada espina en los senderos de tu sombra
que todas mis casas cubre.

Porque siempre hay un muerto bajo cualquier escombro
y se anda por el mundo
como vil levantapiedras.

Porque es bueno un préstamo de luz en la tiniebla
si no se compadece
tu palabra de nosotros.

Porque el polvo es polvo aquí y en todos los lugares,
aún en esa silla
donde tu cuerpo reposa.

Yo no tuve tu nombre para que fuera mío.
Yo no tuve tu casa
para oír lo que dijeran sus cuartos,
sus muebles de metal o de madera,
sus muros de cristal
o sus capas de pintura,
más bien,
me apropié de todos tus insomnios,
de todos los guijarros que dejaste
perdidos en cajones y alacenas.

Otros son los poderes,
otra la fábula en que no perdimos.
Ayer apenas eras dulce espada,
ahora eres lo otro que sucede,
lo uno y lo distinto desasidos.

Para mí queda tan sólo lo que siempre tuve,
los otros de ti que nada llenan.

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