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Thursday, June 16, 2016

Elia Casillas: EL REGALO


EL REGALO

 Elia Casillas  




                     Y se dice mi amigo... ¡Es mi amigo! Detuve el  automóvil, Alonso no descendía, al parecer algo muy  importante brincaba en su cabeza negándose a salir. Después de muchas palabras desordenadas, habló claro:

-Marcela, ¿cómo fue tu primera vez?  Espero no te moleste mi pregunta.

Confundida, traté de  contestarle  fríamente.

-Hmmmm  bueno, como desconocía sensaciones... Me  gustó.
-No me refiero a eso, descríbeme cómo lo hicieron... qué  pasó primero.-argumentó.
-Sin irme al fondo de intimidades dije: Fue en un departamento, tenía un ventanal inmenso que daba al mar, cualquiera,  incluso  un insensible, se derrite con un atardecer de esos... Después de  besos y caricias, mis piernas cedieron.
-¿Y...?
-Y qué-  conteste.
-¿Es todo?  Cuestionó decepcionado.
-Sí, le dije con toda la seguridad de mis largos caminos recorridos.                     
-Ahhhh...
               
                    A  su edad, aunque  permanecía soltero, me extrañaron sus  preguntas, uno no puede ir por la vida contándole a todos su primera vez, sólo a él pudo ocurrírsele  semejante tema. Pero no quise saber la intención  de tan absurda  plática y cambié el rumbo de la conversación. Hablé de mis clases, el próximo viaje, los kilos que se desbordaban por mi ropa, él me veía sin hablar, desconcertada por su silencio  sugerí:

-Si quieres puedes marcharte-.
                
               Con la cabeza  dijo que no y continué  con mi discurso feminista. Para él era cansado oír, pero esa noche escuchó pacientemente  hasta el trato  que le daba  a mis bikinis de encaje para alargar su vida. La saliva empezó a escasear  y aunque tenía un centenar de ideas apuradas,  sin su  intervención, empecé a sentirme como merolico vendiendo  ideas revolucionarias. Decidida  guardé  mis palabras viéndolo directamente a los ojos, él  no soportó  mi pose  y al fin habló.
-Oye  ¿Qué  té pasa?  Preguntó  desesperado.
                  
                   Permanecí  muda,  algo quería decirme  y no encontraba el  principio, pero no hablé. Por un instante se me ocurrió  que iniciaría un romance en mi divorciado tiempo, -no, a él  le gustan pollas y yo estoy guajolotona- me dije.  Miró  su reloj, pensé  que  diría  “Adiós, nos vemos mañana y te bañas bien  ¿eh?”.  No fue así, empezó  a ver sus manos, a recorrer la cutícula de su mano izquierda con la uña de la mano derecha, veía sus tenis de aire y con la punta  de  la sudadera les dio  una ligera limpieza, subía y bajaba el cierre de  su camisa deportiva aún mojada por el sudor, jaló  y soltó el elástico del pantalón  y al fin las palabras.
-Mira –dijo resuelto- mi sobrino Crisanto tiene diecisiete años, tú lo conoces, el hijo de Martha, el que está en la  preparatoria... Sí... El delgado de bigote.  El veintisiete de febrero, o sea, el siguiente sábado cumple dieciocho años…  ¿No te gustaría ser su  regalo?








Navojoa,  Son.    Febrero 22 de  1999     




                     

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