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Thursday, April 07, 2016

José Antonio Mazzotti

 

Palabras


Detrás del amor, las palabras oscuras,
y detrás del silencio, las palabras oscuras,
y detrás de tu cuerpo, las mismas palabras
oscuras como los días, tercas como los besos
disparados sin remordimiento, las palabras
que bajan, ríen, corren como lobos en celo
y destrozan tus cabellos, saltan
y no regresan, y se desparraman, o no llegan
y lanzan un grito estridente, sin dejar de ser oscuras,
y llenan de burbujas esta habitación,
hasta que locas se tienden donde el sueño las alcanza
y son para colgártelas al pie de la mañana,
limpias.


Me despido del silencio

 
Canto la gran alegría de cantarte
la gran alegría de tenerte o no tenerte
P. Eluard
Me despido del silencio como de una casa querida
y me ladran los perros y me alegro
sin rumbo vagando por el espacio inmenso
puedo reír ahora sin temer
un corazón partido un labio roto
caminando por las veredas desteñidas
de esta ciudad enorme como la molicie
los párpados son densos y no dejan
marchar sin contratiempos por el día
ah y sin embargo el cansancio
es más hermoso que el sueño
dime muchacha si no es cierto el tiempo
dime si no es mejor andar hacia la muerte distraído
y odiar la poesía como a una cucaracha
nocturna en cuyo lomo el pie no acierta
dime si fuera de la calle hay otra calle
si atrás de la muchacha hay otra
muchacha con los mismos ojos
verdes como la tarde
en que te escribo si es mejor
tenerte entre papeles
o entretener mi cuerpo con tu cuerpo / contingencia
y gloria del mortal que habla contento
de perseguirte sin fortuna por ser cierta y viva.

 

Nocturno continuo con lluvia afuera


A la hora triste de los desengaños, a la hora
de los extraños desconciertos prevenidos de toda aspereza,
siendo el silencio un charco de agua sobre tus colchones
y lamentando locamente los aspectos más triviales de la Gran Jornada,
qué hacer sino dormirte sobre el escritorio, almacenarte como un libro en el tablero sin fin
y amar / reír / gritar / morderte
patear / llorar / oír / mirar
por la ventana y empaparte / acariciar
alguna idea inútil como un hongo sobre el pasto,
pensar no es venenoso, con amor
llevarlo a casa y endulzarlo, conocer
ese sabor maravilloso, y encontrarte
de pronto con las dos de la mañana, a la hora triste
de los desengaños, a la hora
de los extraños desconciertos prevenidos de toda aspereza, etcétera.


De ti me separa un planeta

De ti me separa un planeta poblado de siete mares
y de animales de distinta especie que se entusiasman haciendo el amor,
y me separan de ti todas las cosas que se dicen en los viajes arriesgados
alrededor de ese mundo colmado de palabras o poemas o caricaturas
de los animales de distinta especie que miramos hacer el amor.
De ti los árboles que cubren con sus sombras a las sórdidas parejas
y los parques enrejados donde se filtra el humo de las fábricas
y el humo de los autos y las voces de los edificios donde también se hace el amor
y me separan de ti los poemas que te dije en cualquier lugar del tiempo
y los poemas que no sé escribir, y los que pienso escribir, aunque no sepa,
y los poemas que no escuchas que no miras que no dices
porque eres sabia como un mono, lejana como un mono
en la ciudad llena de fábricas y parques y edificios
donde no hacemos el amor / donde no haremos el amor
porque de ti me separa un planeta poblado de siete mares,
un planeta con sus sombras sobre el que giro y me alejo
y estoy volviendo, todavía.

 

Yegua es la hembra del caballo



(después de una lectura de R. Jakobson)
Yegua es la hembra del caballo y yegua
es mi mujer impronunciable por el resto de mis días, la frescura
de su sudor y de sus patas duras como un diente
y el lomo en que cabalgo rodeado de metrallas y sirenas anunciando un bombardeo.
Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer
de suave relincho a cien violines cuatro flautas dos trompetas
y un músico olvidado y legañoso / a media barba /
y noches de terrible claridad.
Ella se mueve por los parques hinchando sus ancas
(yo hincho mis pulmones)
salta y patea y no conoce a los flemáticos
desnuda una sonrisa / como quien abre una bolsa de arroz
sabe y no sabe siente y no siente grita y no grita
y esparce el arroz entre los novios.
Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer impronunciable
divina metalengua que pronuncio y no decoro
y salto y pateo y relincho y ya no sigo
sé que ella viene como un pasto dulce a perdonarme estas palabras.



 

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