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Thursday, January 22, 2015

Oye... Elia Casillas


 
Oye…

 

Elia Casillas  

 

 

                       No, ya no oyes. Seguiré enviando poemas, tú sin contestar, un día me cansaré. Te preguntarás, ¿y aquella loca de los poemas, qué fue de ella? Pondrás mi nombre en google, alguna noticia nueva habrá de asombrarte, pero quieres ver mi rostro, el cuerpo con bikini, entonces, irás a imágenes. El tiempo hizo cambios en mí, pero, también en ti, estás triste (eso quiero creer). Te cuestionas si algún día tuviste oportunidad de viajar y verla. O si ella en un arranque de paranoia tomó una maleta y te dijo, "hola, soy aquella, aquella que te mandaba poemas".

              No, eso imaginas, pero no puedes ir a esa esfera para buscarme, tampoco puedes regresar en la flecha del pasado y ver que pasó, ¿dónde quedó aquella que te escribía (eso quiero creer)?

              El polvo barrió las memorias, nunca sabrás qué pudo haber pasado. Recuerdas esa noche, le dijiste que te estaba amenazando con irse, pero no sabías que en un instante de llanto,  ella tomó una tijera y cortó la hebra,  porque nunca te retó, sólo bromeaba contigo, jugar se había hecho una distracción. ¿La extrañas?

              No, tienes muchas fans, ella lo sabía pero... Robar horas a la noche para charlar contigo, para ver al amigo, para exprimirlo con preguntas, con sus cuentos, con sus dolencias.

             Hay una cruz, muchas cruces, imaginas un epitafio divertido, así como era ella, pero sólo prestas atención al abandono donde descansa, buscas unas flores, tienes que limpiar, se lo debes. Afinas, estás ahí con tu guitarra, no sabes cómo empezar, le hablas, dices que un día de lluvia la recordabas, y una noticia de ella en google,  te llenó de asombro y sin saber cómo, abrieron las palabras y de pronto te viste haciendo una canción (eso quiero creer). 

           Anhelas cerrar los ojos y pensar que nada sucedió, que ella está conectada a la noche, como siempre, y tú haciendo malabares con tus amigas, contando lo bien que te ha ido, le dices que leíste sus poemarios, aquellos que compartía contigo...

           Cierras los ojos, pides a Dios que esa escena termine, quieres escuchar de nuevo su voz, ver sus manos, abres los ojos, has terminado la canción, pones una rosa en medio de su despedida, y te vas.

            Llueve, el automóvil tiene un sonido y te arrulla, ella se acomoda en tu pecho, ella, la loca de los poemas, quieres verla, pero el terror al sentir su mano hace que pierdas el conocimiento.

           El grito del chofer diciéndote que han llegado a la terminal, te saca de la pesadilla. Te vas, has cumplido, le cantaste su balada, esa promesa que hiciste una noche de lluvia, cuando al abrir google, te encontraste con aquella noticia que te llenó de asombro.

 

 

 

 

Chihuahua, Chihuahua. Junio 16 de 2010 

 

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