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Wednesday, January 21, 2015

De aquellos días hidrocálidos. Elia Casillas


Me gusta ir al mercadito de la Purísima, me sale más barata la verdura, la fruta, pero no compro y si me regalaran la pata de res para el menudo, no la aceptaría. Vino mi familia a visitarme y a Paty mi hermana se le ocurrió traerme la pata para el menudo estilo Sonora, del mercado. Dios mío, como doce horas hirvió y yo, sólo pensaba en todo el gas que perdía por culpa de una pata dura. Ahora busco un dulce que le compré a un viejito baquetón, un dulce de leche para endulzarme la noche, no lo encuentro, no está. El hombre de los dulces, debe ser abuelo, esposo, pero no me lo van a creer, es tan tierno  cuando dice -Hey tú, bonita, te hablo a ti, la del sombrero, cómprame un dulce- Voy por el dulce, lo pago, y le comento, -aunque no me diga linda, quiero el dulce-. Una mujer joven nos observa y sonríe, casi adivino lo que piensa y hablo- Sé que lo mismo le dice a todas-  Ella suelta la risa atorada, porque desde que me vio o desde que escuchó al don Juanito, su carcajada no haya hueco por donde salir. Me acerco a ella con $15:00 pesos, y  adquiero tres pares de calcetines, pruebo el dulce, lo guardo, pienso, de madrugada voy a necesitarlo, cuando esté cocinando el menudo estilo Sonora, desvelándome con una pata que tardará tres horas en ablandarse, debido a que, no es pata del mercado.

2.      Escucho el juego de béisbol, el equipo pierde, antes ganaba, esto es así, hasta el out 27, hasta que el out 27 esté en un guante, sabré cómo ha terminado el partido. Alguien dejó un mensaje para mí, empiezo a leerlo y me percato de que cada palabra que paso, se borra. Quiero cerrar los ojos,  taparlos, tengo miedo, si el recado continúa desapareciendo y me descuido, no sabré quién lo firma.

3.      Elia Casillas
Aguascalientes, Aguascalientes. Martes 22/ 2014

4.      Mis sábanas están sucias, yo bebo café, ayer no fui con el recogedor, la cama me hizo ojitos y caí embrujada, ahora, debo lavar las colchas, limpiar el lecho, el piso, el baño, mis pies no toleran el polvo, pienso en mi casa de Navojoa, debe estar llena de tierra, caliente, algunos animales fallecidos, le darán más drama paseando su muerte, en los caminos de mi ausencia...

 5.   Ay no, eso de las cremas es toda histeria. Pregunto si hay algún regalo en la compra, claro que pago más de tres mil pesos en dos cremas y si no me creen, vayan a Lancome. La mujer dice que no, que sólo tienen muestritas de regalo, y pregunto cuánto cuesta cada crema, porque este artículo de primerísima necesidad está igual que la gasolina, en este caso es un cremazo. Continúo.

No, -digo- ya que hago mi suma, no voy a pagarte tanto y a conformarme con unas muestritas...

No, mire -dice- le puedo regalar una cosmetiquera y las muestritas.

A ver. Reviso la cosmetiquera, y… -Ay no, muy corriente. No gracias-.

Ella insiste -ahora que recuerdo, también tengo este rubor, el puro rubor cuesta seiscientos pesos-.

 -¿Sólo ese rubor tienes?-

-Si-.

-No parece rubor, creo que es polvo-.

-No, no es polvo, es rubor -agrega-

-¿Y cuándo ponen mejores regalos?

-Porque es mucho lo que tengo que comprar y la verdad que han subido mucho-

-Es que son francesas-

-No me digas, ese argumento lo conozco -y continúo- mira que yo soy indígena, no dejes que mi nariz te apantalle, a lo mejor siendo extranjeras las cremas, a mí no me funcionan, tú sabes, que mis arrugas no las acepten-

-No, si le van a caer bien, si también están hechas para las mexicanas y los buenos regalos son hasta el 18 de agosto -concluye-

-Bueno, regreso hasta el 18 de agosto, si es que todavía ando por estos rumbos.

Al dar la vuelta, veo un set, una crema hidratante, una limpiadora y una astringente. Lo compro, lo compro mientras llega el 18 de agosto.

-Ahora sí, dame las muestritas-.



6.   Hoy regresé al mercadito de la Purísima, siempre llego y lo primero que compro son las salsas, esa doña tiene una mano para el chile que realmente envidio. Compré camote, tunas, verdura picada, tortillas hechas a mano, una gelatina (para no extrañar al viejito dulce), imposible. Las tunas las olvidé, pero no los birotes, los birotes me recuerdan a mi abuela, ella los rellenaba con huevo o frijol y yo los vendía en la escuela. Cuando me dieron ganas de tunas supe que en algún lugar del mercadito las dejé. Ahh diez pesos de garbanzos, lindos, chulos, hermosos garbanzos, estoy emocionada, ya me los imagino en un caldo de res. No vi al viejito que me piropea, lo extrañé, la chica que vende los cosméticos y demás, dijo que sí fue a vender sus piropos (dulces de leche), pero se había ido temprano. Me cuestiono, -¿estoy enamorándome?-







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