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Wednesday, July 30, 2014

POR ESTA HEBRA, Elia Casillas




Lady Death takes these breasts

and get drunk the abyss

because I'm shaking,

this man has hurt me with a verse.

This retreat does not stun me,

the walls are longing for their ghosts

I see the smile on tawny landscape,

  and the moon in the desert quartered her

But without you, my nipples and bright stars

 are not the same sequins,

that destabilize the forests.

My eyes, make a bracelet with them

because I need a fair coin

peaceful and fingers in the notebook,

I want to get out of this door for another house,

the stealth I gave rowing and went,

and ended up making noise between eyebrows

and nose, because misfortune pursues us

and luck when she sees me

is left speechless.

I dance with the birds of my hair

rising between the lights

and the surge of the nebula

encountered my fishes get undressed.

THIS STRING [Excerpt]

Monday, July 28, 2014

Navachiste, Sinaloa/ 2012/ Elia Casillas

They are not haikus


1


There, fishermen


wet to the moon


with their oars.


2

Elevated in the smoke of his fire

the poet  in love of  the moon

with a black haiku

 


3

Silently

a poet oscillates

on the branch of the temple
 


4


I was awakened by the sound of the sea


at my door


a snail


5


You will return


are now one spirit


the fire and the poet


6

 Amidst shouts of seagulls

slow, stately

 the sundown
 


7


The Snail

in his spiral 

ghosts and the Universe



8

The Snail

in your cave sings

and it gets drunk the sea

 


9

At the camp

the air looking for a house

 to see dawn 
 


10

The fishermen

follows a his heart

to get to the moon

 


11


 The Huizache


loneliness and thorns


do not overshadow


12


Generous snail


carries the ocean


and his pirates



13


 Snail

to your house

only ters the sea



14

The sea

lives in the snail

and dos´t pay hostel
 

15

Para: Sandino Bucio Dovalí

 The Snail

coos by him self

brings the music inside



16


 The poet

 murder the poem

with its singsong


17

Among huizaches

the moon and a bright star

they walks like thorn

 


18


They came together to the wedding

the night, the moon

and the gnats

Elya, César Vega Cortés




19

The sea, the sand

and moon they traveled in bamboo

lake a  rain




20

 Put dawn an poem

and he only sees she´s spoils

and butterflies in her eyes



21

The Fisherman boat

dream a poem

of green eyes
 


Alejandra Proaño, Elya


22

 In the fire

came eyes

with feline intention



23

On Fire

love and sadness

the Guitar was witness

 

24


Came to camp the heat

 I open the eyes

and let him go
 

25


 It is a spirit smoke

a poem rising

in the paradise


26

 A silver stain

in the calm sea

mutineers fish
 



27

Came in the wind

and as stone

I hope your shot
 



28

At the camp

voices, voices, voices,

Ghosts frighteneds at campfires
 


29

 The fisherman sleep

in the sea in calmed down

the Moon breastfeeds him
 

30

Don't sleep the poems

roasted marshmallows

and sing

 


31


The son camp


holy poem


virgin poetry



32

At sea

April the boat

the footprint of poem 
 


33


In the fire


words and words


for the starving poet


34

The Snail

made it his loneliness

Ocean with time



35

The snail and  distance

in your backpack

the song of the sea
 


36

Para: Rita Girones

 The Snail

 is

an

poem

 s

 l

 o

 w
 


 



37

Their voices in heaven

in the sand

the poetry yawn
 

38


 That boat


the sea comes and goes


between lovers


39


Came the poet


on fire


Moon falls in love


40

The campfires

back it of the sea

which started at dawn



41


Poets fire


in the flames


Gypsy spirits


42


They expecting moon

the poets, fishermen

and fire


43

The fisher boy

the sun revolves

in his round
 


44


 Beyond the moon,

at sea

the seagulls  devour it


45


Your eyes on the sea

the moon undressing it

between fish


46

Moon copper it

the waves

and your reign
 

Navachiste, Sin. 2012 /Elia Casillas

Tuesday, July 22, 2014

Calendario: POR ESTA HEBRA


UNA REPUTACIÓN / Juan José Arreola



UNA REPUTACIÓN / Juan José Arreola


La cortesía no es mi fuerte. En los autobuses suelo disimular esta carencia con la lectura o el abatimiento. Pero hoy me levanté de mi asiento automáticamente, ante una mujer que estaba de pie, con un vago aspecto de ángel anunciador. La dama beneficiada por ese rasgo involuntario lo agradeció con palabras tan efusivas, que atrajeron la atención de dos o tres pasajeros. Poco después se desocupó el asiento inmediato, y al ofrecérmelo con leve y significativo ademán, el ángel tuvo un hermoso gesto de alivio. Me senté allí con la esperanza de que viajaríamos sin desazón alguna.
Pero ese día me estaba destinado, misteriosamente. Subió al autobús otra mujer, sin alas aparentes. Una buena ocasión se presentaba para poner las cosas en su sitio; pero no fue aprovechada por mí. Naturalmente, yo podía permanecer sentado, destruyendo así el germen de una falsa reputación. Sin embargo, débil y sintiéndome ya comprometido con mi compañera, me apresuré a levantarme, ofreciendo con reverencia el asiento a la recién llegada. Tal parece que nadie le había hecho en toda su vida un homenaje parecido: llevó las cosas al extremo con sus turbadas palabras de reconocimiento. Esta vez no fueron ya dos ni tres las personas que aprobaron sonrientes mi cortesía. Por lo menos la mitad del pasaje puso los ojos en mí, como diciendo: "He aquí un caballero". Tuve la idea de abandonar el vehículo, pero la deseché inmediatamente, sometiéndome con honradez a la situación, alimentando la esperanza de que las cosas se detuvieran allí. Dos calles adelante bajó un pasajero. Desde el otro extremo del autobús, una señora me designó para ocupar el asiento vacío. Lo hizo sólo con una mirada, pero tan imperiosa, que detuvo el ademán de un individuo que se me adelantaba; y tan suave, que yo atravesé el camino con paso vacilante para ocupar en aquel asiento un sitio de honor. Algunos viajeros masculinos que iban de pie sonrieron con desprecio. Yo adiviné su envidia, sus celos, su resentimiento, y me sentí un poco angustiado. Las señoras, en cambio, parecían protegerme con su efusiva aprobación silenciosa. Una nueva prueba, mucho más importante que las anteriores, me aguardaba en la esquina siguiente: subió al camión una señora con dos niños pequeños. Un angelito en brazos y otro que apenas caminaba. Obedeciendo la orden unánime, me levanté inmediatamente y fui al encuentro de aquel grupo conmovedor. La señora venía complicada con dos o tres paquetes; tuvo que correr media cuadra por lo menos, y no lograba abrir su gran bolso de mano. La ayudé eficazmente en todo lo posible; la desembaracé de nenes y envoltorios, gestioné con el chofer la exención de pago para los niños, y la señora quedó instalada finalmente en mi asiento, que la custodia femenina había conservado libre de intrusos. Guardé la manita del niño mayor entre las mías.
Mis compromisos para con el pasaje habían aumentado de manera decisiva. Todos esperaban de mí cualquier cosa. Yo personificaba en aquellos momentos los ideales femeninos de caballerosidad y de protección a los débiles. La responsabilidad oprimía mi cuerpo como una coraza agobiante, y yo echaba de menos una buena tizona en el costado. Porque no dejaban de ocurrírseme cosas graves. Por ejemplo, si un pasajero se propasaba con alguna dama, cosa nada rara en los autobuses, yo debía amonestar al agresor y aun entrar en combate con él. En todo caso, las señoras parecían completamente seguras de mis reacciones de Bayardo. Me sentí al borde del drama.
En esto llegamos a la esquina en que debía bajarme. Divisé mi casa como una tierra prometida. Pero no descendí incapaz de moverme, la arrancada del autobús me dio una idea de lo que debe ser una aventura trasatlántica. Pude recobrarme rápidamente; yo no podía desertar así como así, defraudando a las que en mí habían depositado su seguridad, confiándome un puesto de mando. Además, debo confesar que me sentí cohibido ante la idea de que mi descenso pusiera en libertad impulsos hasta entonces contenidos. Si por un lado yo tenía asegurada la mayoría femenina, no estaba muy tranquilo acerca de mi reputación entre los hombres. Al bajarme, bien podría estallar a mis espaldas la ovación o la rechifla. Y no quise correr tal riesgo. ¿Y si aprovechando mi ausencia un resentido daba rienda suelta a su bajeza? Decidí quedarme y bajar el último, en la terminal, hasta que todos estuvieran a salvo. Las señoras fueron bajando una a una en sus esquinas respectivas, con toda felicidad. El chofer ¡santo Dios! acercaba el vehículo junto a la acera, lo detenía completamente y esperaba a que las damas pusieran sus dos pies en tierra firme. En el último momento, vi en cada rostro un gesto de simpatía, algo así como el esbozo de una despedida cariñosa. La señora de los niños bajó finalmente, auxiliada por mí, no sin regalarme un par de besos infantiles que todavía gravitan en mi corazón, como un remordimiento. Descendí en una esquina desolada, casi montaraz, sin pompa ni ceremonia. En mi espíritu había grandes reservas de heroísmo sin empleo, mientras el autobús se alejaba vacío de aquella asamblea dispersa y fortuita que consagró mi reputación de caballero

Friday, July 18, 2014

POR ESTA HEBRA, Elia Casillas


Señora Muerte, toma estos pechos

y emborracha los abismos

porque estoy temblando,

ese hombre me ha herido con un verso.

Este retiro no aturde,

son las paredes que añoran sus fantasmas

    mi sonrisa en leonada ve el paisaje,

y se cuartea la luna en el desierto

pero sin ti, mis pezones y luceros

no son las mismas lentejuelas,

que trastornan a los bosques.

Mis ojos, haz una pulsera con ellos

porque necesito una moneda justa

y dedos pacíficos en el cuaderno, 

    quiero salirme de esta puerta por otra casa,            

al sigilo le di remos y se fue,

    y terminaste haciendo ruido entre cejas

   y nariz, porque la desventura nos persigue

   y la suerte cuando me ve

se queda sin palabras.

Bailo con los pájaros de mi cabellera

que se elevan entre las luces

y en la marejada de la nebulosa  

mis peces encontrados se desvisten.
 

POR ESTA HEBRA [Fragmento]

Thursday, July 10, 2014

Sol meu, Elia Casillas



Sol meu

Despertar,
uns passos descalços es trenquen,
a mitja llum vaig,
aquí està, obrint-se,
obrint
l'amor amb la seva vena salada
ens sosté desarmats,
ens manté sencers.
 
Cel i sols d'aquesta festa,
els estels són un raig de pluja
i un vestit negre
oneja entre les seves cuixes,
a les cames hi ha una lectura
i en la seva caiguda dos cossos
i un negre vestit
despullant es fullegen.

Vaig veure les nostres, els meus casualitats
i despullar les cuixes amb les dents
sábila santa
reina redemptora,
verd de passió
i purpúrea en els seus llavis estic,
benaurada sábila
seus dits es van plantar
i circulen,
és un mag,
igual que aquelles nits
esquinça,
com en aquelles nits
tanco els ulls,
tots els dies passa per mi
i des de quan no ho llegeixo
en aquest cos.

La tristesa està
i no l'escolto,
em falta
com l'estiu que sua
i en els meus pits el aclimatar
purificada a les cames.

La vida és aquest turó,
abans que el núvol desperti
i es desplomi
junta els huizaches per al forn,
en les petjades del perfum
la pell està desprenent,
res serà igual
la bruixeria i aquest refugi
ens van adoptar amb el seu negror,
sota el teu cos
em descobreixo en una altra,
la qual t'estima sense rendir-se.

Pujar al caos d'aquesta pau
ombra aliena,
els peus en silenci
i el ritme somnolent del cargol
reviu les petxines,
l'infinit vessa la seva calor
i ens uneix un vent angèlic.

En tu s'aixeca un aire càlid
i aquest collaret no va a protegir-me,
tinc voluntat per muntar
i enfonsar-me en el que no és,
però succeeix.

Assaltem la matinada
en el soroll de l'afecte,
enllepolits, obedients
seguim les nostres ànimes
sortir i quedar-se sense cos
és resplendir en l'arítmia d'un altre
amb la mateixa respiració.

Com aquesta gavina que vaga des de lluny,
camí la brisa
i gir en veu pausada,
l'oceà s'hissa
buscant en nosaltres.

La meva promesa,
vine a fer-me la que sóc
sense veure,
la qual sense veure
quan estic amb tu,
existeix.


21 maig 2014

Tuesday, July 08, 2014

Elia Casillas. MI COR.




Com fenc sang a les teves mans                 Però si portes meu cor        no cal era                  la teva barba va créixer                                         Miri només les sabates si veuen ferits i el teu esquena càrrega tots               Els núvols dels pobles              No puc creure                   vas deixar les teves primers passos paràgraf lliurar                 una cosa que és teu              No et alarmes                           ja em vaig acostumar un pecat estar al                    era encara emocionant veure ho botar quan arribaves            del tant que feia por semblava campana desquiciada             dels dies mai were              Era reina i et afanabas en veure feliç                    Et vaig donar les meves febrers                              meu dia efectiu       
                i després Ja a les teves mans vas patir transformació sorprenent                   Pujant   una cella de reüll em vas veure           Mentre   un somriure inhumana venir al rostre                   Llavors vaig comprendre que et perdia                    però ja no em va commoure res                         ser teu actitud la què curt el nus que estàvem al coll                 com riu que oblida entranyes quan vine al mar                 descansi i extraviaste el rumb de les meves mudances            Altres venir insensible vaig anar a la  barreja            ningú com tu                 el divers llenguatge en el meu esquena lliscant en els          Espatlles levanto sentiments                 i vas treure amargors de la meva sang             riure tu en el cabell queia en murmuris per el escot              llavors no era jo en tu Paloma              Falcó tu deshuesaste meu judici          abandonada a les teves urpes desplumamos cada nit i no culpa vaig sentir                   El temps acechándonos         i jo pecat bravura paràgraf deixar-me anar                              que sàvia res seria igual al torna a casa                  quan tot et passejaves en mi per això vaig decidir dejártelo        Era un veritable desordre en la meva volta sucumbia i només en espais a presentirte millorava              Impossible controlar obedient a semblant amor            sense importar res només aturar al teu niu aïllar me
en els teus ales                              dilatant les tardes paràgraf sortir escortada per la lluna        Un dia no et vaig veure                  ignorava de com inventar empreses del tant desamor perdent en les parets             em caiguda en vida          Llavors vaig saber que encara estava en tu                   tenies la clau i el meu cor               meu cor no ho necessito             Amb tu no em estranya          Mai no arraconar               ningú com tu  distingeix meus dolors     Ahhhh          Eso porció ha vingut                 No et preocupis                 Només o here encontre el descanso       que em vas treure en vida               Recull les teves llàgrimes        embruten el meu epitafi

Sunday, July 06, 2014

POR ESTA HEBRA, Elia Casillas



 
 
Tengo el alma en un salero,  

 

llegó el infortunio

 

y barrió con todo,

 

conoce mis cenizas,   

 

tu exilio acabó conmigo

 

    cuando la Muerte dormía.

 

No me descubra  

 

el corazón está escupiendo fuego,

 

    sostengo el perfil cortado

 

y mi vestido blanco gira

  

en los ojos llameantes de la aurora.

 

Hay manos que no debieron nacer nunca,

 

sigo detenida en sus palabras,

 

ya puede descansar,

 

me ha arrancado el ánimo,

 

ahora es el espejo 

 

donde mi rostro enloquece. 



[Fragmento]

Wednesday, July 02, 2014

Lo que Messi no es (3) Andrés Neuman


Como todo lo grande, el fútbol se entiende mejor más allá de sí mismo. «Siendo tan tímido», le preguntó cierta vez a Messi una amiga de la infancia, «¿cómo podés salir a la cancha y hacer lo que hacés delante de cien mil tipos que te están mirando?». Él sonrió tenuemente y pronunció la mejor respuesta que, dada su afasia, pronunciará quizás en toda su vida: «No sé. No soy yo». No soy yo, contestó Messi, sin pensar en lo mucho que nos hace pensar. O quién sabe si se trata de lo contrario: sólo entonces es él. Sólo entonces, dentro de la cancha, averigua quién es. El resto del personaje hiberna entre partido y partido. En ese sentido, Messi encarna el antídoto del miedo escénico. Su verdadera personalidad vive ahí, en el riesgo. Todo lo demás parece producirle una mezcla de pudor y fastidio. En definitiva, a Messi tendemos a pedirle que sea lo que no es. Más que con los bajones en su rendimiento, el problema tiene que ver con las expectativas ajenas. Por eso resultaría justo empezar a interpretarlo como lo que es: un genio que (siguiendo la norma de los genios) nos fuerza a reescribir nuestros lugares comunes. Aprender a leerlo nos permitirá disfrutar de él antes de que decline. Entonces empezaremos, como siempre, a extrañarlo demasiado tarde.

Tuesday, July 01, 2014

Lo que Messi no es (2) Andrés Neuman

Messi tampoco encaja en los modelos conocidos de capitán: el mesianismo hiperquinético de Maradona o Cristiano, la infatigable ejemplaridad de Raúl o Puyol, el magnetismo táctico de Guardiola o Xavi, la veteranía incontestable de Maldini o Gerrard. Ni siquiera posee la seducción del rebelde solitario, la inadaptación polémica de Garrincha, Romario, Guti o Riquelme. Por eso quizá resulte un tanto contra natura imponerle el brazalete. En un deporte de complejidad tan colectiva, la capitanía no suele portarla simplemente el mejor jugador, sino aquel con mayor capacidad de convocatoria entre sus compañeros. O, a la inglesa, el más curtido. En ninguno de esos casos está Messi, a quien la capitanía en la selección parece habérsele concedido por la razón opuesta que a sus antecesores: como estímulo anímico para él, más que para sus compañeros. El partido contra Irán estuvo al borde del bochorno hasta que Messi lo resolvió como le gusta: arrancando desde la derecha, en busca del perfil interior para el disparo entre varios defensores. Disciplina diagonal perfeccionada por Maradona en el 86 -contra Bélgica- y en el 94 -contra Grecia- Al terminar el partido, Romero lo resumió con esa tensa capacidad observadora de los arqueros. «El enano frotó la lámpara», dijo. Así se lo espera a Messi: como una providencia casi externa al equipo. Más como un fugaz milagro que como una actitud contagiosa. ¿Por qué en el Mundial anterior, pese a llegar en mejor forma, Messi no fue tan decisivo como en este? Quizá porque su entrenador se empeñó en hacerle de espejo. La única manera que Maradona (y un país entero) encontró de admirar a Messi fue tratarlo como si fuera él. Un año antes de que Sabella le concediese el brazalete a otro 10 zurdo, Maradona lo obligó a sobreactuar un liderazgo a semejanza suya. Por eso le pidió (o al menos consintió) que bajara demasiado a recibir la pelota, en vez de convencerlo para esperar la jugada donde es en verdad mortífero: a diez metros del área, exactamente donde jugaba con Guardiola. Desde que fue elevado a líder de la selección, a Messi le piden que marque el ritmo del partido, cuando su capacidad tiene que ver justo con lo opuesto: alterarlo.