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Wednesday, February 29, 2012

Mi Primo está muerto... Marconio Vázquez

MI primo muerto está en su caja. Bueno, eso suponemos, porque hay tantas flores en toda la casa que en verdad el color de la madera mortuoria se pierde entre tanto pétalo. Ahí debe estar, aunque ya no esté... Han llegado al velorio más de 500 personas, y han llegado también los personajes que no deben llegar.... NI modo, la muerte nos junta con todos. La muerte es tan generosa, tan hospitalaria ...que aquí mismo puede estar, quizá sentada junto a mí, la mujer que le disparó a Jorge... Sigue la música. Me piden que cante frente al muerto. Canto junto al trío de guitarras, con toda mi voz, el "amor eterno".... Cómo quisiera ay! que tú vivieras.... La fiesta sigue... El mezcal sabe a sepelio... El ambiente huele a velorio de azucenas blancas y arroces que han de morir mañana en nuestro paladar. Jorge era abogado "quizá del diablo": algo salió muy mal y entonces la sangre vencida marca nuestra voluntad para extender su noticia.... Una mujer ciega comienza a rezar.... su voz es la del sermón de la montaña: rosa mística... torre de sabiduría... torre de marfil... reina de juquila... lloramos a coro... y a coro negamos, a coro nos enojamos y así, a coro, nos liberamos de esta acidez anímica... tan crucialmente oaxaqueña. Ya incluso comienza el desfile de muertos provisionales, anclados a sus caballitos de mezcal, esos que sólo así dicen la verdad de esta muerte tan visitada.... Podría seguir así, enfiestado, enmuertado, toda mi vida, y deseándole a la propia muerte más suerte en su próxima elección: NO, querida muerte, hoy sólo te vas con mi primo. Todos los demás seguimos en congreso de motivos para llorar.

Thursday, February 23, 2012

Luis Donaldo Colosio Riojas: EL LLANTO DE UN MEXICANO


EL LLANTO DE UN MEXICANO




Por Luis Donaldo Colosio Riojas

Me preocupa. Me preocupa que veo a un país olvidado por sus líderes, quienes se concentran en sacar adelante sus carreras y a sus partidos antes que a su gente.

Me preocupa ver un abismo de desigualdad y diferencia, permeado todo por la infame indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de honrar la confianza de su gente.

Me preocupa ver que en el Congreso imperan el caos y la desunión, que los ‘triunfos’ de mis diputados sean ver quién difama más al otro o quién silencia con más fuerza. Que exista un aura de trabajos inconclusos y que los pocos que se dedican al trabajo son sopesados por quienes se dedican al ultraje. Me preocupa ver más respeto en las tribunas de un clásico de futbol mexicano que en los escaños y curules legislativos. (¿que se puede esperar de la raza?)

Funcionarios públicos ausentes o sumisos (NISI) (Ni trabajan,pero SI cobran) y fuerzas policiales abandonadas o corrompidas es el maltrato que nos dejan nuestros gobernantes. Benditas aspiraciones de nuestros jóvenes con tanta materia prima corroída. No es sorpresa que ‘ni estudien, ni trabajen’ si el sistema educativo es cada vez menos adecuado y continúa decayendo gracias a quienes se supone deberían levantarlo. El empleo y las oportunidades son virtualmente inexistentes y nuestra economía es tratada con la lujuria de unos cuantos.

Me preocupa mi tierra, sangrando a borbollones, con sangre nacional y extranjera, de quienes depositaron su confianza en unos cuantos. Me preocupa que ‘esos cuantos’ tampoco sean eficaces porque ‘algunos muchos’ se empeñan en que fallen con tal de alzarse el cuello y alardear un ‘se los dije’.

La desigualdad de ideas nunca ha sido crimen, pero el callarlas y asesinarlas es nuestro nuevo movimiento nacional.

Miles de millones de pesos, de nuestro dinero, de nuestros impuestos, se reparten a ‘unos cuantos’ para hacer bien ‘muchos nadas’, mientras tanto nuestros niños tienen hambre, tienen sed y tienen miedo. Miedo, no de una inseguridad que crece sin medida, sino de lo que seguramente terminarán siendo: seres olvidados y marginados por su patria y a quienes luego se les reclame de ‘holgazanes’. Se les castigará por ineficientes y por no saber aprovechar las infinitas oportunidades inexistentes que tuvieron. Nuestros niños, ¿pero qué demonios les hicimos?

Me preocupan todos y cada uno de los miembros de mi familia, más de 112 millones de ellos, que miran al futuro sin un rumbo certero, ese rumbo que nuestros predecesores se negaron rotundamente a asegurar y que ahora miran con desconcierto alegando que ‘no es su culpa’. Y la pelea continúa; y las divisiones incrementan; y las diferencias se exaltan; y nuestros niños, mientras tanto, sufren.

¿Pero qué te pasa, México? ¿En qué momento se volvió rutina suicidarte?

Me preocupa mi gente, que prefiere esconderse frente a una pantalla de televisión que detrás de un libro, o mejor aún, de un oficio. Me preocupa que la política de desarrollo colectivo nacional en estos momentos pareciera que se llama 'resignación', pareciera que se llama 'derrota'. (dificil pelear contra las diversas mafias que se apoderan de los puestos publicos para saquear el pais)

Me niego rotunda y enfáticamente a quedarme dormido, a darme por vencido. Así me tachen de por vida de demente o inadaptado. Qué ilusos somos todos al pensar que México necesita héroes, si lo único que le hace falta es la atención de sus ciudadanos, o mejor quizá, unos cuantos más de estos.

Este es el movimiento de la tercera insurrección mexicana, cuyo campo de batalla se libra en nuestros propios corazones, donde las únicas armas que encontremos y utilicemos deberán ser la paz, el trabajo y la Patria: suficientes muertes ha soportado lo sagrado de este suelo, y la tierra que se tiñe de rojo con la sangre de mi sangre es testigo de mi entrega. La batalla se gana en el corazón de nuestra gente, al denunciar nuestras propias faltas al país... y a nuestra estampa.



HIJO DE TIGRE....

El autor es hijo de Luis Donaldo Colosio y Ana Laura Riojas. Es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados y catedrático de la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León.


Thursday, February 09, 2012

Alicia Hopkins, Me Asaltaron


Bajaba los escalones del puente.
Siempre que pasaba de noche por ahí, aceleraba mis pasos hasta despegarlos del suelo, aceleraba, aceleraba y pensaba en esos animales lentos, que por su misma lentitud, se vuelven presas más fáciles –soy rápida, pensaba entremí, estoy a salvo.

Esta vez, eran las 2 de la tarde. El sol apaciguaba el frío que hizo durante la mañana. Caminaba abatida por la enajenación de los últimos días y, a cada escalón que bajaba, me llenaba de fuerzas, pensando en esa reunión de locos que todavía quieren y sueñan con cambiar al mundo. ¿Qué diríamos? ¿Qué medidas tomaríamos este año para enfrentarnos a la catástrofe?

Los vi de frente, caminando hacia mí, moviendo sus labios y mirándome a los ojos. No alcanzaba a escucharlos. Eran dos, vestidos con sudaderas blancas. Como ángeles aterrados de su propio veneno se acercaron a mí y empezaron a gritarme que les entregara el celular, el dinero, la bolsa. Desde la zona más instintiva de mi cuerpo empezaron a correr los latidos del corazón, cautivo por un miedo que venía más allá de mí y más allá de ellos. En ese miedo habitaba el miedo del animal más indefenso, el miedo a los precipicios, a la oscuridad, el miedo que te despierta en la madrugada cuando vas de caída, el miedo con el que damos el primer grito cuando nacemos. Los sentidos se nublan, la vista se acorta, el oxígeno es un apenas.

Saqué de la bolsa de mi pantalón el celular –tranquilos… ay muchachos, qué susto…- -¡DANOS TODO EL DINERO! ¡DANOS LA BOLSA!- -Espérense, espérense… estoy muy asustada, así no puedo pensar… tranquilos, nadie se da cuenta… hagan como que estamos platicando, no voy a hacer nada, déjenme respirar-

Déjenme respirar… déjenme respirar… y a cada bocanada, con la mano en mi pecho, iba calmando ese pánico que se me salía por la boca.

(Parece que no traen armas, tienen poco más de 20 años, tienen miedo, esta es una de sus primeras veces… cálmate, cálmate…)

-¡SACA TODO! ¡DANOS LA BOLSA!- Empezaron a meter la mano en mi bolsa, encontraron la cajetilla con un cigarro y amablemente la devolvieron a su lugar. –No les voy a dar mi bolsa, traigo mi tesis, estoy estudiando, no chinguen, traigo mi suéter, no chinguen-

-¡¡DANOS LA CARTERA!!- Saco la cartera. –No les voy a dar la cartera, traigo mis credenciales. -¡¡DANOS LA CARTERA!! ¡¡SACA TODO EL DINERO!!- -tranquilos... tranquilos... miren, les doy $200- -¡¡SACA TODO!! ¡¡YA TE DIJIMOS QUE SAQUES TODO!!-
-Tengo que moverme- -Órale, dále pa´su camión- dijo, como conmoviéndose, sorprendido por la inesperada interpelación de esta loca solitaria que se atrevía a mirarlos como si fuera una de ellos. Me quedaban $100. –Tengo que comer, no chinguen, ¿por qué le roban a la banda? ¿por qué entre nosotros? La lucha no es entre nosotros, el pedo no es entre nosotros, chínguense a los culeros, por qué a la banda, por qué entre nosotros... por qué entre nosotros... somos de los mismos...
(somos de los mismos...)

Yo que venía pensando cómo arreglar el mundo para ellos y para mí, para nosotros. Estaba aturdida con un dolor que venía de lejos, de todos los siglos de dolor y de sangre por los que ha pasado la historia de este país de los hijos de la chingada, de la violada por el blanco. Miré sus rostros morenos, pálidos de nervios, asustados, destanteados y me llené de tristeza. Pasé mi brazo por la espalda de uno de ellos… quería abrazarlos, quería contarles, quería decirles que no los odiaba, que entendía su miedo, que conocía su rabia, que estaba con ellos desde este corazón adolorido por el mismo mundo que compartimos, que no había pedo, que se llevaran el dinero y el celular, pero que me escucharan. Apenas me tuvo cerca, abrazándolo, se arrebató y me tiró el brazo.
Como si mis palabras fueran balas, corrieron despavoridos. Corrí detrás de ellos.

(No me tengan miedo, no me tengan miedo).

Huían no de mí, ni de la policía que no estaba en ningún lugar, no había nadie. Huían de esa verdad que estaba en ellos mismos. Una sonrisa tímida y avergonzada asomó la comisura de sus labios y los vi yéndose, arrojándose al periférico, entre coches. Yo corría detrás de ellos, como ellos, como nosotros, como quien se arroja a la muerte a la que nos tiene destinada esta crueldad cotidiana, a este suicidio imbécil. No pude alcanzarlos y a mí me alcanzó, hasta el alma, como un punzón, un dolor que me quedará para siempre.

Lloro por ellos, lloro por nosotros, por su miedo, por el mío, por su desesperanza, por sus padres que no supieron amarlos, por sus calles que les robaron el alma, lloro por esos monstruos que todos llevamos dentro y que nos dominan, lloro por todos los que han muerto en un asalto y por aquellos que los asaltaron, lloro porque no podremos, ni ellos ni yo, nunca, ser felices.

¡Puta madre, la vida tenía que ser otra, el mundo tenía que ser otro!

Wednesday, February 08, 2012

Taller de Poesia de Mario Bojórquez


Dalí

Mario Bojórquez


En la Casa del Caballero Águila de San Pedro, Cholula, Puebla, frente a los portales, continua el Taller de Poesia de Mario Bojórquez, convocado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, la Dirección Municipal de Cultura de San Pedro y la Universidad de las Américas-Puebla. El Taller es gratuito y e...stas son las fechas en que se han programado las sesiones: Enero 24 Febrero 14 / 28 Marzo 13 / 27 Abril 10 / 24 Mayo 15 / 29 Junio 12 / 26 Julio 10 / 24 Agosto 14 / 28 Septiembre 11 / 25 Octubre 16 / 30 Todos son martes de 16:00 a 19:00 hrs. No faltes. Es una excelente oportunidad para compartir la poesía.