Elia Casillas
El domingo pasado al salir de mi casa había unos envases de cerveza tirados debajo de mi banqueta, cerca de donde saco el automóvil, uno de ellos, quebrado. Yo, que soy ave nocturna me percaté que la noche anterior los vecinos habían estado tomando afuera. Fui y les toqué para que los recogieran, nadie salió, entonces, los agarré y se los puse en su entrada. Al día siguiente en la noche, vi que ellos descendían de una camioneta negra. Era un hombre y una mujer, les dije que por favor no quería que me dejaran sus botellas tiradas de mi lado, que para eso hay recipientes de basura. Hoy, seis días más tarde, saco la mugre, son después de las doce de la noche y ahí, cerca de mi deposito de bazofias ya estaba otro envase de cerveza tirado. Bueno, me molesta que la gente sea sucia, que no entienda, fui y le dije al tipo que si no pensaba que me harta que por segunda vez vuelva a tirar sus botes en el área que me corresponde, por ser mí hogar. Tengo viviendo veinticinco años en esta colonia y primera vez que mantengo ese tipo de altercados. Ya les he contado que me llevo tan bien con mis vecinos que no les hablo, entonces, le di la lata al tipo y me dijo: Yo estoy en mi casa, y me gusta tomar todos los fines de semana, así que acostúmbrese a los botes. Mira, dije. Eso si va a estar difícil, porque en la calle puedes hacer lo que te dé la gana, menos tirar basura de mi lado, por mí puedes coger si quieres en la calle, pero tu basura es tu basura, y esa la recoges y la tiras. Pues haga lo que quiera. Sí, voy a llamar a la policía. Me vine a la casa y empecé a buscar los números telefónicos en el directorio. El número 422-0033, dice que no existe, el 422-1888 esa es una línea de la policía del estado que no te resuelve nada de Navojoa. Pero el hombre, amablemente me dijo que llamara al 422-37-70 ¿y saben qué? Nunca me contestaron, nunca, nunca, nunca. Volví de nuevo con el policía del estado y aconsejó que marcara al 066. Lo hice, una joven de nombre Laura Soto, tomó mi reporte. A las doce cincuenta, tuve que volver a marcar, ya que la patrulla no aparecía, Laura me dijo que la Unidad 136 ya venía en camino y yo le creí a la voz de Laura Soto. Pasó una hora y nada, volví a llamarle a Laura Soto, y ella me dijo, que ya había pasado el reporte, pero, pero que marcara al 113 y ahí ya era directo con el comandante. Lo hice, me contestó Luis Fernando Chaires, un tipo buena gente, lo adiviné en su palabra, tenía palabra de buena gente. Le conté toda mi histeria, y me contestó que la Unidad 113 ya estaba en camino, y contesté. Que raro, una patrulla no hace una hora en venir a la colonia, si no vivo en Ciudad Obregón. Entonces, argumentó: Tiene que esperar la patrulla afuera de su casa, porque ya van para allá. ¿A esta hora, afuera de mi casa? Más de la una de la madrugada, casi pisando las dos. Nunca llegaron, y volví a marcar al 113, ya que eran los únicos que contestaban. Luis Fernando Chaires insistió en que ya habían venido los policías y que yo no salí. A canijo, me dije en voz fuerte, tan fuerte que hasta Luis Fernando Chaires me escuchó, allá, a lo lejos, donde él se encontraba. ¿Cómo vinieron y los tipos siguen ahí como si nada? Le pregunté y me dijo: Bueno, ¿qué quiere que le diga? Sí, eso contestó Luis Fernando Chaires. Ellos dicen que ya fueron y usted no estuvo, aunque, ¿le digo la verdad?, yo le creo a usted, pero ellos dicen que ya fueron. A ver, a ver, dame los nombres de quienes dices que vinieron, necesito escribir esto o me voy a volver loca. Mire, dijo. Uno se llama Ernesto López Montes y el otro es el teniente Jesús Adrian Cota García. Bueno, dile a Ernesto López Montes y a Jesús Adrian Cota que para acá no se han acercado, yo estoy al pendiente y ellos ni sus luces. Luis Fernando Chaires se puso en contacto con la Unidad 136 y les dijo que yo seguía esperando, para entonces, ya casi habían pasado dos horas. Yo le dije a Luis Fernando Chaires que les preguntara por donde andaban. ¡Ay esos policías! yo vivo en la calle fulana de tal y ellos andaban en la Margarita, ¿cuándo, cuándo iban a encontrarme? Volví a darles la dirección con santo y seña, y al fin. Uy, mejor ni hubieran venido. El tipo les dijo que trabajaba en OMAPAS y que apantalla a los policías, ahí ni el INMORTAL Mercedes Esquer Llanes, ni el hecho de que esta mujer que les habla y escribe, Elia Casillas hubiera dejado el Templo de San Judas Tadeo funcionando en un año, cuando a mí me lo entregaron en ruinas, y que las Fiestas Patronales que salieron de mi cerebro y este año cumplen veintidós años… Eso no funcionó, ni que el tipo, por lo que ellos estaban ahí, por cochino, tampoco fue suficiente, el policía me dijo. El joven ya se disculpó, ¿qué quiere que hagamos? Ya se puede ir a dormir. Jajajajaja, más de dos horas hablando por teléfono para que vinieran a decirme eso, que el tipo se había disculpado, porque el muy cobarde empezó a comportarse como un cordero y yo; no lo podía creer, les entregué el bote, les repetí lo que el descarado dijo y no. No, no, no. Aquí en Navojoa que seas buen ciudadano eso no es importante, acá si trabajas para el gobierno, eso sí. Si te dedicas a labores de ayuda al prójimo, no. Digo, también trabajé para que no cerraran el Asilo de Ancianos y con Manlio Fabio Beltrones Rivera; cuando era Gobernador del Estado, conseguí apoyo para el Albergue de los viejitos. Ah y traje el Encuentro de Escritores Bajo el Asedio de los Signos. Por cierto, José Abraham Mendívil López (Presidente Municipal de Navojoa, Sonora), nunca me pagaron la cena que hice en el Encuentro… Me debes, José Abraham Mendívl López, me debes, no se te olvide nunca José Abraham Mendivil López, me debes. Ahh y tengo en el Museo Lombardo Ríos mis tardes de LUNAZUL (suspendidas porque no hay plata para moverme y para las invitaciones), ahí, presento escritores y poetas, a los jóvenes del Pueblo. Y bueno, vi a los pobres policías, pobres, pobres, sin idea de lo que yo decía y hablaba, confundidos, desorientados, perdidos en su pobreza e ignorancia, en su laberinto de oscurantismo, desprotegidos, en la nada y sin nadie, solos, como almas perdidas en su desgracia y miseria. Casi a las tres de la madrugada los fulanos o sea, mis vecinos incómodos, subieron el volumen de su música y continuaron embriagándose. Yo me quedé aquí, con ustedes, tenía que contarles esto. Borrachos, basura, cobardes, policías pobres, pobres, pobres, en el caracol de un pueblo sin memoria, suspendidos en alguna luna de otro universo, empolvados como la perra suerte que los puso allá, y aquí. Insisto, ¡Navojoa, sigues siendo una gran Prostituta!
Navojoa, Sonora. 1 de Octubre de 2011

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