Monday, July 12, 2010

Gustavo Enrique Orozco

Mater






“Madre mía, durante la noche me sentí alegre

y anduve en medio de los nobles.

Las estrellas aparecieron en los cielos…”



Tablilla II de la Epopeya de Gilgamesh

Antigua versión babilónica

La huella de la ventana se alza para estrechar al día

duermo bajo el vapor de tus manos infinitas

bajo la vela inmensa que te reclama diaria

cada vez que abro los ojos y miro

el pelo de la luna revuelto como dedos indiscretos

de una hilandera de plata,

y oigo crecer tu voz

entre las ramas del mundo

despierta como la gota

que se anida en tu cuello

cuando en silencio

miras

nacer la flor que se abre en tu vientre

eterna como la noche

y generosa

idéntica

al beso con que lo creas todo

al tacto con que el temor se acaba

y todo de una vez

vuelve y comienza

dentro de este pecho

pequeño que te nombra

.

Gustavo Enrique Orozco


Mater II



La mano que mece la cuna rige el mundo.

Peter de Vries





hay

en la vuelta que hace el dedo que cose el pantalón

una línea que viene de lejos

si te acercas al punto en que la hebra

de cualquier color pero invisible

deja caer su voz como azúcar en leche

ya la podrás oír

y al cabo de las vueltas y los nudos con que sostiene su viaje por la tela

algo como un calor en la oreja

se alza como en la taza que miras

la huella del calor



tu mano

metida en otra mano es tan pequeña

su tacto duerme como el pez en el agua

es una hoja ligera

que no se entrega nunca

al delirio o la sed de la sombras



la mano

que ha escrito estas líneas

bebió de esa sed

y vuelve

de la misma manera que la aguja o el tacto

a buscar un espacio en la tela para poder cubrir sus párpados

segundos antes

de que la noche llegue



Gustavo Enrique Orozco


Mater III

no habrá ventanas para ver al paraíso en estas líneas

ni luces que en la madrugada tejen manos para tocar el agua que amanece idéntica

reposada sin vértigo a la orilla del corte de las hojas

no habrá grillos bajo la alfombra amarilla

ni nubes que en el espejo se confundan con el pelo

no habrá colores que no sean los que hemos dado

para vestir de huella lo que tus ojos miran

despacio

como si alimentaras cada forma en cada vista

y es que estos ojos

que miran desgranarse estas palabras

una vez

dieron luz a estas letras

todo lo que en esta carta cabe

es tan sencillo como la pluma de un ave inmensamente blanca

que baja por el sueño hasta la cama

y ahí se hace de pronto el ave entera

es el espíritu de lo que no se interroga

la claridad llamada de una voz que en los millones de silencios del mundo

alguna vez hizo nacer la caricia de los párpados

y todo lo que habitaba la faz de la tierra

húmedo o pétreo

sembró su descanso en la matriz obscura de la noche

estas letras de grano

van cayendo en tu mano esta vez

como también una vez mi cabeza cayera

y encontrara esa paz y esa pluma clarísima

nada más

el espacio de la vida

en tu mano la sed

copa infinita

sacia la sombra y es habitada toda por su incendio amoroso

mi mano cede

tú colmas la mirada de oficios y pasos

la mesa de invención sin fatiga

la calma del que se acerca a la orilla del cuarto

y al abrir la cortina

mira nacer al mundo


Gustavo Enrique Orozco nació en la Ciudad de México, en el año de 1978, es egresado de la Escuela de escritores de la Sociedad General de Escritores Mexicanos, y se ha desempeñado en el ámbito editorial desde hace más de 10 años, trabajando para diferentes firmas, ha dado talleres de creación poética para jóvenes, el 28 de marzo de 2010 inauguró una exposición individual de fotografías llamada Por el arte de la amistad, en el museo virreinal de Zinacantepec, Toluca, Estado de México y recientemente ganó el XI Premio Nacional de Poesía Tinta Nueva con el libro Mitad de silencio. El Instituto Mexiquense de Cultura, publicó la edición de su obra Sonetos de la eternidad, que se hizo merecedora del premio de publicación para formar parte del catálogo de la institución.

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