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Sunday, September 06, 2009

Juan Buitimea Valdés: ¡El último de los bohemios!







Francisco Sánchez López

Juan Buitimea Valdés: ¡El último de los bohemios!

La semana pasada viajé por la ruta ecológica de Cajeme-Cócorit- Estación Corral para visitar a doña Oralia Barragán y al pintor Juan Buitmea mis dos lectores del Club del Libro. Pero antes de ello, llegué al Museo de los Yaquis para ver la exposición de ilustraciones a la pintura aerosol opacada por la novedad de las osamentas de Cócorit; abandoné el recinto para ir al Huesario de los Bours titulado así por la pedacería de huesos humanos, cremaciones y basura enterrada encontrada y no por los “huesos” abandonados del pasado sexenio, en la ex Maderera Álvarez y su leyenda de “aparecidos que asustan en la noche” para cerciórame si era un sitio arqueológico de antigua cultura prehispánica.
Decepcionado, abordé el camión a “Corrales” o Estación Corral para fotografiar la bella arboleda del camino antiguo a Tajimaroa (que espero no los talen sin un estudio técnico y sensatez como a los álamos de La Alameda de Cócorit), los campos agrícolas y un magnifico arco iris sobre una laguna y charco en el cauce seco del río Yaqui: ¡Ecocidio cajemense! A pesar de que la ley federal de ecología ordena un mínimo escurrimiento de agua en todos los ríos mexicanos. Me bajé en el campo deportivo y riéndome, subí la loma de Corral hasta el domicilio de los arriba citados, degustar una taza con café negro, un sabroso burrito de frijoles con panela; platicar con ellos y terminar entrevistando al artista corraleño sobre su historia personal, su creatividad y obras plásticas.
Me reí del chusco incidente: “El cazador cazado con su propia arma”, porque hace unos treinta años, fui a cazar liebres con un arco y flechas de carrizo usados por los guerreros yaquis que me regaló mi amigo Felipe Espinosa (+), jefe de los Matachines de Vícam Pueblo en 1976, cuando les doné el proyecto de remodelación de su bello templo estilo neoclásico. Después de varios intentos fallidos porque saltaban detrás de los matorrales asustándome, no me percaté de una flecha astillada y al soltarla me fleché la palma de la mano izquierda. Aborté la cacería por el dolor sufrido y manejando mi “bochito” azul, llegué a la Cruz Roja para que me curaran la herida. ¡Democracia del monte! Porque sentí lo mismo que sienten las liebres. Ja, ja, ja.
-Juan, es grato saludarte de nuevo-, le comenté, al pintor costumbrista corraleño en la puerta del cerco de su chiname y preguntarle: ¿Quién es el pintor y cantante Juan Buitimea Valdés?. Después de ofrecerme un vaso con agua por el calorón y humedad en el ambiente, contestó: --Soy un pintor mestizo de yaqui nacido el 8 de febrero de 1945 en Estación Corral, mis padres ya finados fueron Diego Buitimea Valenzuela, yaqui puro de Cócorit y de María Luisa Valdés Valenzuela... El talento lo heredé de él, fue muy famoso por dibujar las sewas (flores) para los cuellos de las blusas de las inditas que ellas bordaban en colores rosa, rojo y azul. Fue chofer y peluquero y hacia sillas para montar. ¡Un mil usos de ahora!
Al observar de soslayo su interesante pobreza acomodada en una rudimentaria instalación de arte utilitario colgado entre matorrales e invitándome a sentarme bajo la sombra de un tapanco-cocina, le inquirí: ¿Cómo te iniciaste en la pintura? --De niño fui un “iluminado”, porque en el monte se me apareció una intensa luz blanca incandescente y se me cayó el mundo encima... Lloré, lloré mucho y al otro día me puse a dibujar con los dedos en la tierra, estudié dibujo, caricatura y pintura por correspondencia en una escuela de Los Ángeles, California--. Me contestó con cierta melancolía y místico encantamiento de la Yoreme Ania.
¿Qué opinas, de la cultura yoreme? Le solté la pregunta mientras sacaba sus cuadros para mostrármelos y criticárselos: --Vivo en casa de mis padres pero el terreno es propiedad de los yaquis, sólo soy espectador, me gusta ver a los Chapayecas en Semana Santa pero nunca he portado una mascara tradicional: ¡Con la cara que tengo es suficiente!”. Contestó riéndose.
¿Qué piensas de tu arte? Le aludí, al observar unas 15 pinturas de interesante temática vernácula en mediano y pequeño formato de paisajes de la presa El Oviachic, florales y Vírgenes. --A mis 64 años de edad estoy en pie de lucha, en una constante búsqueda de la belleza y no estoy conforme con el arte que hago--. Me indicó mientras yo observaba un cuadro volteado y recargado a un arbusto. Le escudriñé con curiosidad: ¿Qué estás pintando?
--“La Última Cena”, mi versión por su colorido y los judíos, señalando al cuadro; He terminado a “Cristo, escribiendo en la arena”, un “Jesús de Nazareno”, la “Virgen del Camino” y a la “Virgen de Guadalupe” porque la gente los ordena y les gusta--. Me indicó, al mostrarme cada uno de ellos para apreciar su dibujo antiguo de figuras y rostros ya desaparecido en la plástica moderna, heredado desde la época de las Misiones jesuitas del Yaqui y en los ex votos Novo españoles o mexicanos.
Juan, la vida bohemia de artista que llevas a pesar de la pobreza en que vives, tus remembranzas de la farándula con famosas artistas de los años ´60; bohemia del arte y de juergas nocturnas que sólo unos cuantos pintores sonorenses vivimos en la Ciudad de México: ¿Quiénes fueron tus musas? Curioseé, porque fue también conocido con el nombre artístico de Johny Valdés.
--La Rosi Mendoza es mi amiga querida, la pinté desnuda en sus mejores años de famosa vedette en un cuadro con fondo la sierra del Bacatete y un danzante venado... Ya quedó en el olvido. La otra fue María Félix porque me impactó su belleza ya que poseía una cara muy buena para retratar... En 1962, le regalé tres dibujos a lápiz de ella en traje de baño, de su rostro y una caricatura donde le da una nalgada a Silvia Pinal que fueron publicados en la revista Cinelandia y conservo el óleo en blanco y negro “La Mujer de todos” como recuerdo... Me respondió sonriente, evocando la bella época ya que no “cantaba mal las rancheras”: --Canté en el bar La Tenanpa cuando visitaba a la Rosi Mendoza, con mariachi en la plaza Garibaldi y rehusé cantar “La Flor del Capomo” con los Hermanos Molina de Pótam en el programa Magia y Encuentro de Raúl Velasco, en Cajeme grabé la canción “Morenita Mía” con Memo Urías--.
¿Dónde están tus obras? Le pregunté, debido a que es muy famoso fuera del estado de Sonora: --No sé, pero fíjate que al ex presidente Adolfo López Mateos lo pinté sentado en la silla presidencial y le regalé “la Muerte de Goliat” y “Los Jinetes de la Apocalipsis”; A su esposa, le entregué varios dibujos de murciélagos y me becó en el Internado La Cruz de Gálvez por medio de Jaime Torres Bodet; Lola Beltrán tiene “Mujeres Yaquis Desgranando Maíz”; Ofelia Medina un Matachín a la acuarela; Varias “Danzas del Venado” están en Estocolmo, Suiza y en Estados Unidos; “Viaje a la Luna y las Estrellas”, se lo pinté a la señora Sherry de Tucson; “Jesús, Mensajero de la Salud” la adquirió el doctor Enereo Alvarado García y “La Virgen del Labrador”, el ingeniero Gastélum de Hermosillo, pero en Cajeme no se vende nada. (Continuará).







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