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Friday, August 07, 2009

Elia Casillas

Candelaria Carrillo

Elia Casillas


Mi abuela me regañaba porque vivía en el sobresalto
de sus reglas
le asustaba que mis palabras fueran más altas
que el árbol
que volaran
que anduvieran en avenidas con pancarta
atacando con altavoz al mar
al gobierno
a los pájaros del mercado
y a mi madre
que nunca entendió su vientre
ni mis zapatos


El eco de sus días nunca fue igual
desde que asaltaba las colinas con mis gritos
porque mi voz no es como la del mundo
(ella decía)
lo presintió cuando di el primer paso
fuera de la esfera


Estoy en el columpio recordando sus olores
su risa apergaminada
sus ojos traspasando la cueva de mis escondidas
sus manos llenas de tiempo
hinchando sobrecamas con historias
agarrada del hilo
donde tejió dolores con disciplina
y aire dulce


Caminaba en la autopista de la noche
como en los baches del mediodía
sin quejarse de su bandera
ni de sus faldones
y en la espalda cargó a su familia
con un sólo rebozo



La muerte se hizo chiquita cuando vino por ella
le habló bonito
y su arrullo la dejó dormida
soñando con Dios

Yo no supe
su epitafio me llegó de oído
de a poco
para no arrancarle al cielo un por qué
cerré los ojos
el dolor me lo comí de un jalón
y así
barrí del calendario su partida


No conocí sus novenarios
ni su puño de tierra
no vi su mandil frío
ni su descanso en la caja
ni su cuerpo de piedra
vacío callado

Ignoro si le habló a la Parca de mí
si me recomendó con ella
como con los maestros
si la previno de mi bisutería
y pies de tren
de mi lealtad de santo
y muslos cálidos
No sé no supe no quiero saber.

Sola voy con mi cementerio
porque ella me presentó la soledad
y silencios
enseñándome a escalar el insomnio
con bravura
y a defender la pasión de mis costillas
aunque el amor estuviera empañado

Me dio alas
y el universo
cuando supo era alondra
y alumbró mi frente con una estrella
que le dieron los reyes magos
Bueno igual y era papel
pero yo
le di crédito a sus manos
creí en su saliva
cuando iluminó mi entrecejo
su rayo

En despoblado llevo mi velorio
y su esqueleto de ocho décadas
mi vestuario herido por la negrura
que sólo yo veo
y no hay lágrima suficiente para un entierro
porque hay mujeres que no caben en una tumba
ni en el olvido

Agosto 4 de 2009. Chihuahua, Chihuahua.

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