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Saturday, July 18, 2009

Carlos Alberto Franco Ruiz


Cuento creado el once de marzo del 2009.

LA MUJER QUE DIO A LUZ

(Autor: Carlos Alberto Franco Ruiz)

Ya se están tardando mucho, ¿qué habrá podido pasar?... deseo tener al bebé entre mis brazos, quererlo tanto, cuidarlo tanto… quererlo siempre, cuidarlo siempre… “ponerle mi nombre”… “comprarle los juguetes que yo hubiera querido que me compraran”… pero ya se han tardado mucho.
Mientras soportaba la impaciencia, el ansia del tabaco y sus rodillas punzantemente trasnochadas, tratando de pensar en otras cosas. Ahora recordando los fracasos en su equipo de base-ball infantil, ahora recordando los oficios de su abuelo paterno, ahora recordando cuando Lolis y él eran novios, casi de niños, ambos estudiando en la preparatoria federal número doscientos quince. Lo que más le excitaba en aquél entonces era saber que sus madres no podían ni verse, se odiaban desde que hicieron la primera comunión, que traían el mismo vestido, que a las dos les habían cortado el cabello para la ocasión, que las dos tenían padrastro. Ahora recordaba Arón la sorpresiva manera en que Lolis lo hacía perder la virginidad, antes de terminarse el baile del día del estudiante, en el callejón trasero de una “discoteca” que hoy es estacionamiento las veinticuatro horas. Incluso recordó el vestido blanco con bolitas negras, lo hermoso que parecía resultar recorrer esa falda a través del albo muslo.
Olvidé comentar que Lolis trabajaba en aquel hospital, donde Arón soportaba el ansia del tabaco y sus rodillas punzantemente trasnochadas.
Al principio Arón se molestó con la elección; porque Lolis estudiaría para enfermera. Y fueron volviéndose cada vez más esporádicas sus citas.
Un grito varonil, espantoso y sofocante, vino a inundar el pasillo, Arón no salía del asombro después de pensar en esta clase de trivialidades, dio un salto desde la silla percatándose de que el médico echando madres acababa de salir del cuarto donde su mujer era intervenida quirúrgicamente. Embarazo riesgoso. Cesárea a fortiori.
Arón avanzando ante las miradas irritantes de quienes le abrían paso. Cruzó a la sala de operaciones, la puerta estaba medio abierta. Se dirigía a besar a su mujer cuando lo sorprende ver a Lolis a la derecha de la mujer, con su hijo en brazos, envuelto en una toalla. La mujer volteó hacia arriba para tratar de enfocar a los dos, “Cuida a nuestro bebé, ya no me falta mucho”
La mujer miró a su esposo con ojos abismales, con una vista lejana, mientras habría su bata de maternidad mostrando una especie de cesárea, sólo que en forma de una enorme cruz.
“Aproveché para sacarle los intestinos”
Arón no podía creer lo que estaba oyendo, no podía creer lo que estaba viendo. Entre sus pies se erigía un montón oscuro de fragmentos intestinales. Sentía que no era real, que no debería ser real. De ser real; el sufrimiento que lo embargaba debería de ser mucho mayor, de ser real; se hubiera abalanzado sobre Lolis tratando de conseguir algo que se pareciera a la venganza.
Ella lo miraba satisfecha, imaginando que la inmovilidad de Arón, sus músculos tensísimos, tendrían alguna relación con su amor mal correspondido, y así permaneció sonriendo hasta que dos policías la llevaron a la patrulla, luego a los separos, luego al tribunal de justicia…
MATÍAS
(Cuanto elaborado por Carlos Alberto Franco Ruiz el 6 de Abril del 2009)

Matías es el preso número doce y está lejos de representar lo que su número significa. Se encuentra sentado en medio de una ríspida plataforma de cemento utilizado para lavar la ropa, más al fondo hay un pila de casi un metro de profundidad y unos tres metros cuadrados. Trae lentes oscuros y unas gasas detrás. De ser enero resultaría comprensible que Matías tratara de calentarse un poco, pero no es enero y él soporta el calor como una clase de pena adicional, lamenta que el sudor emanado le refresque la espalda, sus compañeros lo observan con respeto, como cómplices o testigos de que cumple la pena adicional. “La Lurdes” (prostituta barata que cuida los horarios de visita tratando de hacerse de más clientes, aparte de su tío Mailo, quien a veces no le paga) siente curiosidad al ver esto en el nuevo interno. Al tío Mailo le molesta un poco la pregunta, pero ante la ausencia de temas de interés en común; decide hablarle un poco del supuesto ciego.
- No, Lurdes, Matías no es ese ciego que crees ver allí sentado… ¿cómo te explico? A Matías lo metieron al bote por irresponsable, - - ¿Por irresponsable?, ¿pero cómo es eso, tío?, - - Matías es padre de ochenta y dos niños, - -Eso no puede ser - - Créelo, Lurdes; ese ha sido su delito: no tener dinero para mantenerlos a todos, bueno, ochenta y dos es el número de las mujeres que pusieron la denuncia - - nunca había escuchado algo parecido, entonces el Matías ese es un gran violador - - deja que te acabe de contar, mujer; si el Matías ese asegura ser virgen, su abogado defensor concluyó que las embarazó con la mirada, pero eso no lo salvó, le dieron cadena perpetua. Por eso, por si las dudas, antes de la visitas cuidaremos de que Matías se haya puesto correctamente sus gasas detrás de los lentes oscuros. -
“La Lurdes” se azora ante tal revelación y con la extraña manía que tienen las mujeres de sentirse redentoras supremas exclama levantándose de la banca rumbo a los lavaderos: “ven a mis brazos, perro, deja de sufrir”

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