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Tuesday, July 14, 2009

Andrés Neuman Newman?


Arte del plagio Arte del plagioAndrés Neuman
Pues no, no es justo, no. Uno intenta seguir la senda del bien (Buda), fijar el límite de su libertad donde empiece la libertad ajena (Bakunin), es decir, ser original o absolutamente moderno (Rimbaud), y resulta que ahora nos llega el Intertexto (Bajtin, Kristeva, Barthes) a aguarnos la fiesta (que es un simpático refrán popular). O sea (inspiración propia) que uno vivía en el error; que la paloma se equivocaba (Alberti; ¡ésa la saben!).Porque ¡voto a Dios, que me espanta esta grandeza! (Cervantes), mira que haber trabajado tanto todos estos años, casi diríase matando dinosaurios con tirachinas (Maestre), persiguiendo lo único que fuera único (whisky Ballantine’s), intentando dar con la palabra justa que se resista al viento (esto lo he tomado de un poema mío, je)… y todo para nada (conocida paradoja de Confucio): resulta que ya todo estaba escrito. Sí, como lo oyen. Pierden su tiempo buscando libros nuevos. ¿A que se han quedado de piedra? Lo lamento: escrito está en mi alma vuestro gesto (Garcilaso de la Vega).
Es un caso sencillo (Prado). Hoy, madrugada del jueves, ya completamente viernes (García Montero), me siento a escribir este artículo que ahora ustedes leen el jueves siguiente, y no sé -sólo sé que nada sé: lo dijo un griego-, qué quieren que les diga, es como que después de las últimas noticias me costara más hacer el esfuerzo de decirles algo, como si el arte fuera largo y además no importase (Machado, uno de los dos). Estos días leí la prensa, miré los muros de la patria mía (Quevedo), pensé en mi artículo y me dije: preferiría no hacerlo (Melville). O mejor dicho preferiría copiarlo, ya que de todos modos en alguna parte estará escrito letra por letra (la idea es de Borges) y además en el periódico me pagarán de todas maneras (Groucho Marx, creo) mi modesto sueldo.
No se trata de un juego (García). Sólo digo lo que muchos escritores han pensado. Escritores honrados, que inventaban sus palabras aunque les costase. Para qué, si las páginas ajenas están allí, esperándonos: ésas, no volverán (sí, Bécquer). Puedo escribir artículos muy tristes esta noche (adivinen), así que no me tienten, no quieran saber qué opino de todo esto. Mis labios están sellados: todo hace el amor con el silencio (Pizarnik). Y si por un raro golpe de dados (Mallarmé), por un azar improbable me pillaran, siempre podré argüir, como los genios: no fue mi mano, fue la mano de dios (D. A. Maradona).
Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno (Le Pera, con música de Gardel). Es el lento parpadeo del cursor de mi viejo PC. Al avanzar sobre la pantalla -con qué trabajo avanza- me recuerda a un camello en mitad del desierto (pero la imagen es de Rubén Darío). Miro el reloj y, en buena hora (El Cid, anónimo), pienso que ya sería tiempo de concluir. Mi habitación solitaria tiene un aire de velódromo desierto (Navarro), la noche es lúgubre (Cadalso) y yo, un lobo estepario (Hesse). Me pongo en pie, corro al espejo del cuarto de baño, clavo mi pupila oscura en mi pupila (…) y susurro, avergonzado: ¿quieres hacer el favor de callarte, por favor? (Carver; un libro magnífico: no dejen de comprarlo.)
Pues no, no es justo. ¿Lo he dicho ya? Pero es que hay golpes en la vida, tan fuertes, ¡yo no sé (Vallejo)! Para qué tanto trabajo, si por fin ha llegado el Intertexto.
Total, el lector no nota nada.
Y muchas gracias a mi buen amigo X, a quien debo íntegro este artículo.

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