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Thursday, May 07, 2009

Edel Morales


Con cierta elegancia



Cierta elegancia en la boca,
cierto desacuerdo, conviene
–corresponde bien–
al modelo que predomina y triunfa.

En la ciudad abigarrada. En los festines
–sexuados– de sus bares y casonas,
conviene: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.

En las playitas privadas, en los puentes
de una sola dirección, en las antiguas plazas
–solitarias– ­que frondosamente te reciben,
conviene mostrar: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.
En la piel seductora de sus hijas, conviene.
No olvides ese dato.

Te recibe amena. Abre para ti sus galerías.
Se entrega sin reservas –un cuerpo arreglado
para la especulación. Pero exige.
Se entrega y exige, un resguardo seguro:
cierta elegancia en la boca, cierto desacuerdo.

Conviene: un poco de travestismo.
En la lógica virtual de los internautas, conviene.
En las rápidas avenidas luminosas, conviene:
bajar velocidades. En la extensa tradición
comentada por los libros –que vuelven
a ser época– conviene: cierta elegancia
en la boca, cierto desacuerdo.

No olvides ese dato.
Corresponde bien al modelo
que predomina y triunfa.


Albem Fuentes
De Con cierta elegancia



Entre dos intolerancias



Entre dos intolerancias: así vamos
viviendo, sobre-
vaciando el día,
la radical oculta en los espejos.

Así vamos: educados en la razón fundamental,
tablero magro entre dos antagonismos
que disputan su partida.

Apresados de a tres por bando,
de uno en fondo hacia la muerte, así vamos,
gente que se crece en la lucha,
hijitos plenos del encono y la abominación.

Para volver un día soñamos, saludables y solemnes
a veces soñamos
la radical oculta en los espejos.

Como adolescentes febriles procuramos distancia,
soñamos un tiempo lejos, un tiempo D
que habrá que construir.

Y así vamos viviendo, sobre-
vaciando el día, apresados en el fondo oscuro
entre dos intolerancias obcecadas
que disputan nuestras vidas.

Albem Fuentes
De Con cierta elegancia
El largo jueves



T
O
D
O
el
largo
jueves
en tertulias por El Vedado;
luego, pasar a verte
–es posible, el jueves, ya tarde,
pasar a verte– es posible,
un beso, un gran beso en la boca morbosa,
el jueves –una hora de jueves,
para arreglar el mundo–

(siempre)

antes de
la noche larga
el largo día pretencioso y mísero

(siempre)

arreglar el mundo,
construir un Jardín, un parlamento bonito
en tertulias por El Vedado
–misión imposible–

(siempre)

la tarde viciada,
la trilzura achicada de la tarde
en el largo jueves de pasar a verte
a una hora ajustada

(siempre)

con el sabor del café en los labios
con el limpio aroma de las muchachas en flor
que llega y se instala
y que también se extingue

(siempre)

Albem Fuentes
De Con cierta elegancia

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