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Friday, March 13, 2009

Máximo Ballester




Escribir un poema

que logre retirar las tropas

estadounidenses de Irak.

Y escribir otro –agrega mi esposa-

que haga las tareas de la casa

mientras vos estás escribiendo.





A la Sombra

Usted se acerca

a la jaula del canario

y le pregunta al condenado

cuántos años le dieron.



Esta es la actitud del poeta

que a algunas personas

les resulta reprobable. 

Todo el mundo sabe

que al canario

le han dado cadena perpetua.


Llamada

Desenchufo el teléfono.
Marco un número al azar
y hablo durante largos minutos
con mi padre.

Mi padre, 
que murió en 1995
en una camilla de la que yo le prometí
que saldría con vida.


Voluntad

Hay una voluntad
del poema
de no ser escrito.

Al escribirlo corro un velo.
Lo profano.



El día que me quieras

“Ojalá Dios me dé la suficiente humildad para reconocer que

soy lo único importante en tu vida”.

M.B.


El día que me quieras
iré a verte con Gardel y Le Pera
y te cantaremos a capella
la Marcha de San Lorenzo.


El día que me quieras
será jueves,
lloverá en París
y César Vallejo se nos morirá de nuevo.

El día que me quieras
las chicas de Fashion TV vestirán Hare Krishna
y mirarán las cámaras con el candor
de una muchacha cama adentro.


El día que me quieras
el ministro de economía leerá en público
un poema de seis dígitos que irrumpirá
como un virus informático en el cerebro
de los gerentes de las compañías multinacionales.


El día que me quieras
la rosa que engalana se pondrá
sus mejores espinas y la luciérnaga curiosa
sufrirá un apagón sin aviso.

El día que me quieras

Dios estará distraído mirando a cuánto cotiza
el alma del Che Guevara en las pizarras de Wall Street.


El día que me quieras
un astronauta que soñaba caminar la luna
pisará mierda en una calle de Brooklyn
 y puteará mirando al cielo.


El día que me quieras
los cementerios cerrarán por duelo
y las flores no crecerán para la muerte de nadie.

El día que me quieras
el presidente de EE. UU. será nombrado
premio Nobel de la Paz y todas las naciones
del mundo se levantarán en armas contra él.


El día que me quieras
un obrero leerá a Strindberg en un andamio
mientras otro le robará su almuerzo.

El día que me quieras
los bares, los puentes, las plazas, los muelles,
las estaciones de trenes donde te he nombrado
se enojarán conmigo para siempre.


El día que me quieras
yo estaré escribiendo epitafios. Para entonces quizá
ya no te quiera y prefiera quedarme con tu imagen
de cuando no me querías. Así que, por favor,
mejor no me quieras.



Azul metafísico

Ausente entre las cosas
demás entre los seres
abstraído en umbrales de la nada,
enciendo un cigarrillo
que fuma una boca en otro
lado



Argumento para una jubilación

Un poeta menor, llegado a mayor,
cuelga las lapiceras, archiva los papelitos
amarillos y se dedica únicamente
a dar de comer pedacitos de musas
a las metáforas que revolotean en la plaza.



Estrella

La noche se abre paso
entre las últimas nubes.

La lluvia dejó un charco oval
en la vereda. En él se ve
una estrella. Perfecta.

El poeta la recoge
y se la cuelga de la solapa.
El sheriff.



Baile

Dispongo la luz de una lámpara
directa a la mesa.
En el centro del círculo
clavo un compás con las piernas
abiertas.


Invierno porteño, de Piazzolla.

Giro la lámpara
y la sombra del compás muda de lugar.

Músicos

Bach me atraviesa el alma
con una bella espada.
Tchaikovsky me deposita
en un barranco. Con Miles Davis
nos sentamos en los tejados.






La eterna

La mala poesía
la buena la excelsa
es algo que no puedo
distinguir ahora que estoy
ebrio recitando lugares
para no nombrarte vos que estás
escrita en el aire a fuego indeleble
y ojalá el viento te borre
se ponga las ropas del olvido




Poemas de Disfraz al agua, segunda entrega


ARTE POETICA

resistir

PAISAJE 2

las hojas que soportan
las ramas de los
plátanos pudieron ser
manos pero eligieron
elevarse livianasmaleables ajenas


PAISAJE 3

el mar recostado
mira a un hombre
sentado que la luna
mira de pie la luna
recostada en el mar
que el hombre mira


PAISAJE 4

lluvia por terraplén
furia a baldes los cordones
viajan estáticos desde la
última vereda abordo un
barco de –te aviso- papel
de tu cuaderno



ACUERDO

existe un acuerdo tácito entre mi
hija y yo
no decir la palabra
plastilina
ni tan siquiera aludirla
mientras moldeamos la colorida masa
de otro modo resultaría sencillo
explicar cómo dos elefantes ingresan
en un horno de plástico para la cena



Disfraz al agua,

1998.







1 comment:

Perla Ortiz M said...
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