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Thursday, March 12, 2009

EN EL ALIENTO DEL AIRE DE ALICIA ACOSTA


Jimena Marín de Díaz

PEREGRINACIÓN DE ELEMENTOS POÉTICOS
MÁS ALLÁ DEL PUNTO FINAL EN LA OBRA
EN EL ALIENTO DEL AIRE DE ALICIA ACOSTA
EN SU 80 ANIVERSARIO

En alguna ocasión escribí o dije, –no recuerdo a ciencia cierta–, que no hay poeta que no desarrolle el tema de la poesía; en algún momento de su vida, pues la temática se desgrana en el pensamiento del creador. Es entonces, que el artista, según el género literario que se le presente inicia su creación, ya sea por medio del verso en una arte poética o en una prosa poética como es el caso. Así el poeta parte de la creación y delimitando sus emociones, desborda sus sentimientos del cráter de su memoria, para darse por completo a las posibles aproximaciones que definen su perspectiva de acuerdo con su percepción no sólo del arte poética, sino del arte en general. Alicia Acosta, de manera clara y consisa, hace que la musa emerga del subconsciente; desenvaina su pluma y empieza la batalla, de la cual, una vez más sale triunfante, pues

“En el aliento del aire
el aroma de la noche”

es el escenario perfecto para que la poeta se eleve y, posteriormente nos consquiste con su magistral manejo de la palabra escrita. Pues coraza adentro se dan cita las imagénes, las metáforas, las palabras, la hoja en blanco, el verso, la prosa, el punto fina, el poeta y el poema, entre otros vocablos relativos al arte poético, ante tal enumeracion de elementos literarios, cabe evocar a Robert Duncan, para quien: “Poeta y poema son parte de un orden cósmico incesante...” y en este contexto se instala esta nueva obra de la maestra Alicia Acosta, veamos:

“…tomaré de la mano al alfabeto
para recorrer veredas mágicas
de poesía.”

Como se podrá apreciar versos más, versos menos, la creación literaria es tan íntima y personal en los espíritus escribanos, que ilumina a cada cerebro de una manera particular; por medio del signo y del sonido empieza su naufragio en el mar de los vocablos. Cada corazón de poeta saca del alma sus ideales y sentimientos, según el ritmo del tic-tac de sus venas. Ezra Pound decía que cuando se despierta el instinto y la entraña de poeta empieza a escribir, no hay quien le diga: “¡Escribe exactamente aquello que sientes y quieres decir! Dilo con la mayor concisión y evita toda trampa ornamental.” Acosta se ciñe al penamiento Pouniano y se confeciona un “Traje de letras” además de una “Resonancia”:

“En confines
de la poesía,
se mezcla
la resonancia
del verbo,
con la fuerza
de un acento.”

Cada vez que se crea un verso, una estrofa, un poema o un libro, (aunque parezca increíble o inverosímil). El poeta se enfrenta a la poesía con el temor de quien se enfrenta a lo desconocido, pues el encuentro con la escritura es tan misterioso como indescifrable, razón por la cual el instinto poético se desarrolla de una manera íntima y sorpresiva en cada ser. Quien escribe lo que siente se desnuda en cuerpo y alma ante sus posibles lectores. No existe mejor poética que la vivencial, aquella que se palpa en la sangre viva de cada letra que el artista plasma en el vientre virgen de la página en blanco, donde el descubrir poético nos permite el estremecimiento y el deleite de la lectura:

“Descubrir
el amor,
es tocar
con la mano
el corazón
del tiempo
y… bebernos
el aliento de la vida.”

Cada ocasión en que el poeta escribe, entreabre las puertas de la poesía y modifica de acuerdo con su evolución vital sus sentimientos, los cuales del mismo modo sufren una metamorfosis, transformándose en textos literarios y cuando un poema es claro, lúcido y conciso, el poeta logra mayor contacto con el lector. Este es el principio del camino para que la poesía traspase metáforas donde la vivencia es llave que abre puertas y penetra en templos de carne y hueso, de sangre y memoria, pues un poema es una experiencia única e individual, donde la materia prima es el sentimiento, de ahí la comparación que el acto de crear un poema sea similar al parto. Parafraseando a Alicia:

“Para el poeta, la poesía lo es todo: su amiga, su amante, su patria, ¡su Universo! Es un punto donde el pensamiento tiende la mano a ese cruce de ideas que la pluma busca para llenar la hoja en blanco, y plasmar en ella su visión de la vida; no como algo dado esperando respuesta, porque su ser se entrevera íntimamente en el poema, alejado del dar por recibir. El oficio del poeta es llevarnos a fronteras donde la poesía deja su huella entre la carne y el alma. Se repliega a su aliento, se cobija en la vibración de su voz y en la orilla de ese minuto, pacta con el ayer, el hoy y hasta el futuro. Recorre caminos de niebla o de sol y roba un puñado de estrellas a la noche, que guarda, como todo poeta, en su manantial de vocablos. Sus tonos presagian huellas dentro de sus poemas en los pliegues del alma. Sus palabra desprendidas, del aliento de la luna, llegan al interior de ser –a veces dolorosamente, cuando escribe–. Así el poeta emprende su larga travesía, en busca del límite del tiempo; así va por el agreste camino de la soledad, su inseparable compañera… cuando la Musa lo seduce.”

Cuando el poeta inicia su creación a partir de una experiencia propia, seguramente la formulación estética del mismo traerá consigo una carga emotiva que va más allá de una tradición lírica. Es metafóricamente como si los textos literarios hablaran por sí mismos sin necesidad de epígrafes o proemios. Se trata tan sólo del “Alumbramiento del poema”

“Derrama su esencia el alfabeto
y engendra la palabra.

Embarazo que nutre
con lunas
y rocío del alba,
la vida onírica del poema.

Dolor que alumbra sonidos
en el tálamo del pensamiento
y… culmina
en parto prodigioso.”

Por muy trillado que suene: Escribir en sí, es un darse a los demás por medio de la palabra, la cual a su vez se viste de poema, ventana por donde el poeta entra en simbiosis con la poesía, sin necesidad de crear lazos, a veces absurdos como manifiestos, estéticas, retóricas, corrientes o vanguardias. Si bien la enumeración de los elementos antes mencionados son en un momento dado innecesarios en la manifestación del arte por el arte mismo, debemos admitir que, conforme el poeta avanza en su formación (y valga la redundancia), estos apoyos toman importancia en cuanto a técnicas y licencias poéticas se refiere; pero tengamos presente que un buen desarrollo en cuestión de técnica, no es indicativo de una alta cultura; pues por un lado, hay quienes construyen y miden versos y esto no es precisamente crear poesía, o por el otro, según Lezazma Lima: “Después que la poesía y el poema han formado un cuerpo y un ente, y armado de la metáfora y la imagen, y formado la imagen, el símbolo y el mito –la metáfora que puede reproducir en figura sus fragmentos o metamorfosis–, nos damos cuenta que se ha integrado una de las más poderosas redes que el hombre posee para atrapar lo fugaz y para el animismo de lo inerte...” a lo cual parece ceñirse Alicia en su Poética:

“Arquitectura verbal
donde se impone el poema
o cae al vacío
su estructura poética,
al deshilvanar el lenguaje,
para impedir el milagro
del poema.”

Finalmente, “En el aliento del aire”, es una muestra de que la creación de la poesía llega cuando el poeta posee el genio como elemento toral, también conocido como el don o el talento. El instante creativo es posible cuando el poeta entra en contacto directo con su chispa motivadora, la cual conecta a su fibra sensible para dar paso al desarrollo creativo en torno al motor de su numen, musa o inspiración; no importa que algún poema quede a la deriva, en litoral de palabras, o suspendido en la víspera de un viaje como despedida:

“Para marcharme, deseo empacar palabras que no me suenen huecas; las silenciosas no me gustan, no se han dado cuenta que el paso del tiempo va dejando sordera; prefiero las mudas para interpretarlas a conveniencia. Llevaré los sueños envueltos en encaje de humo; ilusiones húmedas del rocío del alba. El llanto silencioso cultiva sombras, por ello no lo llevo. No dejo el libro que contiene la obra del escenario del tiempo, es mi disciplina donde se mueven hilos de instantes estremecedores del lenguaje poético. No puedo llevarme la Luna pero sí, su luz plateada para no irme en tinieblas.

Que más puede anotar el poeta después de una magistral metáfora que va más allá de un racimo de palabras con luces de relámpago o de sombras maquilladas; de un tiempo roto o una rendición de cuentas; de la invención de un poema o de la hoja en blanco; incluso, cuando se ha llegado, más allá del punto final.


Federico Corral Vallejo
19 de noviembre 2008
11:55 AM, México, D. F.

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