LUNAZUL
Soy Elia Casillas, egresada de la Escuela de Escritores del Sur de Sonora, escribo poesía y cuento y este sitio es un espacio dedicado a las Bellas Artes y a ti. Si quieres comunicarte conmigo, esta es mi dirección: Elia274@hotmail.com
Monday, March 31, 2008
Friday, March 28, 2008
En ti... Elia Casillas

En ti…
Elia Casillas
Mi vida puse en ti. Nunca malicié que de esta zona sagrada, mis pies se despedirían por delante. Aún; no puedo creer lo que veo desde el tul donde sólo mi transparencia circula; todo es tan evidente aquí... No prohibí el paraíso al olfato, renunciando al temor, te deje en el cruce, no a los pies, ahí no... Sin embargo; donde regía mi señal encaminabas. ¿Cómo llegaste a mí siendo tan desigual, tan extremoso, tan solemne? Si, era un crepúsculo gallardo, el viento traía en su hélice la esencia del mar. Caminaba al apagarse el sol, cuando el trabajo permitía desentumirme. Asomaste de pronto; el desasosiego en mis facciones te conmovió y aterciopelando la voz, dijiste tu nombre. La fuerza de la mano se hundió en la carne y de inmediato destrabaste. En ceremonia extraña, un adiós, y sin dejar de verme; un beso volado generó cierto recelo hacia ti. No te vi en prolongado tiempo, hasta que activamos la campaña. En todos los mítines, te distinguía a espaldas de un árbol con las manos en los bolsillos, o perdido en un automóvil; con esa ropa obscura, por el estilo de la que lucías el primer atardecer en que me sorprendiste. Tu fisonomía angulosa y el cabello largo en buen corte, daban un aire de vampiro bizarro a tu estampa. Era un poco jugar, surgías y de alguna forma, percaté la silueta lóbrega. Tu mirada, era un imán que sentía cada músculo y gozaba observándote con prudencia, entre paro y paro. Ese día fue de malas, un escalón aflojó y rodando sin perder el estilo de bailarina sucumbí sobre el pie. ¡Que bochorno! Nunca me sentí tan estúpida ante el público, hubo algunos acomedidos, pero tú, abriendo vía me recogiste ante el caos de mis colaboradores, que no supieron que hacer. Protegida en tus brazos el pecho llegó al rostro, no entendía que pasaba con tu fragancia y el cuerpo empezó a chispear. No pude verte a los ojos, mil matices golpeaban las mejillas y me dejé llevar hasta el automóvil. Sólo una luxación de tobillo, por ese lado me fue bien “un poco de yeso y descanso” dijo el traumatólogo. Mi secretaria comentó que no te habías ido, interiormente alegré, ya no tenía miedo de tus arrimos, de cierto modo eras parte de mi realidad. Probablemente, le gusta la forma de encarar a mis contrincantes; pensaba. En poco tiempo; fuiste indispensable en el laberinto de mi resguardo. Primero con bolsas de fruta, dulces, comida, si no venías, despachabas una rosa carmesí en disculpa. Usábamos los anocheceres con mil argumentos; eras inagotable; Albert Eaisten, Darwin, Emmanuel Kant o cualquier filósofo era bueno para acaparar mi atención. Ah... que lío cuando me cuestionabas sobre teorías, no porqué no supiera, si no porque a esas horas, lo único que deseaba era parar mi viveza, en verdad eras recreo, así que me prestaba a tus cuestionamientos, de forma simple.
-A ver, a ver, ¿eres sujeto, objeto o conocimiento? Fíjate bien en la definición de cada uno.
-Sujeto. Soy sujeto.
-¿Segura? Fíjate bien.
-¿No me digas que soy objeto...?
-No. No te has gravado las definiciones, piensa, vamos piensa.
-¿Conocimiento? ¿Soy conocimiento?
-Ja, ja, ja. ¿Y así son todos los políticos?
Luego, a la siguiente visita todo era radicalmente inverso, entrabas con teología, vaya descontrol para mí, la cuestión era peor: Dios era el hecho. ¿Existe o es fe? Y arrastrándome en dudas por tus rumbos, cada hora era una encrucijada de discusiones. Más tarde, emprendías el ataque por mi profesión y ahí si tenías fundamentos, desde la corrupción de mi gremio, hasta la ignorancia de algunos gobernadores. Muchas veces terminaste en la calle sin adiós; un miedo a que no regresaras me invadía, pero continuamente timbraba el teléfono y conocías mi éxodo. Un oscurecer en que festejamos tardíamente tu cumpleaños; en medio de bocadillos, pastel y vino, la conversación se fue en otro rumbo: mi soltería y tu vocación. Una risita apareció de nuevo, movías la cabeza sin suspender el carcajeo. Ya en confianza, debatí tu recelo en las mujeres, abiertamente pregunté oficio y las constantes huidas, lo único que logré fue otra risotada. Me veías fijamente, mientras; en los ojos brillaba la burla por mi interés, pero no descartaste dudas. Con prontitud inesperada tomaste los hombros, directo en los ojos tu profunda contemplación. Mis labios; abrieron la voluntad arisca. Rivalizaste con principios amándome, y compartí el cuerpo. Ah... la pasión nos recorría, los besos jugueteaban en mi carne y con facilidad, la piel se acostumbró a la boca que, vagabundeando multiplicó la sensibilidad adormilada. El cabello en tus manos reía, ondas efervescentes en vaivenes de mi espalda agitaban el ritmo, y fuimos un movimiento. Entre lucecitas, sin notarlo; te di el control de los días, mi vida fue en las piernas y caí en el mando, encendida en tu complexión delegada. El ímpetu en cada relampagueo; era una centella en mis huesos, estremeciendo interior y dobleces. Mis sentidos se desplomaron en cielos grisáceos, rendida ante el éxtasis desde mi otro punto; desde mi hembra enamorada, desde mi reina líquida. Cada noche en tus brazos; valía más que cualquier triunfo, inteligentemente apartaste mi existencia de todo lo que me rodeaba, hasta quedar solamente tú. Ohhhh... ¿Pero quien entra al mañana, un día antes? Una invitación redactada en letras doradas liberó misterios, ahí, ante mis ojos, el dictamen a cada uno de tus destierros. Frente a una mujer hubiera peleado... Los rumores sueltos y sin recato hablan de mí. “Desaparición de un hombre de negro, extraña enfermedad, cansancio o simplemente, se durmió mientras se renovaba en su bañera”.
El destino enfureciéndose colocó mi partida en tus manos, celebras mi siguiente paso con una casulla lila... ¡Qué artificial suena hoy el evangelio en tus labios! Apresuras el rito, y las palabras no encuentran orden, ante el asombro de feligreses. Elevas el brazo derecho para rociarme el último adiós, tus piernas se doblan con el acercamiento y caes a mi lado, el agua bendita hiere tu corazón y mi féretro. Pronto estarás conmigo, hoy emprendes el desliz. Yo te espero, Juan Pablo.
Navojoa Sonora, octubre 16 de 2001
Elia Casillas
Mi vida puse en ti. Nunca malicié que de esta zona sagrada, mis pies se despedirían por delante. Aún; no puedo creer lo que veo desde el tul donde sólo mi transparencia circula; todo es tan evidente aquí... No prohibí el paraíso al olfato, renunciando al temor, te deje en el cruce, no a los pies, ahí no... Sin embargo; donde regía mi señal encaminabas. ¿Cómo llegaste a mí siendo tan desigual, tan extremoso, tan solemne? Si, era un crepúsculo gallardo, el viento traía en su hélice la esencia del mar. Caminaba al apagarse el sol, cuando el trabajo permitía desentumirme. Asomaste de pronto; el desasosiego en mis facciones te conmovió y aterciopelando la voz, dijiste tu nombre. La fuerza de la mano se hundió en la carne y de inmediato destrabaste. En ceremonia extraña, un adiós, y sin dejar de verme; un beso volado generó cierto recelo hacia ti. No te vi en prolongado tiempo, hasta que activamos la campaña. En todos los mítines, te distinguía a espaldas de un árbol con las manos en los bolsillos, o perdido en un automóvil; con esa ropa obscura, por el estilo de la que lucías el primer atardecer en que me sorprendiste. Tu fisonomía angulosa y el cabello largo en buen corte, daban un aire de vampiro bizarro a tu estampa. Era un poco jugar, surgías y de alguna forma, percaté la silueta lóbrega. Tu mirada, era un imán que sentía cada músculo y gozaba observándote con prudencia, entre paro y paro. Ese día fue de malas, un escalón aflojó y rodando sin perder el estilo de bailarina sucumbí sobre el pie. ¡Que bochorno! Nunca me sentí tan estúpida ante el público, hubo algunos acomedidos, pero tú, abriendo vía me recogiste ante el caos de mis colaboradores, que no supieron que hacer. Protegida en tus brazos el pecho llegó al rostro, no entendía que pasaba con tu fragancia y el cuerpo empezó a chispear. No pude verte a los ojos, mil matices golpeaban las mejillas y me dejé llevar hasta el automóvil. Sólo una luxación de tobillo, por ese lado me fue bien “un poco de yeso y descanso” dijo el traumatólogo. Mi secretaria comentó que no te habías ido, interiormente alegré, ya no tenía miedo de tus arrimos, de cierto modo eras parte de mi realidad. Probablemente, le gusta la forma de encarar a mis contrincantes; pensaba. En poco tiempo; fuiste indispensable en el laberinto de mi resguardo. Primero con bolsas de fruta, dulces, comida, si no venías, despachabas una rosa carmesí en disculpa. Usábamos los anocheceres con mil argumentos; eras inagotable; Albert Eaisten, Darwin, Emmanuel Kant o cualquier filósofo era bueno para acaparar mi atención. Ah... que lío cuando me cuestionabas sobre teorías, no porqué no supiera, si no porque a esas horas, lo único que deseaba era parar mi viveza, en verdad eras recreo, así que me prestaba a tus cuestionamientos, de forma simple.
-A ver, a ver, ¿eres sujeto, objeto o conocimiento? Fíjate bien en la definición de cada uno.
-Sujeto. Soy sujeto.
-¿Segura? Fíjate bien.
-¿No me digas que soy objeto...?
-No. No te has gravado las definiciones, piensa, vamos piensa.
-¿Conocimiento? ¿Soy conocimiento?
-Ja, ja, ja. ¿Y así son todos los políticos?
Luego, a la siguiente visita todo era radicalmente inverso, entrabas con teología, vaya descontrol para mí, la cuestión era peor: Dios era el hecho. ¿Existe o es fe? Y arrastrándome en dudas por tus rumbos, cada hora era una encrucijada de discusiones. Más tarde, emprendías el ataque por mi profesión y ahí si tenías fundamentos, desde la corrupción de mi gremio, hasta la ignorancia de algunos gobernadores. Muchas veces terminaste en la calle sin adiós; un miedo a que no regresaras me invadía, pero continuamente timbraba el teléfono y conocías mi éxodo. Un oscurecer en que festejamos tardíamente tu cumpleaños; en medio de bocadillos, pastel y vino, la conversación se fue en otro rumbo: mi soltería y tu vocación. Una risita apareció de nuevo, movías la cabeza sin suspender el carcajeo. Ya en confianza, debatí tu recelo en las mujeres, abiertamente pregunté oficio y las constantes huidas, lo único que logré fue otra risotada. Me veías fijamente, mientras; en los ojos brillaba la burla por mi interés, pero no descartaste dudas. Con prontitud inesperada tomaste los hombros, directo en los ojos tu profunda contemplación. Mis labios; abrieron la voluntad arisca. Rivalizaste con principios amándome, y compartí el cuerpo. Ah... la pasión nos recorría, los besos jugueteaban en mi carne y con facilidad, la piel se acostumbró a la boca que, vagabundeando multiplicó la sensibilidad adormilada. El cabello en tus manos reía, ondas efervescentes en vaivenes de mi espalda agitaban el ritmo, y fuimos un movimiento. Entre lucecitas, sin notarlo; te di el control de los días, mi vida fue en las piernas y caí en el mando, encendida en tu complexión delegada. El ímpetu en cada relampagueo; era una centella en mis huesos, estremeciendo interior y dobleces. Mis sentidos se desplomaron en cielos grisáceos, rendida ante el éxtasis desde mi otro punto; desde mi hembra enamorada, desde mi reina líquida. Cada noche en tus brazos; valía más que cualquier triunfo, inteligentemente apartaste mi existencia de todo lo que me rodeaba, hasta quedar solamente tú. Ohhhh... ¿Pero quien entra al mañana, un día antes? Una invitación redactada en letras doradas liberó misterios, ahí, ante mis ojos, el dictamen a cada uno de tus destierros. Frente a una mujer hubiera peleado... Los rumores sueltos y sin recato hablan de mí. “Desaparición de un hombre de negro, extraña enfermedad, cansancio o simplemente, se durmió mientras se renovaba en su bañera”.
El destino enfureciéndose colocó mi partida en tus manos, celebras mi siguiente paso con una casulla lila... ¡Qué artificial suena hoy el evangelio en tus labios! Apresuras el rito, y las palabras no encuentran orden, ante el asombro de feligreses. Elevas el brazo derecho para rociarme el último adiós, tus piernas se doblan con el acercamiento y caes a mi lado, el agua bendita hiere tu corazón y mi féretro. Pronto estarás conmigo, hoy emprendes el desliz. Yo te espero, Juan Pablo.
Navojoa Sonora, octubre 16 de 2001
Thursday, March 27, 2008
Tuesday, March 25, 2008
Olimpia Badillo Iracheta

Los ruidos del placer
Mariposas Monarcas
Olimpia Badillo Iracheta, poeta mexicana de San Luis Potosí
Qué harán con tanto olor a lluvia entre las piernas
con tanta humedad en celo, dispuesta al viento
a la mordedura de los árboles recién cortados
horadados en la mirada santa
de una mano que mendiga sus muslos.
Duelen las adormideras de sus lechos
Y no hay arrullos
Se les cansan los senos de tanto mirar arriba
buscando troncos en el cielo
que les enderecen el alba,
que caminen con ellas,
erectos
cosquillándoles el borde de las alas,
oliéndoles la savia virgen de su triángulo,
el verdor del tiempo que llevan parpadeando
en el deseo
con la misma pregunta.
Cómo se les carga el ansia en el bulto
de la oruga
cuánta falta les hace el esqueleto
se abren y se cierran de abajo arriba
abrazándose solas
llenando la corteza con el cristal que les brota
despacio para mojar la pared
donde sostienen su quehacer resbaladizo
y multiplican los altos
y los bajos de la única música
que no daña el movimiento
Cometas de espaldas amarillas que sólo se abrazan
se besan
se ahogan
apoyan su piel en invierno
recargan su noche encima de todas
copulan dormidas vírgenes anuarias que no llenan de amar
que se untan una con la otra
desnudan su viaje
gotean la abertura de otra miel que yace despierta
en la hoz de sus ansias viajeras
El encierro les grita,
las mancha
les deja ruidos color manzana en los ojos
les abre de oriente a poniente las puertas
y otra vez se acercan se buscan se huelen,
se abrigan los pies la cabeza
los brazos el pubis el tiempo
se ungen los sexos se suben se bajan
(se aprietan)
la prisa de siete segundo las hace ligeras
lunares nocturnos en papel de china
pintados de hierba.
Cómo no se infartan junto a las estrellas
cómo Dios les ruega que pierdan el tiempo
asidas al verbo de esa sed sin pena
ni freno
cómo no regresan secas por donde vinieron
cómo no les ajustan ni éste ni otro invierno
cómo no les espanta la cárcel que vuela sobre sus cabezas
ni los alfileres que las atraviesan
o los vidrios del escaparate
donde mueve el polvo sus alas de fiesta
cómo no les cansa ese amor en cada ala
cómo esa felicidad no les perturba el ruido
que sueltan:
pajas peregrinas
hermanas cada año
cortesanas de viento
meretrices
monarcas.
Reptar en cruz
AQUÍ
bajo el mármol
escucho nuestro temor como ritual nocturno
y vuelven mis torturas
tragándose el revés de mi piel con el grito esperanzado
de tu mano
Esta angustia es mentira de larvas
que defienden la huella del destierro.
Es viento que viene hollar con tu cabalgadura
todos mis cráteres
mis trastocadas redondeles
vestidas hoy de luto blanco.
Es diámetro que existe entre tú y yo
en un intento de ser cárcel.
Aún así, voy:
Vamos:
presagiemos la búsqueda
desmadejemos el movimiento final
articulando nuestras voces
para reptar en cruz
sobre otro cuerpo
Con el viento a favor
VIAJO en cuerpo
ola encendida donde mi boca muere
y resucita
noche temprana de volcán abierto
que se lleva a refugiar mi vientre para saciar a Dios
otra vez en octubre
Viajo en tu cuerpo
me basta el espacio húmedo en tu presencia
y te recorro
abro mis tempestades
se inundo
primero las manos que gritan el camino
para heredar tu piel
con mi reflejo
luego mis poros buscan a los tuyos
y se abren
se abren
como ojos navegando oscuridad
como boca que recibe la cascada
la lluvia
o la muerte.
De proa a popa repaso los meridianos cero
de tu sombra
nocturna mariposa que yace a mi costado
en aliento permanente
pálida contraluz y ansia de veinticuatro arenas
sin reloj
de veinticuatro orgasmos libres e infinitos
Voy despacio
presiento un mínimo de luz un tu silencio
y me dejo llevar
te llevo
a mi modo te llevo
a intervalos te gasto
me consumo
te consumes
me sumas a este territorio de humedad
que brota de los barcos sin anclar que somos
y te pierdes
dentro de mi viaje te pierdes
hasta prender tu ritmo a mi cintura
y correr por tu agonía mi agonía.
Somos el mismo potro, la misma grupa
galopando hacia todas las vidas moribundas
con el viento a favor
Somos el mismo viaje
las mismas manos recogiendo el ritmo de los árboles
respirando agua a contraviento
somos tú y yo
sólo tú y yo.
Mariposas Monarcas
Olimpia Badillo Iracheta, poeta mexicana de San Luis Potosí
Qué harán con tanto olor a lluvia entre las piernas
con tanta humedad en celo, dispuesta al viento
a la mordedura de los árboles recién cortados
horadados en la mirada santa
de una mano que mendiga sus muslos.
Duelen las adormideras de sus lechos
Y no hay arrullos
Se les cansan los senos de tanto mirar arriba
buscando troncos en el cielo
que les enderecen el alba,
que caminen con ellas,
erectos
cosquillándoles el borde de las alas,
oliéndoles la savia virgen de su triángulo,
el verdor del tiempo que llevan parpadeando
en el deseo
con la misma pregunta.
Cómo se les carga el ansia en el bulto
de la oruga
cuánta falta les hace el esqueleto
se abren y se cierran de abajo arriba
abrazándose solas
llenando la corteza con el cristal que les brota
despacio para mojar la pared
donde sostienen su quehacer resbaladizo
y multiplican los altos
y los bajos de la única música
que no daña el movimiento
Cometas de espaldas amarillas que sólo se abrazan
se besan
se ahogan
apoyan su piel en invierno
recargan su noche encima de todas
copulan dormidas vírgenes anuarias que no llenan de amar
que se untan una con la otra
desnudan su viaje
gotean la abertura de otra miel que yace despierta
en la hoz de sus ansias viajeras
El encierro les grita,
las mancha
les deja ruidos color manzana en los ojos
les abre de oriente a poniente las puertas
y otra vez se acercan se buscan se huelen,
se abrigan los pies la cabeza
los brazos el pubis el tiempo
se ungen los sexos se suben se bajan
(se aprietan)
la prisa de siete segundo las hace ligeras
lunares nocturnos en papel de china
pintados de hierba.
Cómo no se infartan junto a las estrellas
cómo Dios les ruega que pierdan el tiempo
asidas al verbo de esa sed sin pena
ni freno
cómo no regresan secas por donde vinieron
cómo no les ajustan ni éste ni otro invierno
cómo no les espanta la cárcel que vuela sobre sus cabezas
ni los alfileres que las atraviesan
o los vidrios del escaparate
donde mueve el polvo sus alas de fiesta
cómo no les cansa ese amor en cada ala
cómo esa felicidad no les perturba el ruido
que sueltan:
pajas peregrinas
hermanas cada año
cortesanas de viento
meretrices
monarcas.
Reptar en cruz
AQUÍ
bajo el mármol
escucho nuestro temor como ritual nocturno
y vuelven mis torturas
tragándose el revés de mi piel con el grito esperanzado
de tu mano
Esta angustia es mentira de larvas
que defienden la huella del destierro.
Es viento que viene hollar con tu cabalgadura
todos mis cráteres
mis trastocadas redondeles
vestidas hoy de luto blanco.
Es diámetro que existe entre tú y yo
en un intento de ser cárcel.
Aún así, voy:
Vamos:
presagiemos la búsqueda
desmadejemos el movimiento final
articulando nuestras voces
para reptar en cruz
sobre otro cuerpo
Con el viento a favor
VIAJO en cuerpo
ola encendida donde mi boca muere
y resucita
noche temprana de volcán abierto
que se lleva a refugiar mi vientre para saciar a Dios
otra vez en octubre
Viajo en tu cuerpo
me basta el espacio húmedo en tu presencia
y te recorro
abro mis tempestades
se inundo
primero las manos que gritan el camino
para heredar tu piel
con mi reflejo
luego mis poros buscan a los tuyos
y se abren
se abren
como ojos navegando oscuridad
como boca que recibe la cascada
la lluvia
o la muerte.
De proa a popa repaso los meridianos cero
de tu sombra
nocturna mariposa que yace a mi costado
en aliento permanente
pálida contraluz y ansia de veinticuatro arenas
sin reloj
de veinticuatro orgasmos libres e infinitos
Voy despacio
presiento un mínimo de luz un tu silencio
y me dejo llevar
te llevo
a mi modo te llevo
a intervalos te gasto
me consumo
te consumes
me sumas a este territorio de humedad
que brota de los barcos sin anclar que somos
y te pierdes
dentro de mi viaje te pierdes
hasta prender tu ritmo a mi cintura
y correr por tu agonía mi agonía.
Somos el mismo potro, la misma grupa
galopando hacia todas las vidas moribundas
con el viento a favor
Somos el mismo viaje
las mismas manos recogiendo el ritmo de los árboles
respirando agua a contraviento
somos tú y yo
sólo tú y yo.
Thursday, March 06, 2008

http://www.letrasescondidas.net/
Letras Escondidas es un espacio creado para las diversas vertientes del Arte y Literatura que existen, como Poesía, Prosa y Fotografía.
Aquí se pueden exponer textos de nuestra inspiración, debatir y expresar opiniones constructivas para aprender por medio de la interacción entre lector y escritor.
Fecha de inicio: Marzo 18 2006, 09:32 PM
Las reglas son las del sentido común, la inteligencia y educación.
Para registrarse:
http://forum.letrasescondidas .net/bb/index.php?act=Reg&CODE =00
Para Publicar: http://forum.letrasescondidas.net/bb/index.php?act=Post&CODE
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