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Monday, December 01, 2008

Perla Ortíz Murray, Sola, sin tu sombra.

De Frida Kahlo se han dicho muchas cosas: que si pertenecía a tal o cual corriente, que si sólo era la esposa del gran Diego o la mujer de vida ligera, que si sus accidentes y su gran sufrimiento… en fin, todo da lo mismo, pues solo importa Frida mujer, envuelta en Frida artista, aquella Frida creadora a la que alguna vez –en 1938- el gran André Bretón calificó de surrealista en un ensayo escrito para la presentación de una exposición suya en la galería Julien Levy de Nueva York, calificación borrada de un plumazo –y no de una pincelada- por ella misma cuando años más tarde declaró: "Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad".
Este año, en la voz de Elia Casillas, el eco de Frida resuena fuerte: Elia es ya una poeta consumada, madura en su expresión, que se da el lujo de jugar con las palabras a su antojo. Lejos han quedado los pasos andados de “Ante el Cristo repujado que me ve” su primer poemario, ventana desde la cual su expresión se asomó al mundo. Es así que Frida aprovecha esta voz como la suya retadora, levantisca, algo salvaje y juguetona para hacerse oír de nuevo:
“Vulnerable sombra retinta
predice tu naufragio
en la falda,
y pisa desde otro extremo
alegría de los tobillos
Prófuga en jardín de espinas
amarras alfileres en la piel craquelada
y descubres el arco iris de metal
que te acosa.
Para quienes como yo hemos seguido la trayectoria de Elia, este poderío en su lírica no resulta sorprendente y aquí la ternura de “Bebañia” otra de sus obras, escrita en mil novecientos noventa y ocho, avala mis palabras:
“¿Cuántos Sahuaros estarán de ti enamorados?
Ah... Bebañia, para qué te sirve el mundo
si el universo natural
está en la paciencia de tus manos
Abrazas secretos
en el barro de una esfera
donde sólo viven tú
y el silencio”.

Así, “Sola, sin tu sombra” resulta un poema fuerte, de grito ahogado, que por ahogado es el del llanto en obscuridad y también el del fulgor tenue de una tarde a punto de extinguirse.

“Hay un dolor que te define y niega
moldeas el universo con tres ojos
y las manos se lo comen.
En el vestido crece una noche
y dos estrellas
pero tú giras s o l a
sola, sola.

La tinta no corre en vano para Frida: “Sola, sin tu sombra” es –en momentos como este- el aval de su existencia, de su vida de sobresaltos y de principios afrontados hasta el fin; es el aval también, para todas las mujeres Fridas-Elias rompedoras de banderas, de encasillamientos –y líbreme Dios de decirlo por lo de Casillas- y de falsos juegos sociales en los que la libertad se vuelve una condena.
Es en esta vorágine de los actuales tiempos, cuando las voces de una Casillas desencasillada y de una desbocada Frida, se unen para pintar en palabras un nuevo autorretrato:




“Frida
más viva que nunca
En armazón de muerte
amamos tus costillas
porque somos barro encendido que vuela
vuela y
vuela mal querido
como tú
para no perderse en turbina cotidiana
para curar la fe que amenizan tus manos
quedas en retina del tiempo
buscándote tú misma”.

Frida, mujer sin sombra, pintora del sufrimiento y de la luz, te ha pintado Elia, mujer de sombras, poeta de la iluminación y de la muerte.











Perla Julieta Ortiz Murray.
Navojoa, Sonora; 24 de noviembre de 2008.







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