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Thursday, December 04, 2008

Juan Manz Alaniz: LA SOMBRA DEL DOLOR






































LA SOMBRA DEL DOLOR


Vuelas, porque a tus pies
les sobran pájaros
Elia Casillas

Sola, sin tu sombra, de Elia Casillas, es un sobrado homenaje a la pintora surrealista Frida Kahlo, en ocasión del centenario de su nacimiento. En este su más reciente poemario, la autora se sienta ante su caballete lírico para, en su primer poema, en voz de su persona tercera, con rápidos trazos, bosquejar a su heroína, antes de empezar a tutearse con ella, de verso a lienzo, que gritan, su silencio.

Elia, al seguir la sombra que proyecta la soledad, dice que Frida cultiva un centenario triste en los ojos, en uno de los primeros versos del poema referido antes, y a través de todo el trayecto de su monólogo interior, va recreando en el dolor de su Frida, su propio dolor acumulado, cito: Frida/ en armazón de muerte amamos tus costillas / porque somos barro encendido que vuela malquerido / como tú…

Frida ¿cuántas veces te has asesinado? Con esa pregunta a la mitad del poemario de la Poeta Elia Casillas, nos lleva de la mano junto a la voz poética a la más inalcanzable de la naturaleza humana: al reconocimiento del ser mismo; y de ese modo, cuestionarnos no solamente la procedencia de la razón del canto por la musa, sino el culto inagotable de la Frida de Diego, la histórica, la artista, convertida en mito, la invocada. Ahora, la pasión con que esos dos seres humanos encarnizaron su vivencia, es parte de la entonación del hablante poético.

Frida queda desnuda en cada verso del libro, y retomando igualmente el titulo del poemario, se trata de una Frida, completamente desprotegida, abandonada a su sombra; ella misma, aparecida, donde solamente la palabra, a través del verso, nos acerca a la silueta de Frida, alfilerada también en el lienzo del poeta.

Se trata de una nostalgia desolada más allá de sus áridos recuerdos, un atributo dantesco: viaje al infierno mismo de lo cotidiano, al inframundo de la rutina misma. Frida sola, sin tu sombra, es la necesidad del poeta en la permanencia después de la vida, que a través del recorrido de los versos, como una caricia en la silueta de una mujer, el verso se enfrenta contra la muerte, en una batalla de imágenes y claroscuros, donde el cuerpo y espíritu quebrantado de la Frida de Diego, se ha consumido en la musa desmesurada, inmutable a la memoria, y reconstruida por el tiempo.

Este traslado de pausas sigilosas con que cada verso descansa en las páginas, dan al poemario el ritmo de un réquiem, un culto a la medida de la Frida celebrada, la mujer en sus múltiples fracturas, el ser humano escindido por lo que predica y calla, la madre fallida y fantasma de si misma que se retrata en el espejo de su visión innumerable.

Por último, quiero citar un verso que Elia dice en las postrimerías del poema: ¿quién te esculpe y te revive?... aunque tal parece que se trata solamente de una pregunta retórica, el poema mismo, de la autora navojoense, es la decantación viva de la Frida llamada, la reflexión propia del canto mismo. La autora ha respondido desde la primera página a ese enigma, es Frida más viva que nunca, y por ello, es tan necesaria para la entonación de este esculpido a la palabra.
Juan Manz