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Monday, April 14, 2008

Por la manchega llanura. La influencia de El Quijote en la poesía de León Felipe, de Raquel Huerta Nava


Por la manchega llanura. La influencia de El Quijote en la poesía de León Felipe, de Raquel Huerta Nava

Ignacio Martín

Pregunta Raquel Huerta:

[La poesía de León Felipe] es una poesía social que surge siempre en momentos de crisis sociales y no por eso deja de ser menos válida que las otras formas de poesía. ¿Tiene menos valor estético la poesía comprometida que la poesía filosófica? [1]

Dejemos que sea el propio León Felipe el que responda a la autora:

Deshaced este verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será poesía.[2]

La poesía, entonces, como cualquier literatura, puede ser, simplemente, buena o mala, y cualquier otro adjetivo no será más que eso, un mero calificativo.
Disculpen este preámbulo un tanto abrupto; me pareció pertinente iniciar esta intervención con una de las muchas reflexiones a las que Raquel Huerta Nava nos invita, e incita, en Por la manchega llanura…
Entremos en materia. En Por la manchega llanura…, Raquel analiza, de una manera aguda, minuciosa, sencilla y no por eso menos rigurosa, la vida y la obra de León Felipe. Por la manchega llanura… es un ensayo filológico, desde luego, y tiene un tema concreto, claro desde el título, pero quien quiera, simplemente, hacerse una idea sobre quién fue León Felipe y cuáles fueron las líneas maestras de su creación poética, también podrá encontrarlo en la obra que hoy nos reúne. Como también encontrará una interesante selección de poemas; Raquel estudia, analiza y nos ofrece conclusiones de estudiosa, pero sobre todo, nos abre puertas, para acercarnos al Quijote y a León Felipe, a sus relaciones; nos invita a releer con nuevas perspectivas o a buscar en aquellos textos del poeta que no conocíamos o conocíamos menos. Es lo fundamental en cualquier obra literaria, ¿no creen?, que nos plantee preguntas, aunque no siempre nos dé respuestas.
En lo personal, leer Por la manchega llanura… me ha permitido reencontrarme, como les digo, con León Felipe, releerlo, redescubrirlo. Pero, además, Raquel me, nos, lleva a León Felipe y al Quijote; pero también a Machado, a Unamuno, a Vallejo…
Voy a permitirme una especie de chisme para empezar este pequeño viaje literario: y es que no creo que la relación de Raquel con León Felipe empiece con este libro; no en vano, León Felipe tiene un libro titulado El viento y yo, y Raquel otro titulado Primera historia del viento; vean como dialogan; dice León Felipe, en un tono ciertamente quijotesco:

Volveré mañana en el corcel del viento.
Volveré, y cuando vuelva, vosotros os estaréis yendo:
Vosotros, los alcabaleros de la muerte, los centuriones en acecho […][3]

Raquel, por su parte, nos contesta, de alguna manera, a León Felipe, y a mí, por atreverme a este juego:

Es verdad que los cantos se parecen
como parte del misterio de la voz
por eso las palabras y las sombras
de las cuales venimos ya cautivos
se elevan y repiten en las calles.[4]

Y esta reflexión la continúa Raquel en el libro que hoy nos ocupa:

Y los hombres del desierto, los poetas, los profetas son los pueblos de El Libro, quedó la palabra plasmada en el libro, la voz del viento fue capturada en palabras escritas en papel y preservadas en la memoria. ¿Escribimos el libro o es el libro quien nos escribe?[5]

Y si con esta pequeña muestra les quiero hacer ver que entre ambos autores hay un diálogo evidente, no lo es menos el diálogo que se muestra con la literatura. Raquel analiza minuciosamente la obra de León Felipe para que nos demos cuenta de la importancia del Quijote, como personaje, pero sobre todo como símbolo, en la poética de quien, para muchos, fue la voz del exilio español en México.
Y si el Quijote es fundamental para León Felipe, en esa, como en otras de sus preocupaciones, en otros de sus temas recurrentes, de los que también nos habla Raquel en este ensayo, León Felipe dialoga con sus contemporáneos, con sus antecesores y con sus precursores. El poeta como creador me lleva a Borges o a Huidobro, poeta chileno que tiene un poema, titulado “Arte poética”:


Arte poética



Que el verso sea como una llave

que abra mil puertas.

Una hoja cae; algo pasa volando;

cuanto miren los ojos creado sea,

y el alma del oyente quede temblando.



Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;

el adjetivo, cuando no da vida, mata.



Estamos en el ciclo de los nervios.

El músculo cuelga,

como recuerdo en los museos;

mas no por eso tenemos menos fuerza:

el vigor verdadero

reside en la cabeza.


Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas!

Hacedla florecer en el poema.



Sólo para vosotros

viven todas las cosas bajo el Sol.


El poeta es un pequeño Dios.[6]

En este sentido, para Raquel, León Felipe y El Quijote son, si no dioses, sí profetas; León Felipe, dice Raquel, escribe “desde el lenguaje mítico, desde el centro de la llama”; uniéndolo con la cita de Huidobro, señala nuestra autora:
León Felipe asume una concepción cuasi divina de la función de la poesía y del poeta, asume la responsabilidad de la palabra, como los profetas del Antiguo Testamento […][7]

Esa preocupación por lo profético, ese sentido religioso de la poesía, me hizo pensar, mientras leía Por la manchega llanura…, en autores de la Generación del 98, en Machado, Unamuno, Azorín… para quienes El Quijote, Dios, España, son temas que se interrelacionan; si Unamuno decía que “le dolía España”, para Raquel, León Felipe es un poeta prometeico, como señalé, que escribía construyendo símbolos, desde el centro de la llama:

En la metáfora prometeica la figura del Quijote equivale a España. Es el aliento del pueblo español en lucha por la defensa de la república amenazada.[8]

Y esa España simbólica, esa República como símbolo de la humanidad, me conecta César Vallejo, con su España, aparta de mí este cáliz, desde luego, pero también con poemas anteriores; releyendo a León Felipe, encontré un poema que no recordaba: “Pero diré quién soy más claramente”, que, de manera automática, me hizo pensar en el “Considerando en frío, imparcialmente”, de Vallejo; no es cuestión ahora de aburrir con las citas por lo que los apunto simplemente para que quizá a algunos se les antoje buscar libros de ambos poetas, o de otros, y ponerlos a charlar.
Volviendo a León Felipe como poeta creador, prometeico, no puede separarse de la labor poética de muchos de los integrantes de la Generación del 27; si el Quijote es el puente hacia Unamuno y otros que vivieron, y glosaron, el final del “imperio español”, la renovación del lenguaje poético, las vanguardias y luego el exilio, crean una unión indisoluble entre León Felipe y poetas como Cernuda o Altolaguirre.
Señalaba al inicio que este momento es muy especial para mí; si Raquel nos demuestra, con un gran ensayo, la relación simbiótica entre León Felipe y el Quijote, yo he intentado continuar apuntando esos anclajes de León Felipe en la literatura.
Pero es que, además, León Felipe y yo somos paisanos, por partida doble; españoles y mexicanos ambos; León Felipe nació en un pueblo de Zamora y vivió en Sequeros, pueblo de la sierra de Salamanca, ciudad donde yo nací; dejemos que el poeta hable:

Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después… ya no he vuelto a echar el ancla […][9]

Así pues, en este diálogo constante que es la literatura, un salmantino chilango, un charro chilango para completar la analogía, hablando del Quijote con un zamorano de Tábara, que ése es el pueblo que el poeta no recuerda, o no quiere recordar, como Cervantes… Ese zamorano también se volvió chilango… Y ambos nos reunimos hoy convocados por una poeta –porque sí y de estirpe–, también chilanga de nacimiento. No puedo pedir más.
Disfrutemos, pues de este libro y de la poesía; que no tenga razón León Felipe en aquel poema que luego cantó Paco Ibáñez:

Ya no hay locos, amigos, ya no hay locos. Se murió aquel manchego,

aquel estrafalario fantasma del desierto y… ni en España hay locos.

Todo el mundo está cuerdo, terrible, monstruosamente cuerdo.[10]

Pero, sobre todo, que no tenga razón en darse por vencido un maestro de literatura cuya carta, brevísima, leí el otro día en el periódico:

Comprendí que debía jubilarme cuando mis alumnos […]

me dijeron a las claras que ni entendían ni les gustaba la poesía de Antonio Machado.[11]

Busquemos, mejor, una brizna de esperanza, disfrutemos de la alegría que implica que la literatura nos siga uniendo y reuniendo; y hagamos nuestros los versos finales del poema que da título al libro de Raquel Huerta-Nava:

Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame a ser contigo
pastor.
Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…[12]

[1] Huerta-Nava, Raquel. Por la manchega llanura. La influencia de El Quijote en la poesía de León Felipe. México, Centro de Estudios Cervantinos A.C., 2007; p. 75.
[2] Felipe, León. Versos y oraciones de caminante, en Antología rota. Buenos Aires, Losada, 1974; p. 11.
[3] Felipe, León. El viento y yo, en Antología rota. Buenos Aires, Losada, 1974; p. 180.
[4] Huerta-Nava, Raquel. Primera historia del viento. México, Página, 2005; p. 30.
[5] Huerta-Nava, Raquel. Por la manchega llanura…; p. 83.
[6]Huidobro, Vicente. El espejo del agua (Buenos Aires, 1916), tomado de http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=1268
[7] Huerta-Nava, Raquel. Por la manchega llanura…; p. 39.
[8] Ibidem, p. 57.
[9] Felipe, León. Versos y oraciones de caminante, en Antología rota. Buenos Aires, Losada, 1974; p. 13.
[10] Felipe, León. El payaso de las bofetadas, en Antología rota. Buenos Aires, Losada, 1974; p. 54.
[11] El País, domingo 3 de febrero de 2008, Cartas al director; p. 28.
[12] Felipe, León. Versos y oraciones de caminante, en Antología rota. Buenos Aires, Losada, 1974; p. 20.

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