Thursday, February 28, 2008

Elia Casillas, Piltriquitron


Piltriquitron


Elia Casillas




Mi expresión resplandecía en el momento que tomaste la mano y llevándome por el mundo, caí en la magia de tu duende. Tus ojos alternaban el tinte en cada valle, tu hechura sombría y yo en tu manto. Protegidos en un cielo que no era mío, el río Azul al fondo, envidiaba nuestro enlace… La fogata golpeó nuestro duelo, sabíamos que la última etapa venía. No pude decir te amo y aunque me apretabas, sentí tu lejanía hallándome con el silencio. Imposible abrir mis labios, contemplé tu pecho sintiéndome herida por ausencias, que agrietaban mi costado. Guardé el instante en que una flama vino alumbrar tu rostro bohemio, embotellándolo en mis enigmas, cerré el corazón. Hoy sé que te llevo, es sólo buscar en lo profundo para amarte junto a la lluvia, cerca de las nubes que cubren los pies de la montaña, ahí donde nos conocimos, protegida en ti, sin afectarnos nada. En mi afloraba la fantasía, radiante en tus relatos iba de sorpresa en sorpresa; de pronto, en riña con un jabalí o en galería de arte defendiendo tu ropaje de vago.
v Llevo un rostro frío para caminar mis rumbos- dijiste- sobre los que no entienden la diferencia de pertenecer a otro gremio. Los que llevamos una señal de locura, imposible para los ordinarios. Sólo tú puedes contemplar mi espíritu, porque es como tú.
Presa en tus palabras, bromeaba a ratos, el tiempo disminuía y el adiós en acecho cruelmente preparó la mano. Entonces, el frío vino, aferrada a ti no quise ir a las maletas, ni al tren de mi realidad. Cerré lo ojos. No pude emigrar, desenredándote, dejé que marcharas solo.







Navojoa Son. Julio 5 de 2001.
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