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Tuesday, February 12, 2008

Elia Casillas: EL GUAJIRO




























EL GUAJIRO



Elia Casillas




Su lloriqueo cargado de rabia me intrigó, fui a la primera silla y acercándola, me dispuse a escucharla, entre sollozos, palabras enfurecidas brincaron por todos lados y tuve que ayudarle a formar la queja. Los ¡Cómo...! ¡A poco...! Y… ¡No lo puedo creer...! Lograron su función y mi amiga pudo desahogarse conmigo. Todo tiene su arte, yo sólo interrumpía entre suspiro y suspiro dejando que sus lágrimas corrieran libremente. Cuando terminó, el coraje ya había pasado a mejor vida, ahora la amargura estaba allí con Andrea, mi mejor amiga.


 -No te apures- dije- ahorita vengo, a ver que se me ocurre... Acuéstate te voy hacer un té de tila...Ya vengo.


En el barrio éramos muy unidos y fui con doña Simona, sin que escapara una coma, sin restar una palabra, le conté los males de Andrea. Doña Simona se quitó el mandil, pañoleta en la cabeza para que le funcionaran mejor las ideas y con paso de mírame y no te cruces en mi camino, salió echando maldiciones rumbo a la casa de mi amiga. Durante una semana, cada vez que se me ocurría pasar por el hogar de Andrea, allí estaba Ramón, era muy raro ya que a esa misma hora él siempre desaparecía, “Los niños no dejan dormir, el calor está perrón, tú y tus lelonovelas, voy a broncear a este muñeco, este bello y atractivo cuerpo necesita correr” en fin.


Él trabajaba de noche en un restaurante-bar, era capitán de meseros y aunque cerraban a las doce siempre aparecía junto con el amanecer en su casa. A medio día sus necesidades lo corrían de la cama, después de un baño se dirigía a la mesa donde Andrea lo esperaba con un caldo enchiloso. Renovado, el camino a la calle se le hacía corto ¿ a dónde? Sólo él y su alma, una hora antes de irse al trabajo llegaba corriendo a vestirse, un beso de piquito y hasta otro amanecer. A él le quedaba la oscuridad de su piel, sin mayores músculos, Ramón despertaba pasiones en vecinas y damas chinguenguenchonas, alto y de sonrisa cínica; Andrea también tenía sus atrayentes, a pesar de tener dos hijos, sus redondas caderas sostenidas en dos gruesas piernas, hacían de su andar, cadencia de ojos que no soltaban los vaivenes de sus encantos.
De labios gruesos y delicados al hablar, ella mostraba un rostro moreno de rasgos sensuales y ojos cachondos. Por eso, casi nunca salía, él era muy celoso. 


Como Ramón no dejaba ni un ratito sola a Andrea, me fui con doña Simona para que me explicara que pasaba en casa de mi amiga, pero ella no era de dimes y diretes y ni todos los argumentos que utilicé lograron convencerla de que me contara, ni modo, al fin que algún día se va a salir Ramón y voy averiguar que sucedió. Y así era doña Simona, de una palabra, de un estilo, de una pieza y de ahí nadie la movía, ni siquiera yo que era de sus preferidas en el barrio.

- Por inquieta, por inquieta y por que no te dejas de nadie me caes bien mi Juana Gallo, ojalá de grande estudies para que ningún cabrón venga a golpearte- me decía.


Siempre me pregunté como podía vivir sola sin que le diera miedo tanto animal embalsamado, tanto yerbero seco, tanta veladora prendida en cada Santo y tenía mas Santos que la Capillilla de la Virgen del Refugio, pero la Guadalupana era la Reina, en su día organizaba la velación más grande del barrio, con peregrinación, carro alegórico y sonido de música, ahí sí, mi hermana Paty era la cantadora oficial de la procesión yo no, porque mientras el mariachi iba por un lado yo iba por donde a nadie le importa, así que le cargaba agua tibia a Paty para que no se enronqueciera mientras llegábamos a la casa de Doña Simona. Aparte ella tenía muchos gatos, gatos de todos los colores, siempre a sus pies, gatunamente felices y sus perros, otro montón de perros, pero a estos nunca les daba posada en la casita de palma y palos, decía que porque los perros eran del patio y que ellos podían avisarle cuando La Parca venía por alguien y necesitaban estar afuera para que dijeran quien se iba a morir a esa hora en el barrio. 


Eso era lo que me asustaba de doña Simona, sólo eso, por lo demás todos la respetábamos ya que siempre estaba dispuesta a ayudarnos sin buscar algo a cambio. Bueno, aunque me hice aerolito con doña Simona no me contó, eso si, me invito a cenar pozole con tostadas hechas a mano, y aunque no me gustaba estar mucho tiempo en su casa, me quedé. No por ella, por ella no. Si con ella aprendí el padre nuestro y el Ave María, y el rezo de la cruz bendita y la oración del viernes para que no te vayas al infierno, y los diez mandamientos, bueno, de con ella salí lista para la primera comunión, así que no era por ella. Pero hubo un acontecimiento que marcó nuestra amistad, en una ocasión los perros enloquecieron y doña Simona salió y a su regreso me dijo:

- Pobre gente... ¿Qué irá a hacer con tanto muerto? Y este muchachito que vivía allá arriba, mañana nadie podrá dar consuelo a tanto llanto, lo bueno es que ya están dando cuentas al creador, por ese lado los envidio, mientras yo sigo aquí... Navegando contra el sur, contra el norte, como si Dios o la huesuda se hubieran olvidado de mi.-


Hubiera querido averiguar, pero sabía perfectamente que una desdicha golpearía al Puerto, por eso ni le pregunté de quien se trataba para dormir tranquila y ni siquiera le dije a Paty en la cama, pero al día siguiente supimos que muchos cadáveres estaban tendidos afuera del Hospital Regional y los familiares tenían que reconocerlos en la banqueta, ahí permanecieron derribados, en espera de que algún pariente dijera este muertito es mío, porque de tantos que eran, no cabían en el nosocomio. Del barrio murió Ampelio, oriundo de un pueblito extraviado en los montes de Bahía de Banderas, llegó ya grande al barrio y era demasiado metido en sus pensamientos y siempre anduvo como si nosotros no existiéramos para él o para su mundo. A todos los difuntos, ex estudiantes de la Escuela Técnica Industrial No.49,  los velaron en el auditorio de la escuela. Juntos en sus días de ocurrencias, juntos en su indestructible descanso. 


 Al fin el sábado en cuanto vi desaparecer a Ramón, aterricé con Andrea. Su cara era otra, la fiesta sus ojos me lo dijo, inmediatamente, le pregunté por el cambio tan notorio en Ramón y ella soltó el gusto, ese gusto que sólo se percibe en las mujeres que viven noches apasionadas, porque eso se ve, se ve, porque se ve.

 -Oye, sólo a ti se ocurrió mandar a doña Simona, me aconsejó que comprara un chile para rellenar, de esos de cuaresma y una veladora azul. Me dijo que la vela azul sirve en lo emocional, que son las velas que deben usarse para todo cuanto se relacione con el amor, las uniones, las reconciliaciones, las pasiones y los celos y que despiertan el deseo sexual y según ella, impulsan en lo placentero de la vida... Que cortara con unas tijeras, la parte de enfrente de un calzoncillo de Ramón recién usado y que lo hiciera tiritas y aprovechara su borrachera y con un listón rojo nuevecito le midiera “el poder dormido” así dijo ella, tú entiendes ¿verdad? y con todo esto, rellenara el chile cociéndolo con hilo y aguja. Luego, me dijo que lo enterrara en el patio a la media noche y prendiera la vela y rezara diez padres nuestros y cinco Aves Marías y que repitiera “ Cuando Ramón esté con otra, duerma el poder y no lo despierte una tromba”. Me advirtió que cuando hiciera todo esto me pusiera una bata blanca hasta los pies y que atara un cordón que no sobrepasara dos veces lo largo de mi cuerpo y que lo amarrara al lado derecho, que no se me fuera a olvidar usar unas sandalias blancas, por algo que no entendí con la energía. Que hiciera un círculo con un cordón de lino y lo pegara, y que no me fuera a salir de ahí, hasta que la vela azul tuviera fin. Desde ese día, vivo agusssssssto de mi cuerpo y tranquila. Aunque no creas, de repente Ramón dice: “ Algo le pasa a mi guajiro, que ya no se alborota, cuando ve a las muchachas en la playa”.




Navojoa Sonora, Febrero 7 del 2000

1 comment:

oye morra said...

Te gusta Franco? ja


nunca será para ti
nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca nunca