Monday, August 20, 2007

Para repasar el círculo de Juan Manz


Para repasar el círculo, poesía reunida (1996-2007) de Juan Manz

Esta antología del autor sonorense volumen será presentada el martes 21 de agosto a las 19 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes; participarán Mijail Lamas, Víctor Hugo Piña Will Rodríguez y el autor.

En este libro, que reúne la obra poética escrita por Juan Manz entre 1996 y 2007, permite que el lector se aproxime a una poesía que aprovecha los brillos de la metáfora, la alegría de la métrica y la audacia experimental.

El canto de la pasión y angustia
Reyes Martínez Torrijos

El poeta mexicano Juan Manz conjuntó diez años de su producción poética en el libro Para repasar el círculo. Poesía reunida (1996-2007); lo que él considera su segunda etapa e incluye, en orden temporal: Tres veces espejo, Ciudad de siempre, Padre viejo, Panal de luces, Agua reparada, Molinar sin aspas y, su más reciente creación, Recital en fuga.

Creador de una obra poética amplia y prolija, se ha caracterizado por someter a la poesía, arte del aire, a la tierra. Su labor lo ha formado como un intermediario entre el cielo y la tierra, y un traductor de las diferentes regiones que pueblan los sueños, la mente de los hombres y obsesionan sus pasos.
Su obra presenta diferentes registros versiculares, los sonetos, las baladas, el verso libre. También se expone en libros breves. Es un autor polifacético.

En la primera parte, Tres veces espejo, campea un manejo de temas etéreos: el espacio, el tiempo, la noche, los cuales irónicamente se establecen como presidio del cual se debe escapar. “Deseamos penetrar el misterio / de la oscura afinidad a las preguntas / que van quedando sin respuesta / y entender por qué / mi angustia se desdobla / en la espesura circular del universo / y se resuelve lineal en el vacío”.

El autor aquí establece un diálogo sin concesiones con su propia soledad, encarnada en el sueño, la noche y la oscuridad. Alrededor de esta tríada, Manz construye una poética del lento andar del tiempo, de la desesperación por la inmovilidad: “Este día vengo de escuchar la noche / el oráculo de su desvelo eterno / de su andamio vacío / su andamio extenuado / dolor de andamio”.

Es un juego de imágenes que soportan la tergiversación de la realidad y la convierten en múltiples fragmentos enfrentados: “Tridimensionado tres veces relativo / ando sin camino corro sin carrera / con los ojos cosidos a mi espalda/ en la lente de la cámara lenta perseguido”.

Ciudad de siempre esta revestida por la repetición de los temas como el sueño y el espejo (cuya naturaleza es la paciente multiplicación de formas y situaciones), hasta llegar a la circularidad de la vida, a la permanente vuelta de dolores: “Mi esperanza se fue haciendo redonda / al paso de los días. / A la segunda semana sin ti / ya giraba en el vacío / A la fecha es eco del silencio / tu silencio / y sigue su repaso de círculo de oído”.

Es la reseña del tiempo que vuelve sobre sus pasos, de una forma atroz. Se repiten los dolores y el tráfago por los caminos polvorientos; es el reconocimiento de la separación en contra de la voluntad. Pero a pesar de ello, se muestra la belleza, la sensualidad: “Sol nocturno / sucedo por inercia / y converjo hacia el centro de ti misma / Es el tiempo de ver al cometa / que arrastra un territorio / para repasar el círculo / de mi parte de infinito.”

El siguiente apartado, Padre viejo, ofrece un nuevo motivo para la poética de Juan Manz: la loa a “yoremes, maestros y cantores”. En él reivindica el camino escogido; el canto como destino. Reconoce en ellos raíz, futuro y razón del canto. Y retoma los motivos de una lírica antigua, originada en un mundo distinto, pleno de misticismo y sacralidad: “Por eso te canto, / padre viejo, hermano grande, / porque soy nadie y nada / mientras no sea una pizca de tu irrealidad, / un algo, o un alguien en tu entorno de sonajas.”

El autor escoge el homenaje a hacen del canto su labor entre los yaquis: “piénsame, danzante, solar de los ancestros, / explorador de la voz y la luz oscurecidas / convócame a tu orbe, / transmite a mi cuerpo la música que guardas. / Canta conmigo, sabio poeta, mago del discurso mudo; / mi ser, el claro de mí mismo”.

Panal de luces es, en cambio, un reconocimiento del presente; el descubrimiento de otro ámbito. En él se encuentra el interés por una sociedad distinta y bella en su multiplicidad. Es Nueva York en la mirada de un poeta que intenta extraer sus sensaciones y su esencia: “Pero esta ciudad también / es toda historia; / es el refugio de quien busca un sueño, / la bitácora del globo / paranorte de su brújula… / Pero esta ciudad aún tiene un espíritu; / es decir, que también fundo un pasado/ por arte de vidente itinerancia, / temperamento y verbo poliforme. “

Agua reparada es, quizá la más cercana apropiación de la realidad próxima, de la cotidianidad en que transcurre la vida del poeta. En ella, a pesar del ánimo de sencillez, se descubren los símbolos cuyo sentido determina el tránsito de humano en nuestro país. Luego se torna un intimo canto sobre historias finitas, sobre soledades y sobre el ser que en esencia escapa: “Yo tercero / yéndome estás yéndote conmigo / doblemente trístido / compadeciéndote de mí / en el pasillo te descubro”.

En Molinar sin aspas, toma la palabra el experimento y el juego del verbo. Incluye versos temerarios, de trapecista del lenguaje, donde se encuentra a un poeta que comulga con el viento, que camina por el misterio de las formas nuevas. Es un Juan Manz con el mismo oficio de poeta pero con los ojos puestos en otro registro: el de moler sin aspas, hacer estremecer la tierra con la pura intención de volar o de lanzar un relámpago como preludio de lluvia de ideas cuando ya ha escampando en el poema.

En su nota de autor, Juan Manz escribe sobre la recopilación: “He querido ser lo más honesto posible al integrar esta colección de poemas; he escrito congruente a mi ansiedad de tinta hasta donde me ha sido posible expresarla; entonado mi canto con la pasión y angustia del que sufre y goza con su música. Aquí conviven los poemas que comportan mi verdadera historia, el espejo escriturado en donde se puede leer, como en un pergamino transparente, los dictados de mi otro: ese que era, que soy, y no me piensa; el mismo aparecido de siempre, transformado.”

Sobre el autor
Nació en Ciudad Obregón, Sonora, en 1945. Poeta, compositor y promotor cultural. Ha sido coordinador del taller de creación literaria de la Biblioteca Pública de Ciudad Obregón desde 1986. Miembro fundador de la Agrupación para las Bellas Artes. Parte de su obra aparece en las antologías Primer encuentro de jóvenes de la frontera norte (1986), Bestiario inmediato. Muestra de poesía mexicana contemporánea (2000), Vuelta a la casa en 75 poemas (2001).

Además de los poemarios mencionados arriba, es autor de Oro verde (1982), Con un rumor de canción (1984), Para repasar el círculo (1986), Balada de tierra adentro (1995) y Sonata de tierra adentro (2002).