
A veces, uno tiene que encontrarse con su negativo, en otro sitio. Soy Elia Casillas, egresada de la Escuela de Escritores del Sur de Sonora. Elia2744@hotmail.com
Monday, February 26, 2007
Franco Félix

Wednesday, February 21, 2007
Jordi Glantz
.jpg)
Rotundo, estrictamente rotundo.
Al más hijoputa de todos
Tuesday, February 20, 2007

Pepe Acebes
Acuarelista Español
http://joseacebes.blogspot.com/
Alejandra Pizarnik
Noche
correr no sé donde
aquí o allá
singulares recodos desnudos
basta correr!
trenzas sujetan mi anochecer
de caspa y agua colonia
rosa quemada fósforo de cera
creación sincera en surco capilar
la noche desanuda su bagaje
de blancos y negros
tirar detener su devenir
Estallará la isla del recuerdo.
Ese instante que no se olvida
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.
Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.
Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos
Balada de la piedra que llora
la muerte se muere de risa pero la vida
a Olga Orozco
Yo no sé de la infancia
soy una mano que me arrastra
a mi otra orilla.
Mi infancia y su perfume
a pájaro acariciado.
Yo no sé de pájaros,
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
mis manos crecían con música
Como el viento sin alas encerrado en mis ojos
¿Qué bestia caída de pasmo
se arrastra por mi sangre
sólo la se
por un minuto de vida breveúnica de ojos abiertos
explicar con palabras de este mundo
como un poema enterado
una mirada desde la alcantarilla
Friday, February 16, 2007
Jorge Luis Borges

A mi, tan luego, hablarme del finado Francisco Real. Yo lo conocí, y eso que éstos no eran sus barrios porque el sabía tallar más bien por el Norte, por esos laos de la laguna de Guadalupe y la Batería. Arriba de tres veces no lo traté, y ésas en una misma noche, pero es noche que no se me olvidará, como que en ella vino la Lujanera porque sí a dormir en mi rancho y Rosendo Juárez dejó, para no volver, el Arroyo. A ustedes, claro que les falta la debida esperiencia para reconocer ése nombre, pero Rosendo Juárez el Pegador, era de los que pisaban más fuerte por Villa Santa Rita. Mozo acreditao para el cuchillo, era uno de los hombres de don Nicolás Paredes, que era uno de los hombres de Morel. Sabía llegar de lo más paquete al quilombo, en un oscuro, con las prendas de plata; los hombres y los perros lo respetaban y las chinas también; nadie inoraba que estaba debiendo dos muertes; usaba un chambergo alto, de ala finita, sobre la melena grasíenta; la suerte lo mimaba, como quien dice. Los mozos de la Villa le copiábamos hasta el modo de escupir. Sin embargo, una noche nos ilustró la verdadera condicion de Rosendo. Parece cuento, pero la historia de esa noche rarísima empezó por un placero insolente de ruedas coloradas, lleno hasta el tope de hombres, que iba a los barquinazos por esos callejones de barro duro, entre los hornos de ladrillos y los huecos, y dos de negro, dele guitarriar y aturdir, y el del pescante que les tiraba un fustazo a los perros sueltos que se le atravesaban al moro, y un emponchado iba silencioso en el medio, y ése era el Corralero de tantas mentas, y el hombre iba a peliar y a matar. La noche era una bendición de tan fresca; dos de ellos iban sobre la capota volcada, como si la soledá juera un corso. Ese jue el primer sucedido de tantos que hubo, pero recién después lo supimos. Los muchachos estábamos dende tempraño en el salón de Julia, que era un galpón de chapas de cinc, entre el camino de Gauna y el Maldonado. Era un local que usté lo divisaba de lejos, por la luz que mandaba a la redonda el farol sinvergüenza, y por el barullo también. La Julia, aunque de humilde color, era de lo más conciente y formal, así que no faltaban músicantes, güen beberaje y compañeras resistentes pal baile.
Pero la Lujanera, que era la mujer de Rosendo, las sobraba lejos a todas. Se murió, señor, y digo que hay años en que ni pienso en ella, pero había que verla en sus días, con esos ojos. Verla, no daba sueño. La caña, la milonga, el hembraje, una condescendiente mala palabra de boca de Rosendo, una palmada suya en el montón que yo trataba de sentir como una amistá: la cosa es que yo estaba lo más feliz. Me tocó una compañera muy seguidora, que iba como adivinándome la intención. El tango hacía su voluntá con nosotros y nos arriaba y nos perdía y nos ordenaba y nos volvía a encontrar. En esa diversion estaban los hombres, lo mismo que en un sueño, cuando de golpe me pareció crecida la música, y era que ya se entreveraba con ella la de los guitarreros del coche, cada vez más cercano. Después, la brisa que la trajo tiró por otro rumbo, y volví a atender a mi cuerpo y al de la companera y a las conversaciones del baile. Al rato largo llamaron a la puerta con autoridá, un golpe y una voz. En seguida un silencio general, una pechada poderosa a la puerta y el hombre estaba adentro. El hombre era parecido a la voz. Para nosotros no era todavía Francisco ReaI, pero sí un tipo alto, fornido, trajeado enteramente de negro, y una chalina de un color como bayo, echada sobre el hombro. La cara recuerdo que era aindiada, esquinada. Me golpeó la hoja de la puerta al abrirse. De puro atolondrado me le jui encima y le encajé la zurda en la facha, mientras con la derecha sacaba el cuchillo filoso que cargaba en la sisa del chaleco, junto al sobaco izquierdo. Poco iba a durarme la atropellada. El hombre, para afirmarse, estiró los brazos y me hizo a un lado, como despidiéndose de un estorbo. Me dejó agachado detrás, todavía con la mano abajo del saco, sobre el arma inservible. Siguió como si tal cosa, adelante. Siguió, siempre más alto que cualquiera de los que iba desapartando, siempre como sin ver. Los primeros -puro italianaje mirón- se abrieron como abanico, apurados. La cosa no duró. En el montón siguiente ya estaba el Inglés esperándolo, y antes de sentir en el hombro la mano del forastero, se le durmió con un planazo que tenía listo. Jue ver ése planazo y jue venírsele ya todos al humo. El establecimiento tenía más de muchas varas de fondo, y lo arriaron como un cristo, casi de punta a punta, a pechadas, a silbidos y a salivazos. Primero le tiraron trompadas, después, al ver que ni se atajaba los golpes, puras cachetadas a mano abierta o con el fleco inofensivo de las chalinas, como riéndose de él. También, como reservándolo pa Rosendo, que no se había movido para eso de la paré del fondo, en la que hacía espaldas, callado. Pitaba con apuro su cigarrillo, como si ya entendiera lo que vimos claro después.
El Corralero fue empujado hasta él, firme y ensangrentado, con ése viento de chamuchina pifiadora detrás. Silbando, chicoteado, escupido, recién habló cuando se enfrentó con Rosendo. Entonces lo miró y se despejo la cara con el antebrazo y dijo estas cosas: Yo soy Francisco Real, un hombre del Norte. Yo soy Francisco Real, que le dicen el Corralero. Yo les he consentido a estos infelices que me alzaran la mano, porque lo que estoy buscando es un hombre. Andan por ahí unos bolaceros diciendo que en estos andurriales hay uno que tiene mentas de cuchillero , y de malo , y que le dicen el Pegador. Quiero encontrarlo pa que me enseñe a mi, que soy naides, lo que es un hombre de coraje y de vista. Dijo esas cosas y no le quitó los ojos de encima. Ahora le relucía un cuchillón en la mano derecha, que en fija lo había traído en la manga. Alrededor se habían ido abriendo los que empujaron, y todos los mirábamos a los dos, en un gran silencio. Hasta la jeta del milato ciego que tocaba el violín, acataba ese rumbo. En eso, oigo que se desplazaban atrás, y me veo en el marco de la puerta seis o siete hombres, que serían la barra del Corralero. El más viejo, un hombre apaisanado, curtido, de bigote entrecano, se adelantó para quedarse como encandilado por tanto hembraje y tanta luz, y se descubrió con respeto. Los otros vigilaban, listos para dentrar a tallar si el juego no era limpio. ¿;Qué le pasaba mientras tanto a Rosendo, que no lo sacaba pisotiando a ese balaquero? Seguía callado, sin alzarle los ojos. El cigarro no sé si lo escupió o si se le cayó de la cara. Al fin pudo acertar con unas palabras, pero tan despacio que a los de la otra punta del salón no nos alcanzo lo que dijo. Volvió Francisco Real a desafiarlo y él a negarse. Entonces, el más muchacho de los forasteros silbó. La Lujanera lo miró aborreciéndolo y se abrió paso con la crencha en la espalda, entre el carreraje y las chinas, y se jue a su hombre y le metió la mano en el pecho y le sacó el cuchillo desenvainado y se lo dió con estas palabras: Rosendo, creo que lo estarás precisando. A la altura del techo había una especie de ventana alargada que miraba al arroyo. Con las dos manos recibió Rosendo el cuchillo y lo filió como si no lo reconociera. Se empinó de golpe hacia atrás y voló el cuchillo derecho y fue a perderse ajuera, en el Maldonado. Yo sentí como un frio. De asco no te carneodijo el otro, y alzó, para castigarlo, la mano. Entonces la Lujanera se le prendió y le echó los brazos al cuello y lo miró con esos ojos y le dijo con ira:
Dejalo a ése, que nos hizo creer que era un hombre. Francisco Real se quedó perplejo un espacio y luego la abrazó como para siempre y les gritó a los musicantes que le metieran tango y milonga y a los demás de la diversión, que bailaramos. La milonga corrió como un incendio de punta a punta. Real bailaba muy grave, pero sin ninguna luz, ya pudiéndola. Llegaron a la puerta y grito: ¡;Vayan abriendo cancha, señores, que la llevo dormida ! Dijo, y salieron sien con sien, como en la marejada del tango, como si los perdiera el tango. Debí ponerme colorao de vergüenza. Dí unas vueltitas con alguna mujer y la planté de golpe. Inventé que era por el calor y por la apretura y jui orillando la paré hasta salir. Linda la noche, ¿;para quien? A la vuelta del callejón estaba el placero, con el par de guitarras derechas en el asiento, como cristianos. Dentre a amargarme de que las descuidaran así, como si ni pa recoger changangos sirviéramos. Me dió coraje de sentir que no éramos naides. Un manotón a mi clavel de atrás de la oreja y lo tiré a un charquito y me quedé un espacio mirándolo, como para no pensar en más nada. Yo hubiera querido estar de una vez en el día siguiente, yo me quería salir de esa noche. En eso, me pegaron un codazo que jue casi un alivio. Era Rosendo, que se escurría solo del barrio. Vos siempre has de servir de estorbo, pendejo me rezongó al pasar, no sé si para desahogarse, o ajeno. Agarró el lado más oscuro, el del Maldonado; no lo volví a ver más. Me quedé mirando esas cosas de toda la vida cielo hasta decir basta, el arroyo que se emperraba solo ahí abajo, un caballo dormido, el callejón de tierra, los hornos y pensé que yo era apenas otro yuyo de esas orillas, criado entre las flores de sapo y las osamentas. ¿;Que iba a salir de esa basura sino nosotros, gritones pero blandos para el castigo, boca y atropellada no más? Sentí después que no, que el barrio cuanto más aporriao, más obligación de ser guapo. ¿;Basura? La milonga déle loquiar, y déle bochinchar en las casas, y traía olor a madreselvas el viento. Linda al ñudo la noche. Había de estrellas como para marearse mirándolas, una encima de otras. Yo forcejiaba por sentir que a mí no me representaba nada el asunto, pero la cobardía de Rosendo y el coraje insufrible del forastero no me querían dejar. Hasta de una mujer para esa noche se había podido aviar el hombre alto. Para esa y para muchas, pensé, y tal vez para todas, porque la Lujanera era cosa seria. Sabe Dios qué lado agarraron. Muy lejos no podían estar. A lo mejor ya se estaban empleando los dos, en cualesquier cuneta.
Cuando alcancé a volver, seguía como si tal cosa el bailongo. Haciéndome el chiquito, me entreveré en el montón, y vi que alguno de los nuestros había rajado y que los norteros tangueaban junto con los demás. Codazos y encontrones no había, pero si recelo y decencia. La música parecia dormilona, las mujeres que tangueaban con los del Norte, no decían esta boca es mía. Yo esperaba algo, pero no lo que sucedió. Ajuera oimos una mujer que lloraba y después la voz que ya conocíamos, pero serena, casi demasiado serena, como si ya no juera de alguien, diciéndole: Entrá, m'hijay luego otro llanto. Luego la voz como si empezara a desesperarse. ¡Abrí te digo, abrí gaucha arrastrada, abrí, perra! se abrió en eso la puerta tembleque, y entró la Lujanera, sola. Entró mandada, como si viniera arreándola alguno. La está mandando un ánima dijo el Inglés. Un muerto, amigo dijo entonces el Corralero. El rostro era como de borracho. Entró, y en la cancha que le abrimos todos, como antes, dió unos pasos marcado alto, sin ver y se fue al suelo de una vez, como poste. Uno de los que vinieron con él, lo acostó de espaldas y le acomodó el ponchito de almohada. Esos ausilios lo ensuciaron de sangre. Vimos entonces que traiba una herida juerte en el pecho; la sangre le encharcaba y ennegrecia un lengue punzó que antes no le oservé, porque lo tapó la chalina. Para la primera cura, una de las mujeres trujo caña y unos trapos quemados. El hombre no estaba para esplicar. La Lujanera lo miraba como perdida, con los brazos colgando. Todos estaban preguntándose con la cara y ella consiguió hablar. Dijo que luego de salir con el Corralero, se jueron a un campito, y que en eso cae un desconocido y lo llama como desesperado a pelear y le infiere esa puñalada y que ella jura que no sabe quién es y que no es Rosendo. ¿;Ouién le iba a creer? El hombre a nuestros pies se moría. Yo pensé que no le había temblado el pulso al que lo arregló. El hombre, sin embargo, era duro. Cuando golpeó, la Julia había estao cebando unos mates y el mate dió Ia vuelta redonda y volvío a mi mano, antes que falleciera. "Tápenme la cara", dijo despacio, cuando no pudo más. Sólo le quedaba el orgullo y no iba a consentir que le curiosearan los visajes de la agonía. Alguien le puso encima el chambergo negro, que era de copa altísima. Se murió abajo del chambergo, sin queja. Cuando el pecho acostado dejó de subir y bajar, se animaron a descubrirlo.
Tenía ese aire fatigado de los difuntos; era de los hombres de más coraje que hubo en aquel entonces, dende la Batería hasta el Sur; en cuanto lo supe muerto y sin habla, le perdí el odio. Para morir no se precisa más que estar vivo dijo una del montón, y otra, pensativa también: Tanta soberbia el hombre, y no sirve más que pa juntar moscas. Entonces los norteros jueron diciéndose un cosa despacio y dos a un tiempo la repitieron juerte después. Lo mató la mujer. Uno le grito en la cara si era ella, y todos la cercaron. Ya me olvidé que tenía que prudenciar y me les atravesé como luz. De atolondrado, casi pelo el fiyingo. Sentí que muchos me miraban, para no decir todos. Dije como con sorna: Fijensén en las manos de esa mujer. ¿;Que pulso ni que corazón va a tener para clavar una puñalada? Añadí, medio desganado de guapo: ¿;Quién iba a soñar que el finao, que asegún dicen, era malo en su barrio, juera a concluir de una manera tan bruta y en un lugar tan enteramente muerto como éste, ande no pasa nada, cuando no cae alguno de ajuera para distrairnos y queda para la escupida después? El cuero no le pidió biaba a ninguno. En eso iba creciendo en la soledá un ruido de jinetes. Era la policía. Quien más, quien menos, todos tendrían su razón para no buscar ese trato, porque determinaron que lo mejor era traspasar el muerto al arroyo. Recordarán ustedes aquella ventana alargada por la que pasó en un brillo el puñal. Por ahí paso después el hombre de negro. Lo levantaron entre muchos y de cuantos centavos y cuanta zoncera tenía lo aligeraron esas manos y alguno le hachó un dedo para refalarle el anillo. Aprovechadores, señor, que así se le animaban a un pobre dijunto indefenso, después que lo arregló otro más hombre. Un envión y el agua torrentosa y sufrida se lo llevó. Para que no sobrenadara, no se si le arrancaron las vísceras, porque preferí no mirar. El de bigote gris no me quitaba los ojos. La Lujanera aprovechó el apuro para salir. Cuando echaron su vistazo los de la ley, el baile estaba medio animado. El ciego del violín le sabía sacar unas habaneras de las que ya no se oyen. Ajuera estaba queriendo clariar. Unos postes de ñandubay sobre una lomada estaban como sueltos, porque los alambrados finitos no se dejaban divisar tan temprano.
Yo me fui tranquilo a mi rancho, que estaba a unas tres cuadras. Ardía en la ventana una lucecita, que se apagó en seguida. De juro que me apure a llegar, cuando me di cuenta. Entonces, Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso que yo sabía cargar aquí, en el chaleco, junto al sobaco izquierdo, y le pegué otra revisada despacio, y estaba como nuevo, inocente, y no quedaba ni un rastrito de sangre.
Wednesday, February 14, 2007
Elia Casillas

Arrastraste hora precisa
amor
malos ratos
y la mitad de mi vida.
y el jolgorio de mi ombligo?
¿En que hueco los plantaste
que no los noto?
¡Ah! olvidaste algo...
La muerte que llevo siempre
debajo de mi zapato.
Si te vas...
Ahí están las flores
la música de nuestros cuentos
mi corazón en una bolsa.
aquí estorban ,
la poesía es lenta
mis dedos no encuentran ritmo.
esto es cementerio de horas,
minutos suicidas
en reloj ahorcado.
Si te vas...
Sólo deja tu fragancia
en la esquina de emergencias,
para que yo viva.
Sin ti
soy flor sin campo
agua que no respira
muerto sin cajón
y voy...
ya no caben mis errores
soy perro encarcelado
barco sin ritmo
mano sin Dios
no hay lugar para reliquias en mi cuerpo
y las cruces escaparon de mi vida
no sé ir...
pentagrama sin clave
letra a medias
músico destemplado en el camión
Reynosa, Tamaulipas Abril 16 del 2002
Sunday, February 11, 2007
Silvio Rodríaguez

Blanco
Romanza de la luna
Friday, February 09, 2007
José Antonio Regidor

Thursday, February 08, 2007
Elia Casillas, Luis Martín Sahagún

Elia Casillas
En tus brazos despertó mi sangre
y mis caderas entraron a tu mundo
ante cualquier Templo confieso:
¡Te amo!
Frente a los Cristos
que viven en mi pared sin pagar espacio
junto a los pájaros del calvario
y todos los árboles del cielo digo:
Este amor vivirá en un libro
como tú
desde la uña del suelo
hasta el ultimo pigmento de la creación
donde brota la mañana
y la noche viene con amor a despertarnos las piernas
en la nube con la piel mojada
alegres los cuerpos sin el miedo de gritar…
¡Nos queremos!
No hay paz en mi esquina
la gran revolución se fragua en mis pechos
salta el Ave Maria del rosario
reemplazándome por un día
sólo un dì…a
¡Al fin podré volar!!
y estropea mi cuerpo
creo que pierdo menos
Aquí donde vienes
a esconderte en la noche
de mis trapos viejos
En esto me sostengo indiferente
desde que no encuentro entre tanto cielo
tus ojos de cazador en reto
De hombre sin sol
desnudando mi cuello
mi buen Vampiro
mi gran Señor
Robaste mi sangre
y la carne muere en tu hocico...
Nada puedo hacer
Si es que vivo
busca la dirección de mi cuerpo arruinado
que no ya no funciona sin ti
Me... He quedado
Me quedan los Cristos
las velas que salieron de estas manos
tu imagen retorciéndose en mis piernas
y el empeine que lamenta tus ausencias
Se adormilan los pechos
más de una vez los frota tu recuerdo
y despiertan enojados
Vienes en las camisas que me inspiran
entre tanto olor que atizas
cuando encaballas mi cuerpo
Y deseo quitarme las caderas
ponerlas en un e-mail
con todos los instantes que no controlo
para que las regreses cansadas
He quedado sin ti...
no lo entienden mis sábanas
cuando no te desdoblas en mi
Hago el amor con tus reliquias
mil letras ruedan en mi piel
y con las ganas que se desbarrancan...
¡Armo tu nombre!
Wednesday, February 07, 2007
Esopo

Esopo
Grecia: Siglo VI ac
El abeto y el espino
Disputaban entre sí el abeto y el espino. Se jactaba el abeto diciendo:
-Soy hermoso, esbelto y alto, y sirvo para construir las naves y los techos de los templos. ¿Cómo tienes la osadía de compararte a mí?
-¡Si recordaras -replicó el espino- las hachas y las sierras que te cortan, preferirías la suerte del espino!
A veces la fama no es conveniente.
El águila de ala cortada y la zorra
Cierto día un hombre capturó a un águila, le cortó las alas y la soltó en el corral junto con todas sus gallinas. Apenada, el águila, quien fuera poderosa, bajaba la cabeza y pasaba sin comer: se sentía como una reina encarcelada.
Pasó otro hombre que la vio, le gustó y decidió comprarla. Le arrancó las plumas cortadas y se las hizo crecer de nuevo. Repuesta el águila de sus alas, alzó vuelo y apresó a una liebre para llevársela en agradecimiento a su liberador.
La vio una zorra y maliciosamente la mal aconsejaba diciéndole:
-No le lleves la liebre al que te liberó, sino al que te capturó; pues el que te liberó ya es bueno sin más estímulo. Procura más bien ablandar al otro, no vaya a atraparte de nuevo y te arranque completamente las alas.
Siempre corresponde generosamente con tus bienhechores,y por prudencia mantente alejado de los malvados.
El águila, el cuervo y el pastor
Lanzándose desde una cima, un águila arrebató un corderito.
La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.
Le preguntaron sus hijos acerca de qué clase de ave era aquella, y les dijo:
-Para mí sólo es un cuervo, pero él se cree águila.
Pon tu dedicación en lo que realmente estás preparado, no en lo que no te corresponde.
El águila y el escarabajo
Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un escarabajo, suplicándole que la salvara.
Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga. Pero el águila, despreciando la insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.
Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros pequeñuelos.
Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la táctica escapatoria, hizo una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus. Se levantó entonces Zeus para sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso, desde entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.
Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte.
El águila y la flecha
Estaba asentada un águila en el pico de un peñasco esperando por la llegada de las liebres.
Mas la vio un cazador, y lanzándole una flecha le atravesó su cuerpo.
Viendo el águila entonces que la flecha estaba construida con plumas de su propia especie, exclamó:
-¡Qué tristeza terminar mis días por causa de mis plumas!
Más profundo es nuestro dolor cuando nos vencen con nuestras propias armas.
Tuesday, February 06, 2007

Creo que la versión número 23 del Festival Alfonso Ortiz Tirado en Álamos ha sido el mejor en su historia por la calidad de los conciertos de gala operísticos en el Palacio Municipal, eventos musicales en el atrio de la iglesia La Purísima Concepción, en el Foro alterno y en La Alameda durante días asoleados o nublados con intenso frío nocturnal del invierno en la región serrana del desierto de Sonora, a donde fui para adquirir más cultura clásica y extasiarme con el arte expuesto en las 16 exposiciones de la Ruta del Arte auspiciada por el Instituto Sonorense de Cultura y el arte expuesto en la Plaza de Armas por los famoso e internacionales Artistas del Festival de Álamos.
¡Bravo!, ¡Bravísimo! Es mi exclamación al conciertos de gala de la clausura, porque -Extasió mi espíritu errante en busca de la belleza-, por la mezzosoprano Carla López-Speziale, el tenor Armando Mora y el pianista Pablo Singer, deleitándonos con melodías de opera y mexicanas de María Grever y a petición del público, que de pie aplaudía sin cesar, terminó el festival con la canción “Granada”, ovacionada por el gobernador Eduardo Bours, su distinguida esposa Lourdes Laborin, su gabinete de lujo y demás invitados especiales.
¡Bravo!, exclamo tres veces para las sopranos Sarahí Salgado, la cajemense Margarita Estrada, el barítono Emmanuel Mayoral y al pianista Daniel Villegas por el repertorio musical de “La flauta mágica, “La tabernera del pueblo”, “El barbero de Sevilla” y ”Mefistofeles”, en la noche de gala de la Universidad de Sonora.
No cabe duda que el espíritu de este Festival es la cultura plástica presentada por las dos propuestas arriba señaladas por la cantidad de pinturas, esculturas, grabados y fotografías montadas en casonas coloniales y edificios históricos, donde asistí a la inauguración de la exposición gancho “Fusiones”, por los pintores Valdimir Cora y Jazzamoart en el Museo Costumbrista con obras figurativas y abstractas carentes de estética por su deformaciones de la figura humana y su colorido violento. Tampoco me agradó el mural pintado con aberrantes abstracciones efectuado en honor del homenajeado Carlos Prieto, porque no lograron expresar la belleza musical de este gran violonchelista.
En el Palacio Municipal observé las pinturas de la V Bienal de Artes Visuales de Sonora previamente criticadas. Subí las escalinatas del callejón contiguo a este edificio para llegar a la Casa de la Cultura y ver las exposiciones: Tekne de los artistas jóvenes y la colectiva “La música se ve”, de los Artistas Plásticos de Álamos. Baje de la cima para llegar al Museo de la María Félix y ponerle atención la exhibición “Sonora”, por los Pintores Independientes de Guaymas, crucé la calle para llegar al restaurante La Puerta Roja y admirar la exposición “Sensibilidad: Las Artes”, de Rito Emilio Salazar. Con el tiempo en contra para no perder la banca, le eché un vistazo a la colectiva de la Asociación de Artistas Plásticos del sur de Sonora en la Biblioteca Pública para luego ir al Hotel Colonial y ser atendido cordialmente por Carmen María Gámez Ramírez durante un recorrido emocional por la exhibición La “Frontera desconocida”, de los artistas de Nogales y la de fotografía documental por Oscar Monroy y Sofía Monroy. Doble la esquina de la calle llena de historia para llegar al restaurante Polos para conocer la visión fotográfica de la exposición “Cromática Sonorense”, de Mario Sánchez Luna; Pasé frente al museo para cruzar la calle al restaurante Las Palmas, pero me detuve para darle el paso libre a un jinete de a caballo por si las dudas hace lo que Gaspar el burro del festival y extasiarme con los magníficos grabados de Adriana Salazar La Madrid en su propuesta “Sueños del pasado”, joven artista que le veo un prometedor futuro en la plástica sonorense por su trabajo armonioso y bello.
El arte Sacro en el Hotel la Casa de los Tesoros y la de Margo Finlay están repetidas, lamento no asistir a la exhibición “Libertad relativa”, de Karla Inés Yescas en la galería Tacubaya, a la de Roberto Bloon, ni la colectiva de la Asociación Sonorense de Artes Plásticas en el Mercado de las Artesanías ni a “La fiesta de las mascaras”.
Tengo por norma no dar pleitesía a nadie en el mundo, pero debo mencionar que fue una muy grata la inesperada visita del Gobernador Eduardo Bours a la plaza recorriendo casi todos los puestos y mirando de soslayo al arte expuesto, lo noté muy jovial, amable y feliz. Distraje su atención para que posara frente a mis acuarelas e ipso facto aceptó con gusto para luego darme las gracias mientras nos despedíamos cordialmente.
La otra propuesta del festival de la Sonora culta, fue la gran exposición de pinturas por los Artistas del Festival de Álamos en la Plaza de Armas, presentando al público cientos de obras plásticas que junto a la Ruta del Arte transformaron a esta ciudad colonial en el centro artístico más importante del noroeste de México.
Nuevamente estos artistas independientes se reúnen para exhibir su arte al pueblo alamense y a los miles de visitantes y turistas que deambularon en la plaza durante los días del festival. Para que usted los conozca, externo sus opiniones a las preguntas ¿Qué piensas de tu arte? y ¿Qué los motiva a exhibir en la Plaza de Armas de Álamos?
El pintor egresado de escuela La Esmeralda de la Ciudad de México, Luis Martín López Sahagún, respondió mientras espera vender algunos de sus magnificas pinturas realistas de caballos y flora sonorense: “El arte en esta plaza es el contacto con la gente porque para el artista es fundamental ver y ser visto; El arte es para ser expuesto y no puede ser comprendido porque como dijo Picasso: -No puedes entender el canto de un pájaro, sólo te gusta o no-; Álamos durante el festival es un centro de arte por ambas exposiciones por diferentes artistas donde tienes acceso a lo que se hace en Sonora y en México. La mejor obra es “Noche de Luna”. Magnífica pintura realista de un caballo galopando libremente. -¡Qué hermoso caballo!- Exclamó la señora Lourdes Laborin de Bours durante su paso por la plaza, y tiene mucha razón, porque es más bello que los pura sangre de la cabalgatas y los bailadores.
Ricardo Valenzuela Payan el mejor acuarelista de Sonora y seguidor del estilo Pueblo mexicano con licenciatura en Artes Visuales del Instituto Tecnológico de Sonora y de la Universidad de Guadalajara, después de invitarnos unos sabrosísimos burritos de machaca hechos por su amable esposa, opinó: En mi arte la dirección de mi sentir es enfocarme a mi estilo y la síntesis de mi plástica, es decir poco con unas cuantas manchas y líneas; No dejo de admirar a mi pueblo, es por esto, que mi obra se enfoca en ellos; Por 13 años me ha motivado el contacto directo con la gente del festival y el pretexto que tiene mi obra para acercarme a mis colegas pintores; Es importante que las autoridades enfoquen su mirada a todos en general y no nada más a un reducido número de artistas, ya que la unidad artística depende el crecimiento cultural de un pueblo; Mis mejores obras son “Pleito en Casa” y “Rana cazando la luna”.
Alejandro Ballesteros, pintor profesional surrealista y grabadista egresado del ITSON, al indicarle las preguntas, contestó: “Mi arte está en evolución, no sé a donde me va a llevar, la intriga es muy seductora; En el transcurso del festival me he tocado con otras tendencias y materiales que rompen con lo enseñada en la academia; Me motiva el contacto con la gente, recordar de donde vengo y que el público vea mi arte en la plaza y no en galerías de la elite.
Edgar Josué Herrera Padilla es un profesional en las Artes Visuales y uno de los mejores retratista sonorenses creador de la pintura retórica expresada al carbón, acuarela, pastel y grabados. Después de haber terminado el retrato de una bella dama, señaló: “Es la expresión de mis sentimientos y forma de pensar dentro de la sociedad en la que todos estamos inmiscuidos en lo que estoy si y no de acuerdo, así como, el tema de la mujer: Su grandeza en comparación con el hombre que me parece que es lo más importante dentro de mi obra retórica; Me motiva el compañerismo con los que fueron mis maestros y son mis amigos y las personas interesantes que conoce uno en Álamos y que están el las artes en general”
Francisco Sánchez López es arquitecto plástico titulado en la Universidad de Guadalajara, colaborador cultural y cronista de arte en este suplemento dominical, después de degustar delicioso bacanora Pascola de Rosario de Tesopaco para mitigar el frío, indicó: “Mi arte está realizado dentro de la tendencia del realismo mágico para crear la belleza convulsiva por medio de acuarelas y dibujos a la tinta china. Me motiva venir a cada festival porque mientras se expone, hay compañerismo y amistad entre los pintores unidos por la pasión de nuestro arte. Se aprende mucho por la critica a mi obra por Payan y el maestro Arreche y las miles de personas que la aceptan o la rechazan según sus gustos y presupuesto. Esta exhibición pública es una de las más extensas en Sonora con muchas obras que equilibran los valores plásticos y estéticos: Mis mejores obras son las acuarelas y dibujos a la tinta china del danzante venado yaqui, cocinas de hacienda y la bellísima arquitectura histórica de Álamos.
Me dio gusto conocer a la nueva generación de artistas que hoy concurrieron a la plaza con su propuesta joven de Jesús Manuel Osuna González y Rosa Isabel Vázquez Rascón, de la Universidad Veracruzana. Para él, arte es la forma de expresión y la relación del hombre con su sociedad por medio del estilo figurativo y retratos. “Lo interesante de este sitio es que tengo una puerta abierta para exponer e intercambiar puntos de vista y participar en el Festival FAOT”. Ella, sólo mencionó: Álamos es un lugar importante para vender.
A la pintora Martha Acedo Félix, la motivó exponer la oportunidad para darse a conocer y vender sus cuadros. Para Ildegardo Covarrubias Mariscal, pintor de bodegones y florales, lo motivó el mercado para vender sus obras. A extraordinaria pintora de la fauna, Tania Guzmán, señaló: “Vine a exponer porque hay muchos artistas y como mi obra es buena, aquí estoy”. El escultor Héctor Vincenth Jeans, exteriorizó: “Mi arte es algo personal, más intimo, no vanguardista, la gente se identifica con ellas, pueden ser pobres en los material pero muy rica en plasticidad. Lucero Diez arribó a la plaza para comercializar sus grabados modernos por la importancia de este festival. Y finalmente el pintor Abraham Valderrama vino porque le encanta realizar retratos.
Monday, February 05, 2007
Enrique Anderson Imbert

Thursday, February 01, 2007
Héctor Martínez Arteche en Cajeme Palacio Municipal

En Cajeme el muralista Arteche expone su arte.
Estimados(as) bloggers: Hola, aqui de nuevo en este mundo de los bloges, pues el otro día, fui a Cócorit a entrevista a un amigo, y aqui publico la misma, que escribí en el Quehacer Cultural del Diario del Yaqui. Gracias a ustedes por los mails, donde me sugieren que escriba más sobre este pueblo neoclásico. Con mucho gusto lo haré, esperenme unos días. Okay.
Entrevista publicada en Quehacer Cultural, Diario del Yaqui.
¡Yo soy, quien soy! Arteche en el Itson. Caminar por las calles llenas de basura en nuestro hermoso hábitat urbanizado y amenazado por la lluvia del ciclón Otis, no fueron obstáculos para salir en busca del arte, fascinante aventura que terminó en Cócorit; ¡Pueblo de Brujos! Donde, en la plaza, compré un raspado de vainilla y continué mi caminar hasta la casona del maestro Héctor Martínez Arteche, para platicar sobre su próxima exposición, que ha causado muchas expectativas entre las y los bohemios. Dos perritos chihuahueños con fuertes ladridos, anunciaron mi presencia para que el maestro, abriera la puerta y dejarme entrar al interior, señalándome hacia su taller de pintura, donde asombrado quedé con tanta belleza pictórica ahí expuesta. Conversar sobre la obra pictórica con un miembro del Salón de la Plástica Mexicana y con uno de los mejores pintores aún vivo de México, es un gran compromiso para con ustedes, porque el maestro Arteche, a sus 71 años de edad, al lado de su hija Alina, lleva una modesta vida produciendo 80 óleos al año junto a otros proyectos muralistas que avalan su prestigio internacional. Platicar con alguien quien ha sido tu amigo por 20 años y en los últimos ocho, el critico de tu obra expuesta en el Festival de Álamos, es más significativo porque recuerdo como lo conocí: -Me lo presentó el escultor Burk Rutherford en su casa-galería estilo castillo medieval, durante una exposición de Peter Darvas, donde estaba con mi hermosa novia de California, degustando camarones azules y vino blanco-. “Francisco, te presento al mejor muralista de México”, Comentó Burk, recalcándome que era el pintor de los murales del Palacio de Gobierno de Hermosillo. -¡Mucho gusto!, le dije, mientras lo saludaba de mano-. Para agregar; -¡Bienvenido a la Colonia de Artistas de San Carlos y a la cueva del cerro Tetakawi, la cual, tarde o temprano nos arrastrará a su interior!-. Le comente mientras me reía a carcajadas. -¿Así que tú eres Arteche?- Lo interrogué sorprendido. ¡Si, yo soy!, Me contestó con humildad, para preguntarme con cierta curiosidad; ¿Por qué? -Porque conozco tu obra; ”El Quinto Sol”, que pintaste en Hermosillo, cada semana llevo turismo a visitar a los seris en Punta Chueca y de regreso les muestro tu mural, el cual, es muy fotografiado por conocedores de arte de museos y galerías-. Mientras recordábamos con risas la meca de arte de San Carlos que quedó en el ignominioso olvido, le comenté: -Arteche, siempre es grato saludarte y saber que todavía estamos vivos en este mundo surrealista-. -¿Qué me puedes comentar de tu próxima exposición?-. Le pregunté, para iniciar la charla, en medio de un antiguo espacio decorado con dibujos y pinturas. “Efectivamente, es una exposición titulada; ‘Sonora Luminosa’, que se inaugurará el 11 de Octubre, en la galería de arte del Itson”. Me indicó, mientras ordenaba unos lienzos. -¿Por qué Sonora Luminosa?- Le insistí, con cierta curiosidad, pero fascinado por el intenso colorido y formas de los cuadros que observaba. “Porque son obras inspiradas en el magnifico paisaje sonorense, que en buena medida, la luz del desierto influye mucho en el”. Señaló, mientras me mostraba un fenomenal paisaje desértico con formidable tonalidades. ¿Cuál es tu propuesta plástica en esta ocasión? “Mi primer óleo que pinté en Sonora, a la cual le tengo mucho cariño por ser una obra de la Escuela Mexicana de Pintura”. Me respondió emocionado y orgulloso, enseñándome un magnifico atardecer. Para luego agregar; “Como no soy conocido como pintor paisajista, he pintado unas 60 obras inéditas para esta exposición y las he complementado con otros cuadros. También deseo mostrar al cajemense, una apreciación de cómo he evolucionando en mi arte”. -¡Que hermosa está! Exclamé, para preguntarle: ¿Cuál es la historia detrás de ella?- “Es un paisaje hacia la Costa de Hermosillo que pinté desde la azotea del Museo de la Universidad de Sonora, en noviembre de 1961. Si la observas bien, podrás pensar que se trata de una obra de José María Velasco, que no le pide nada en calidad y en conceptos, porque esa es mi escuela”. Me comentó, mientras me la exhibía con orgullo. -¿En Cajeme, cual fue tu primera obra al caballete?-. Le pregunté. “Esa la tengo en la casa adjunta, ven, te la mostraré y aprovechamos el tiempo para invitarte una cerveza y comer algo, porque tengo hambre”, me sugirió, mientras salimos del taller y ya en la sala, señaló con el dedo índice; “¡Aquella!”, Para referirse a un pequeño cuadro con un árbol bambaleándose en un valle. -¿Cómo llegaste a Sonora?- Le pregunté con interés, después de comer. “El licenciado Luis Encinas Jonhson y el Instituto Nacional de Bellas Artes, me propusieron formar la Academia de Artes Plásticas de la Universidad de Sonora. Me interesó mucho, porque mi madre me comentaba”: . ¡Con esta magnifica luz, mi madre tenía mucha razón! Respondió con nostálgica evocación. Arteche, ¿Por qué Sonora? Lo cuestioné, con curiosidad. “La luminosidad de Sonora es la razón por la que me decidí a vivir aquí, ya que quedé deslumbrado y maravillado por esta luz, nunca vista en el sur de México. Cuando llegué a Hermosillo, fue tal la impresión al observar el cielo desde el avión y posteriormente los atardeceres, que decidí no regresar al Distrito Federal, me quedé para pintar lo mío”. -¿Cómo realizaste el primer mural en Hermosillo?- Le inquirí, al sorbo de una anis. “¡Yo vine a la Universidad de Sonora a entregar resultados, no a aprender pintura! Pero no fue fácil el comienzo porque no aceptaban a chilangos, fui agredido por profesores y alumnos, pero como yo tenia otra motivación, en 1962, solicité un muro en la Escuela de Agricultura y Ganadería para pintar el primer mural que titulé; ”Proyección futura”, me lo autorizaron, hice los apuntes a lápiz porque el color lo tenia en mi mente ¿Y qué crees?, arquitecto: ¡No me dejaron entrar los profesores, porque me dijeron: Que si iba a pintar el mural, tenia que incluirlos a todos ellos, ¡Si no, no!”. Por unos segundos se quedó en silencio para continuar relatándome:”¡Sufrí mucho!, porque me vi obligado a cambiarlo por la pose y el retrato, que es el que está ahí, así que pinté al papá de un amigo (el que abre la compuerta), a Mario Moreno Zazueta, a mi hermana, mi hija y mi autorretrato entre otras gentes”. “¿El resultado?” Se preguntó a si mismo, para responder: “Que es una obra importante en la plástica nacional e internacional, porque con el, en Sonora, se inició el renacimiento de la pintura mural, porque a la Escuela Muralista Mexicana la aniquilaron los pintores de la Generación de la Ruptura, en los años cincuenta, quienes atacaron el arte mexicano por los dólares de los Estados Unidos para implantar el arte abstracto”. ¿Cómo fueron los años del muralismo mexicano en la Ciudad de México? Le interpelé, porque siempre he querido saber sobre este movimiento. “En 1948, como estudiante de la Academia de San Carlos, observé a José Clemente Orozco pintar su mural en el Palacio de Justicia. Fui miembro del Taller de Integración Plástica, que teníamos en la azotea de un edificio por la calle Juan de Letran. También fui parte de ’Los Fridos’, pero no fui tan servil como el resto de ellos. Nos visitó Siqueiros, quien me interesó mucho y recuerdo que una tarde discutí acaloradamente con él, porque yo no aceptaba su consigna; ¡No hay más ruta que la mía! Pero déjame señalarte; Que gracias a esto: ¡Yo soy quien soy!”. “También Diego Rivera, quien tenía una mente privilegiada y a su Frida leyéndole un libro mientras él pintaba sus murales, Frida Kahlo en dos ocasiones; pero a ella teníamos que cargarla, para subirla hasta el tercer piso, por una angosta escalera. Fíjate que, en una tarde; ¡Casi se nos cae desde el segundo piso!”. Comentó mientras se reía del incidente, contagiándome, al imaginarme la escena: ¡La pobre Frida rodando por la escalera! “La pintura evoluciona como el mundo; copiar a otros artistas es un error”. Enfáticamente concluyó esta substanciosa charla para proceder con una atenta invitación a su exposición; ¡Que esta sensacional! De la cueva que menciono, después relataré sobre su mágia y lo que pasa en su interior, a muchos los ha afectado su atracción hacia su interior. El chiste está en no ceder. Esperenla porque es una interesante leyenda. Francisco Sánchez López es aquitecto, fotógrafo, pintor del arte del realismo mágico, colaborador cultural y critico de arte.