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Monday, March 19, 2007

Ana María Rodas












Maria Callas

Medea

Animal que despierta
Soy la gata que camina dentro de mí
conmigo las leves zarpas afelpadas
He bajado por el río conservando el gusto por la caza
los ambiguos maullidos
Cuando cierro los ojos atravieso los siglos
Las arenas le dieron el color
a esta piel suave que esconde
una flor mojada entre las fauces
el oro egipcio se ve reflejado en la pupila
de esta gata que demasiadas veces
recuerda su verdadera condición de fiera
La Reina de Saba habría dado la mitad de sus tierras
por tener estas garras

De acuerdo
De acuerdo,
soy arrebatada, celosa,voluble
y llena de lujuria.
¿Qué esperaban?
Que tuviera ojos,
glándulas,
cerebro, treinta y tres años
y que actuara
como el ciprés de un cementerio?
Hoy he descubierto la belleza
de ser yo misma.-no,
no fue así;
me lo enseñaste-
Pero al hacerme mujer
al mostrarme que los seres son tan libres
Comprendí
que libre-yo
y libre-tú
podamos tomarnos de la mano
y realizar la unión sin anularnos.
Por eso me apretujo dentro de mí misma
hasta salir las lágrimas
y en el pelo
se me prende
el sabor salado del olvido.
Algún imbécil dijo
que el poeta es la clave del mundo.
¡Mentira!
A mi sólo me queda encogerme hacia dentro
y esperar
ciegamente
un sonido, una expresión cualquiera
y que alguien
donde quiera que esté
emita una señal diciéndome que existo.
Te me acabas
como la vela que lanza
su último fuego.
Como el asomo de vida que la final
remueve al que está ya casi muerto.
¡Cómo es de extrañoescribir poemas
para alguien que fue
y que comienza a diluirse en el cerebro!
En aquel tiempo la soledad era un cilicio

En aquel tiempo la soledad era un cilicio
prendido constantemente a mi cuerpo.
Ahora es la estancia perfecta
mi refugio
cuando salgo/finalmente/de ti.
La superviviente
Me habita un cementerio
me he ido haciendo vieja aquí
al lado de mis muertos.
No necesito amigos
me da miedo querer porque he querido a muchos
y a todos los perdí en la guerra.
Me basta con mi pena.
Ella me ayuda a vivir estos amaneceres blancos e
stas noches desiertas
esta cuenta incesante de las pérdidas.
Limpiaste la esperma
Limpiaste la esperma
y te metiste a la ducha.
Diste el manotazo al testimonio
pero no al recuerdo.
Ahora yo aquí, frustrada,
sin permiso para estarlo
debo esperar
y encender el fuego
y limpiar los muebles
y llenar de mantequilla el pan.
Tú comprarás con sucios billetes
tu capricho pasajero
A mí me harta un poco todo esto
en que dejo de ser humana
y me transformo en trasto viejo.

Saturday, March 17, 2007

Francisco Sánchez López




Poética de la Danza del Venado.

En esta poética del arte del realismo mágico combino la belleza de las poesías del profesor y escritor costumbrista Santos García Wikit, quien opina: “La danza del venado es la máxima expresión de arte de la tribu yaqui”, con poemas de Héctor Navarrete Dondé y de Francisco Sánchez López, para presentar a ustedes, amable bloggers, un estilo personal combinando el pensamiento literario y la pintura de Cajeme, Sonora.

La danza del venado es una danza de guerra y ceremonial mortuoria, con dos rasgos fundamentales:
Uno, el origen prehispánico antes de las misiones Jesuitas por el danzante venado y un pajkola cubriéndose con la mascara chivato en la cara, bailándole a los músicos de jícaras sobre agua, raspadores, flauta de carrizo y tambor de cuero de venado.

El otro: tiene influencia española: Los danzantes pajkolas con la mascara al lado posterior del rostro baila enfrente del violinista y arpero.
Ambos, se acompañan con cantos en la lengua referente a la caza del venado, el monte desértico y demás fauna y flora que los acompañan.


La Danza del Venado (1)

Cuando muere el día,
el nacimiento del hombre-venado,
y el nacimiento del venado-hombre,
naturaleza y hombre se funden
entonces, en una solo unidad.

El hombre venado,
por mimetismo maravilloso,
se convierte en autentico venado,
nervioso, ágil y pleno de gracia.

La Danza del Venado (2)

Alta la cerviz erguida,
atento el oído alerta,
otea nervioso el olfato,
rápida la vista inquieta,
el grácil venado esbelto,
el de las patas ligeras,
el de tan flexible talle,
el de cornamenta recia,
ya adivina en la alta cima,
de un extraño, la presencia.
de pronto los recios músculos,
cuando los nervios los templan
obedeciendo el mensaje
del instinto, en la defensa,
se preparan y les mandan
a las patas, con su presteza,
el impulso de la fuga;
trote nervioso comienza,
luego sigue más aprisa
y de pronto, la carrera
levanta nubes de polvo,
por el otero, en la cuesta.

A tiempo el rápido instinto
dio la llamada de alerta:
astuto y cruel enemigo
llega confiado en su fuerza;
pero ya el ágil venado,
en su huida rauda y presta
-Que tenehuis y sonajas
en forma fiel interpreta-,
se ha salvado, sin sufrir
daño alguno que se advierta,
en su cuerpo o en su arrogancia,
que ésta se mira que aumenta,
porque el peligro crece.

Así en el valle o en la sierra,
siempre en su vida acosado,
sin que se le oiga una queja,
va retratando el venado,
de los yoremes su lucha,
“El indio en su danza recia,
la que aprendió de niño,
-Esa misma danza vieja
que bailó antaño su abuelo-,
a sus dioses si se queja,
en su saliente amargura,
y si oyen cuando reza,
en su danza de ritual,
porque luego ya sus penas,
la resiste con más bríos;
y en gratitud siempre nueva,
sigue en su danza el yaqui,
llora con sus llantos con ella,
mientras su rostro inmutable
es una esfinge de piedra.




¡Canto a la tribu Yaqui de Sonora! (3)

Sol ardiente de la vida,
sombra triste de tu ramada,
la flor de pitahaya,
del ser natural: ¡Su alma!

Tambor de venado,
sensibilidad del Bacatete,
montañas de verde verano,
en lo plano de tu monte.

Tiempo y espacio de tu vida,
Vícam, punta de flecha,
diriges a mis hermanas
en las direcciones divinas,

¡Vícam! El progreso del hombre ,
abre tus entrañas,
cortando raíces de chollas,
y frondoso mesquite.

Asfalto negro que marca otra dirección:
la del “yori” de Cajeme,
señalando la ignominiosa división,
de izquierda o derecha,
según donde se proviene.

¡Bacatete! Tierra sagrada para tus antiguos residentes,
en tu silencioso y taciturno río,
de los “yoris sáncoras”, un basurero,
no dejes que abran tu corazón,
los valores materiales de tus actuales moradores.

Piel morena de tu tribu invencible y orgullosa
Mujer yaqui de rebozo morado sobre negra cabellera,
naranja el listón en tu trenza,
armoniosa comunicación en cahita.

¡Sangren! Ocotillos y breas.
¡Lloren! Palomas pitahayeras,
¡Entonen! Mujeres cantoras,
¡Bailen! Danzantes venados y coyotes,
¡Bailen! Matachines, al ritmo de las Tres Cruces
y sinfonía de los tambores,
del yaqui: ¡los eternos guardianes!

¿Hacia donde van “yoremem”?
¿”Yoris”, donde provienen?
unos con sagrados derechos,
otros de arrimados.

¡Chapayeca que sufres!
En tu Conti de Cuaresma,
lucha por tu sagrada tierra,
conserva tus tradiciones,
practica tus costumbres,
por la unidad de tus parientes,
porque en cada aniversario: de Dios, ¡La Gloria ves!

(1) Santos García Wikit. Obra inédita en copias.

(2) La Danza del Venado. Libro: Al Ponerse el sol. Edición del Circulo Cultural Ostimuri, 1960.

(3) Arq. Francisco Sánchez López. Obra inédita compuesta en una solitaria playa en el vado del río Yaqui, cercano a Vícam Pueblo, Sonora.

Acuarelas: La Danza del Venado.
Serie: Tribu Yaqui
Autor: Arq. Francisco Sánchez López

Friday, March 16, 2007

Carilda Oliver Labra, Luis Martín Sahagún








Carilda Oliver Labra




Luis Martin Sahagún, pintor Sonorense







ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO


Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.
Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.
Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno





BUSCO UNA ENFERMEDAD QUE NO ME ACABE...


                                                                                                 Busco una enfermedad que no me acabe
sino el dolor constante de la vida:
algo para fingir que estoy dormida
detrás de este temblor de escarcha grave.
Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que nadie sabe.
Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y desventura,
con el secreto horror hasta los codos;
callándome en el verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha muerto de dichosa.
 

CALLADOS POR LA TARDE, GRAVEMENTE...
 
Callados, por la tarde, gravemente,
sin elegir el sitio de la tierra,
tú y yo nos besaremos como en guerra
hasta quedarnos fríos frente a frente.
Yo, cada vez más tumba que se ahonda,
tú, cada vez más carne renovada,
acaso llames y jamás responda
cuando te vuelvas en mi cuerpo nada.
He de tragar entonces, con locura,
en tu vaso de tórrida hermosura
la sangre poderosa que se queja;
y daré media vuelta hacia lo inerte,
perdida en esa luz que te refleja,
tan hambrienta de ti como la muerte.
Última Elegía
Yo podría decir que estoy de primavera
bajo un aire oloroso a luz definitiva,
y podría tapar la mirada bisiesta
que se me está cayendo afuera de la vida,
y ser de flor, de lluvia de mariposa buena,
semejante a este cielo cuidado por la brisa,
a la ignorancia simple con que quiere una abuela
o a la salud del alba, que es casi campesina.
Pero me estoy llorando el corazón que llevo
frente al hombre que tiene un poco de mi frío.
Ya no puedo dormir con párpados violentos:
él me espera despierto en la calle del vino.
Quizás debo acordarme de este color que tengo
y debo ser mas que un rincón de olvido.
Le diré blandamente con mi voz de febrero:
Enséñame una llama que se apague distinto.
Y estaremos las noches que le falten al tiempo
en el lugar humilde donde se acaba un trino;
él, con la frente inútil que le puso el invierno,
y yo, como un adiós sujeto en el vacío.
CARTA II
 
Llueve contra la tarde y tu retrato.
La mariposa enferma su alegría.
Sobre el tintero se quedó vacía
la pluma con que escribo. Duerme el gato.
Miro para la sal, para el zapato,
para la tarde que se pone fría.
Nada me pertenece.
Se diría
que el cielo se ha mudado por un rato.
Como la brisa reza y el mar arde,
las muchachas que están bajo la tarde
se sonreirán en todos los espejos.
Como es domingo, como nadie llora,
yo echaré mis claveles en la hora
sin acordarme de que tú eres. lejos.
CUENTO
 
Yo era débil,
rubia, poetisa, bien casada.
Tenía deudas y una salud de panetela blanca.
Hicimos una casa pobremente, muchas ventanas:
para enseñar nuestros besos a las nubes,
para que el sol entrara.
La casa era tan bella que tú nunca dormías.
Ya no eras abogado ni poliomielítico
ni nada.
Nunca dije:
¿cuándo vas a poner esa demanda?
porque yo tampoco
cocinaba.
Fueron días
como no quedan otros en las ramas.
Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio:
tus gatos lo orinaban,
pero era tan feliz que no podía
decir malas palabras.
Ay, una tarde...
( Septiembre tomó parte en la desgracia ),
Ay, una tarde
( Dios estaría sacando crucigramas );
ay, una tarde
pusiste tantas piedras en mi saya
que desde entonces
ando inventándome la cara.
El cuchillo
tenía la forma de tu alma;
yo quería ser otra, hablar de las estrellas...
( sobraron noche y cama ).
Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho:
tus gatos lo orinaban,
y era tan infeliz que no podía
decir buenas palabras.
Tarde en otoño.
Miré las sábanas amargas,
el jarro de la leche,
las cortinas,
y el crepúsculo me convirtió en su mancha.
( Yo era un clavel podrido de repente,
un canario botado ).
Con empujones que lo gris me daba,
entre temblores,
volví a la falda de mi madre.
Pasaron tantas cosas
mientras yo me bebía la soledad a cucharadas...
Un viernes
-un viernes en que tu olvido me enterraba-
llegué a la esquina
deja casa.
Estaba allí como una tumba diferente,
se veía otra luz por las ventanas.
Tuve miedo de odiar...
(Ya era hasta mala).
Pasaron tantas cosas;
el tiempo fue cosiendo mi mirada.
Ahora no pueden asustarme con los truenos
porque la luz me alza.
Ahora no pueden confundirme con un libro.
Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse,
agujas que en mi carne se desmandan;
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja;
ríanse,
que a mí, también, carajo, me da gracia!
ELEGÍA PARA DECIRME
 
Yo le recuerdo aquí: donde me duele
el color que le trajo a mi esperanza;
y le recuerdo aquí porque soy triste
y ya no puedo echarme entre sus lágrimas.
¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha;
si no me pareciera tanto a mis ojeras,
ni a esta tarde de invierno, así doblada!
Pero me acuerdo aquí de que anda lejos
el que vivió a la vuelta de mi espalda.
Me acuerdo de su nombre perezoso
que casi no quería ser palabra.
Me acuerdo de su risa mal abierta
riñéndole por dentro a la mirada,
y de su frente que crecía;
y de su voz inútil como el alba
y de un secreto que quedó inconcluso
aquel domingo en que amó la nada.
¿Qué corazón saldría de este insomnio
si yo supiera ser una muchacha!
Pero me duele aquí, donde me canso,
aquel hombre agobiado por crisálidas.
Pero me duele aquí, donde soy sola,
esta verdad metida entre dos alas.
Qué corazón saldría de este insomnio...
Pero soy todo el blanco que se acaba,
y no me porto bien con la alegría
por lo que traigo al sur de mi garganta.

Tuesday, March 13, 2007

Elia Casillas













Elia Casillas
Del libro:
Ante el Cristo repujado que me ve
Enero 1999
Suspendida
Señor
tres alcayatas me sostinen
en este leño que cruza mi destino
Antes mar sonriente
hoy mi ola barbecha caminos
sobre cádaveres
que no me pertenecen.
En mi postal se hundió el acero
del madero cuelgo
y me burlo.
Sólo pido Señor
bájame un momento
quiero regar con mis signos
las páginas de este pueblo.
Para agradecer
los clavos que filtró
en mi océano peregrino
Lineales
Mis sentimientos
son vaivenes encontrados
Para mí
no tienes ángulos
te percibo
y un triángulo loco
nos mantine unidos
Caminamos redondos
y más que nunca
estamos paralelos
Te veo
donde no estás
estás
y no te veo
Amante frío
Eterno enamorado
el suicida verdadero
al arribo traía el signo
y ella que es marrullera
lo empaquetó
en su hechizo añejo
Silencioso kilométrico
trotamundos solitario
él y su amada entre paréntesis.
Desesperado por poseerla
deja a la munipuladora que lo encante
al nacer ella olvidó a propósito
apagar la chispa viva
le pertence...
Busca un peñón
y ejecuta piruetas en el viento
tiende en hilo su despojo anacoreta
a veces quiere irse detonado
y su adiós grita ¡bum!
abndona el apetito
y se va por el río sin nadar
Camina con los pies muertos
y su cadáver
no es cuerpo nauseabundo
¡es difunto incomprendido!

Monday, March 12, 2007

Franz Kafka


...
Franz Kafka
Una Cruza

Tengo un animal curioso, mitad gatito, mitad cordero. Es una herencia de mi padre. En mi poder se ha desarrollado del todo; antes era más cordero que gato. Ahora es mitad y mitad. Del gato tiene la cabeza y las uñas, del cordero el tamaño y la forma; de ambos los ojos, que son huraños y chispeantes, la piel suave y ajustada al cuerpo, los movimientos a la par saltarines y furtivos. Echado al sol, en el hueco de la ventana, se hace un ovillo y ronronea; en el campo corre como loco y nadie lo alcanza. Dispara de los gatos y quiere atacar a los corderos. En las noches de luna su paseo favorito es la canaleta del tejado. No sabe maullar y abomina de los ratones. Horas y horas pasa en acecho ante el gallinero, pero jamás ha cometido un asesinato.
..........Lo alimento a leche; es lo que le sienta mejor. A grandes tragos sorbe la leche entre sus dientes de animal de presa. Naturalmente es un gran espectáculo para los niños. La hora de visita es los domingos por la mañana. Me siento con el animal en las rodillas y me rodean todos los niños de la vecindad.
..........Se plantean entonces las más extraordinarias preguntas, que no puede contestar ningún ser humano: Por qué hay un animal así, por qué soy yo su poseedor y no otro, si antes ha habido un animal semejante y qué sucederá después de su muerte, si no se siente solo, por qué no tiene hijos, cómo se llama, etcétera. No me tomo el trabajo de contestar: me limito a exhibir mi propiedad, sin mayores explicaciones. A veces las criaturas traen gatos; una vez llegaron a traer dos corderos. Contra sus esperanzas no se produjeron escenas de reconocimiento. Los animales se miraron con mansedumbre desde sus ojos animales, y se aceptaron mutuamente como un hecho divino. En mis rodillas el animal ignora el temor y el impulso de perseguir. Acurrucado contra mí es como se siente mejor. Se apega a la familia que lo ha criado. Esa fidelidad no es extraordinaria: es el recto instinto de un animal, que aunque tiene en la tierra innumerables lazos políticos, no tiene uno solo consanguíneo, y para quien es sagrado el apoyo que ha encontrado en nosotros.
..........A veces tengo que reírme cuando resuella a mi alrededor, se me enreda entre las pierna y no quiere apartarse de mí. Como si no le bastara ser gato y cordero quiere también ser perro. Una vez -eso le acontece a cualquiera- yo no veía modo de salir de dificultades económicas, yo estaba por acabar con todo. Con esta idea me hamacaba en el sillón de mi cuarto, con el animal en las rodillas; se me ocurrió bajar los ojos y ví lágrimas que goteaban en sus grandes bigotes. ¿Eran suyas o mías? ¿Tiene este gato de alma de cordero el orgullo de un hombre? No he heredado mucho de mi padre, pero vale la pena cuidar este legado.
----------Tiene la inquietud de los dos, la del gato y la del cordero, aunque son muy distintas. Por eso le queda chico el pellejo. A veces salta al sillón, apoya las patas delanteras contra mi hombro y me acerca el hocico al oído. Es como si me hablara, y de hecho vuelve la cabeza y me mira deferente para observar el efecto de su comunicación. Para complacerlo hago como si lo hubiera entendido y muevo la cabeza. Salta entonces al suelo y brinca alrededor.
..........Tal vez la cuchilla del carnicero fuera la redención para este animal, pero él es una herencia y debo negársela. Por eso deberá esperar hasta que se le acabe el aliento, aunque a veces me mira con razonables ojos humanos, que me instigan al acto razonable
.

Monday, March 05, 2007

Pedro Luis Menéndez


Pedro Luis Menéndez : Pasión del Laberinto
Pasión del laberinto,
tierra viva,
llegarás sin temer
el tiempo viejo
para nacer aquí,
como un delirio
que se enreda y se vierte,
se compone,
se dispone
en imágenes caudales:
Bosque del aire,
luna de semilla,
templo del hombre, fiel pulmón del alba,
derramarás la lluvia copa a copa
hasta estampar tus huesos enterrados,
cauto temblor, racimo del destino,
hasta empapar los mundos,
redimirnos
de otro fervor
que tu ámbito extendido,
de otro saber
que tus revelaciones.
Donde yo te contemplo se concentran
los contraluces ávidos de ensueño,
la magia celular del hongo, el liquen
que desespera en musgo de humedades;
secreto a pura voz, hay corazones
ardiendo sin cesar en la espesura.
Una espesura de anclas enraizadas,
un aparejo mágico,
hojarasca
abarloada al ámbito dormido
de tu espalda, salinidad antigua,
fiebre y savia
para la sed de ti
que gimo en cada paso, huella de ti
que sigo en el silencio.
Sólo los pasos saben, tan desnudos,
gozarte así, remanso del otoño,
huella fugaz tras huella que se pierde,
deshecha ya, marisma de hoja y hoja.
Si te perdí, te tengo
si te tuve.
Fermentas en la noche como el amor
y el miedo,
raíz vital del roble,
centro del bosque,
espacio prevenido
para durar los siglos abundantes
sin otra fe que el tiempo
sobre el tiempo,
sin otra luz que el agua
de una sombra.

Dolor de la madera, nudo tenso
de incitación al llanto,
piel devota que atravesó los lindes,
fuese adentro
del último desvelo
en abanico de carbón y llamas,
dijo el grito y la nube,
cumplió el vuelo
de algún dulce morar
por los caminos,
dolor de la madera, viento
al viento de ser la última muerte.

Entregarás a un mismo reverbero
la soledad y el cauce de la estrella,
vecino al mar
desnudo donde acabas,
acantilado insomne sin fronteras:
las ramas se estremecen, brisa
feliz, no arcádica, a la tierra
desliza un mundo lleno, en sí completo.


Claros del bosque, ojos del vacío,
premio sin paz,
ventana al laberinto,
recuérdame después de la presencia,
del preguntar atónito a la vida
si otra quietud
me aguarda entre los verbos
con lucidez de savia y de sorpresa,
preciosa luz de un cándido arrebato,
ventana abierta
al pie del laberinto,
si otra quietud me aguarda,
qué distancia
no besarán los ríos de la ausencia.


Estás ahí,
al lado de mí mismo.
Sentirte así me anuncia ya el silencio.
Corre la voz,
canción de la arboleda,
quiero abrazarte en música, jugarnos
la última sombra
en ocre y en caricia
para volver a tus enredaderas,
y no partir jamás:

ser hombre y tierra.



Perpetuación de un cántico encendido,
fermentas en la noche
como los sueños blancos
tu humedad por las almas elegidas.