Thursday, March 01, 2012

Nunca será justa la muerte... Lina Zerón





Todos nacemos para cumplir una misión, incluso los villanos que en nombre de una religión, creencia política: torturan, asesinan. Si, cada uno trae su nombre escrito en una urna, una cruz, una bala, un dictador, un arranque de celos, un vicio.


Nunca será justa la muerte para los que amamos al que se ha ido y menos, sin ningún antecedente, motivo, razón. Al nacer, desconocemos lo que Dios o el de...stino nos tiene planeado, ni aunque nos lean las líneas de la mano, el tarot, los caracoles, la mirada, el corazón; sabremos el motivo real de nuestra corta estancia en esta vida y cuándo será la ultima vez que respiremos.

Se muere, se atraviesa a otra dimensión, reencarnamos, nos vamos cielo, al infierno, resucitamos, o simplemente seremos alimento de gusanos o tres puñados de cenizas. ¿Alguien lo sabe?. Que importancia tiene la muerte si no logramos dejar un legado de paz, un ejemplo de amor, un latido que recordar?

Hay algunos que mueren y la gente suspira aliviada, otros que nadie reclama su cuerpo y los que son irremplazables por lo que sembraron en vida. Los que desaparecen sin un aviso previo, sin llamar o dejar una carta y solo se van, se van y nosotros nos quedamos impávidos, suspendidos en el hubiera, pegados a cientos de preguntas. Se desconfía de los veredictos médicos, se ataca a los dioses, se escupe a una imagen. Deseamos morir en el mismo instante en que los galenos dicen: "hicimos todo lo posible" y sin mirarnos nos dan la hora del deceso.

Y como llenar ese profundo vacío, ese no saber a donde o como continuar, el dolor que como absceso de pus se expande por todo el cuerpo. Como sobrevivir con el corazón por fuera?

En ese momento, no existen palabras que reconforte ni enciclopedia alguna con respuestas personalizadas. Cada uno debe encontrar en su interior la fórmula para reconciliarse con la vida para incluir la perdida en la cotidianidad. Aprender a vivir en el aquí y el ahora recordando sólo los buenos momentos.


Wednesday, February 29, 2012

Mi Primo está muerto... Marconio Vázquez

MI primo muerto está en su caja. Bueno, eso suponemos, porque hay tantas flores en toda la casa que en verdad el color de la madera mortuoria se pierde entre tanto pétalo. Ahí debe estar, aunque ya no esté... Han llegado al velorio más de 500 personas, y han llegado también los personajes que no deben llegar.... NI modo, la muerte nos junta con todos. La muerte es tan generosa, tan hospitalaria ...que aquí mismo puede estar, quizá sentada junto a mí, la mujer que le disparó a Jorge... Sigue la música. Me piden que cante frente al muerto. Canto junto al trío de guitarras, con toda mi voz, el "amor eterno".... Cómo quisiera ay! que tú vivieras.... La fiesta sigue... El mezcal sabe a sepelio... El ambiente huele a velorio de azucenas blancas y arroces que han de morir mañana en nuestro paladar. Jorge era abogado "quizá del diablo": algo salió muy mal y entonces la sangre vencida marca nuestra voluntad para extender su noticia.... Una mujer ciega comienza a rezar.... su voz es la del sermón de la montaña: rosa mística... torre de sabiduría... torre de marfil... reina de juquila... lloramos a coro... y a coro negamos, a coro nos enojamos y así, a coro, nos liberamos de esta acidez anímica... tan crucialmente oaxaqueña. Ya incluso comienza el desfile de muertos provisionales, anclados a sus caballitos de mezcal, esos que sólo así dicen la verdad de esta muerte tan visitada.... Podría seguir así, enfiestado, enmuertado, toda mi vida, y deseándole a la propia muerte más suerte en su próxima elección: NO, querida muerte, hoy sólo te vas con mi primo. Todos los demás seguimos en congreso de motivos para llorar.

Thursday, February 23, 2012

Luis Donaldo Colosio Riojas: EL LLANTO DE UN MEXICANO


EL LLANTO DE UN MEXICANO




Por Luis Donaldo Colosio Riojas

Me preocupa. Me preocupa que veo a un país olvidado por sus líderes, quienes se concentran en sacar adelante sus carreras y a sus partidos antes que a su gente.

Me preocupa ver un abismo de desigualdad y diferencia, permeado todo por la infame indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de honrar la confianza de su gente.

Me preocupa ver que en el Congreso imperan el caos y la desunión, que los ‘triunfos’ de mis diputados sean ver quién difama más al otro o quién silencia con más fuerza. Que exista un aura de trabajos inconclusos y que los pocos que se dedican al trabajo son sopesados por quienes se dedican al ultraje. Me preocupa ver más respeto en las tribunas de un clásico de futbol mexicano que en los escaños y curules legislativos. (¿que se puede esperar de la raza?)

Funcionarios públicos ausentes o sumisos (NISI) (Ni trabajan,pero SI cobran) y fuerzas policiales abandonadas o corrompidas es el maltrato que nos dejan nuestros gobernantes. Benditas aspiraciones de nuestros jóvenes con tanta materia prima corroída. No es sorpresa que ‘ni estudien, ni trabajen’ si el sistema educativo es cada vez menos adecuado y continúa decayendo gracias a quienes se supone deberían levantarlo. El empleo y las oportunidades son virtualmente inexistentes y nuestra economía es tratada con la lujuria de unos cuantos.

Me preocupa mi tierra, sangrando a borbollones, con sangre nacional y extranjera, de quienes depositaron su confianza en unos cuantos. Me preocupa que ‘esos cuantos’ tampoco sean eficaces porque ‘algunos muchos’ se empeñan en que fallen con tal de alzarse el cuello y alardear un ‘se los dije’.

La desigualdad de ideas nunca ha sido crimen, pero el callarlas y asesinarlas es nuestro nuevo movimiento nacional.

Miles de millones de pesos, de nuestro dinero, de nuestros impuestos, se reparten a ‘unos cuantos’ para hacer bien ‘muchos nadas’, mientras tanto nuestros niños tienen hambre, tienen sed y tienen miedo. Miedo, no de una inseguridad que crece sin medida, sino de lo que seguramente terminarán siendo: seres olvidados y marginados por su patria y a quienes luego se les reclame de ‘holgazanes’. Se les castigará por ineficientes y por no saber aprovechar las infinitas oportunidades inexistentes que tuvieron. Nuestros niños, ¿pero qué demonios les hicimos?

Me preocupan todos y cada uno de los miembros de mi familia, más de 112 millones de ellos, que miran al futuro sin un rumbo certero, ese rumbo que nuestros predecesores se negaron rotundamente a asegurar y que ahora miran con desconcierto alegando que ‘no es su culpa’. Y la pelea continúa; y las divisiones incrementan; y las diferencias se exaltan; y nuestros niños, mientras tanto, sufren.

¿Pero qué te pasa, México? ¿En qué momento se volvió rutina suicidarte?

Me preocupa mi gente, que prefiere esconderse frente a una pantalla de televisión que detrás de un libro, o mejor aún, de un oficio. Me preocupa que la política de desarrollo colectivo nacional en estos momentos pareciera que se llama 'resignación', pareciera que se llama 'derrota'. (dificil pelear contra las diversas mafias que se apoderan de los puestos publicos para saquear el pais)

Me niego rotunda y enfáticamente a quedarme dormido, a darme por vencido. Así me tachen de por vida de demente o inadaptado. Qué ilusos somos todos al pensar que México necesita héroes, si lo único que le hace falta es la atención de sus ciudadanos, o mejor quizá, unos cuantos más de estos.

Este es el movimiento de la tercera insurrección mexicana, cuyo campo de batalla se libra en nuestros propios corazones, donde las únicas armas que encontremos y utilicemos deberán ser la paz, el trabajo y la Patria: suficientes muertes ha soportado lo sagrado de este suelo, y la tierra que se tiñe de rojo con la sangre de mi sangre es testigo de mi entrega. La batalla se gana en el corazón de nuestra gente, al denunciar nuestras propias faltas al país... y a nuestra estampa.



HIJO DE TIGRE....

El autor es hijo de Luis Donaldo Colosio y Ana Laura Riojas. Es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados y catedrático de la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León.


Thursday, February 09, 2012

Alicia Hopkins, Me Asaltaron


Bajaba los escalones del puente.
Siempre que pasaba de noche por ahí, aceleraba mis pasos hasta despegarlos del suelo, aceleraba, aceleraba y pensaba en esos animales lentos, que por su misma lentitud, se vuelven presas más fáciles –soy rápida, pensaba entremí, estoy a salvo.

Esta vez, eran las 2 de la tarde. El sol apaciguaba el frío que hizo durante la mañana. Caminaba abatida por la enajenación de los últimos días y, a cada escalón que bajaba, me llenaba de fuerzas, pensando en esa reunión de locos que todavía quieren y sueñan con cambiar al mundo. ¿Qué diríamos? ¿Qué medidas tomaríamos este año para enfrentarnos a la catástrofe?

Los vi de frente, caminando hacia mí, moviendo sus labios y mirándome a los ojos. No alcanzaba a escucharlos. Eran dos, vestidos con sudaderas blancas. Como ángeles aterrados de su propio veneno se acercaron a mí y empezaron a gritarme que les entregara el celular, el dinero, la bolsa. Desde la zona más instintiva de mi cuerpo empezaron a correr los latidos del corazón, cautivo por un miedo que venía más allá de mí y más allá de ellos. En ese miedo habitaba el miedo del animal más indefenso, el miedo a los precipicios, a la oscuridad, el miedo que te despierta en la madrugada cuando vas de caída, el miedo con el que damos el primer grito cuando nacemos. Los sentidos se nublan, la vista se acorta, el oxígeno es un apenas.

Saqué de la bolsa de mi pantalón el celular –tranquilos… ay muchachos, qué susto…- -¡DANOS TODO EL DINERO! ¡DANOS LA BOLSA!- -Espérense, espérense… estoy muy asustada, así no puedo pensar… tranquilos, nadie se da cuenta… hagan como que estamos platicando, no voy a hacer nada, déjenme respirar-

Déjenme respirar… déjenme respirar… y a cada bocanada, con la mano en mi pecho, iba calmando ese pánico que se me salía por la boca.

(Parece que no traen armas, tienen poco más de 20 años, tienen miedo, esta es una de sus primeras veces… cálmate, cálmate…)

-¡SACA TODO! ¡DANOS LA BOLSA!- Empezaron a meter la mano en mi bolsa, encontraron la cajetilla con un cigarro y amablemente la devolvieron a su lugar. –No les voy a dar mi bolsa, traigo mi tesis, estoy estudiando, no chinguen, traigo mi suéter, no chinguen-

-¡¡DANOS LA CARTERA!!- Saco la cartera. –No les voy a dar la cartera, traigo mis credenciales. -¡¡DANOS LA CARTERA!! ¡¡SACA TODO EL DINERO!!- -tranquilos... tranquilos... miren, les doy $200- -¡¡SACA TODO!! ¡¡YA TE DIJIMOS QUE SAQUES TODO!!-
-Tengo que moverme- -Órale, dále pa´su camión- dijo, como conmoviéndose, sorprendido por la inesperada interpelación de esta loca solitaria que se atrevía a mirarlos como si fuera una de ellos. Me quedaban $100. –Tengo que comer, no chinguen, ¿por qué le roban a la banda? ¿por qué entre nosotros? La lucha no es entre nosotros, el pedo no es entre nosotros, chínguense a los culeros, por qué a la banda, por qué entre nosotros... por qué entre nosotros... somos de los mismos...
(somos de los mismos...)

Yo que venía pensando cómo arreglar el mundo para ellos y para mí, para nosotros. Estaba aturdida con un dolor que venía de lejos, de todos los siglos de dolor y de sangre por los que ha pasado la historia de este país de los hijos de la chingada, de la violada por el blanco. Miré sus rostros morenos, pálidos de nervios, asustados, destanteados y me llené de tristeza. Pasé mi brazo por la espalda de uno de ellos… quería abrazarlos, quería contarles, quería decirles que no los odiaba, que entendía su miedo, que conocía su rabia, que estaba con ellos desde este corazón adolorido por el mismo mundo que compartimos, que no había pedo, que se llevaran el dinero y el celular, pero que me escucharan. Apenas me tuvo cerca, abrazándolo, se arrebató y me tiró el brazo.
Como si mis palabras fueran balas, corrieron despavoridos. Corrí detrás de ellos.

(No me tengan miedo, no me tengan miedo).

Huían no de mí, ni de la policía que no estaba en ningún lugar, no había nadie. Huían de esa verdad que estaba en ellos mismos. Una sonrisa tímida y avergonzada asomó la comisura de sus labios y los vi yéndose, arrojándose al periférico, entre coches. Yo corría detrás de ellos, como ellos, como nosotros, como quien se arroja a la muerte a la que nos tiene destinada esta crueldad cotidiana, a este suicidio imbécil. No pude alcanzarlos y a mí me alcanzó, hasta el alma, como un punzón, un dolor que me quedará para siempre.

Lloro por ellos, lloro por nosotros, por su miedo, por el mío, por su desesperanza, por sus padres que no supieron amarlos, por sus calles que les robaron el alma, lloro por esos monstruos que todos llevamos dentro y que nos dominan, lloro por todos los que han muerto en un asalto y por aquellos que los asaltaron, lloro porque no podremos, ni ellos ni yo, nunca, ser felices.

¡Puta madre, la vida tenía que ser otra, el mundo tenía que ser otro!

Wednesday, February 08, 2012

Taller de Poesia de Mario Bojórquez


Dalí

Mario Bojórquez


En la Casa del Caballero Águila de San Pedro, Cholula, Puebla, frente a los portales, continua el Taller de Poesia de Mario Bojórquez, convocado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla, la Dirección Municipal de Cultura de San Pedro y la Universidad de las Américas-Puebla. El Taller es gratuito y e...stas son las fechas en que se han programado las sesiones: Enero 24 Febrero 14 / 28 Marzo 13 / 27 Abril 10 / 24 Mayo 15 / 29 Junio 12 / 26 Julio 10 / 24 Agosto 14 / 28 Septiembre 11 / 25 Octubre 16 / 30 Todos son martes de 16:00 a 19:00 hrs. No faltes. Es una excelente oportunidad para compartir la poesía.

Wednesday, January 18, 2012

Mario Bojórquez

Canto (I)





Dame, Señor, piedad para mí mismo
Y que mi obra te responda.
Francisco Cervantes




Con la pesada llaga ya sin cuerda en el cuello
Con el dogal vacío y la enhiesta pesadumbre que no implora ya más
Que no tunde ya el hueso carcomido, ni la visión postrera
Aquí cerca del junto
Me pongo a recordar muelles del aire donde atracó la sombra de otro tiempo
Me pongo a recordar y digo
Siete palabras sin brillo de cosecha para tu cruel memoria
Que allende el río
Donde la ciudad reposa con luciente escafandra
Donde soñé algún día volver para quedarme
Se van desvaneciendo los deseos
Y de mí sólo queda una vaga sustancia que no me nombra ya
Que no contiene todo el vigor, la lumbre de otro tiempo encendido.


Canto (II)



Campo de cebollas
Para tu triste deambular
Con la brisa bordeando
Su hoja espiritual
En el surco de llamas
Abriéndose
En la hendidura de la tierra
Con su fruto amargo
Su corazón de aire
En el cielo apretado
Su puño de miserias
Decantado licor
De almendras amarillas

Canto (III)




Te acercas
A los patios
De las primeras casas
El ruido
De tus trastos
Altera los ladridos
Pareces
Una sombra
Que se mueve
En el aire
Canto (IV)


Regresarás del llanto en la postrera cumbre
Tu oído sensitivo desliará el soplo de flautas
Que te anuncian con cara deslavada
Por el fútil contacto de fluidos
Tu mano trémula se aferrará al báculo torpe
Como las hierbas huérfanas al borde del abismo


Canto (V)


Qué desmedrada
Encía
Para tus cuatro dientes
Qué espalda
Que encorvada
Ya no distingue
El peso de lápidas atroces
Qué desolada respiración
Te pone en pie

Canto (VII)




Sólo nombraste el bosque que te vistió de niño
Su alegre arboladura
Su tenebra de musgo
Por eso es que volver
Regresar en el soplo ardiente
En la escama de vidrio de tus ojos
No puede ya salvarte
No entregarás tu espada capitán abatido
No te dará un pañuelo esa mano
No limpiarás tus lágrimas
Oyes llamando el grito del cabrero
El cencerro espigando el aire de la tarde
El hato que congrega el pasado a la vera


Canto (VIII)


Aquellos tus amigos
Extenderán sus manos
Como quien tiende un recibo por cobrar
Una minuta detallada de todas tus traiciones
Pero nunca sabrán
Que tú has pagado ya todas las deudas
Que no hay nada que valgas
Ni siquiera el resuello que te mantiene erguido


Canto (IX)




Ninguno podrá jamás decir de ti
Tuve su mano franca junto a la mía estrechando el deseo
Haciendo de una fuerza común un compartido sueño
Si alguien te vio no supo nunca el color de tus ojos
La vena matriz de tu corazón
Apenas diste un paso para retroceder
Y un gesto que acusaba bondad se congeló en tu boca
Y de tu lengua sólo saltó un desflorado ramo de pétalos insomnes
Que dejaba al oído siempre un olor
Pero nunca una palabra clara
Canto (X)



Por eso hoy que regresas
Ya nadie reconoce tu rostro entre las piedras
Nadie un saludo un gesto que te confirme el pecho
La memoria de un sol para la cara fresca
Tus manos distraídas en el fulgor del bronce
Nada a tu paso es hierba de oro para la necesaria infusión de tu recuerdo
Ni una resina un bálsamo para tu piel quemada por el sol de los trópicos
Ni siquiera la lumbre de tu propio pasado



De: El deseo postergado
Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2007