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Sunday, January 20, 2019

POR ESTA HEBRA: Elia Casillas





En la sábana dejaste amor

y me has heredado el silencio,

tengo los ojos quebrados

justo donde no quería.
                                                                                
Dame tres puntos,

los finales llevan la intensidad donde lastiman

y el pasado es un ojo ilustrado

husmeando siempre,

éste es mi punto, ¿te gusta?

¡Alinéalo donde quieras!

Porque es lo único mío,

es la manda que olvidó la Abuela

antes de partirse en el suelo

y hacerme tumba de malquerencias.  

No veas, al dorso le crecieron alas

y no sé pilotear,

no logro subirme a tu ola, 

tampoco a su orgasmo,

estoy cerca aunque no lo creas,

soy el dibujo que tocas

y se vacía.

    Te escucho en cada nube del ocaso

y se dilatan las caderas,

los labios tienen las percusiones de tu piel,

el monte prende sus cariños

y el cuerpo eleva sus granadas,

¿aún lo dudas? el amor es una bomba

que nos hace estallar cuando llega.  

En tus babas veo mis alegrías,

rebotan en el caracol

y prosperan, es hora de tenderse en el viento,

    es tiempo de encaballar al aire

y a sus pájaros,

para que el amor se vaya en su hoja inmortal

y nos deje el cuerpo temblando en la mirada.

Esa voz en mi cintura alargándose

y yo, tan chiquita en tus ojos,

    el dedo incendia la melodía que viaja en mis

    cabellos,

    el cariño rueda

y se arremolina en el crucigrama

que nadie ha de resolver,

mientras no ligues tus rostros con la tierra.






Libro Reyes y Ases del Béisbol por Elia Casillas. #GrandesHistoriasDeBé...

POR ESTA HEBRA: Encuentro de Escritores LUNAS DE OCTUBRE

Wednesday, January 16, 2019

Charles Bukowsky: El gran poeta



Fui a verlo. Era el gran poeta. El mejor poeta narrativo desde Jeffers; aún no había cumplido los
setenta y ya era famoso en todo el mundo. Sus dos libros más conocidos quizá fuesen Mi pena es mejor que tu pena, ¡ja!y Los muertos mascan chicle en Languidez. Había enseñado en muchas universidades, ganado todos los premios, incluido el Nobel. Bernard Stachman.
Subí las escaleras de la YMCA. El señor Stachman vivía en la habitación 223. Llamé. «¡CARAJO, ENTRE!», gritó alguien desde dentro. Abrí la puerta y entré. Bernard Stachman estaba en la cama. Flotaba en el aire un olor a vómito, vino, orines, mierda y alimentos podridos. Sentí náuseas. Corrí al cuarto de baño, vomité y volví.
—Señor Stachman —dije—. ¿Por qué no abre una ventana?
—Buena idea. Y nada con ese mierda de «señor Stachman», me llamo Barney.
Estaba impedido. Tras un gran esfuerzo, logró incorporarse en la cama y aposentarse en la silla que había al lado.
—Ahora, listo para una buena charla —dijo—. Era lo que estaba esperando.
Junto a su codo, en la mesa, había una jarra de un galón de tinto italiano llena de cenizas de
cigarrillos y polillas muertas. Aparté la vista, luego miré otra vez. Tenía la jarra en la boca, pero la mayor parte del vino se le derramaba por la camisa y los pantalones. Bernard Stachman posó la jarra.
—Exactamente lo que necesitaba.
—Debía utilizar un vaso —dije—. Es más cómodo.
—Sí, creo que tiene razón.
Miró a su alrededor. Había unos cuantos vasos sucios y me pregunté cuál escogería. Escogió el que le quedaba más cerca. El fondo del vaso estaba cubierto por una sustancia amarillenta, endurecida. Parecían restos de pollo con fideos. Escanció el vino. Luego, alzó el vaso y lo vació.
—Sí, esto es mucho mejor. Veo que ha traído una cámara. Supongo que querrá hacerme fotos.
—Sí —dije.
Me acerqué a la ventana, la abrí y respiré aire fresco. Llevaba días lloviendo y el aire estaba límpido y fresco.
—Oiga —dijo—, hace horas que tengo ganas de mear. Tráigame una botella vacía.
Había varias botellas vacías. Le acerqué una. El pantalón no tenía cremallera, sino botones, y solo tenía abrochado el de más abajo, porque no le cabía en el cuerpo. Hurgó en la bragueta, se sacó el pene y puso la cabeza en la boca de la botella. En cuanto empezó a orinar, el pene se tensó y empezó a cabecear, esparciendo orina por todas partes… por la camisa, los pantalones y la cara; increíblemente, el último chorro fue a darle en la oreja izquierda.
—Es una mierda esto de ser un lisiado —dijo.
—¿Cómo fue? —pregunté.
—¿Cómo fue qué?
—El quedarse así, lisiado.
—Mi mujer. Me pasó por encima con el coche.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Dijo que no podía soportarme más.
No dije nada. Tomé un par de fotos.
—Tengo fotos de mi mujer. ¿Quiere ver fotos de mi mujer?
—Sí, claro.
—El álbum de fotos está allá, encima de la nevera.
Me acerqué, lo cogí, me senté. Solo había fotografías de zapatos de tacón alto y esbeltos tobillos de mujer, piernas cubiertas de medias de nilón con ligueros y una serie de piernas en pantimedias. En algunas páginas había pegados anuncios del mercado de carne: Redondo de ternera, 69 centavos la libra. Cerré el álbum.
—Cuando nos divorciamos —dijo—, me los dio.
Bernard buscó bajo la almohada de la cama y sacó un par de zapatos de tacón alto tipo aguja. Los había hecho cubrir con una capa de bronce. Los colocó en la mesita de noche. Se sirvió otro trago.
—Duermo con esos zapatos —dijo—. Hago el amor con ellos y luego los lavo.
Tomé algunas fotos más.
—Oiga, ¿quiere una foto? Esta es una buena foto.
Se desabrochó el único botón de la bragueta. No llevaba calzoncillos. Cogió el tacón del zapato y se lo metió por el trasero y lo movió de lado a lado hasta que entró completo.
—Así. Saque una así.
Hice la foto.
Le resultaba difícil mantenerse en pie, pero lo logró apoyándose en la mesita.
—¿Sigue escribiendo, Barney?
—Yo escribo siempre, carajo.
—¿Y sus admiradoras no lo interrumpen?
—Bueno, sí, a veces, las mujeres me encuentran. Pero no se quedan mucho.
—¿Se venden sus libros?
—Recibo cheques por mis derechos de autor.
—¿Qué aconseja usted a los escritores jóvenes?
—Que beban mucho, que cojan mucho y que fumen muchos cigarrillos.
—¿Y qué aconseja a los escritores de más edad?
—Si siguen aún con vida, no necesitan consejos.
—¿Cuál es el impulso que le mueve a crear un poema?
—¿Y usted, por qué caga?
—¿Qué piensa usted del presidente Reagan y del desempleo?
—No pienso en Reagan ni en el desempleo. Todo eso me aburre. Como los viajes espaciales. Y la liga de béisbol.
—¿Cuáles son sus preocupaciones, entonces?
—Las mujeres modernas.
—¿Las mujeres modernas?
—No saben vestir. Llevan unos zapatos espantosos.
—¿Qué piensa usted de la liberación femenina?
—Si ellas están dispuestas a trabajar lavando coches, empujando el arado, cazando a dos tipos que acaban de asaltar una licorería o limpiando alcantarillas, si están dispuestas a dejar que les rebanen las tetas de un tiro en el ejército, yo estoy dispuesto a quedarme en casa fregando los platos y a aburrirme quitándole pelusilla a la alfombra.
—¿Pero no cree usted que tienen cierta razón en sus reivindicaciones?
—Por supuesto.
Stachman se sirvió otro trago. Incluso bebiendo del vaso, parte del vino se le derramaba por la
barbilla y le bajaba hasta la camisa. Olía como un hombre que llevara meses sin bañarse.
—Mi esposa —dijo—, aún estoy enamorado de ella. Deme el teléfono, por favor.
Le di el teléfono. Marcó un número.
—¿Claire? ¿Oye, Claire…?
Colgó el teléfono.
—¿Qué pasó? —pregunté.
—Lo de siempre. Colgó. Oiga, vámonos de aquí, vámonos a un bar. Llevo demasiado tiempo en esta maldita habitación. Necesito salir.
—Pero es que está lloviendo. Hace una semana que está lloviendo. Las calles están inundadas.
—Eso a mí no me importa. Quiero salir. Lo más probable es que en este momento ella esté cogiendo con un tipo. Probablemente tenga puestos los zapatos de tacón. Yo no dejaba que se los quitara nunca.
Ayudé a Bernard Stachman a enfundarse un viejo abrigo marrón. Le faltaban todos los botones. Estaba tieso de mugre. No era un abrigo de Los Ángeles. Era grueso y pesado, debía proceder de Chicago o de Denver y debía datar de los años treinta.
Luego, cogimos las muletas y bajamos laboriosamente la escalera. Bernard llevaba una botella de moscatel en un bolsillo. Llegamos a la entrada y me aseguró que podía cruzar solo la acera y subir al coche. Mi coche estaba aparcado a cierta distancia de la cuneta.
Cuando corría dando la vuelta al coche para entrar por el otro lado, oí un grito y a continuación un chapoteo. Estaba lloviendo, llovía mucho. Di otra vez corriendo la vuelta; Bernard se las había arreglado para caerse y quedar encajado en el suelo entre el coche y la acera. El agua le corría por encima. Estaba sentado y el agua lo desbordaba, le cubría los pantalones, le daba en los costados; las muletas flotaban torpemente en su regazo.
—No se preocupe —dijo—. Váyase y déjeme.
—Pero, por Dios, Barney.
—En serio. Váyase. Déjeme. Mi mujer no me quiere.
—No es su mujer, Barney. Están divorciados.
—A otro perro con ese hueso.
—Vamos, Barney, lo ayudaré a levantarse.
—No, no. No se moleste. Se lo digo en serio. Usted váyase. Emborráchese sin mí.
Lo levanté, abrí la portezuela y lo coloqué en el asiento delantero. Estaba empapado. El agua le caía a chorros. Luego rodeé el coche y me coloqué al volante, a su lado. Barney destapó la botella de moscatel, bebió un trago y me la pasó. Bebí un trago. Luego puse el coche en marcha y salí, mirando por el parabrisas, entre la lluvia, buscando un bar en el que pudiéramos entrar y no vomitar en cuanto le echáramos una ojeada al hediondo urinario.





Tuesday, January 15, 2019

Monday, January 14, 2019

Maria Katzarava sings DIME QUE SI - Angel Rodriguez





Sábado 19 Maria Katzarava, soprano Orquesta Filarmónica
de Sonora; Mtro. Felix Krieger, director Entrega de la Medalla Alfonso Ortiz
Tirado 2019. Álamos, Sonora FAOT  2019  

Thursday, January 10, 2019

JÚRAME by Amed Liévanos y Mariano Fernández: FAOT 2019



FAOT 2019 
Viernes 18 
Ceremonia de inauguración Tres barítonos mexicanos Amed Liévanos, Alejandro Solano y Mariano Fernández, barítonos.               

Wednesday, January 09, 2019

Kjell Askildsen: En el café


Una de las últimas veces que estuve en un café fue un domingo  de verano, lo recuerdo bien, porque  casi todo  el mundo iba en mangas de camisa y sin corbata, y pensé: tal vez no sea domingo, como yo creía, y el hecho de que pensara exactamente eso hace que me acuerde. Me senté a una mesa en medio del local, a mi alrededor había mucha gente tomando canapés y bollos, pero casi todas las mesas estaban ocupadas por una sola persona. Daba una gran impresión de soledad, y como llevaba mucho tiempo sin hablar con nadie, no me habría importado intercambiar unas cuantas palabras  con alguien. Estuve meditando un buen rato sobre cómo hacerlo, pero cuanto más estudiaba las caras a mi alrededor, más difícil me parecía, era como si nadie tuviera mirada, desde luego el mundo se ha vuelto muy deprimente. Pero ya había tenido la idea de que sería agradable que alguien me dirigiera un par de palabras, de modo que seguí pensando, pues es lo único que sirve. Al cabo de un rato supe lo que haría. Dejé caer mi cartera al suelo fingiendo que no me daba cuenta. Quedó tirada junto a mi silla, completamente visible a la gente que estaba sentada cerca, y vi que muchos la miraban de reojo. Yo había pensado que tal vez una o dos personas se levantarían a recogerla y me la darían, pues soy un anciano, o al menos me gritarían, por ejemplo: «Se le ha caído la cartera». Si uno dejara de albergar esperanzas, se ahorraría  un  montón  de decepciones. Estuve unos cuantos minutos mirando de reojo y esperando, y al final hice como si de repente me hubiera dado cuenta de que se me había caído. No me atreví a esperar más, pues me entró miedo de que alguno de aquellos mirones se abalanzara de pronto sobre la cartera y desapareciera con ella. Nadie podía estar completamente seguro de que no contuviera un montón de dinero, pues a veces los viejos no son pobres, incluso puede que sean ricos, así es el mundo, el que roba en la juventud o en los mejores años de su vida tendrá su recompensa en su vejez.
Así se ha vuelto la gente en los cafés, eso sí que lo aprendí, se aprende mientras se vive, aunque no sé de qué sirve, así, justo antes de morir.





Saúl Ibargoyen



 Casa con colores

El opaco olor de la recámara
cocinándose en polvos corporales:                            
en calcetines desorbitados más allá del sótano
caído debajo de las camas:
en cobijas tronchadas a cuchillazo de insecto:
en zapatillas deslenguándose:
en faldas contaminadas por viejos almuerzos:
en espejos olientes a carnes desgonzadas.
Y la fría fetidez del cuarto de aseo
su silla de mármoles enverdecidos
sus palanganas minerales
su pila lustral de plástico rajado
sus orinales de burbujas malignas
sus cepillos de podrida calvicie.
Y el olor de las botellas
con su vino de uvas cuarteadas
con su vinagre de ácidos carbones
con sus leches de suero petrificado
con los perfumes de Italia y sus alcoholes deshuesados.
Y la jedentina de los platos en extravío:
de las ollas con sus grasas fosilizadas:
de los tenedores estériles:
de las cucharas sin su destino de sopas y café:
de las servilletas que envuelven bizcochos desdentados.
Y el flujo de polvorosas precipitaciones
donde sobreviven los cadáveres
de las tarjetas entristecidas
de las cartas sin traducir
de los almanaques ilegibles
de los documentos inciertos
de las inexplicables fotografías.
Y los miasmas atraviesan como venas
la sustancia del clima acorralado
en la sala de las manducaciones:
se encogen entre élitros y antenas y garfios
apegados a una dispersión
de baldosas en martirio:
se hunden en su origen de migajas descompuestas
y pantanos verticales.
Y la tufarada que desinfla las bolsas de nailon
adentro de otras bolsas
henchidas de gases sombríos
y de una pedacería de platos de cartón
de pañuelos oscurecidos
de cucharas salvajes.
Y los escupidos vapores
en las cañerías insondables
y los trajes invictos
y los libros ciegos
y los cristales leprosos
y los condones vírgenes
se disgregan en otros olores y distancias
cuando alguien rompe cortinas
y rasga puertas
y fractura llaves y memorias
para que el viento de marzo
le queme las nacientes narices
y los párpados.



De: Poesía reciente (1995/2003)


Animales

 Colgadas de cualquier frágil almanaque
las arañas se descalzan
y empiezan a tejer
las pálidas camisas
que sudaré mañana.
Y en el piso
de una apartadísima caverna
las cucarachas mezclan sombras
con el estiércol de dientudos pájaros:
ellas me preguntarán mañana
por qué estamos aquí.
Y las hormigas jadean
bajo la luz
de estos días inmóviles:
sus lomos crujen
como cueros quemados
como escamas en ardor:
ellas recogen pedazos de mi almuerzo
y preguntarán después
por qué el sol está ahí.
Y una polvorienta polilla escarba
su camastro nupcial
debajo del calor de fatigosas sábanas:
la hambruna de sus hijas comerá
de mi piel
y nadie habrá de medir
las hilachas destruidas:
ellas no tendrán que preguntar por mí.
Y caminan los escarabajos
entre las montañas desoladas:
su planeta de excreciones
se diluye en la chirriante tempestad:
ellos dirán la pregunta
que alguien tendrá que oír
en el otro tiempo de mañana.
Y buscan las moscas
sordas sustancias ardiendo
entre platos y cuchillos y gases cotidianos:
sus cachorros blancos nacerán
de las nuevas espumas
que mis salivas propias
ayudan a engendrar:
ellos no preguntarán
por el nombre completo
de los primeros ángeles
que habrán de sufrir.
Y las fieras ladillas
construyen su picoso hogar
en las bragas perfectas
de las reinas del mundo:
cuando inicien sus irritantes cacerías
ellas tal vez quieran preguntarme
por qué mis labios
no fueron a beber allí.
Y las mariposas se rascan
las alas de ceniza:
en su hocico se acumulan
iluminados coágulos
y moléculas de hiel
y se acoplan sin hipos ni suspiros
y dejan sus huevos en sitios alquilados
y no olfatean ninguna flor:
ellas querrán preguntarme
por qué rechazo diezmos y alcabalas
y por qué cada noche sueño
que no puedo biendormir.
Y aquel mosquito que vino
desde el agrietado Sur
con uñas lastimadas
por amarga arena
con plumas desteñidas
y antenas desquiciándose
con su colmillo único
revisando mi garganta:
¿habrá de preguntarme por qué
él también debe abrazarse a estas palabras
y luego
entre nadies y desnadies
desasido y despeinado
y animalmente tan solo
nada más morir?

HOMBRE ESPERANDO
El hombre se acuesta
con sus mudas frases
trepándole por la boca.
Hay miedo en esas palabras
miedo en esa lengua
miedo en la espalda enterrándose
entre las vaciedades de la sábana
miedo en el cuerpo que no encuentra
ahora una suave sombra carnal
que lo sustente
miedo en los relojes
que se gastan
miedo en el grito que solamente
las orejas del hombre
pueden escuchar.
El hombre espera
con sus huesos imperfectos
con partículas fallecidas soltándose
y un silencio oscurísimo
fluye sin prisa
por todos los teléfonos.


(De: Grito de perro)




Alzamientos

Como raíces callejeras que levantan las piedras
o brazos desde adentro
que rompen una baldosa casi triste
o ramajes del abajo oscurecido
que con uña avanzando pueden agrietar
las sustancias del cemento:
de éste y no
de otro modo rutinario
que se afirma entre silencios
de posible entremezcla
o de fibras jugosas entrelabiadas bebiéndose:
de ésta y no
de otra manera vulgar
que talmente se agarra a probables chillidos
de entrescuchadas tendencias al derrumbe
o al crecimiento hacia el fondo
de goterones minerales:
así éstas y no más opciones
poseídas por una especie de carne morada
meneándose y roturando entretelas y salivas
que aquí alzan el papel
y aquí se instalan.




FESTIVAL INTERNACIONAL ALFONSO ORTIZ TIRADO 2019



FESTIVAL INTERNACIONAL ALFONSO ORTIZ TIRADO 2019 

 PROGRAMA

Viernes 18 Ceremonia de inauguración Tres barítonos mexicanos Amed Liévanos, Alejandro Solano y Mariano Fernández, barítonos

Sábado 19 Maria Katzarava, soprano Orquesta Filarmónica de Sonora; Mtro. Felix Krieger, director Entrega de la Medalla Alfonso Ortiz Tirado 2019 y Reconocimientos

Domingo 20 
Ópera La Médium de Gian Carlo Menotti

Lunes 21 
Noche del Instituto Nacional de Bellas Artes (EOBA)

Martes 22 
Noche de la Universidad de Sonora

Miércoles 23 
Misa a Buenos Aires Misa tango de Martin Palmeri con el Coro de la Universidad de Sonora

Jueves 24 
Noche de gospel Alexis Davis, mezzosoprano; Earl Hazell, bajo; Coro Música Antiqua
Viernes 25 
Gala del Taller de Ópera Alfonso Ortiz Tirado 2019 Orquesta Filarmónica de Sonora Mtra. Teresa Rodríguez, directora

Sábado 26 
Eva María Santana, mezzosoprano 14:00 20:00
PALACIO MUNICIPAL FECHA PROGRAMA

Viernes 18 
D’Accord Ensamble 

Sábado 19 
Ignacio Búrquez, tenor 

Domingo 20 
Retablos sonoros del barroco Paola Gutiérrez*, mezzosoprano & Antiqva Metropoli *Reconocimiento al talento joven en canto operístico

Lunes 21 
Carlos Yépiz Sánchez, tenor

Martes 22 
Tarde de la Universidad de Sonora

Miércoles 23 
Vianney Lagarda, soprano 

Jueves 24 
Clavel del Aire.
30 aniversario 

Viernes 25 
Ópera sin glamour (Sinaloa) 

Sábado 26 
Glenda Landavazo, soprano; Mtro. Alejandro Cor

FECHA PROGRAMA FAOT 2019

Viernes 18 
D’Accord Ensamble

Sábado 19 
Ignacio Búrquez, tenor

Domingo 20 
Retablos sonoros del barroco
Paola Gutiérrez*, mezzosoprano & Antiqva Metropoli

*Reconocimiento al talento joven en canto operístico

Lunes 21 
Carlos Yépiz Sánchez, tenor

Martes 22 
Tarde de la Universidad de Sonora

Miércoles 23 
Vianney Lagarda, soprano

Jueves 24 
Clavel del Aire. 30 aniversario

Viernes 25 
Ópera sin glamour (Sinaloa)

Sábado 26 
Glenda Landavazo, soprano; Mtro. Alejandro Corona, piano

FECHA PROGRAMA

Viernes 18
Ceremonia de inauguración

Tres barítonos mexicanos
Amed Liévanos, Alejandro Solano y Mariano Fernández, barítonos

Sábado 19
Maria Katzarava, soprano
Orquesta Filarmónica de Sonora; Mtro. Felix Krieger, director
Entrega de la Medalla Alfonso Ortiz Tirado 2019 y Reconocimientos

Domingo 20 
Ópera La Médium de Gian Carlo Menotti

Lunes 21 
Noche del Instituto Nacional de Bellas Artes (EOBA)

Martes 22 
Noche de la Universidad de Sonora

Miércoles 23 
Misa a Buenos Aires
Misa tango de Martin Palmeri con el Coro de la Universidad de Sonora

Jueves 24 
Noche de gospel
Alexis Davis, mezzosoprano; Earl Hazell, bajo; Coro Música Antiqua

Viernes 25
Gala del Taller de Ópera Alfonso Ortiz Tirado 2019
Orquesta Filarmónica de Sonora
Mtra. Teresa Rodríguez, directora

Sábado 26 
Eva María Santana, mezzosoprano

FAOT 2019









La memoria de mis huellas: Elia Casillas



Hoy, mi ánimo es un aerolito quieto,
desde la esfera en donde me sitúo,
las alas de la lluvia
despiertan mi sangre pulida,
la cabellera en el baile y el bar,
en donde apagan la tristeza 
mis fantasmas.

Afuera, busco mi voz,   
desde la música de este océano,
cruza la vida,
la memoria de mis huellas
y el fuego salvaje
y frío del silencio.

Esta noche,  
el cuerpo huraño se busca
en  las sombras de su imagen.

Anochecida de la esperanza,
mi fe, el Dios de mi abuela,
este sinsabor fijo en el desvelo,
las zapatillas
y el camino presente
ojeando su pasado,  
en el corazón brillante 
de mis cascabeles.

La campana del pecho suena tibia,
hoy, mis desiertos se estrellan
con el ángel feroz
y bondadoso de la Muerte,
tomaremos café hasta rompernos, 
hasta destrozar el luto de la taza.        


Navojoa, Son. Nov./24/2018